08: HOT GARBAGE_PRECIOUS DREAM Vs. UBE DE UBÉRRIMA 2019,
BODEGAS COTA 45, El Carrascal_(UVT Cádiz)
En la vida y en el mecanismo del día a día, por más
que uno se empeñe, se consagre, y persiga con obstinación ese precioso arco
iris de osos amorosos y little ponys
de colorines al recogerse en casa, cual línea de meta triunfal.
Sabemos de por sí y por más que te encomiendes en la
fortuna del kiriki. Que en dos de
cada tres intentos a diario por sortear infortunios, señores Murphy a la vuelta
de la esquina, o alineaciones astrales para que te parta un rayo. Con total
probabilidad, esos mismos, serán los que te devuelvan a casa de un pescozón, y
hala, hasta mañana.
Y qué duda cabe que puedes maldecir, recontracagar y
jurar venganza por la madre que te trajo al mundo; no digo que no.
Pero oye, yo opto por la opción de colgarme los
cascos, o darledinamo al volumen del
reproductor al subirme al coche de vuelta a casa con mierda de la buena. O en
este caso, basura calentita.
HOT GARBAGE y su Precious Dream sarcasmo aparte, te lo
dan concentrado, compactado y crocante como una granada de manogarrapiñada.
Que mira tú. Donde esté conchabarse y arrimarse a lo
oscuro, críptico y tenebroso, que se quite ponerle velas a Santa Rita de Casia.
No sé qué pasa en Toronto, pero la actividad musical
de calidad procrea, fecunda y pare más bandas suculentas por metro cuadrado que
un pez luna (Mola Mola en término
científico) ¿mola, o no mola?
Gelipolladas aparte y ahora
sí, en serio.
Hacía bastante tiempo que no me topaba con un disco
de semejante solidez así, en toda su amplitud y conjunto.
Y no es que la banda de los hermanos Juliana
y Alessandro
Carlevaris inventen nada sobrenatural y novedoso: Que es como si
metieras en una coctelera a Black Angels,
Clinic!, y The Cramps pasados de fuzz, reverberaciones y ritmos apocalípticos.
Pero cuanto menos, es inquietante la manera como
cuatro personas proyectaron es aislamiento post covid; momento en el que se
escribieron estas canciones que escuchamos ahora, cuatro años después. Y lo
vigentes que siguen siendo pese a que la humanidad, así, en general, haya
estado todo este tiempo por borrar de su memoria semejante trauma colectivo.
Más que por reaccionar ante la que se nos está viniendo encima en cuanto a
libertades, violaciones de derechos y extremismos se refiere.
Lo cual, advierto y recomiendo efusivamente si pese
al bloqueo de la mala baba. Por lo menos, quieres poner banda sonora a un
decorado más propio de Utopia (la película de animación, aunque también valdría
la serie Británica), que de una manifestación artística revolucionaria se
tratase.
Garaje tenebroso, tensión ambiental, guitarras que
chirrían y gimen, bogaloo maquiavélico, contundencia rítmica la de Mark
Henein con una batería diabólica, y los órganos y reverbs de Dylan Gemble, que parecen sacados de una
misa de psicodelia vudú.
En conjunto y resumiendo: Rock de alto voltaje para
todo aquel que ame a Jesus & Mary Chain, Flaming Stars, y Loop a partes
iguales, de refilón, o por separado. Y con el aval de la producción del zurdo
Grahan Walsh (Metz, VietCong, Alvvays, Preoccupations)
Si la tensión es el atributo más significativo de
este disco, a la par de la oscuridad. Vamos a ir por un vino, donde la tensión
y pulso también es una de sus credenciales de presentación.
Entiéndase en el mundillo de los locos del vino como
tensión: Esa peculiaridad que hace, sobre todo en los vinos blancos, que un
vino ayudado por su mineralidad, acidez y salinidad, tenga un rasgo de viveza
tensa y firme en su gusto final. La oscuridad la vamos a declinar hacia la
música porque esta joya de vino de Cádiz, tiene luz y claridad como pocos.
Y la mano rota de Ramiro Ibáñez (Sanlúcar de Barrameda), un inconformista que ha
elegido hacer la revolución desde atrás, o sea: Volviendo a los orígenes casi
siempre enterrados en un desván, pero que bien enfocados y meditados son casi
siempre el meollo del asunto.
Vinificaciones con fermentaciones espontáneas,
crianzas biológicas sin extraordinarias oxidaciones con velo flor, y sobretodo
definiendo pagos para vininificar por separado. Que es lo que en su origen
debió de ser Jerez sin la oligarquía del mercado de exportaciones británicas,
que acabó asfixiando un poco la identidad de la zona y devaluando en muchos
casos esa extraordinaria personalidad única en el mundo.
En el caso particular de UBE El Carrascal (Las Vegas), tenemos un vino blanco de razas primigenias
de Palomino y Listán de más de 100 años en el estrecho pago del Carrascal; el
más próximo y alto al mar. En suelos de tosca cerrada y una leve crianza
biólogica bajo velo flor y sin encabezar (fortificar)
Por lo tanto, no tenemos una manzanilla al uso, sino
un vino blanco de mosto flor con perfume limpio y radial, que expresa como
nadie su situación alta a merced de las brisas atlánticas. Con muy buen volumen
en su nariz a membrillos, hierbas, laurel, y a playa. Su entrada en boca es una
gozada, amplia y sápida al final pero con una expresividad de su varietal
mineral, magistral.
Un vino blanco que demuestra una magnífica evolución
y elegancia tras cinco años. De estupendo gramaje en boca que aprieta y
acaricia a la vez. Y una longitud sostenida y levemente tensionada desde el
principio a fin, que en pocos blancos he experimentado. Determinada sobre todo,
por la privilegiada zona y donde se elabora:
Un antiguo taller de barcos junto a la desembocadura
del Guadalquivir.
Hay
mañanas, mañanas terribles en las que te cuesta incorporarte y
caminar hacia el lavabo por no orinarte en la cama.
Hay
pasos infructuosos y que tu robotizado cuerpo no domina el arte
caminar, ponerte derecho, y sonreír, hasta bien pasados unos veinte
minutos; a veces más. Mirarte al espejo con el demacre nocturno, el
tiempo y la aventura de vivir y familiarizarte con tus bolsas de los
ojos, las canas, y esas arrugas (dicen de expresión). Que no es más
que la cara que ofreces al mundo en una proporción realmente alta.
Otras,
en las que una vez superada la realidad y con una taza de café en la
mano. Ofreces la mejor de tus sonrisas subiendo el volumen de tus
latidos. Pese a que un buen puñado de HIJOSDEPUTA, se empeñan cada
día en convertir este maravilloso mundo y sus increíbles criaturas.
En un lodazal, donde la mezquindad, el egoísmo y la intolerancia.
Para quien busca su propio sino y libertad; pareciendo tener que
pagar un indecente peaje a los inquisidores.
Tanto,
que incluso tienes que justificarte por escrito, con penitencia e
incluso con donaciones de cariño, aprecio e incondicional amor a las
hienas que cada día te puedes cruzar por la calle (la vida se llama
también). Y que… no te preocupes!! Harán lo posible porque sepas
de su existencia.
Son
estrellas, o iban para ello.
Pero
que suerte, que entre tanta zanja y juego sucio. Siempre (siempre
siempre siempre) Hay un Dick Turpin, Robin Hood o mangurrino
entrañable, para echarte el último cable antes de que te des al
Lorazepan, la persiflora o directamente dejes de lavarte.
El
colectivo Londinense COMET GAIN, con David Feck al frente + todo un
séquito de socios/cooperativistas con el libre objetivo Pop de
mínima intervención (sin sulfitos por supuesto). Cumple este año,
25 regalando como unos abnegados Hare Krishna, pétalos en forma de
canciones salvadoras; por lo menos para mi, que los espero como final
feliz.
Solo
que este año, y por más que cada cual intente a su más loable
manera: Filtrar el insoportable tufo o lo turbio y negruzco, con
lentillas turquesa mientras se atiborra de nubes tuttifruti.
Los
hay que no pueden disimular lo que les produce esta triste estampa de
ver el mundo a punto de caer al vacío.
Y
no, esta vez no viene Indiana Jones a salvarte en el último segundo
para comerte la boca.
Así
que David Feck, M “Woodie” Taylor, Rachel Evans, K. Ishikawa, J.
Slade o A.L Guillain se han encerrado con James Hoare (Ultimate
Painting, The Proper Ornamentes).
Y
han decidido esta vez y tras cinco años de su más reflexivo y
melancólico PAPERBACK GHOSTS/Fortuna Pop. Atacar directamente a los
órganos vitales, desde la lírica precisa y real. Para entendernos:
Llamarle
a las cosas por su nombre, sin dejar mierda bajo el felpudo a la hora
de empezar poniéndose a parir así mismos “We’re all
Fucking Moroons” (somos todos unos imbéciles).
Y
la cosa no va exactamente del Brexit, como la mayoría piensa cuando
una banda Británica se revela.
En
realidad va un poco de todo en general. Porque creo sinceramente. Que
para cualquier persona con un mínimo de amor y poesía en sus
constantes. Se dará cuenta de que nada va bien, no?.
Y
no se trata de edad, ideología o nacionalidad. Sino de AMOR.
En “I
Can’t Live Here Anymore” no prescinden de tal mancillado
atributo, cuando es un estado o consecuencia de otras muchas cosas.
El
amor de esta canción es amargo, es cierto.
Pero
empata en melancolía con su punto de equilibrio sobre el muro, que
también desprende “The Godfrey Brothers” o “Your
Life on Your Knees”.
En
esa combinación de Pop cantable, para todos aquellos que queremos
cantar sin voz, recién levantados, afónicos por el resfriado otoñal
que no hay própolis que cure. O con esa euforia envalentonada de
quien quiere vomitar a grito pelado su psique emocional contaminada.
Sin que nadie juzgue nuestro deteriorado talento vocal.
Y
que tan bien se entreteje con esos farmisas garajeros, contoneos de
Americana, Riot Grrrrl, e incluso rockeros. Siempre siempre, pasado
por ese filtro del “poco hecho”, que tanto nos mola a los que
queremos hacer nuestras esas tonadillas de adolescentes madurotes. Y
tan bien espolea David Feck y su voz de: tu lo harás posible
chavalín.
“Her
33rd Perfect Goodbye” es una de esas joyas omnipresentes en
sus discos.
-
Como aquel “Wit Til’ December” sí!! el "Love Without Lies".O el trailer de
“If Not Tomorrow”
Que
no hizo más que acentuar mi síndrome de abstinencia.
Una
de esas canciones que de tanto en tanto resquebrajan otro poquito más
mi frágil corazón.
Y
que no sé como haré para que las arritmias más chulescas de
“Warewolf Jacket” de tez nueva olera. O esa especie
Rock&roll reanimator con forma de “The Institute
Debased”. No terminen definitivamente con mis huesos en un
sanatorio.
-
Buenos días señor Crespo!! Como ha pasado la noche hoy?
-
Le traigo su combinado de pastillas, un vaso de caldo y una pieza de
fruta.
-
Y de aquí cuarenta y cinco minutos pasarán a lavarle, y lo vestirán
para dar un paseo por los jardines y caminar un poco. Que hace un día
precioso!!
Siempre
que me sacan (que es cada mañana). Me es imposible dejar de asociar
ese repetitivo chirriar de la vieja y ruinosa silla al girar las
ruedas por el pasillo. Con algún tipo de melodía o Loop musical.
Pensaba
decirles de una vez por toda que las engrasasen.
Con
el hallazgo a día de hoy, de algunas víctimas desfarriadas por el
Fórum; tras la resaca del mastodóntico Primavera Sound.
Barcelona
amaneció igual que en el Mecanóscrit del Segon Origen, vacía
de pasión y riesgo.
Y
es lo que tiene darlo todo como si no hubiese un amanecer, cuando
insaciables festivales como el Primavera pasan por una ciudad como
Barcelona, achacada ya de por si, por los males del postmodernismo:
Que engullen como en un remolino, a todo aquel que precisa de la
comodidad del pack para darse en tres días. Un atracón con lo que
se supone “es todo aquello que uno necesita para estar al
día”.
Pero
claro. Hay una especie de suerte con todo esto de la música:
Que
por muchos medios donde hacer escala para descubrir, ¿informarse? O
imaginar que estás al día, que haya. Siempre y digo suerte
hay infinidad de interesantísimas propuestas, que ya por estar al
margen del barullo, dan una garantía de emociones muy por encima de
la media.
Es
el caso por ejemplo, de THE INTELLIGENCE:
Una
banda con campo base en Seattle
desde 1999 y nueve álbumes + su reciente vuelta, de nombre
“Un-Psychedelic in
Peoveycity/2019) Juno
Records. Es parecido y
medio hermano de los todavía en boca de todos (Ty Segall, Thee Oh
Sees o Mike Cronin), y sin embargo increíblemente desconocidos para
las masas enfervorecidas.
Bandas
que todo el mundo de intachable modernidad conoce. Pero que en
realidad pocos son capaces de seguirles la pista, o por lo menos el
ritmo de pedalada y mensaje sin condicionantes que reparten de manera
compulsiva cada añada (el último fenómeno son los King
Gizzard & The Lizard Wizard).
Digamos
que dentro de la escena alternativa psicogarajerapunk americana, son
en realidad, los que avanzan sin frenos ni contrapartidas para con el
business entertainment. Y por lo tanto, de los pocos que realmente
transmiten lo más parecido a lo que se cocía a finales de los
70/primeros 80 en el mal llamando indie Británico.
Experimentación
con sonidos, regresos al principio de la New Wave Americana, Punk
pasado por la batidora del Garaje y los Nuggets más ácidos. Pocas
manías para de un salto embarrarse con el Pop, el Glan o el
Krautrock lisérgico o mecánico…
Eso
podría decirse que son THE INTELLIGUENCE: Un todo o nada de diversos
sonidos, pero una reconocible manera de construir su música. Que los
hace únicos en su especie, pese a emparentarlos con cosas como:
Magazine, Clinic, Monochrome Set o vete tu a saber, así,de oídas.
Y
por excusar a la marabunta. El inconveniente para quien quiere
acomodar su sesera y oídos, en algo más afable, predecible o
popular; nada nuevo en el horizonte.
Así
pues, cuando Lars Fingerg
subió al escenario y se encontró con 30 escasas personas de
público, entre risas no pudo más que saludar con un “good
morning”. Como si la
banda se presentara a dar un set en una terraza mañanera a modo de
aperitivo.
No
tuvimos las cuatro cabras descarriadas, la
suerte de ver a las
guitarras y voces acompañándolo, ese
guitarra de The Shins Dave
Hernández; quien sí a vuelto a tocar en su nuevo álbum. Aunque
quien lo suplió, dio la talla sobradamente.
El
enésimo desaguisado de otro de tantos festivales; en este caso el
SON GALICIA: Quien se ha apropiado del concierto cambiado su
ubicación inicial del céntrico Rocksound, al inóspito Upload en el
anacrónico Pueblo Español de las afueras de la ciudad.
No
logró que la profesionalidad de la banda, y un público dispuesto a
levantar la noche a base vítores. Nos regalara una especie de live
dedicado y a medida, la mar de chulo, entretenido e igualmente
revelador.
En
el fondo, los que venimos de épocas heroicas
donde lo alternativo: ni era
tan mediático, ni movía
a miles de personas. Acabamos satisfechos incluso, de confirmar que
las modas y las masas, en realidad siempre han ido tarde cuando de lo
que se trata es de mojarse para pescar.
El
sonido cacofónico de la sala se suplió con la contundencia de un
Kaanan Tupper a la batería, y el onduloso bajo de Drew Church.
Quienes ejercieron su capacidad de metrónomos, para acompañar los
salmos de Finberg a lomos
de esas guitarras taaaan!! trepanadoras.
Destriparon
parte de su último disco, quien camina bajo una atmósfera menos
cáustica que su anteriores entregas. Pero que en cambio contiene una
parte lisérgica tan hipnótica la de aquellos “Going Up” o
Porcupine de los Echo & The Bunnymen, insolados de surf
matropolitano.
Más
como una sensación o ambiente, que como un estilo que se asemeje
estrictamente.
Pero
realmente, el chipotle de la noche lo pusieron el basto ingente de
agujetas que como canciones tienen: Empezando con “I’m
Closed”; que arrancó la velada. Siguiendo con “Janitors”,
“Thank you God for Fixing the Tape Machine”, “We
Refuse”, “The Galaxy”, “The
Entertainer” y la psicótica “Like x7” .
Y acabando con un vacilón “Dim Limelighs, dentro de
otro de los discos que más protagonizaron la noche: Su demoledor
“Everybody’s Got it Easy But Me/2012”.
Tanto,
que incluso demandó de un bis por la locura desatada en la platea, y
el alumnado desbocado.
Nos
señalaron y enumeraron en fila de a uno, con la licencia incluso de
pedirles canciones dedicadas; que es lo que tiene no poder
mimetizarse con el gentío. Y pensar incluso que esa canción, ¡esa
canción! Te la estaban cantando a ti!!
No
había sentido jamás nada parecido lo juro.
Pude
hacer amigos y todo (que es lo que tiene llegar una hora antes por el
porsiaca). Amigos desconocidos, pero todos de la familia de
las treinta criaturas con más luces que la feria de Abril, a la
redonda.
Que
no harán estos ajustadores y alicatadores del alma con más gente
que en una boda gitana. Y no digo con cien más, pero con el doble?
Igual
nos dejaban por dentro mejor dispuestos que un parque acuático, para
que las neuronas, células, ocurrencias y glóbulos se tiraran desde
oídos y cerebro, como en un tobogán.
Han
pasado ya la semana y largo, seeeeeeee.
Tantos, que a las
puertas del homenaje a los difuntos con el olor a castañas y los
generosos ya en la pituitaria. Todavía cavilo si colgarlo, o
colgarme.
Y
si
es verdad que el desdén reinante en mis días de aquí pa’llá
hacen que esto parezca de todo menos un blog bitacoriano ágil, audaz
y puntual como un clavo. Es
sencillamente… por pereza sí, lo confieso.
No
una pereza de esas de dejadez y pasotismo, no. La mía es una pereza
o mejor dicho, un piano pianissimo más parecido al del yayo del bar
de Can Valls de Sant Martí Sapresa. Que nos servía los cafés a su
ritmo: Sin la prisa que llevamos siempre a cuestas los de ciudad.
Toda
una lección de bioritmo cotidiano magistral, que ahora, 15 años
después, la elogio y valoro de manera cuasi dogmática.
Por
eso, y pese a que ya han pasado más días de los que la rigurosidad
internética exigen.
Tampoco voy a dejar que el fantabuloso recuerdo de uno de mis mejores
directos en años, se desvanezca en la nebulosa de mi… “espera
que ahora voy, y nunca vengo”,
de mi adorable hijo de 16 años.
No,
si algo hay claro de este blog al margen de recomendaciones
espaciaaaaaadas, top lists del año, compilaciones musiqueras y
alguna que otra cosilla más mía que de interés público. Es el
diario más o menos vivencial de este periodo de mi vida (mu chulo),
y a sabiendas de que con los años la vagancia se me acentúe, no sea
que no tenga donde mirar para contárselo a mis criaturas.
Y
así fue, y
no exagero lo más mínimo. De tantos conciertos memorables e
inolvidables a mis espaldas: Siniestro Total’85, Ramones’90,
Morrissey’99, Jesus & Mary Chain’90, Pavement por tres veces,
James 2001 y montón más que me sería imposible enumerar. El que
nos regalaron el dúo de Perpignan con Marie
y Lionel a la cabeza junto al séquito que lo convierten en ocho
(bailarín vacilón incluido ¿el
del video de Dimanche? Pues sí).
Será
el mejor de este 2018 seguro.
Y
sin dudarlo ni un
segundo,
uno de los diez mejores de mi vida.
Que
igual me excedo y entra en escena sin reflexionarlo sensatamente, eso
de la sugestión del momento. Y las muchas ganas que tiene uno de que
de una maldita vez, todo suceda como antaño: Con actitud, como si no
hubiese un mañana y… Sobretodo, y pese a que sobre el papel, THE
LIMIÑANAS pueda
parecer más una banda
de atmósferas y estética sonora. Sonaron
sobre las tablas con el
rigor contundente y pasional que se le presupone a quien venera a
bandas como The Cramps, Velvet Underground, Lords
of New Church, The
Brian Jonestown Masacre, Joy Division & derivados, Jesus &
Mary Chain... Y
en definitiva, todo ese rollo alternativo que bebe de la vertiente
arrastrada del rock americano y puramente oscura o enfermiza, que de
la estéticamente tradicional y bonica. No
se si me explico.
Resumiendo
y abreviando: demenciales, hipnóticos y glamurosos. Pero glamurosos
con vicio, sabéis? Que igual debe ser una enfermedad no
diagnosticada, pero a ver, ¿creéis que Nick Cave mola solo por sus
canciones? Y una mierda!!
A
eso me refiero.
El
repertorio que desplegaron, ya con las intenciones claras tras
telonear a ALLAH-LAS y casi reventarles el concierto a
los pipiolos, o tomar
contacto en las fiestas de Sant Boi junto a FLAMIN’ GROOVIES. Era
el mismo capaz de generar la energía suficiente que eleva aparatos
del demonio, y a ti mismo dos palmos del suelo. El que se basta de la
sinergia instrumental
de siete músicos en el escenario sobre un público, que bien
pudieran ser bielas en baile. O el que agitan a la platea como átomos
en fricción. Es el Rock amigos!! Sí, así, en genérico.
Porque
a THE LIMIÑANAS les queda muy chico y ajustado el tirar de
etiquetas. Y pasando por el reputado filtro sesentero francés marca
Serge Gainsburg, todas y cada una de las etiquetas, géneros o bandas
a las que te puedan recordar. Se quedan en un mero Loop de aires
Krautroqueros de lo más kisch y sucio, con una personalidad tan de
ellos. Que al instante, dejas de pensar en esas mierdas y las aceptas
como benditos atributos bien llevados.
Seguramente
porque desde el minuto cero y las casi dos horas de concierto, tiran
sobretodo de artillería rockera; esa que nunca falla.
Que
sí, que aparecen de aquí y de allá los fantasmas del sacrosanto
olimpo.
Pero
es ese tul de Pop psicotrópico a veces tan de Stereolab bien
empapado de Garage
azabache, el que acaba haciendo que no sea nada exactamente y sí lo
mejor de cada uno. El argumento perfecto que debería hacernos
olvidar con nostalgia las bondades de Black Rebel Motorcycle Club, o
en lo que deberían haber
sido ser los Black
Angels.
No
le des más vueltas y vive ahora y ya lo que toca, que nada dura para
siempre!!
La
pseudosurfera y road negroide movie “Overture”;
instrumental con la que han abierto todos sus sets. Y que nos
encomienda de inmediato a aquellos rare grooves anónimos de las
series Blow Up 1 y 2, o de los artefactos de Keb Darge en el
Legendary Wild Rockers. O
la “Melamore”
de su anterior
disco, convertida en una andanada de rock caústico casi
apocalíptica. Dan buena cuenta de que su formato/aspiraciones sobre
el escenario, va más allá de mero ejercicio psicodélico tan manido
ahora, como falto de texturas.
Aunque
siga
pensando que canciones como “Down
Underground”,
“I’m Dead”
o “Stella Star”
de épocas pretéritas, con Iván Telefunken a
las distorsiones y órganos, ejerciendo
bien en el centro de la escena de chamán poseído, no tenga
precio ni competencia. La
riqueza musical que han ido adquiriendo a lo largo de sus casi
diez años de carrera, junto a toda la tropa que se les ha ido
uniendo (Pascal Comelade, Peter Hook, Bertrand Belin, Anton Newcombe,
Emmanuelle Seigner) o
el susodicho. Hacen que la experiencia musical de un simple dúo, se
convierta en un cajón de sastre sin limitaciones sonoras ni
condiciones creativas.
En
parte me recuerda al invento de Ian Button (Death in Vegas), y ese
concepto sonoro sin limites llamado Papernut Cambridge. E
inmediatamente entiendes esa especie de conexión atada a la batería
mantra de Marie. Por donde todo fluye como un estado de pura hipnosis
y en directo amigos, en directos crece como un suflé
bien proporcionado.
“The
Gift”,
“Dimanche”,
“Istambul
Sleepy” son
así, consecuencia y una parte ínfima de la
punta de lanza de un
repertorio extrañamente todavía por descubrir. Y
la aparente sencillez con la que muestran su manera de confluir y
hacer suyas versiones como la demencial “Gloria”
de THEN, o la “Mother
Sky” de CAN.
Entre otras regeneradoras de los Bunnymen, Beach Bitches o Lords of
New Church.
Mientras,
hay fenómenos que llenan salas y en tres discos rinden más
pleitesía a las apariencias y al porte que a la efectividad. THE
LIMIÑANAS son apenas unos desconocidos para aventureros sin miedo a
mancharse. Y que
entienden el directo como parte vital de expresión artística y
contagiosa de esta enfermedad nuestra.
Posiblemente
sea esa desde siempre, la diferencia entre el riesgo y la comodidad.
Lo alternativo o lo
aburrido.
Quien
conozca Barcelona... No la de los labios y uñas pintadas, la de laca
y afersun, sino la de orín, fritanga y verdad. Sabrá que hay una
arteria vital fuera de las rutas turísticas, que mide el pulso de la
noche; por lo menos lo hacía antaño.
El Carrer
Escudellers era aquel sitio al ibas con 17 años en busca de la
sensación placentera del miedo y lo prohibido. No era lo que es
ahora ni mucho menos, aunque es lo poco de la Barcelona que preserva
ese olor a realidad. Esa belleza agreste que resiste a que la
maquillen, porque al final todo aflora. Y donde todavía el Club como
cultura resistente y peculiar, le echa cada noche un pulso a la
mediocridad avainillada del turismo efervescente.
El Café
Marula y el Club A Wamba Buluba es el caso; y no crean que eso es
fácil con la Rambla de costado.
El pasado
jueves celebraban lo que vienen siendo sus cuatro años de vida,
programando conciertos y actividades lúdicas alrededor de los
sonidos más grasientos y musculosos de la noche Barcelonesa.
Rock&roll del bueno, reggea que se debate entre el ska y el soul,
Garaje, Rythm&blues etece etece etece. Un viaje al pasado para
recuperar los sonidos verdaderos que tanto buscan algunos, y que casi
siempre se encuentran en pequeños artefactos ancestrales.
Y aunque
muchos no acaben de encontrar esos secretos y prácticamente
invisibles hilos de conexión. En la presente, caer tanto en FLAMINGO
TOURS con sus ritmos maleables y tórridos. Como en THE SADIES, donde
todavía hay un enviado al infierno para marcarlos cual reses; sin
éxito. Y dejarse llevar de finales felices con el desquiciado de Keb
Darge a los platillos y sus secuaces. Probablemente fuere la mejor
opción para un Jueves de celebraciones: La de los que la siguen y la
consiguen, o de quienes siguen las migajas de glotonería soulera.
Sobre las
nueve de la noche Miriam Swanson nos atizaba sin piedad, con
esa mala baba venenosa que tanto nos gusta, pero ni con esas
conseguía arrancar un baile a los siesos. Esos sí, electrizante
soulrockero el que nos bombeó desde el minuto cero:
Ejecuciones
perfectas, con alma, rabia y esa indefinible sensación de bajarte a
las catacumbas. Y un repertorio de encanto que se va desde su disco
de debut, temarios perdidos y el más calentito de sus trabajos
todavía por publicar.
Guasona e
invocando a los midas de forocoches y hurgar hasta ver que no, no
estábamos dibujados. Pero es que hay que admitir que -no sé si solo
en Barcelona- es preocupante la apatía reinante que hay en según
que concierto. En uno de músculo rockero no, por dios!! Una de Blues
rockero que sacaba punta a los slides, otro de arranque por Surf
Bogaloo instrumental para abrir boca. Y un desenlace que se fue
abocando entre el frenesí de “What Makes You so Cold”
a grito de: - De aquí no hay quien nos eche!! Temarráncanos
despatarrantes y excitantes los que maneja esta muchacha sobre el
escenario con la troupe que le acompaña. “Racing Monsters”,
“Malyshka Twist”... Tremendos nenes!! Y una pena
que a estas alturas no seamos capaces de apreciar la buena música
que se hace en los bajos fondos del estrellato; unos tanto, otros tan
poco.
Sin mucho
más margen para hidratar el gaznate con una cerveza y echar un poco
de humo a las puertas. La sala cobró de repente vida. Y lo que
parecía ser instantes antes un bolo deslucido, de repente se
convirtió en una escena digna de George Romero: Como si la Swamson
hubiera invocado a los muertos vivientes bajo el suelo del Marula. Al
final algarabía y alboroto. Sala llena y en ebullición -que no sé
si fuimos nosotros los formadores de cumulonimbus mediante el vapor
corporal ascendiendo por los registros de ventilación- o la fogata
que prendieron los Canadienses sobre el escenario.
Lo mío era
una especie de rito iniciático, pues desde siempre sin ser seguidor
a pies juntillas de este cuarteto liderado por los hermanos Good; a
quien el apellido les cayó como una bendición. Y desde que me topé
hace tres años en su colaboración con el loco de Gord Downie, con
profundidad y dedicación.
Las puyas de
cerbatana de mi amigo Johnny también ayudaron evidentemente, cuando
nos conectamos vía telepática mediterránea.
Dos horas o
casi de directo muchachos!! Dos o tres surtidos de bises pues acabé
perdiendo la cuenta. Me sobraba la ropa, el chaleco de ante, y la
rebequita. Me faltaba líquido refrigerante ante semejante arsenal de
idas y venidas por el Altcountry, el surfeo a lo Spaguetti Western,
los masajes en la sienes cuando va y se ponen balsámicos y en
definitiva, el rock de quilates que construyen y deconstruyen como
unos niños jugando con plastilina.
Decididamente,
estoy convencido -ahora- que son posiblemente los únicos capacitados
para hacer del Hillbilly una novedad aplastante que se ríe de las
probetas con casera. No es esculpir sobre la roca solamente y
arrodillarse ante los santos. Es enriquecer géneros a base de
tocarlos con la misma energía que caballo loco cargadito de agua de
fuego danzaba alrededor de la fogata.
Así pareció
de desbocado y poseído Travis cantando al fin de los días. Hasta
pasada media hora no sonó ningún tema de su último y más relajado
trabajo: “Through Strange Eyes” de arranque, “God
Bless the Infidels”, o el salvajismo de “There are
no Words”. Los besos detrás de la oreja de “The
Good Years” viendo ya casi al final gente que estaba más
por lucir tontería que por el concierto; penoso. Suerte de las caras
de felicidad reluciente y exultante que se veían a las espaldas del
escenario. Y poniendo tierra de por medio un repertorio que nos
llevaba del Country más heterodoxo, al Garaje de madera y hamaca
veloz. Rompiendo esquemas con microsurfeos instrumentales
revivientes, de unos Shadows convertidos a Cramps.
Capaces de
inventarse las canciones como unos magos con chistera, o simplemente
refundarse porque su música se retrae y contrae como una Drosera en
ayunas: Ascendimos con “Cut Corners”, trepantes de
mil cientos acordes imposibles “What's Left Behind”
, “16 Mile Creek”, “Ridge Runner Rag”
de pitch pasado y omnipresente su picoteo en el Pure Diamond Gold del
99; del que sonaron muchos temas. Puede que insuflados por el
carácter del Club homenajeado.
Fueron
cayendo “So Much Blood” o “Loved On Look”
con Travis desatado de cualquier camisa de fuerza que se
tercie.“Story 59” con un Dallas Good más solemne y
empalado por una columna que invito a derruir pese al peligro de
hundimiento. No nos amargó la existencia, pero nos hizo mover más
el cuello que la cobra tacataca. Calentamiento para acabar engrasando
coyunturas, tendones, isquios y vertebras con KEB DARGE: El maestro
de ceremonias perfecto para acabar de triturar el garaje sesentero, o
el equilibrio más cálido de GOFFRY, FONSUL o TURISTA BANG BANG.
Tan solo
basta con masticar un instante el “Searching” de
THE OMENS; casi me descoyunto oigan. La columna tuvo la culpa: la de
la sala y la del parking vamos!!