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miércoles, 22 de enero de 2025

DIEZ DISCOS Y VINOS GUACHIMOLIS DEL 2024 (number ocho)

 


 

08: HOT GARBAGE_PRECIOUS DREAM Vs. UBE DE UBÉRRIMA 2019, BODEGAS COTA 45, El Carrascal_(UVT Cádiz)

En la vida y en el mecanismo del día a día, por más que uno se empeñe, se consagre, y persiga con obstinación ese precioso arco iris de osos amorosos y little ponys de colorines al recogerse en casa, cual línea de meta triunfal.

Sabemos de por sí y por más que te encomiendes en la fortuna del kiriki. Que en dos de cada tres intentos a diario por sortear infortunios, señores Murphy a la vuelta de la esquina, o alineaciones astrales para que te parta un rayo. Con total probabilidad, esos mismos, serán los que te devuelvan a casa de un pescozón, y hala, hasta mañana.

 

Y qué duda cabe que puedes maldecir, recontracagar y jurar venganza por la madre que te trajo al mundo; no digo que no.

Pero oye, yo opto por la opción de colgarme los cascos, o darle  dinamo al volumen del reproductor al subirme al coche de vuelta a casa con mierda de la buena. O en este caso, basura calentita.
HOT GARBAGE y su Precious Dream sarcasmo aparte, te lo dan concentrado, compactado y crocante como una granada de mano  garrapiñada.
Que mira tú. Donde esté conchabarse y arrimarse a lo oscuro, críptico y tenebroso, que se quite ponerle velas a Santa Rita de Casia.

 


 

No sé qué pasa en Toronto, pero la actividad musical de calidad procrea, fecunda y pare más bandas suculentas por metro cuadrado que un pez luna (Mola Mola en término científico) ¿mola, o no mola?

Gelipolladas aparte y ahora sí, en serio.
Hacía bastante tiempo que no me topaba con un disco de semejante solidez así, en toda su amplitud y conjunto.
Y no es que la banda de los hermanos Juliana y Alessandro Carlevaris inventen nada sobrenatural y novedoso: Que es como si metieras en una coctelera a Black Angels, Clinic!, y The Cramps pasados de fuzz, reverberaciones y ritmos apocalípticos.
Pero cuanto menos, es inquietante la manera como cuatro personas proyectaron es aislamiento post covid; momento en el que se escribieron estas canciones que escuchamos ahora, cuatro años después. Y lo vigentes que siguen siendo pese a que la humanidad, así, en general, haya estado todo este tiempo por borrar de su memoria semejante trauma colectivo. Más que por reaccionar ante la que se nos está viniendo encima en cuanto a libertades, violaciones de derechos y extremismos se refiere.

 

Lo cual, advierto y recomiendo efusivamente si pese al bloqueo de la mala baba. Por lo menos, quieres poner banda sonora a un decorado más propio de Utopia (la película de animación, aunque también valdría la serie Británica), que de una manifestación artística revolucionaria se tratase.

Garaje tenebroso, tensión ambiental, guitarras que chirrían y gimen, bogaloo maquiavélico, contundencia rítmica la de Mark Henein con una batería diabólica, y los órganos y reverbs de Dylan Gemble, que parecen sacados de una misa de psicodelia vudú.
En conjunto y resumiendo: Rock de alto voltaje para todo aquel que ame a Jesus & Mary Chain, Flaming Stars, y Loop a partes iguales, de refilón, o por separado. Y con el aval de la producción del zurdo Grahan Walsh (Metz, VietCong, Alvvays, Preoccupations)

 

Si la tensión es el atributo más significativo de este disco, a la par de la oscuridad. Vamos a ir por un vino, donde la tensión y pulso también es una de sus credenciales de presentación.

Entiéndase en el mundillo de los locos del vino como tensión: Esa peculiaridad que hace, sobre todo en los vinos blancos, que un vino ayudado por su mineralidad, acidez y salinidad, tenga un rasgo de viveza tensa y firme en su gusto final. La oscuridad la vamos a declinar hacia la música porque esta joya de vino de Cádiz, tiene luz y claridad como pocos.
Y la mano rota de Ramiro Ibáñez (Sanlúcar de Barrameda), un inconformista que ha elegido hacer la revolución desde atrás, o sea: Volviendo a los orígenes casi siempre enterrados en un desván, pero que bien enfocados y meditados son casi siempre el meollo del asunto.



 

Vinificaciones con fermentaciones espontáneas, crianzas biológicas sin extraordinarias oxidaciones con velo flor, y sobretodo definiendo pagos para vininificar por separado. Que es lo que en su origen debió de ser Jerez sin la oligarquía del mercado de exportaciones británicas, que acabó asfixiando un poco la identidad de la zona y devaluando en muchos casos esa extraordinaria personalidad única en el mundo.

 


En el caso particular de UBE El Carrascal (Las Vegas), tenemos un vino blanco de razas primigenias de Palomino y Listán de más de 100 años en el estrecho pago del Carrascal; el más próximo y alto al mar. En suelos de tosca cerrada y una leve crianza biólogica bajo velo flor y sin encabezar (fortificar)
Por lo tanto, no tenemos una manzanilla al uso, sino un vino blanco de mosto flor con perfume limpio y radial, que expresa como nadie su situación alta a merced de las brisas atlánticas. Con muy buen volumen en su nariz a membrillos, hierbas, laurel, y a playa. Su entrada en boca es una gozada, amplia y sápida al final pero con una expresividad de su varietal mineral, magistral.
Un vino blanco que demuestra una magnífica evolución y elegancia tras cinco años. De estupendo gramaje en boca que aprieta y acaricia a la vez. Y una longitud sostenida y levemente tensionada desde el principio a fin, que en pocos blancos he experimentado. Determinada sobre todo, por la privilegiada zona y donde se elabora:

Un antiguo taller de barcos junto a la desembocadura del Guadalquivir.

viernes, 18 de octubre de 2019

COMET GAIN_FIRERAISERS FOREVER! 2019: CANTA Y NO LLORES




Hay mañanas, mañanas terribles en las que te cuesta incorporarte y caminar hacia el lavabo por no orinarte en la cama.

Hay pasos infructuosos y que tu robotizado cuerpo no domina el arte caminar, ponerte derecho, y sonreír, hasta bien pasados unos veinte minutos; a veces más. Mirarte al espejo con el demacre nocturno, el tiempo y la aventura de vivir y familiarizarte con tus bolsas de los ojos, las canas, y esas arrugas (dicen de expresión). Que no es más que la cara que ofreces al mundo en una proporción realmente alta.



Otras, en las que una vez superada la realidad y con una taza de café en la mano. Ofreces la mejor de tus sonrisas subiendo el volumen de tus latidos. Pese a que un buen puñado de HIJOSDEPUTA, se empeñan cada día en convertir este maravilloso mundo y sus increíbles criaturas. En un lodazal, donde la mezquindad, el egoísmo y la intolerancia. Para quien busca su propio sino y libertad; pareciendo tener que pagar un indecente peaje a los inquisidores.

Tanto, que incluso tienes que justificarte por escrito, con penitencia e incluso con donaciones de cariño, aprecio e incondicional amor a las hienas que cada día te puedes cruzar por la calle (la vida se llama también). Y que… no te preocupes!! Harán lo posible porque sepas de su existencia.

Son estrellas, o iban para ello.






Pero que suerte, que entre tanta zanja y juego sucio. Siempre (siempre siempre siempre) Hay un Dick Turpin, Robin Hood o mangurrino entrañable, para echarte el último cable antes de que te des al Lorazepan, la persiflora o directamente dejes de lavarte.



El colectivo Londinense COMET GAIN, con David Feck al frente + todo un séquito de socios/cooperativistas con el libre objetivo Pop de mínima intervención (sin sulfitos por supuesto). Cumple este año, 25 regalando como unos abnegados Hare Krishna, pétalos en forma de canciones salvadoras; por lo menos para mi, que los espero como final feliz.

Solo que este año, y por más que cada cual intente a su más loable manera: Filtrar el insoportable tufo o lo turbio y negruzco, con lentillas turquesa mientras se atiborra de nubes tuttifruti.

Los hay que no pueden disimular lo que les produce esta triste estampa de ver el mundo a punto de caer al vacío.

Y no, esta vez no viene Indiana Jones a salvarte en el último segundo para comerte la boca.




Así que David Feck, M “Woodie” Taylor, Rachel Evans, K. Ishikawa, J. Slade o A.L Guillain se han encerrado con James Hoare (Ultimate Painting, The Proper Ornamentes).

Y han decidido esta vez y tras cinco años de su más reflexivo y melancólico PAPERBACK GHOSTS/Fortuna Pop. Atacar directamente a los órganos vitales, desde la lírica precisa y real. 
Para entendernos:

Llamarle a las cosas por su nombre, sin dejar mierda bajo el felpudo a la hora de empezar poniéndose a parir así mismos “We’re all Fucking Moroons” (somos todos unos imbéciles).

Y la cosa no va exactamente del Brexit, como la mayoría piensa cuando una banda Británica se revela.



En realidad va un poco de todo en general. Porque creo sinceramente. Que para cualquier persona con un mínimo de amor y poesía en sus constantes. Se dará cuenta de que nada va bien, no?.

Y no se trata de edad, ideología o nacionalidad. Sino de AMOR.



En “I Can’t Live Here Anymore” no prescinden de tal mancillado atributo, cuando es un estado o consecuencia de otras muchas cosas.

El amor de esta canción es amargo, es cierto.

Pero empata en melancolía con su punto de equilibrio sobre el muro, que también desprende “The Godfrey Brothers” o “Your Life on Your Knees”.

En esa combinación de Pop cantable, para todos aquellos que queremos cantar sin voz, recién levantados, afónicos por el resfriado otoñal que no hay própolis que cure. O con esa euforia envalentonada de quien quiere vomitar a grito pelado su psique emocional contaminada. Sin que nadie juzgue nuestro deteriorado talento vocal.

Y que tan bien se entreteje con esos farmisas garajeros, contoneos de Americana, Riot Grrrrl, e incluso rockeros. Siempre siempre, pasado por ese filtro del “poco hecho”, que tanto nos mola a los que queremos hacer nuestras esas tonadillas de adolescentes madurotes. Y tan bien espolea David Feck y su voz de: tu lo harás posible chavalín.



Her 33rd Perfect Goodbye” es una de esas joyas omnipresentes en sus discos.

- Como aquel “Wit Til’ December” sí!! el "Love Without Lies".O el trailer de “If Not Tomorrow”

Que no hizo más que acentuar mi síndrome de abstinencia.



Una de esas canciones que de tanto en tanto resquebrajan otro poquito más mi frágil corazón.

Y que no sé como haré para que las arritmias más chulescas de “Warewolf Jacket” de tez nueva olera. O esa especie Rock&roll reanimator con forma de “The Institute Debased”. No terminen definitivamente con mis huesos en un sanatorio.





- Buenos días señor Crespo!! Como ha pasado la noche hoy?



- Le traigo su combinado de pastillas, un vaso de caldo y una pieza de fruta.



- Y de aquí cuarenta y cinco minutos pasarán a lavarle, y lo vestirán para dar un paseo por los jardines y caminar un poco. Que hace un día precioso!!



Siempre que me sacan (que es cada mañana). Me es imposible dejar de asociar ese repetitivo chirriar de la vieja y ruinosa silla al girar las ruedas por el pasillo. Con algún tipo de melodía o Loop musical.

Pensaba decirles de una vez por toda que las engrasasen.

Pero creo que no...

viernes, 14 de junio de 2019

DUELO EN EL PÁRAMO: THE INTELLIGENCE EN LA SALA UPLOAD 5/06/2019

 


Con el hallazgo a día de hoy, de algunas víctimas desfarriadas por el Fórum; tras la resaca del mastodóntico Primavera Sound.
Barcelona amaneció igual que en el Mecanóscrit del Segon Origen, vacía de pasión y riesgo.
Y es lo que tiene darlo todo como si no hubiese un amanecer, cuando insaciables festivales como el Primavera pasan por una ciudad como Barcelona, achacada ya de por si, por los males del postmodernismo: Que engullen como en un remolino, a todo aquel que precisa de la comodidad del pack para darse en tres días. Un atracón con lo que se supone “es todo aquello que uno necesita para estar al día”.

Pero claro. Hay una especie de suerte con todo esto de la música:
Que por muchos medios donde hacer escala para descubrir, ¿informarse? O imaginar que estás al día, que haya. Siempre y digo suerte hay infinidad de interesantísimas propuestas, que ya por estar al margen del barullo, dan una garantía de emociones muy por encima de la media.



Es el caso por ejemplo, de THE INTELLIGENCE:
Una banda con campo base en Seattle desde 1999 y nueve álbumes + su reciente vuelta, de nombre “Un-Psychedelic in Peoveycity/2019) Juno Records. Es parecido y medio hermano de los todavía en boca de todos (Ty Segall, Thee Oh Sees o Mike Cronin), y sin embargo increíblemente desconocidos para las masas enfervorecidas.
Bandas que todo el mundo de intachable modernidad conoce. Pero que en realidad pocos son capaces de seguirles la pista, o por lo menos el ritmo de pedalada y mensaje sin condicionantes que reparten de manera compulsiva cada añada (el último fenómeno son los King Gizzard & The Lizard Wizard).
Digamos que dentro de la escena alternativa psicogarajerapunk americana, son en realidad, los que avanzan sin frenos ni contrapartidas para con el business entertainment. Y por lo tanto, de los pocos que realmente transmiten lo más parecido a lo que se cocía a finales de los 70/primeros 80 en el mal llamando indie Británico.

Experimentación con sonidos, regresos al principio de la New Wave Americana, Punk pasado por la batidora del Garaje y los Nuggets más ácidos. Pocas manías para de un salto embarrarse con el Pop, el Glan o el Krautrock lisérgico o mecánico…
Eso podría decirse que son THE INTELLIGUENCE: Un todo o nada de diversos sonidos, pero una reconocible manera de construir su música. Que los hace únicos en su especie, pese a emparentarlos con cosas como: Magazine, Clinic, Monochrome Set o vete tu a saber, así,de oídas.
Y por excusar a la marabunta. El inconveniente para quien quiere acomodar su sesera y oídos, en algo más afable, predecible o popular; nada nuevo en el horizonte.

Así pues, cuando Lars Fingerg subió al escenario y se encontró con 30 escasas personas de público, entre risas no pudo más que saludar con un “good morning”. Como si la banda se presentara a dar un set en una terraza mañanera a modo de aperitivo.
No tuvimos las cuatro cabras descarriadas, la suerte de ver a las guitarras y voces acompañándolo, ese guitarra de The Shins Dave Hernández; quien sí a vuelto a tocar en su nuevo álbum. Aunque quien lo suplió, dio la talla sobradamente.

El enésimo desaguisado de otro de tantos festivales; en este caso el SON GALICIA: Quien se ha apropiado del concierto cambiado su ubicación inicial del céntrico Rocksound, al inóspito Upload en el anacrónico Pueblo Español de las afueras de la ciudad.
No logró que la profesionalidad de la banda, y un público dispuesto a levantar la noche a base vítores. Nos regalara una especie de live dedicado y a medida, la mar de chulo, entretenido e igualmente revelador.

En el fondo, los que venimos de épocas heroicas donde lo alternativo: ni era tan mediático, ni movía a miles de personas. Acabamos satisfechos incluso, de confirmar que las modas y las masas, en realidad siempre han ido tarde cuando de lo que se trata es de mojarse para pescar.
 


El sonido cacofónico de la sala se suplió con la contundencia de un Kaanan Tupper a la batería, y el onduloso bajo de Drew Church. Quienes ejercieron su capacidad de metrónomos, para acompañar los salmos de Finberg a lomos de esas guitarras taaaan!! trepanadoras.
Destriparon parte de su último disco, quien camina bajo una atmósfera menos cáustica que su anteriores entregas. Pero que en cambio contiene una parte lisérgica tan hipnótica la de aquellos “Going Up” o Porcupine de los Echo & The Bunnymen, insolados de surf matropolitano.
Más como una sensación o ambiente, que como un estilo que se asemeje estrictamente.
Pero realmente, el chipotle de la noche lo pusieron el basto ingente de agujetas que como canciones tienen: Empezando con “I’m Closed”; que arrancó la velada. Siguiendo con “Janitors”, “Thank you God for Fixing the Tape Machine”, “We Refuse”, “The Galaxy”, “The Entertainer” y la psicótica “Like x7” . Y acabando con un vacilón “Dim Limelighs, dentro de otro de los discos que más protagonizaron la noche: Su demoledor “Everybody’s Got it Easy But Me/2012”.
Tanto, que incluso demandó de un bis por la locura desatada en la platea, y el alumnado desbocado.
Nos señalaron y enumeraron en fila de a uno, con la licencia incluso de pedirles canciones dedicadas; que es lo que tiene no poder mimetizarse con el gentío. Y pensar incluso que esa canción, ¡esa canción! Te la estaban cantando a ti!!
No había sentido jamás nada parecido lo juro.
Pude hacer amigos y todo (que es lo que tiene llegar una hora antes por el porsiaca). Amigos desconocidos, pero todos de la familia de las treinta criaturas con más luces que la feria de Abril, a la redonda.
Que no harán estos ajustadores y alicatadores del alma con más gente que en una boda gitana. Y no digo con cien más, pero con el doble?
Igual nos dejaban por dentro mejor dispuestos que un parque acuático, para que las neuronas, células, ocurrencias y glóbulos se tiraran desde oídos y cerebro, como en un tobogán.
Por lo menos.

miércoles, 31 de octubre de 2018

FUEGO REAL: THE LIMIÑANAS EN LA [2] DE APOLO_BARCELONA_18/10/2018




Han pasado ya la semana y largo, seeeeeeee. Tantos, que a las puertas del homenaje a los difuntos con el olor a castañas y los generosos ya en la pituitaria. Todavía cavilo si colgarlo, o colgarme.
Y si es verdad que el desdén reinante en mis días de aquí pa’llá hacen que esto parezca de todo menos un blog bitacoriano ágil, audaz y puntual como un clavo. Es sencillamente… por pereza sí, lo confieso.

No una pereza de esas de dejadez y pasotismo, no. La mía es una pereza o mejor dicho, un piano pianissimo más parecido al del yayo del bar de Can Valls de Sant Martí Sapresa. Que nos servía los cafés a su ritmo: Sin la prisa que llevamos siempre a cuestas los de ciudad.
Toda una lección de bioritmo cotidiano magistral, que ahora, 15 años después, la elogio y valoro de manera cuasi dogmática.

Por eso, y pese a que ya han pasado más días de los que la rigurosidad internética exigen. Tampoco voy a dejar que el fantabuloso recuerdo de uno de mis mejores directos en años, se desvanezca en la nebulosa de mi… “espera que ahora voy, y nunca vengo”, de mi adorable hijo de 16 años.
No, si algo hay claro de este blog al margen de recomendaciones espaciaaaaaadas, top lists del año, compilaciones musiqueras y alguna que otra cosilla más mía que de interés público. Es el diario más o menos vivencial de este periodo de mi vida (mu chulo), y a sabiendas de que con los años la vagancia se me acentúe, no sea que no tenga donde mirar para contárselo a mis criaturas.


Y así fue, y no exagero lo más mínimo. De tantos conciertos memorables e inolvidables a mis espaldas: Siniestro Total’85, Ramones’90, Morrissey’99, Jesus & Mary Chain’90, Pavement por tres veces, James 2001 y montón más que me sería imposible enumerar. El que nos regalaron el dúo de Perpignan con Marie y Lionel a la cabeza junto al séquito que lo convierten en ocho (bailarín vacilón incluido ¿el del video de Dimanche? Pues sí). Será el mejor de este 2018 seguro. Y sin dudarlo ni un segundo, uno de los diez mejores de mi vida.
Que igual me excedo y entra en escena sin reflexionarlo sensatamente, eso de la sugestión del momento. Y las muchas ganas que tiene uno de que de una maldita vez, todo suceda como antaño: Con actitud, como si no hubiese un mañana y… Sobretodo, y pese a que sobre el papel, THE LIMIÑANAS pueda parecer más una banda de atmósferas y estética sonora. Sonaron sobre las tablas con el rigor contundente y pasional que se le presupone a quien venera a bandas como The Cramps, Velvet Underground, Lords of New Church, The Brian Jonestown Masacre, Joy Division & derivados, Jesus & Mary Chain... Y en definitiva, todo ese rollo alternativo que bebe de la vertiente arrastrada del rock americano y puramente oscura o enfermiza, que de la estéticamente tradicional y bonica. No se si me explico.
Resumiendo y abreviando: demenciales, hipnóticos y glamurosos. Pero glamurosos con vicio, sabéis? Que igual debe ser una enfermedad no diagnosticada, pero a ver, ¿creéis que Nick Cave mola solo por sus canciones? Y una mierda!!
A eso me refiero.


El repertorio que desplegaron, ya con las intenciones claras tras telonear a ALLAH-LAS y casi reventarles el concierto a los pipiolos, o tomar contacto en las fiestas de Sant Boi junto a FLAMIN’ GROOVIES. Era el mismo capaz de generar la energía suficiente que eleva aparatos del demonio, y a ti mismo dos palmos del suelo. El que se basta de la sinergia instrumental de siete músicos en el escenario sobre un público, que bien pudieran ser bielas en baile. O el que agitan a la platea como átomos en fricción. Es el Rock amigos!! Sí, así, en genérico.
Porque a THE LIMIÑANAS les queda muy chico y ajustado el tirar de etiquetas. Y pasando por el reputado filtro sesentero francés marca Serge Gainsburg, todas y cada una de las etiquetas, géneros o bandas a las que te puedan recordar. Se quedan en un mero Loop de aires Krautroqueros de lo más kisch y sucio, con una personalidad tan de ellos. Que al instante, dejas de pensar en esas mierdas y las aceptas como benditos atributos bien llevados.

Seguramente porque desde el minuto cero y las casi dos horas de concierto, tiran sobretodo de artillería rockera; esa que nunca falla.
Que sí, que aparecen de aquí y de allá los fantasmas del sacrosanto olimpo.
Pero es ese tul de Pop psicotrópico a veces tan de Stereolab bien empapado de Garage azabache, el que acaba haciendo que no sea nada exactamente y sí lo mejor de cada uno. El argumento perfecto que debería hacernos olvidar con nostalgia las bondades de Black Rebel Motorcycle Club, o en lo que deberían haber sido ser los Black Angels.
No le des más vueltas y vive ahora y ya lo que toca, que nada dura para siempre!!

La pseudosurfera y road negroide movie “Overture”; instrumental con la que han abierto todos sus sets. Y que nos encomienda de inmediato a aquellos rare grooves anónimos de las series Blow Up 1 y 2, o de los artefactos de Keb Darge en el Legendary Wild Rockers. O la “Melamore” de su anterior disco, convertida en una andanada de rock caústico casi apocalíptica. Dan buena cuenta de que su formato/aspiraciones sobre el escenario, va más allá de mero ejercicio psicodélico tan manido ahora, como falto de texturas.
Aunque siga pensando que canciones como “Down Underground”, “I’m Dead” o “Stella Star” de épocas pretéritas, con Iván Telefunken a las distorsiones y órganos, ejerciendo bien en el centro de la escena de chamán poseído, no tenga precio ni competencia. La riqueza musical que han ido adquiriendo a lo largo de sus casi diez años de carrera, junto a toda la tropa que se les ha ido uniendo (Pascal Comelade, Peter Hook, Bertrand Belin, Anton Newcombe, Emmanuelle Seigner) o el susodicho. Hacen que la experiencia musical de un simple dúo, se convierta en un cajón de sastre sin limitaciones sonoras ni condiciones creativas.
En parte me recuerda al invento de Ian Button (Death in Vegas), y ese concepto sonoro sin limites llamado Papernut Cambridge. E inmediatamente entiendes esa especie de conexión atada a la batería mantra de Marie. Por donde todo fluye como un estado de pura hipnosis y en directo amigos, en directos crece como un suflé bien proporcionado.
The Gift”, “Dimanche”, “Istambul Sleepy” son así, consecuencia y una parte ínfima de la punta de lanza de un repertorio extrañamente todavía por descubrir. Y la aparente sencillez con la que muestran su manera de confluir y hacer suyas versiones como la demencial “Gloria” de THEN, o la “Mother Sky” de CAN. Entre otras regeneradoras de los Bunnymen, Beach Bitches o Lords of New Church.
Mientras, hay fenómenos que llenan salas y en tres discos rinden más pleitesía a las apariencias y al porte que a la efectividad. THE LIMIÑANAS son apenas unos desconocidos para aventureros sin miedo a mancharse. Y que entienden el directo como parte vital de expresión artística y contagiosa de esta enfermedad nuestra.
Posiblemente sea esa desde siempre, la diferencia entre el riesgo y la comodidad. Lo alternativo o lo aburrido.

jueves, 30 de marzo de 2017

THE SADIES/FLAMINGO TOURS Y KEB DARGE en el 4º ANIVERSARIO DEL A WAMBA BULUBA CLUB (SI LA TIERRA TIEMBLA, ES QUE LA GENTE BAILA)







Quien conozca Barcelona... No la de los labios y uñas pintadas, la de laca y afersun, sino la de orín, fritanga y verdad. Sabrá que hay una arteria vital fuera de las rutas turísticas, que mide el pulso de la noche; por lo menos lo hacía antaño.
El Carrer Escudellers era aquel sitio al ibas con 17 años en busca de la sensación placentera del miedo y lo prohibido. No era lo que es ahora ni mucho menos, aunque es lo poco de la Barcelona que preserva ese olor a realidad. Esa belleza agreste que resiste a que la maquillen, porque al final todo aflora. Y donde todavía el Club como cultura resistente y peculiar, le echa cada noche un pulso a la mediocridad avainillada del turismo efervescente.
El Café Marula y el Club A Wamba Buluba es el caso; y no crean que eso es fácil con la Rambla de costado.


El pasado jueves celebraban lo que vienen siendo sus cuatro años de vida, programando conciertos y actividades lúdicas alrededor de los sonidos más grasientos y musculosos de la noche Barcelonesa. Rock&roll del bueno, reggea que se debate entre el ska y el soul, Garaje, Rythm&blues etece etece etece. Un viaje al pasado para recuperar los sonidos verdaderos que tanto buscan algunos, y que casi siempre se encuentran en pequeños artefactos ancestrales.
Y aunque muchos no acaben de encontrar esos secretos y prácticamente invisibles hilos de conexión. En la presente, caer tanto en FLAMINGO TOURS con sus ritmos maleables y tórridos. Como en THE SADIES, donde todavía hay un enviado al infierno para marcarlos cual reses; sin éxito. Y dejarse llevar de finales felices con el desquiciado de Keb Darge a los platillos y sus secuaces. Probablemente fuere la mejor opción para un Jueves de celebraciones: La de los que la siguen y la consiguen, o de quienes siguen las migajas de glotonería soulera.

Sobre las nueve de la noche Miriam Swanson nos atizaba sin piedad, con esa mala baba venenosa que tanto nos gusta, pero ni con esas conseguía arrancar un baile a los siesos. Esos sí, electrizante soulrockero el que nos bombeó desde el minuto cero:
Ejecuciones perfectas, con alma, rabia y esa indefinible sensación de bajarte a las catacumbas. Y un repertorio de encanto que se va desde su disco de debut, temarios perdidos y el más calentito de sus trabajos todavía por publicar.
Guasona e invocando a los midas de forocoches y hurgar hasta ver que no, no estábamos dibujados. Pero es que hay que admitir que -no sé si solo en Barcelona- es preocupante la apatía reinante que hay en según que concierto. En uno de músculo rockero no, por dios!! Una de Blues rockero que sacaba punta a los slides, otro de arranque por Surf Bogaloo instrumental para abrir boca. Y un desenlace que se fue abocando entre el frenesí de “What Makes You so Cold” a grito de: - De aquí no hay quien nos eche!! Temarráncanos despatarrantes y excitantes los que maneja esta muchacha sobre el escenario con la troupe que le acompaña. “Racing Monsters”, “Malyshka Twist”... Tremendos nenes!! Y una pena que a estas alturas no seamos capaces de apreciar la buena música que se hace en los bajos fondos del estrellato; unos tanto, otros tan poco.


Sin mucho más margen para hidratar el gaznate con una cerveza y echar un poco de humo a las puertas. La sala cobró de repente vida. Y lo que parecía ser instantes antes un bolo deslucido, de repente se convirtió en una escena digna de George Romero: Como si la Swamson hubiera invocado a los muertos vivientes bajo el suelo del Marula. Al final algarabía y alboroto. Sala llena y en ebullición -que no sé si fuimos nosotros los formadores de cumulonimbus mediante el vapor corporal ascendiendo por los registros de ventilación- o la fogata que prendieron los Canadienses sobre el escenario.


Lo mío era una especie de rito iniciático, pues desde siempre sin ser seguidor a pies juntillas de este cuarteto liderado por los hermanos Good; a quien el apellido les cayó como una bendición. Y desde que me topé hace tres años en su colaboración con el loco de Gord Downie, con profundidad y dedicación.
Las puyas de cerbatana de mi amigo Johnny también ayudaron evidentemente, cuando nos conectamos vía telepática mediterránea.

Dos horas o casi de directo muchachos!! Dos o tres surtidos de bises pues acabé perdiendo la cuenta. Me sobraba la ropa, el chaleco de ante, y la rebequita. Me faltaba líquido refrigerante ante semejante arsenal de idas y venidas por el Altcountry, el surfeo a lo Spaguetti Western, los masajes en la sienes cuando va y se ponen balsámicos y en definitiva, el rock de quilates que construyen y deconstruyen como unos niños jugando con plastilina.

Decididamente, estoy convencido -ahora- que son posiblemente los únicos capacitados para hacer del Hillbilly una novedad aplastante que se ríe de las probetas con casera. No es esculpir sobre la roca solamente y arrodillarse ante los santos. Es enriquecer géneros a base de tocarlos con la misma energía que caballo loco cargadito de agua de fuego danzaba alrededor de la fogata.
 

 



Así pareció de desbocado y poseído Travis cantando al fin de los días. Hasta pasada media hora no sonó ningún tema de su último y más relajado trabajo: “Through Strange Eyes” de arranque, “God Bless the Infidels”, o el salvajismo de “There are no Words”. Los besos detrás de la oreja de “The Good Years” viendo ya casi al final gente que estaba más por lucir tontería que por el concierto; penoso. Suerte de las caras de felicidad reluciente y exultante que se veían a las espaldas del escenario. Y poniendo tierra de por medio un repertorio que nos llevaba del Country más heterodoxo, al Garaje de madera y hamaca veloz. Rompiendo esquemas con microsurfeos instrumentales revivientes, de unos Shadows convertidos a Cramps.

Capaces de inventarse las canciones como unos magos con chistera, o simplemente refundarse porque su música se retrae y contrae como una Drosera en ayunas: Ascendimos con “Cut Corners”, trepantes de mil cientos acordes imposibles “What's Left Behind” , “16 Mile Creek”, “Ridge Runner Rag” de pitch pasado y omnipresente su picoteo en el Pure Diamond Gold del 99; del que sonaron muchos temas. Puede que insuflados por el carácter del Club homenajeado.
Fueron cayendo “So Much Blood” o “Loved On Look” con Travis desatado de cualquier camisa de fuerza que se tercie.“Story 59” con un Dallas Good más solemne y empalado por una columna que invito a derruir pese al peligro de hundimiento. No nos amargó la existencia, pero nos hizo mover más el cuello que la cobra tacataca. Calentamiento para acabar engrasando coyunturas, tendones, isquios y vertebras con KEB DARGE: El maestro de ceremonias perfecto para acabar de triturar el garaje sesentero, o el equilibrio más cálido de GOFFRY, FONSUL o TURISTA BANG BANG.
Tan solo basta con masticar un instante el “Searching” de THE OMENS; casi me descoyunto oigan. La columna tuvo la culpa: la de la sala y la del parking vamos!!