domingo, 16 de abril de 2017

WOODS_06/04/2017 (Sala Apolo)_MÁS MADERA!!




Ni me acordaba, juro y perjuro. Me levanté en un amanecer de humedad de turba, verdor y quebranta en medio del bosque, y poco más que tengo que hacer un seguimiento tenaz de lo ocurrido en los últimos días.
Ah!! sí!! ya casi medio recuerdo... Fue un jueves -he amanecido en Domingo de ramos, entiéndase- difícil o casi imposible tarea la de pasar las hojas del libro y volver al lugar de los hechos.

La banda cuarteto de Brooklyn nos pasó a ver el Jueves de la semana pasada; un poco antes de salir de procesión. Una visita ahora que por fin “With Like and With Love/2014” y el aun humeante “Love is Love/2017” parece haber premiado los doce años de carrera y la decena de discos.
Y no es por cantidad amigos, no. Es sencillamente porque de Woods, en tanto pasan las modas, tendencias y costumbres modernas, parecen no verse afectados por la corriente continua. Sus discos siempre suman, licencian y testimonian que lo suyo no solo es hacer música, cumplir y ya está. Cada uno aporta algo, te lleva de paseo por algún rincón todavía sin explorar; o por lo menos sí meterle mano de otra manera distinta. Y los cabrones se salen con la suya sabes?, es como el enterao que te explica el porqué de las cosas y por mucho asco que te de su sapiencia, al final, te ves asintiendo como un sumiso y predicando su dogma igual que un testigo de Jehová pasado de setas del amor.



Hace gracia ver que pese a ser una banda que siempre pasa del aprobado alto en sus discos. Sus conciertos siempre parecen no estar a la altura de su discos en cuanto a público; y para cuando un remix bailongo de alguno de sus temas. Ese día se hacen famosos del tirón.
Yo ya sabéis que siempre voy tarde, medio desatacado y despeinao. Soy ese amigo tontorrón y alucinado que siempre parece estar en la luna. Mismamente como Jeremy Earl, esa especie de chiquilicuatre que un buen día te propina un zas en toda la boca con su repertorio casi inacabable de juegos de cartas instrumentales; solo que con bastante menos talento.
Además el jodido parece haberse rodeado de las mejores compañías; las que tu madre quería: El asiático amable servicial y raro del barrio que toca el bajo como los ángeles. Ese chico elegante hasta dar rabia que siempre abre la puerta a tu madre y cede la tanda cuando el cajero es más torpe y que toca la batería con un groove diabólico. O ese otro tan guapo, salvaje y atractivo que sería capaz de tocar la guitarra y hacerte el amor sin descanso hasta el amanecer.


Todo cuadra amigos. Ahora mismo Woods están en una situación tan privilegiada, que si le pusieran más grasa y sofrito al asunto podrían estar tocando ante miles de personas un repertorio de más de hora y media; porque lo tienen y bien bueno. Sin embargo, no sé si porque los espabilados del Primavera Sound como promotores, hacen el mismo trato que mi amigo Herrero (matón de barrio). Pero a uno le queda un poco la cara de tonto al final del asunto: Esa rara sensación de haber vivido una noche de sexo desenfrenado, y ver que te dejan con un palmo de narices y hasta otra.
WOODS se marcaron un concierto de libro. Se centraron en su último disco y el maravilloso anterior; por este orden.
Arrancaron con “Love like a Glass”, extendieron la alfombra de hammonds sempiternos y se pusieron en marcha. A ratos vi a ese maldito demonio que me apuñalaba cual flato, y otras... Otras se me encendieron los ojos de amor suflé con ganas de morrearme con mi amigo de al lado; a él todo le era gloria y lo entiendo.

A mi sin embargo, aunque su clase y maestría a la hora de entenderse sobre el escenario, de tocar y pulsar el botón adecuado del momento casi mágico:
Politic of Free” y los crybabys saltarines de “Hollow Me” nos arrodillaron pidiendo ofrenda sin condición; y a mi me faltaba algo.


Sun City Creeps” llegó para abrirnos en canal las entrañas, pues esa mezcla de Reggea de libro, afrobeat y pscodelia entrelazada nos hace polvo a los que amamos y deseamos que los estilos bailen en una turmix sin reglas ni normas. Su último disco tiene esa gracia innata de tocar distintas teclas y quebrarlas como la gloria: lo altcountry, lo alucinógeno y lo mestizo. Pero, o falta alma y comunicación, o es el maestro de matemáticas incapaz de convencernos de la magia de la matemática en la vida.

Sus discos son tremendos y me atengo al espectacular “The Take” que nos ofrecieron. Faltaron las trompetas y alguno más que por los veintilargos euros que costó bien lo valía. A los que allí estábamos nos daba un poco igual, eso es cierto. La niña de los claveles nos bailó, y nos embobó cual prendaos sin facultad de reacción.
Todo encajaba y fluía porque en sus registros largos, enrevesados y espirales lucen igual de bien que en su versión más campestre. Saltaron los primeros ahullidos entre el público que ya es mucho. Como si alguno quisiera o le faltase más salvajismo, más comunicación entre el creador y sus acólitos; como lloro cada noche mis veinte años!!
Pero sigo creyendo con fiermeza por más que adoro sus discos y la dirección que toman, que a veces y en directo no acaban de homogeneizar su maravillosa libertad creativa, y sobretodo su perfección al ejecutarla.

Sheperd”, “New Light” y “Call in a Cup” juro que nos ablandaron igual que esa masa indeleble de nuestra madurez imparable.
Ver que sin saber bien si es el amor por los tonos dorados o el sol. O es el “agustamiento” natural de tu edad el que te los lleva a buscar el cielo y los ojos en blanco, con una de las escasas concesiones a su repertorio post_exKevin Morby, junto a “Be All Be Easy”.
Indiscutiblemente todo tan Jayhawks, Wilco y Big Star que no pude evitar morrearme con uno de los espectadores.
Al principio creí confundirlo con mi amigo perico David, pero al final lo cierto es que fue el amor reinante y el Ron con Cola que emanaba el mismo dulzor de la caña de azucaaaaaarr!!. Sí, para que disfrazarlo hombre.

Pero en fin, que quieren que les diga. Considero, afirmo, exijo y me reafirmo en mi creencia de que una banda con el bagaje, repertorio y maestría de Woods debería venir a este y cualquier otro país a dar el manotazo sobre la mesa. Y demostrar que lo grandes que son viene dado con un directo ambicioso, exigente y mastodóntico; su talento lo exige.
Dar y tomar esa hora y media de concierto que los Sadies superan sin apenas esfuerzo. Y hacer que el acabose con “Moving to the Left” y “Suffering the Season” nos consumiera de verdad.
Porque a ver, después de darnos almibar. No pueden concluir con el excelso subidón tan a lo Can de “With Light and With Love”, y dos bis y adiós. Hora y poco por 25 euros aproximados y la sensación de coitus interruptus.
Como hacer el amor, encender la luz, y descubrir que estas en la cama con Mariano Rajoy; que quieren que les diga. Mezcla de gusto y rabia. Un merchandaising sin discos ni cd's, y una camiseta más fea que el Fary comiendo limones. Y no se, esperar que algún día las bandas estén a la altura de sus canciones; las jefas a fin de cuentas.

miércoles, 12 de abril de 2017

22º MINIFESTIVAL DE MÚSICA INPENDENT DE BARCELONA: QUIERES JUGAR EN LA ARENA?




Hay caminantes de Santiago, peregrinos que piden a Lourdes lo que les niega la vida... Y amantes incondicionales por la música y sus pequeñas eclosiones, que veneran la divinidad en pequeño formato.
Cada año sacan cuando despunta la primavera su paso; y con este van veintidós: Los mismos que a algunos nos han hecho adultos y a otros peregrinos por auténtico acto de fe, y pasión. Lo demás, planes bien urdidos con riesgo cero y yo... que quieren que les diga. Me encantan no ya los riesgos, pero sí las aventuras.

Esas mismas que nos crecieron dentro como los primeros pelos en la barba y vello en el pubis. Y que nos dispararon sin saber muy bien si había otros como nosotros, pues la era de la comunicación en ochentas y noventas era más de columnas de humo y tambores, que de rotativos cibernéticos.
Aun y así, todavía no hallamos explicación para que la manada igual que los Ñus, sigan a los cabecillas simplemente por su perfume deslumbrante. Y se hayan olvidado de ese Dr Levingstone que se lleva dentro. Ese buscaba su qué trascendental en el origen de lo desconocido.
Por eso, coger carretera y manta e irnos a descubrir nuevos y diferentes espacios; como la remodelada CAPSA del Prat. Ya no es que sea una locura juvenil en busca del Pop eterno. Es que simple y llanamente me devuelve por una noche a lo que era la auténtica independencia (ir por libre): Hacer de la minoría, un casi privilegio para tapiceros del alma.
Lo mío ya va camino de los cuatro años, por lo tanto, ya es más vicio que oficio.

Sin saber con certeza si uno acata la decisión por lo bueno conocido o lo mejor por descubrir. Ver tras veinte años a Mr Luke Heines (The Servants, The Auteurs, Black Box Recorder), igual parecerá una excusa, pero en realidad era una pura confesión. Un volver a encontrarse a uno mismo, e incluso cerrar los ojos mientras suena “Show Girl” y apagar el mundo. Lo demás, seguir con los ojos cerrados, extender los brazos y dejarse llevar por una selección que a buen seguro no te va a defraudar.
Para eso mi trayecto se quintuplica en lo habitual, pero me encanta variar el itinerario y salir por la puerta trasera del Vallés.
Se escapó el ÚLTIM CAVALL; es un echo. Pero en cambio y tras la infructuosa búsqueda de un bocata de pechuga y una cerveza (para que veáis lo poco que pido). Me encontré tras testear la dudosa calidad de algunos baretos, con el señor Heines copeteando con un Coto Imaz ante una barra de desconocidos. Yo, me comí mi apreciado bocadillo de pollo crudo, pero MÍ, bocadillo a fin de cuentas.


Barriga llena y mente abierta lo justo para tomarnos los postres, dulces y licores a modo de melodía.
FALSE ADVERSING Mancunianos ellos, eran uno mis principales reclamos. Porque aunque haya muchos que solo miran arriba; a los titulares. Son las más y bien ricas letras pequeñas las que deberían hacer grande un evento.
Porque... todos sabemos cuales son las más lúdicas y atractivas propuestas, pero después están por así decirlo: las que dan esa distinción y vuelta de tuerca; eso que fue en su día el PS y ya no lo es (por poner un ejemplo). Para eso, ya están las inventivas y los tres bocados a un cañamón para hacer del poco mucho.
La triada de Manchester Chico/chica/chico irrumpieron bien pasadas las nueve con ese ímpetu de las bandas chicas que ahora tanto se ha perdido, pues parece que todo se infla como la miga del pan de molde. En este caso consiguieron por la vía directa ese destello que solo parece residir en los valientes debutantes.
Ese espíritu casi desconocido que pierde de vista la sofisticación excelsa, y la convierte en nervio de bistec de pobre con textura de gelatina fundente: Pringarte hasta los codos como quien come unos pies de ministro y pierde cualquier compostura.

El trío tiene a penas un disco de debut muy lejano y un Ep recién salido de la tartera. Pero sobre el escenario, el hambre y la fórmula rápida para que todo parezca tan fácil y en el fondo sean un acierto, es toda una pequeña lección de pura efervescencia juvenil. La indomable fiera de la veinteañera Jen Hingley tiene todo eso que se necesita de quien empuja acordes nerviosos y un resorte demoledor cuando se pone tras la batería. Un congenio de indierock a la americana entre lo abstracto y el pop radiante de guitarras, que toma tanto de Superchunk como de Speedy Ortiz, sin despreciar sus orígenes británicos de cuerda gruesa.
Esos mismos argumentos que traspasan la barrera entre el Pop reluciente y desgarrador de “Wasted Away” o “Give It Your Worst”. Y los tactos rugosos y punzantes de “No Good” con sus desvaríos hacia los originales Smashing Pumpkins desde el segundo cero de “Not My Fault”.
Tan intenso su set, que dejaron la sala medio estupefacta sin mal Lp que echarse a la oreja por falta de género. Y con las claras credenciales de tener ante nosotros a una de las jóvenes bandas del norte de Inglaterra más enérgicas y futuribles.


Después aparecería el santo, o por lo menos en parte, quien canturreaba aquellos salmos que ahora nos mueven a peregrinar. Y que allá por los 90's de entones -antes de que todo explotara- nos serigrafiaron parte de nuestra esencia musical.
Para mí New Wave, por ejemplo, desde las vistas de Siurana, marcaron un antes y un después en lo que respecta al mi adorado Glam, al Pop, y a la música alternativa de por entonces. Ahora sinceramante, he de admitir que el camino que ha tomado LUKE HEINES hacia un nihilismo musical más que respetable difícilmente se equiparará al de aquellos años.
Pero hay otra faceta tanto o igual de interesante, ahora que ya son casi un cuarto de siglo que ha pasado desde ese primer disco. Y es esa impresión de no tener que rendir cuentas de su pasado, o ni siquiera dar explicaciones sobre sus nuevas canciones; su estética, guarnición o compromiso lo que verdaderamente transgrede. Eso me emociona por igual, seguramente porque con 25 años más todos hemos cambiado enormemente.

Las que sonaron taquigrafiando los primeros noventas a espaldas: “Show Girl”, “Lenny Valentino”, “New French Girlfriend” y alguna otra que se coló. Pero también las que ha dedicado a algunos de sus maestros y sabios. Siendo “Lou Reed Lou Reed” de su homenaje New York in the 70'S la que abrió, cerró el concierto, y moduló prácticamente la noche igual que un masaje muscular al demoledor pasado; el que a veces pisamos sin apenas mirar. Se traspapelaron los secuenciadores, cajas de ritmos y sintetizazores con los que ahora abona sus textos por la acústica. Y sinceramente me hizo añorar tiempos más verdaderos que certeros (ilustración lacrimosa incluida).
Encantadores desde los carraspeos, hasta sus pintas de explorador o turista perdido en las playas Ipanema. De echo, dicen las lenguas de doble filo que estuvo dos días deambulando por el Prat de Llobregat sin saber donde ir; aunque no se si es una leyenda.

También hemos podido ver con alegría y algarabía hacerse grandes a los Vigueses LINDA GUILALA.
Desde aquel primer encuentro en Las Basses con Xeristar bajo el brazo y abriendo la noche de The Close Lobsters y Michel Cloup Duo, han pasado infinidad de cosas. Y la más importante es que en su lento y prudente caminar, se ha generado una especie de sonido muy personal y auténtico alejados -pese a ser comparados- de los primeros Planetas, My Bloody Valentine, Secret Shine, Slowdive y en general esa parte del Shoegaze que tanto bebe del Dreampop medio oscuro, como medio luminiscente.

Digamos que en esta difícil tarea de enaltecer el Shoegaze cuando vuelve a estar en horas bajas, me alegra doblemente confirmar mi idea de que no hay género vigente o caduco, sino buenos o mediocres discos.
Linda Guilala al igual que ha pasado con Los Punsetes, han creado su propio -más que sonido- entidad. A lo mejor porque este camino lo han hecho más o menos solos y sin presión. Su ligera y lenta evolución hacia los ambientes más brumosos, espirales y a ratos angustiosos sigue alimentándose del Pop más claro de sus principios. De echo Psiconáutica es un disco tremendamente Pop; basta con ver la duración de sus canciones. Una veintena de temas que como en Shortcuts de Robert Altman, conectan todos entre si como una telaraña abovedada.

Su puesta en escena pese a lo corto de los sets del Minifestival, van también a ese origen de primar el carácter global y ambiental sobre el de las canciones en concreto.
In crescendo: “La última Vez”, “Cayendo” o la increíble “Uroboros” al igual que su precioso “Lo Siento Mucho”. Culminan en pleno estallido Noisepop, un preludio que de dimensiones espaciales que precisa dedicación y sugestión. Donde esas pequeñas miniaturas en forma de interludes dotan a la idea de hilo conductor y de volumen. Y que tanto me recuerda a esas primeras sensaciones de zambullirnos en el Conforts of Madness de Pale Saints, o a la global idea en texturas y colores del Heaven in Vegas de los Cocteau.
Un disco y puesta en escena que dan por fin, más horizontes donde mirar al Pop sin miedo a hacer daño. Con una preciosa y tornasol edición en vinilo que nos trajimos bajo el brazo. Y que fieles a sus orígenes, siempre están ahí apoyando las causas imposibles como las suyas: No hay posibles sin imposibles.

El cierre de confetti, girnaldas y baile, como viene siendo costumbre en cada edición del Mini(gran)Festival lo pusieron en esta ocasión, los europoperos de Gales HELEN LOVE.
Una de esas bandas como muchas que han venido rescatando. A las que le perdiste la pista hace años y de las que incluso crees de su desaparición pese a seguir todavía en activo. A medio camino entre los CARTER USM y BIS, pero sin tantas pretensiones y un carácter infinitamente más festivo. Repertorio coreable, intrépido y revolucionada Helen Love, igual que su desvergüenza y falta de estereotipos a la hora de saciarnos de golosinas como “Thank You Polystyrene” o “You Can Beat a Boy Who Loves the Ramones” y un montón más hasta bien pasada la madrugada.
Nos hicieron bailar por supuesto y sin duda, porque el espíritu POP de este combativo y tenaz festival sigue inquebrantable y fiel a su origen. Da lo mismo lo que programe, el pulso que le eche a las dificultades económicas o creas para tus adentros...: Ya no estoy preparado para viajar en el tiempo en buena compañía y soltando lastre; el de los estereotipos y sobra de prudencia.

jueves, 30 de marzo de 2017

THE SADIES/FLAMINGO TOURS Y KEB DARGE en el 4º ANIVERSARIO DEL A WAMBA BULUBA CLUB (SI LA TIERRA TIEMBLA, ES QUE LA GENTE BAILA)


Foto: Aitor Rodero (A wamba Buluba Club)



Quien conozca Barcelona... No la de los labios y uñas pintadas, la de laca y afersun, sino la de orín, fritanga y verdad. Sabrá que hay una arteria vital fuera de las rutas turísticas, que mide el pulso de la noche; por lo menos lo hacía antaño.
El Carrer Escudellers era aquel sitio al ibas con 17 años en busca de la sensación placentera del miedo y lo prohibido. No era lo que es ahora ni mucho menos, aunque es lo poco de la Barcelona que preserva ese olor a realidad. Esa belleza agreste que resiste a que la maquillen, porque al final todo aflora. Y donde todavía el Club como cultura resistente y peculiar, le echa cada noche un pulso a la mediocridad avainillada del turismo efervescente.
El Café Marula y el Club A Wamba Buluba es el caso; y no crean que eso es fácil con la Rambla de costado.


El pasado jueves celebraban lo que vienen siendo sus cuatro años de vida, programando conciertos y actividades lúdicas alrededor de los sonidos más grasientos y musculosos de la noche Barcelonesa. Rock&roll del bueno, reggea que se debate entre el ska y el soul, Garaje, Rythm&blues etece etece etece. Un viaje al pasado para recuperar los sonidos verdaderos que tanto buscan algunos, y que casi siempre se encuentran en pequeños artefactos ancestrales.
Y aunque muchos no acaben de encontrar esos secretos y prácticamente invisibles hilos de conexión. En la presente, caer tanto en FLAMINGO TOURS con sus ritmos maleables y tórridos. Como en THE SADIES, donde todavía hay un enviado al infierno para marcarlos cual reses; sin éxito. Y dejarse llevar de finales felices con el desquiciado de Keb Darge a los platillos y sus secuaces. Probablemente fuere la mejor opción para un Jueves de celebraciones: La de los que la siguen y la consiguen, o de quienes siguen las migajas de glotonería soulera.

Sobre las nueve de la noche Miriam Swanson nos atizaba sin piedad, con esa mala baba venenosa que tanto nos gusta, pero ni con esas conseguía arrancar un baile a los siesos. Esos sí, electrizante soulrockero el que nos bombeó desde el minuto cero:
Ejecuciones perfectas, con alma, rabia y esa indefinible sensación de bajarte a las catacumbas. Y un repertorio de encanto que se va desde su disco de debut, temarios perdidos y el más calentito de sus trabajos todavía por publicar.
Guasona e invocando a los midas de forocoches y hurgar hasta ver que no, no estábamos dibujados. Pero es que hay que admitir que -no sé si solo en Barcelona- es preocupante la apatía reinante que hay en según que concierto. En uno de músculo rockero no, por dios!! Una de Blues rockero que sacaba punta a los slides, otro de arranque por Surf Bogaloo instrumental para abrir boca. Y un desenlace que se fue abocando entre el frenesí de “What Makes You so Cold” a grito de: - De aquí no hay quien nos eche!! Temarráncanos despatarrantes y excitantes los que maneja esta muchacha sobre el escenario con la troupe que le acompaña. “Racing Monsters”, “Malyshka Twist”... Tremendos nenes!! Y una pena que a estas alturas no seamos capaces de apreciar la buena música que se hace en los bajos fondos del estrellato; unos tanto, otros tan poco.


Sin mucho más margen para hidratar el gaznate con una cerveza y echar un poco de humo a las puertas. La sala cobró de repente vida. Y lo que parecía ser instantes antes un bolo deslucido, de repente se convirtió en una escena digna de George Romero: Como si la Swamson hubiera invocado a los muertos vivientes bajo el suelo del Marula. Al final algarabía y alboroto. Sala llena y en ebullición -que no sé si fuimos nosotros los formadores de cumulonimbus mediante el vapor corporal ascendiendo por los registros de ventilación- o la fogata que prendieron los Canadienses sobre el escenario.


Lo mío era una especie de rito iniciático, pues desde siempre sin ser seguidor a pies juntillas de este cuarteto liderado por los hermanos Good; a quien el apellido les cayó como una bendición. Y desde que me topé hace tres años en su colaboración con el loco de Gord Downie, con profundidad y dedicación.
Las puyas de cerbatana de mi amigo Johnny también ayudaron evidentemente, cuando nos conectamos vía telepática mediterránea.

Dos horas o casi de directo muchachos!! Dos o tres surtidos de bises pues acabé perdiendo la cuenta. Me sobraba la ropa, el chaleco de ante, y la rebequita. Me faltaba líquido refrigerante ante semejante arsenal de idas y venidas por el Altcountry, el surfeo a lo Spaguetti Western, los masajes en la sienes cuando va y se ponen balsámicos y en definitiva, el rock de quilates que construyen y deconstruyen como unos niños jugando con plastilina.

Decididamente, estoy convencido -ahora- que son posiblemente los únicos capacitados para hacer del Hillbilly una novedad aplastante que se ríe de las probetas con casera. No es esculpir sobre la roca solamente y arrodillarse ante los santos. Es enriquecer géneros a base de tocarlos con la misma energía que caballo loco cargadito de agua de fuego danzaba alrededor de la fogata.

Foto: Aitor Rodero (A Wamba Buluba Club)

Así pareció de desbocado y poseído Travis cantando al fin de los días. Hasta pasada media hora no sonó ningún tema de su último y más relajado trabajo: “Through Strange Eyes” de arranque, “God Bless the Infidels”, o el salvajismo de “There are no Words”. Los besos detrás de la oreja de “The Good Years” viendo ya casi al final gente que estaba más por lucir tontería que por el concierto; penoso. Suerte de las caras de felicidad reluciente y exultante que se veían a las espaldas del escenario. Y poniendo tierra de por medio un repertorio que nos llevaba del Country más heterodoxo, al Garaje de madera y hamaca veloz. Rompiendo esquemas con microsurfeos instrumentales revivientes, de unos Shadows convertidos a Cramps.

Capaces de inventarse las canciones como unos magos con chistera, o simplemente refundarse porque su música se retrae y contrae como una Drosera en ayunas: Ascendimos con “Cut Corners”, trepantes de mil cientos acordes imposibles “What's Left Behind” , “16 Mile Creek”, “Ridge Runner Rag” de pitch pasado y omnipresente su picoteo en el Pure Diamond Gold del 99; del que sonaron muchos temas. Puede que insuflados por el carácter del Club homenajeado.
Fueron cayendo “So Much Blood” o “Loved On Look” con Travis desatado de cualquier camisa de fuerza que se tercie.“Story 59” con un Dallas Good más solemne y empalado por una columna que invito a derruir pese al peligro de hundimiento. No nos amargó la existencia, pero nos hizo mover más el cuello que la cobra tacataca. Calentamiento para acabar engrasando coyunturas, tendones, isquios y vertebras con KEB DARGE: El maestro de ceremonias perfecto para acabar de triturar el garaje sesentero, o el equilibrio más cálido de GOFFRY, FONSUL o TURISTA BANG BANG.
Tan solo basta con masticar un instante el “Searching” de THE OMENS; casi me descoyunto oigan. La columna tuvo la culpa: la de la sala y la del parking vamos!!

sábado, 25 de marzo de 2017

CERRAJERÍA PRIMOROSA: THE FIRST PLAY!!



No hay azar cuando “Daylight” es la que descorre las cortinas del dormitorio cual anaranjado amanecer. Y la caja de caudales cerrada a cal y canto durante meses, se desparrama para nuestro gozo.
El canto de las guitarras con olor a café recién hecho, el crujir del pan dorado bajo los primeros rayos, y a Robert Scott cantándonos al oído “No Trace”. Ese empujón que las canciones mágicas te dan despuntando la mañana, y nada ya puede ser malo en adelante.

El dulce chocolate humeante y negro que los aeroplanos azules predican en voz de Gerard Langley, datan los grises meses en malos sueños pasados. Y ahora no, ya es tarde, mis feligreses y yo ya hemos descolgado del nubarral un largo cabo de lazada imposible con una gran yema de huevo solar. Sí, de esas de mojar pan y lamerse los dedos. No sea que algún negacionista se nos cuelgue del Ficus más alto de la bahía de Cádiz.
Intento contener la euforia mordiéndome los padrastros hasta desollarme. Pero ni por esas hay manera de deshacer la fecundación de los campos de verde metalizado. Si ya no es Primavera, hay una natural sincronía que se ha tomado la justicia por su mano amigos.


El resucitar del muerto andante tiene constantes de cumbia. Se ha armado de unos volantes frenesí de color, y medio en pelotas; porque estas cosas ocurren así: Casi siempre como dios nos trajo al mundo, y corriendo monte arriba. Con las ortigas rozándonos las partes más nobles y pudorosas. Y a nosotros qué. Seguimos corriendo huyendo o en busca del color de la vida esta que nos fustiga la muy cabrona.
No hay mejor forma que despertar a fuerza de hostias, premiando a los opresores con cucamonas y un corte de mangas. Porque las canciones son nuestras aliadas y la danza esa estrategia natural de rebeldía.
Sería por ley hablar y tapizar a su paso de flores las calles, cuando son la vuelta a casa de GRANDADDY, THE BATS, THE SADIES, FEELIES o BLUE AEROPLANES los que nos han dado la bienvenida al 2017. Lo sería, y además no por ese ataque repentino de nostalgia que nos da a los mustios volver a oír hablar de nuestros mentores. Sino porque sin misericordia ni clemencia estos señores que aran arrugas y peinan ya de plateada su cabeza, han publicado cinco discos touché.
Cada uno según formas y versiones contrastadas para quienes buscan continuidad fiel y pretoriana de su pasado. O para los que buscan como yo, otros escenarios de distintas perspectivas pero con la misma chicha de antaño.

El caso es que sin entrar en detalles de si las expectativas de cada uno nos han sido colmadas. O si realmente son estos -por raro que parezca- los que están enriqueciendo la cada vez más estandarizada escena alternativa actual. Que narices!! me parece no solo necesario sino obligado, salir de las lindes para buscarnos campo a través nuestros propios destinos. Pero... No va a ser de ellos de los que vamos a hablar; sin acritud.
Hay mil formas posibles de congratularse con el amor a la música. Y uno (o el mío por lo menos), tirar por los zarzales y cañaverales por muy magullados que salgamos.

KISO ISLAND_3 MORE SINGLE

Este trío de Vancouver tiene apenas un puñado de demos y este single de tres temas de adelanto. Apenas si superan los veinte años. No comen ni beben en los mismos abrevaderos finolis de quienes huyen del guitarrazo pedregoso como quien cree que el tufo a sobaco solo es de los probes de espíritu.
Y aun y así, por muy poco encauzados que estén, bendito descarriamiento!!
Saben de eso que han perdido The Orwells en este último disco, que parece más acercarse a los Rooney más acicalados?; salvo alguna genialidad. Pues a estos dos chicos+chica a las voces, les urge más el tremendismo Powerpopero que a un yonki una papela.
Tres temas y tres bofetadas con la mano plana. Pican, es cierto, pero gustan tanto como el vértigo más primitivo de los Pixies de Surfer Rosa, el Punk enfermizo de Ramones y algún ramalazo Mötorheatero.
Sinceramente, para que buscar odas megalíticas gravadas en piedra a golpe de escoplo. Si son esos tres temas que recuerdan a los Singles de antaño, cuando eran monodósis por vena gloriosos y valían su compra cual tesoro. Los que dan el sentido urgente a tu vida a la deriva. Me van a decir que no!!



ACID BARRETTS

De esta banda Griega todavía estamos a la espera que nos despedacen con un catálogo largo de canciones. Mientras tanto, solo nos podemos devanar la sesera buscando datos por la red, siguiendo sus huellas en el escaso Ep que tienen y hacia donde dirigen sus pasos.
Rock de paso paquidérmico con querencia a ¿la psicodelia? O a ese vicio confeso por cortar el cable de los frenos y tirarse cerro abajo sin objetivo. Solo por el puro recreamiento por los sonidos de cantos rodados, descalzos y guitarras incisivas. Con signos de interrogación porque más que nada, esto del término psicodélico, cuanto más escarbo menos sujeto a definición exacta lo encuentro.
Por un lado podría ser aquello que todos quisiéramos oír en el último regreso de los Jesus & Mary Chain, y a una reencarnación de los Black Rebel Motorcycle pero con bastante más mala baba.

En el fondo, de ellos solo necesitamos un tema tan noise y martilleante como “Jesus Ashtray” para morirnos a gusto. Y del pasado año para darnos una y otra vez con un canto en los dientes, su DK en descarga gratuita: Un petardazo que flirtea con los primeros Telescopes, y eso que a todo el mundo parece quemarle las manos “guitarras de verdad, no de mentirijilla” ¿vale?



POWERSOLO_THE REAL SOUND

Son otro cantar de los cantares amigos. Bichos de esos que hay que echarles de comer a parte y de lejos con un palo.
Llevan lo menos veinte años en activo esta estrafalaria pareja de Daneses Siameses. Que igual crecieron como almorranas al rebufo del rey Chuck Berry, Lux Interior o algún apartado del catacumbélico rock&roll de los 50. O su padre los abandonó en algún antro de carretera entre Las Vegas y Sacramento; quien sabe.
Fácil sería decir que este par se dedican a sacar brillo a viejas ondas de los 60: R&B, Garaje, Rockabilly o sonidos del submundo como lo hicieran Cramps, Fuzztones, Sonics o ese montón de bandas anónimas que emergieron de los Nuggets. Ese catálogo imperecedero de trallazos que muchas bandas de ahora intentan emular, por lo menos en decorado y sensaciones, y menos en verdadero y sucio espíritu. Se murió Lux Interior y se perdió el único portador del verdadero mojo del Rock & roll más subterráneo, marciano y psicótico; lo demás, cataplasmas para ir tirando.

Pues puede que POWERSOLO sea la única banda de hacedores de aquel ungüento en la actualidad; sí, así de rotundo.
Los únicos o pocos, que teniendo estas 14 descomunales descargas no están todavía en boca de todos, coronados por el propio Ty Segall, o anunciados a bombo y platillo por cualquier festival; de los chulos, de los que molan. Que claro, que son Daneses y van por libre y eso pues como que no.

Tenemos además la suerte de tener reeditado en nuestro país su último Lp datado en 2014 por el sello de aquí FOLC RECORDS. En formato físico (Vinilo o CD), y de gira este próximo mes de Abril.
Esto ya es suficiente, para tomarnos su REAL SOUND como un artefacto a reivindicar. Tarde si por el camino nos hemos dejado a “Got No Fear” o “ Ashole”. Pero suficiente si nos conformamos con un curso acelerados por capítulos y sin paradas. Más que nada porque en REAL SOUND se da la síntesis más o menos concentrada y por milímetro cúbico de su largo historial.

Sin margen para el receso desde la tremebunda “Sascuatch” que inyectamos en esta Play. Hasta su parte más sugerente de “Des Filles”, “Salty Lick” o “The Leather Suit” donde podrían pasar por unos Black Lips entonados, por la DO de Godfathers o el Easy Listening más refinado.
No pierden el tono. Y convierte este cocktel sonoro en un tratado de buen gusto, porque ellos sí son capaces de pasar de un estado de pura locura, posar y quedar bien con las damas, para empujarnos a la orgía; pura autenticidad oigan. “New Fashioned Girl” y “Jurassic Sexy Party” son solo un detalle de su pasado y presente. Y “Sloppy Bird Boogie” o “Sonic Sauce”, el tributo a día de hoy más honesto y fantástico a Lux, Ivy & Co. Que sea por ellos!!



ASTARI NITE_CIRCA TAPES

Vamos a cerrar y dejar que suene la música con esta banda de Miami. Una anomalía que no voy a negar, me sedujo, porque no me puedo imaginar estos sonidos dignos de Chameleons o Clan Of Xymox en las cálidas latitudes de Florida.
Tampoco digamos eso. He de admitir que escuchar ciertos revivalismos a veces tan fieles, y la mayoría tan insustanciosos y faltos de alma, ya no solo me irritan sino que además los suelo ignorar. Una cuestión que no obedece a ese dar carpetazo a ciertos sonidos de culto de décadas pasadas, porque no creo en eso de datar los sonidos/estilos en años concretos. Y sí más en eternizarlos por calidad, no por cantidad o simple moda.
Me pone incluso de más mala hostia quien reniega del pasado, como el que lo enaltece tirando mierda al presente. Y no soporto que envejezcamos peor nosotros, que esa música que decimos a los cuatro vientos lo mal que ha envejecido. Cuando igual es el avance, nuestra lucha interna o falta de medida lo que nos agota perdiendo el criterio y el contexto intermedio de las cosas.

Después de esta chapa que igual ni habéis entendido. Me dispongo a resaltar a este cuarteto; ya con varios discos. Simple y llanamente porque escuchar “Lovesick”; adelanto de un hipotético próximo disco. Me produce una emoción como pocas, igual que cuando vuelvo a escuchar esas mismas y eternas canciones de Killing Joke, Sad Lovers & Giants, The Mission, Chameleons o los sempiternos The Sound.
No por nostalgia aunque lo crean, sino porque solo el paso del tiempo es capaz de colocar a cada cosa en su lugar. Y demostrar que somos nosotros los que nos desactualizamos. O en ese interno por no hacerlo, nos empeñamos en ser tan modernos que nos acabamos convirtiendo en simples bultos sectarios.

Until the End of the Moon” ya pasó el pasado año sin pena ni gloria por eso. Porque ¿quien se iba a fijar en una banda que recuerda al Gótico sobrecargado y gutural de los 80?
Cuando es un disco de Pop oscuro exquisito por melodía y por perfectamente poder pertenecer a cualquier discografía de lujo de aquellos años.
En cualquier caso, la inclusión de esta banda
(como podría ser CIRCA TAPES), en esta primera compilación del año. no viene a cuento por su recomendable y tan desconocida discografía. Sino por esta canción concretamente (Lovesick), lo que promete venir en un futuro, y a eso de poner luz sobre aquello que se aparta por no caer en el absolutismo de “la actualidad”.

Me encanta por eso, que me refresquen la memoria. Y que me demuestren que las tendencias son solo eso: estrategias de distracción. Y que realmente, el mérito está en hablar cuando no toca, de aquello que pertenece a nuestra historia. Ellos, además lo hacen bien. Con un discurso elegante, sin excesos ni aquello de pasar las roscas a base de pertenecer a la cadena de montaje.

01_SHADOW BAND_Daylight
02_THE BATS_No trace
03_THE BLUE AEROPLANES_Sweet, like chocolate
04_THE MOLOCHS_Charlie's Lips
05_HORSEBEACH_The highest place
06_THE SADIES_The good years
07_METHYL ETHEL_Femme maison, one man house
08_JENS LEKMAN_How we met, the long version
09_CIRCA TAPES_Sleepers short edit
10_ASTARI NITE_Lovesick
11_HEAT_Rose de lima
12_ROGUE WAVE_Rescue (Echo & the Bunnymen cover)
13_FUFANU_Gone for more
14_THE ORWELLS_Buddy
15_ANDROMAKERS_Everest
16_KISO ISLAND_Ice box
17_POWERSOLO_Sasquatch (reedición)
18_ACID BARRETS_3d Jesus ashtray
19_AUSTRA_Future politics
20_CLOUD NOTHINGS_Enter entirely
21_LAS ROSAS_Mr Wrong
22_GRANDADDY_I don't wanna live her anymore
23_ELBOW_Magnificient (she says)
24_THE STRAY TROLLEYS_A Bluebeat kid (reedición)
25_EXQUIRLA_Un hombre

lunes, 6 de marzo de 2017

METHYL ETHEL_EVERYTHING IS FORGOTTEN: FRESAS DE TEMPORADA CON ABSENTA




Caer en la crucifixión de nuestros días, es como recorrer los pasillos de una mastodóntica superficie, y no poder resistir la tentación de abalanzarse sobre ese producto radiante de guiños a lo frívolo, a la mecánica tendenciosa y al orden pretoriano del consumo.
Sí hermanos, hay voces ahí que nos llaman. Ya se han convertido en no solo alucinaciones, porque las oímos a todas horas: En los silencios de retreta, cuando nos desvelamos a las cuatro de la mañana para orinar, e incluso en el minuto de silencio por la enésima muerte en el campo de refugiados. Las desgracias y dramas de nuestros días se revuelven tanto en pases de modas, como en ese instante de pena y compasión... Para que la rueda siga triturando.

Y si me dicen si es posible seguir tocando con firmeza en el suelo. Asquearse por las mismas miserias; las nuestras y las de los demás. Confieso que la barbarie apenas se asoma en la tristeza como en la euforia.
Ponerse la palma de la mano para mirar al horizonte y no deslumbrarse, cuesta lo mismo que usarlas para apretarse el ceño de agotamiento. Acercarse y mirar indistinto con condescendencia como quien se apena por los pobres y se tapa la nariz. Es la misma fórmula que aferrarse al conflicto constante, en vez de regalar a los intransigentes un baile a lo Gloria Gaynor o de Womack Womack.



Por eso sentí pena y miedo cuando los primeros acordes de “Ubu” sonaron. El recuerdo de Jack Webb sobre el escenario semivacío del Addidas Club, donde se van los asqueados de la multitud cuando el PS devora a sus fieles. Esos pantalones tobilleros araposos y desaliñados haciendo malabares con las cuerdas, la voz y el eco presente. Los de Perth; los hermanos tontos de Perth. Nos regalaban esa primera sensación certera de rebobinar hacia Cocteau Twins y Echo & the Bunnymen, los dos juntitos amancillados para enaltecer su selo 4AD.
Lo de ahora no, parece un espejismo o un mal sueño. Suenan tan radiantes y desparpajados, que me cuesta creer lo que vi hace un año en el Parc del Fórum. Me asusté lo admito, no solo por miedo real sino por esa alegoría de desconfiar de aquello que va en contra de nuestros ¿principios?; como si los tuviésemos.



EVERYTHING FORGOTTEN no solo tiene once hachazos a la altura de espinillas. Sí sí, de aquellos que te dejan clavado en el fango gritando como un bendito. También un disco imbatible que hace gala de una ligereza melodramática deslumbrante.
De principio ese asco por el Mousse empalagoso igual que el de una Copa Dalky sin atenuante. “Drink Wine” por más que comulgue con el lema, tiene ese tono de Funk electro para remontarnos a los Associates o a la Human League de ascazo molón. Porque sí, porque todos sabemos que en nuestros más oscuros deseos, hay una escena de baile que vive de la luz igual que de un momento de arrebato redentor. No porque intentemos emular una felicidad absolutista por más mierdas de perro que pisamos; y las bailemos a lo Fred Astaire y yastá. “Ubu” la tiene ahí: infecciosa, taladrante y perpetua.

La banda de Perth se ha vestido de traje de pata ancha y lentejuelas brillantes. A encendido la bola de neón a toda mecha y les ha quedado infinitamente mejor que a Arcade Fire cuando lo intentaron.
Quizás porque METHYL ETHEL pese al cambio radical, no han perdido su fulgor Pop. Cuando da un poco lo mismo si lo vistes de ensoñaciones o lo subes a una carroza de tules vaporosos. Y es la prueba indiscutible que no es cuestión de sonar más o menos comerciales, enrocarse o atrincherarse, cuando de resultas las canciones son buenas porque si; como es el caso del segundo disco de los Australianos.

Ese compendio trotón que gemas tintineantes que como “Femme Maison/One Man House”, consiguen elevar a genialidad atemporal eso que suena tan brillante como clásico. Esa especie de felicidad marchita que te puede hacer llorar de felicidad, o de pena. Como por ejemplo “L'Heure des Sorcières”, ese otro castañazo sintetizado de drama a lo Future Bible Heroes, o según su día a Eyeless In Gaza.
Atesoran también esa capacidad para cambiar el paso y revalorizar el Pop a golpe de acierto. “No 28” es así la canción que desarma por su sencillez, porque el Pop ha de ser así por fuerza y no por el mismo ímpetu ceder en pos del sucedáneo. Como si la funcionalidad de un sacacorchos o un chupete debiera perder su esencia por cuestiones estéticas. O bajarse al mundo para desnudarse como los trajo su madre al mundo al dejar de la mano de las cuerdas a la angelical “Act of Contrition

El disco les ha salido redondo amigos; valga la redundancia. “Groundswell” podría incluso acercarlos a los teoremas de Woods, pero sinceramente sería una pena quitarles mérito por agravio comparativo. Más que nada porque creo de verdad, que hasta la fecha es el único disco capaz de aunar divertimento, complejidad bien encauzada y baile a raudales sin apenas resentirse ni pedir cuentas a sus anteriores creaciones.
La serpenteante y cóncavo/convexa “Weeds Through the Rind” es una jodida genialidad. Se contrae y expande, es oscura e inquietante pero tan enfermizamente hipnótica, que hace de lo experimental un chascarrillo de Chiquito. Y con la sensación de acabar el jolgorio de una manera tan turbadora como inflexiva cuando siguen con “Summer Moon”, y la decapitan a golpe de destral.
Sin duda lo mejor de su último trabajo: La manera de jugar con la electrónica sin vender el alma. Resultar coloridos e inquietantes a la vez que luminosos y amargos. Conseguir sin bajar el ritmo ni un segundo, que un disco sea igual de entretenido que interesante por la mera belleza de sus canciones. Chapeau!!

 

viernes, 3 de marzo de 2017

SHADOW BAND_WILDERNESS OF LOVE_2017: DE SUS VIAJES Y NUESTROS DESTINOS





A veces, basta con que el loco Febrero nos tienda una emboscada a punto de agonizar. Y nos cambie una tostada soleada de Melocotón, por un rocío helador de tizne. Para que discos como el debut del combo SHADOW BAND, den sentido y peso al íntimo universo de Wilderness Of Love/Kemado Records/2017, dentro de la tumultuosa vorágine de ruidosos adelantos.
No solo por meras cuestiones de estados anímicos, de desear con fuerza la llegada de la luz solar y el verdor de los campos, o el revertir los tonos grisáceos con rabiosa energía. En otras ocasiones basta con capturar la instantánea del momento de paz residual después de un largo día de trajín, para tumbarnos mirando al techo y viajar sin pasaje.

Las recaídas accidentales en este tipo de paisajes sonoros, tienen la misma vaga explicación que el encanto por las películas de cine mudo: Despreciar el envoltorio o la instantánea, para quedarte con el plano, la fotografía, incluso con la tonalidad. Y a día de hoy, donde cotiza al alza el impacto súbito, decidir adentrarse machete en mano en la espesura de esta colectiva banda residente en Filadelfia quien sabe si podría convertirse en un ejercicio hedonista de alto riesgo.
Cuando desde New Jersey Mike Bruno decidió coger los bártulos y trasladarse a Filadelfia en busca de nuevos escenarios. Igual no se imaginaba la cantidad de socios que se le acabarían uniendo al proyecto. Primero como mero entretenimiento, y progresivamente por simple asociación melómana. Hasta conformar los siete jinetes del apocalipsis: Sean Yenchick, Megan Biscieglia, James Christy, Morgan Morel, Matt Marchesano, Jules Nehring y él.

Todos ellos más alguno más, hacen sonar más de una veintena de instrumentos. Los que dan forma a un álbum donde la multitud y diversidad no da lugar ni al caos, ni al sinsentido.
Doce canciones que se mastican como la tierra y el polvo que levantan los carruajes, en una travesía con destino incierto, pero igualmente definida. Wilderness Of Love arriba con una exactitud ligeramente marchita al oasis deseado. Donde no es el agua el elemento saciador, sino un espacio abierto casi espiritual y litúrgico que tiñe de folky gótico la psicodelía que otros pintan de colores y sol. Aquí el astro dorado da más sombras que deliciosos bronceados. Y aunque los bocados californianos intentan abrirse paso, es una oscuridad tórrida de Western Blusero, la que persevera en el caminar agonizante y redentor de toda la obra.

Se pueden olisquear guiños al Barafudle de Gorkys Zygotic Minci con “Indian Summer”. A Radical Free en esa artesanía que aflora en cada acorde, y un poso de sedimentos bárbaros que nos remite a un pasado tan ambiguo como omnipresente.
Pero lo verdaderamente maravilloso y seductor de estas doce canciones, es la tremenda aura que envuelve todo el disco. Ya no por un sonido inconcreto, que lo es en su sinuosidad. También porque logran trascender entre tanto intento fallido por excesos. El amanecer de “Green Riverside” con esa timidez que lo caracteriza, levitando entre el Low fi y las quebradizas guitarras en deuda con Bert Jansch. Y el cambiante sino entre lo que podría ser un simple ejercicio moderno de Surf pachuli bajo la influencia de The Zombies, cuando es la joya de “Endless Night” la que suena. Entre otras cosas, porque lo que otros muchos se han empeñado en afinar y contemporizar, ellos lo han convertido en simple genialidad.

Sería fácil escoger ese camino recto y cómodo, donde el trote vacilón inunda las pistas. Pero Shadow Band es otra cosa mucho más íntima y crepuscular, sin cargar las tintas del: - Oh dios mío, cuan desgraciado pero bello romántico soy!!
Y creo que en esta tesitura, ellos son los amos y señores de la sugerencia; que no de las atmósferas. Digamos que hacen de sus canciones por hermandad y juramento, dignas herederas de un Ennio Morricone veinteañero cuando “Morning Star” o su single “Eagle Unseen” dan con el contrapunto a su primera y apreciable languidez.
Su anunciamiento de debutantes no es esa cosa de parecer algo y perder en el camino la credibilidad. Dan sentido verdadero y sincero a lo importante en un disco: Que todo suene con fundamento, credenciales, y con un mensaje concreto. Sin tener nada que ver si se martillea en un sonido de culto, si te pierdes en el mensaje final o te mantienes fiel a un mito de factura heróica.
Para que te crean debes desterrar ese empeño latente en querer trascender. Porque al final, solo las canciones y la sensación final de profundidad, son las que el tiempo premia.

WILDERNESS OF LOVE entra lentamente por los poros deteniendo la velocidad de la vida. Te pone la zancadilla tan tontamente como el trastabilleo de recién levantado.
Parece que van a despegar con esa canción memorabílica y de repente, te meten la cabeza en plegarias dignas de santería con “Shadowland”. Camina infructuoso, pero todo va cobrando sentido por como las canciones se abren como brotes y floridos de no más de dos minutos y poco. Las flautas, los coros, las percusiones y guitarras suenan a duelo al alba con su tema bandera “Eagle Unseen”. Y vuelven a dormitar con tal dulzura penitente en “In The Shade”. Para luego voltearte las tripas y la bilis de madrugada a la hora de “Mad Man” con un blues araposo.
Y cuando crees estar tocando el cielo extasiado, lo que haces es flotar en una nube/pradera de filamentos finos cosquilleándote la pelvis en el más largo de los viajes de seis minutos a la hora de “Darksider's Blues”. Su cierre con “Daylight”, posiblemente una de las canciones más bellas del año.


Titubeantes de primeras, y enfermizos a medida que van tejiendo eso que quieren. Porque lo que a otros les reluce como un corte y pega, a ellos les sale del alma; pura sincronía. Con tanto encanto por lo evidente como lo sugerente. Suponiendo como supongo, que todos somos animales queridos de que nos arranquen eso que ni nosotros conocemos.
Por eso, supongo, que cosas tan extrañas, feas por fuera y bonitas por dentro nos encantan. Llámalo morbo.

miércoles, 22 de febrero de 2017

MIND MELD_MIND MELD_2017: SALVAJISMO PREESCOLAR



Es un echo más que contrastado en estos últimos seis años, el ingente bombardeo que nos llega de la Costa Oeste (Los Ángeles y alrededores) de bandas deudoras de los 70. Sobretodo ese obsesivo empeño por resucitar una escena, estilo y espíritu tan concreto como tentador a la hora de dar juego.
Ahora que para suerte o desgracia, todo involuciona hacia el pasado. Y que EEUU parece haberse tomado la revancha con el Reino Unido en lo que se refiere a bandas alternativas de distinto pelaje. Todos aquellos que olisqueábamos en los cuartos de hermanos mayores, primos, tíos o gurús de barrio para alucinar con lo que se cocinaba en 60's y 70's, estamos de suerte. Ya fuera el Glam, el Punk, el HardRock, Garaje o Psicodelia varia desde el progresivo, hasta el Krautrock de Can & Co. o el sinfónico. Creo que no hay estilo o banda que no se haya resucitado, mancillado en algunos casos u homenajeado en forma de grupo o tic.

Supongo que en el contexto cíclico de la música ya es natural. Sobretodo si tenemos en cuenta que muchos de nosotros peinamos canas y las hemos visto de muchos colores. Y que cuanto más viejuno es uno, más tiene con qué comparar lo que ahora se cuece.
Yo dicho sea de paso, lo llevo bien. Juzgo lo justo, y finalmente me quedo con las canciones que son las que mandan. Me da un poco lo mismo si me recuerdan a esta u otra banda, pues acepto que la música y modas van y vienen. Es más, hasta me congratula que algunos rincones oscuros de la música se vuelvan a retomar y actualizar; sobretodo si son de mi gusto.
Cuando les da por algo (Noise, Shoegaze, Folk, Pop, electrónica o experimentación carbonatada) pueden llegar al hartazgo, no lo niego. Pero cohabitar con la industria, perfiles y estándares ya es trigo de otro costal y un mal vicio de nuestros días, que no tiene porque impedirnos mirar el dental o ejercitar la intuición más primaria.

En este caso el trío Californiano que nos ocupa, MID MELD, pueden pagar el peaje de lo anteriormente dicho. Tener en mente el MANIPULATOR del puñetero y omnipresente Ty Segall, y creer que es un calco a lo éste hizo. Por más que el muchacho se empeñe en dar cada vez un salto más mortal y dejarnos el regusto de... ¿le falta la sal, la pimienta o el majao?
Pasar de largo, y obviar un notable debut con más concreción que pose. Y olvidarnos que pese tener la manía de juzgar por comparar, los discos son buenos o malos sin más.

Avalados por el apoyo en directo con FIDLAR, supondrán que aunque los asocien sin más con la escena angelina sin matizar, su propuesta se acerca más a Mikal Cronin por sonoridad, y a Black Sabath o a los Cream por deje. Y huelga decir que su puesta en escena y actitud bebe más de la escena underground californiana, que de la más mediática.
Arrancando desde el minuto cero con “The Blizzard”; siendo este el corte que más recuerda al rubio querubín de mil diabluras. Ha de ser a fuerza de engranar con el caminar de su disco de debut, cuando descubriremos un auténtico pepinazo sin tregua alguna. Ese trotar de cuerdas estiradas, amagos y ramalazo rockero transformista. Esas guitarras que solo Bernard Butler fue capaz de abrillantar con el debut de Suede y que tanto echamos de menos. Y un camino medio entre el HardRock, el Glam más sucio y muchas más cosas que se van aunando en un puñado de pegajosos perdigonazos de sal.

The Viper”, su primer single, me parece una auténtica diablura. Pero no es hasta la tercera escucha, cuando entran en alza el resto de temas, que alejándose más de sus referencias más cercanas y claras, le dan el auténtico mérito a este debut.
Brain” o “Lonely” son dos joyas de salvaje inercia, sin maquillajes y en pelota picada. “Hole”, “The Ego”, “You're Not Free” o “Mouthbreather” modulan el disco como algo más que un mero revival. Convirtiéndolo en un sano ejercicio de concepción clara y directa. Canciones hechas y pensadas para sonar en vivo, a pelo y con digestión inmediata.
No hay inventos ni ambages, que vivan más del querer parecer o el empeño en pretender recrear algo decididamente original. Y sí dar aquello que en definitiva se quiere.
Ese tipo de bandas que van al grano sin rodeos y se quedan con la esencia ¿se ha hecho miles de veces? Y se seguirá haciendo amigos.
El problema a veces es querer convertir lo clásico en algo moderno cuando no existe ni una cosa ni otra. Tan solo pensar, actuar y hacer que las canciones hablen por si solas inmortalizándolas.

domingo, 19 de febrero de 2017

BEAST SONGS 2016_ POR UN PUÑADO DE CANCIONES...





Se han arrancado por Soleas en manada y bravías. Creía que era el chiquillo zangolotino con gusa de guiso, pero el leve murmullo no era llanto sino canto. Ese echar mano del radio despertador jugueteando con los dedos entre botoneras y a manotazos, y percibir que los dedos -paso adelante y atrás- entraban en baile compulso a ritmo de “Sweets for my Sweet”.
Me tiraban de los pies mientras dormitaba, y mordisqueaban las comisuras de mis uñas, padrastros y pulpejos. Encogí las piernas como el resorte de un viejo plegatín; igual que el cosquilleo que te recorre desde el pulgar hasta el erizado vello de la nuca y el aletear las paletillas. Y hallelujah hermanos!!;que me gritaba como desde lo adentro de mis entrañas Sam Cooke: - “It Won't Be Long yeah, yeah, yeah!!

Anduve de puntillas de charco en charco por mis sueños húmedos de año nuevo, y bueno?. Las galaxias contemplativas que desde el filo de baranda se ven, en perfecta perpendicularidad. Hormigueando calle abajo y arriba:
Un anciano corriendo a las siete de la mañana piolet en mano, sin camisa y en pantalones cortos. El tren que se escapa y que no espera ni al viajero o al pausado. La abuela que gana el rebote en la cola del pan y el taxista repenchado en su supermiriafiori apurando el rosly abre pulmones como la ventana del dormitorio por la mañana... Quiero ser siempre chico mama!!

Que no sea por el miedo a que las condenadas melodías nos devoren, sino por el arrojo de saltar de la cama y servir de comida a eso mismo que nos fusila.
Me bajé remangado hasta las pantorrillas, noté el frío helador del loco febrero y el primer mordisco en el talón. Casi doblo las rodillas, y aun así solo fue un leve temblequeo de mis desentrenadas nalgas. El 2017 nos llama a gritos como la loca del cuarto cuando azuzaba a Cristobalín defendiendo sus maldades a pedradas como el General Custer. Pero son todavía algunos moribundos del pasado año los que llaman a la puerta.
Estas treinta deshijadas pueden no ser las mejores: Ni me sacan al sol cuando hace buen día, ni siquiera me aguantan la puerta al entrar. Eso sí, me sacan a bailar de la mano por miedo a que me coman las tripas. Ni lo bueno o lo no tan malo, fluctúa como la noche al día. Y lo realmente grande de la música y sus discípulas, las canciones, es que tienen tanto de caprichosas como el humor al tiempo.

Una treintena de canciones para resumir este 2016 como un momento cualquiera. Porque al fin y al cabo, no es el tiempo o sus casillas las que me dictan las pautas de la vida; o no debieran. Sino las pequeñas y diminutas bestias, las que muerden allí donde hace un rato no había vida y solo la necrosis de la realidad más putrefacta.
Es una gozada liarse a resumir un año en 40 discos, pero al final, son las canciones las que me vitaminan. Las que modulan las constantes o a la inversa, para que algo suene en ese preciso instante tan especial y glorioso. Agrupar, anotar, ordenar como quien siente la necesidad de asociar imborrables vivencias a una banda sonora. Medicarse melodías para curar el mal de espanto, los sumideros de tragaderas anchas y pocas manías, y las tormentas que estrangulan la felicidad y libertad para serlo.
No solo para olvidar el solivianto sino para combatirlo. La música evade, pero nos debe empujar a no claudicar ante la ANTICULTURA. A mi me remueve ¿a ti no?
Así pues... LAS BESTIAS DEL 2016

01_COMO VIVIR EN EL CAMPO_el grande
02_REDSPENCER_talk
03_BILL PRITCHARD_heaven
04_TROUBLE IN THE WIND_the good stuff
05_HALLELUJAH THE HILLS_the dangers are doubled
06_EZ BASIC_bruise boy
07_KEVIN MORBY_dorothy
08_PITY SEX_a satisfactory world for reasonable people
09_THE MONKEES_me & magdalena version 2
10_GREGORY PORTER_in fashion
11_HOPE SANDOVAL & THE WARM INVENTIONS_let me get there (feat Kurt Vile)
12_HISS GOLDEN MESSENGER_biloxi
13_VARRY BRAVA_flow
14_DR DOG_survive
15_THEMONOCHROME SET_fêlè
16_OF MONTREAL_different for girls
17_THE DRONES_boredom
18_SCOTT & CHARLENE'S WEDDING_end of the story
19_CFM_habit creeps
20_UNIVERS_mecànica moderna
21_DIIV_under the sun
22_COSMONAUTS_be-bop a loser
23_ELI PAPERBOY REED_cut ya down
24_DINOSAUR JR_love is...
25_CAR SEAT HEADREST_(joe gets kicked out of school for using) drugs with friends
26_MERCHANDISE_crystal cage
27_THE KVB_never enough
28_WOLF PEOPLE_ninth night
29_GOGGS_falling down
30_THE PARSON RED HEAD'S_it's hard for me to say