sábado, 9 de diciembre de 2017

DESTROYER Y SU UNIVERSO MUSICAL 27/11/2017 Sala Bikini_Barcelona



Hay una luna en creciente allí colgada en el horizonte, difusa por esos elíseos cirros que anuncian el inminente frío invernal. Y un manto sonoro igual que los cobertores peludos. Que invitan a meter la cabeza hasta el asfixia para inflamarse por combustión.
Para cuando estas líneas se publiquen, y en vistas de que mi hibernación no es más que un síntoma más que evidente de la compota de ideas necesaria para que aflore el pensamiento. La Luna ya estará en menguante y la cama todavía sin hacer (la mama, las piernas, el yo y el tú, la contemplación...) Y más etcéteras que se unen al goteo discontinuo de mis publicaciones y sus razones; eso sí, al final más fieles que puntuales.
También sin apenas renunciar a la obligación de soportar este frío, ya amigo y listos? Ya!! También el querer acurrucarnos en las canciones de Dan Bejar, pasados ya los casi camino de las dos semanas.

La excusa perfecta sería el calorcito de bellú de su temario. La llama que como la fogata atizada ha convertido esta gira del KEN; o por lo menos como la hizo sonar en la ciudad condal. En algo que dista relativamente a la sensación sonora que nos dan sus discos en estudio: Introspección, delicadeza, fragilidad, recogimiento o también ese viajar por un instante a alguna época pasada de nuestra juventud.
Todo ello agitado en cocktelera pero sin frivolidades vermuteras y más nadando en whiskeycerveza. Para que gloriosamente apareciera el Dan Bejar de los histrionismos corporativos de New Pornographers, o el que daba por lo menos, esa mueca menos coral y más sabrosa a las canciones que llevaban su firma en el combo Canadiense. Que vaya por dios!! es la que precisamente a mi más me gusta; sin despreciar los guiños de Pop satén que tienen sus discos propios, por supuesto.

Y cual debería ser el objetivo si no, cuando uno decide echar su suerte en un concierto?:
Que te guste el artista? Las canciones calentitas que viene a presentar? El fichar y hacer muesca para contarle a nuestros nietos frente a la catalítica, lo mucho que molábamos?
No lo cuestiono pero... si DESTROYER tiene un plus en alza que cotiza en directo, son los fabulosos músicos que le acompañan. Algo además, que no tendría sentido si fuera de otra manera (que la hay). Pero oigan, DESTROYER no mola solo por las historias que te cuenta Dan, ese fastuoso halo cosmopolita y sofisticado sin excedentes de su Pop de biblioteca y si me apuras el ramalazo de Funkysoul pulcro a los Blue Nile; no.
Lo hace y mucho, esa idea de que si todo suena en su disco con intención (tempo, metales, cuerdas y teclados), enriqueciendo cuanto más se escucha. Es inequívoco que la cuestión sería llevarlo al escenario; que no es fácil.
En fin, que ver sobre el escenario a siete músicos más el protagonista, sonar como un piano de cola afinado, es... Lo más parecido a levitar amigos.
Enumeraría unas cuantas bandas que lo han conseguido: Luna, Tindersticks, Delines, Bill Callahan o Riley Walker; alguno más seguro. Pero pocos que se tomen de manera tan seria, intensa e intencionada un directo con el mensaje que más o menos quiere transmitir. Podríamos creer que en el Primavera Sound de hace dos años fue igual, pero no chavales.
Si hay un antes, tiene que haber un después. Porque una gira ha de ser por narices la mesa de disección y prueba de equivalencias de un disco o repertorio. Allí fue todo más maduro, sensual y panorámico si se quiere. Y curiosamente, ahora que su nuevo y flamante disco nos parece llevar a una escena más oscura, satinada y sintética. Su directo eleva la intensidad electrificada y nos convierte la dulzura y melancolía de sus canciones, en una especie de burbujeante cocido:
El caldo que bien podría ser esa base donde trompetas, saxo y teclados hacen de medio e identidad. Donde la chacina salta y corretea: ahora algo que se parece al funk negro, pop de libro y una infinidad de referencias solubles a la grasienta parafina hidratante que Dan Garbancero convierte e ilustra en su propia seratina. Esa droga que a unos cuantos nos ha hecho revivir ese otro Pop de aires Bossanova jazzy, pero que en el fondo confluyen tantas y tantas cosas. Diríamos que esos metales usados como un efecto, y la voz de Dan. Hacen de diluyente y sea cual sea la evocación, todo acaba sonando a DESTROYER; parecido pero distinto. Igualito que esa cucharada de guisado caliente que nos sacia el hambre y culmina nuestro paladar.


Dicho esto, el asunto de narrar cada una de las canciones que sonaron, sería de una gilipollez total. De echo ya me parece de una gilipollez total la cosa de explicar un concierto canción por canción (yo el primero). Cuando deberíamos de hablar de caer en ese mismo ostracismo del autor, cuando entre estrofa y estrofa se agachaba a darle un trago al whisky, y otro a la cerveza.
Yo en eso y en mi estado perenne de flotación me identifico. Porque con 20 años, ya vi el placer de combinar el chupito de Bourbon con la cerveza. Después solo vendría la modulación instrumental, alternando los ramalazos de puro Rock, el ahora voy y me tiro al postpunk The Cure que ilumino con un flexo y acaba sonando a otra cosa.
Toboganes uno detrás de otro que caían en simas, o subían a promontorios, por ejemplo.... “Time Square”, “Chinatown” o “A Light Travels Down the Catwalk”. Y será tan estúpido como reconocer que me gustaron mis favoritas; ves? Ahora bien, si solo vas a un concierto esperando escuchar eso que solo te gusta del tipo. O esperas a que entre canción y canción te mire fijamente a los ojos y te guiñe un ojo. O que se yo, que cuando se agache a darle un trago a la cerveza te de la mano (A TI). Incluso que venga mamao del backstage, y en el concierto solo beba agua (normal). Ese ves, no es Dan Bejar.
DAN es ese tío que flota con su música igual que lo deberías hacer tú. El mismo que aunque empezara en la habitación de su casa componiendo folk casero, soñaba cada noche con hacer un musical Bradway.
Pues bien, su directo ahora mismo. Es ese Musical de Broadway hecho a un cuarentón con herencias ochenteras, oscurillas y poperas de los 90's pero de mente espatarrada: Un conjunto de músicos entrando y saliendo de la canción con la precisión y poesía del Ballet de Bolshoi. Y haciendo que la canción no se resienta acabando por ser un caos; sino todo lo contrario. Todo fluye, todo confluye, todo aporta, todo se convierte y crece sin límites porque las canciones están pensadas para sobrevivir al tiempo.
Dan Bejar por la valentía de creer y buscar algo. Y la de Josh Wells (el batería), como el del genio en la sombra capaz de llevarlo a cabo en la sombra (50% talentos). Por eso, solo por eso. “Rubies” es eso: diamantes que en directo suenan como han de sonar. “Stay Lost” esa canción que muchos componen pero ninguno hace sonar como él. O la dulcísima “Hell” de la mano de “Dream Lover” que la convierte en fuegos artificiales. O ese magistral estilo para mantener la euforia y al público, en un estado continuo de flotación y júbilo.

Si alguien creía que KEN era el hermano menor y más superficial de POISON SEASON, es porque no se imagina la idea de escuchar a ambos en directo. De combinar esos tres últimos discos que lo han medio puesto ahí, en un estado de reconocimiento, pese a poder casi llenar tan solo la sala Bikini. Cuando quizás debería llegar a mucha más gente. Y ver que se complementan e incluso igual que los muebles del IKEA, se pueden combinar entre si con extraordinarios resultados.

Y aceptar como tal y de una vez por todas que la sociedad (y consigo la música y cualquier otra cosa), esta cada vez más vectorizada. ¿custión de calidad? No señores. Cuestión de comodidad, confort, seguridad o como se le quiera llamar. o de riesgo, emoción y aventura. Que cual escoja el suyo.

domingo, 26 de noviembre de 2017

GEORGE BEST Y LA IMPORTANCIA DE SER KEVIN_30th




No os lo vais a creer como corrían, saltaban y resoplaban entre el sudor de un Otoño más que inminente. Porque si hay todavía alguien que discrepe en la capacidad de embeber de tiempo y edad que tiene la música, a los leones con él!!

La mirada atónita de los virtuosos del jazz que decoran la Nova Jazz Cava de Terrassa, fueron testigos del extraño suceso:
Las luces confluyendo sobre el skatalítico escenario del coqueto auditorio de artesonados, apantallados, la forma de la platea; que bien podía ser la de una ermita en lo alto de un promontorio. Y un puñado de acólitos donde ya por tiempo, ni jerarquías o galones hay que valgan. Si no es la palabra y el acorde a golpe de “Oh Why do you catch my eye, them Turn Away?” los que prácticamente resumen el secreto del elixir de la eterna juventud.


GEORGE BEST se publicaba hace una treintena de años bajo el techo de Reception; prácticamente autoeditado. Y allí, en su flamante 1987 de puente colgante, entre la herencia punk de finales de los 70 y lo que sería el rebrote del indie como un alka-seltzer a punto de ebullición. Treinta años después, sigue siendo uno de los más frescos testimonios del Pop ganzúa. Con el que forzar ese cofre que explica de que va el indie de la era verdadera.
Ese mismo que el pasado 5 de Noviembre, a base de melodías. Acabo convirtiéndonos a los allí presentes, en niños de ojos brillosos con su juguete favorito entre las manos.
Hubo incluso algún que otro relevo generacional de padres a hijos: De padres que se vuelven criaturas momentáneas, y de abuelos que invierten su reinado en timbas de tengui y falti; que si no fueron todas, sí los amuleto.

The Wedding Present, ya tan solo con el bueno de David Gedge al frente. Ha sabido rodearse de discípulos aplicados, en eso de dar a su temario más clásico el tono adecuado. Y a sus nuevas composiciones la entidad acorde con su evolución.
El cuarteto de Leeds, no es que haya cambiado o se mantenga tenaz en un sonido de culto estático. Sino que ha sabido como pocos, contextualizar la idea del Pop de guitarras en su tránsito hacia la actualidad: Mezclando y equilibrando la sonoridad de su primera época, la de Seamonsters, la reflexiva de Take a Fountain, e incluso la de Cinerama. Dando con ello, a un sonido flexible y maleable como pocos podrían imaginar en una banda como los Wedding Present, con fama de tener recursos limitados y un sonido pretoriano. Sin embargo, su frenética actividad desde hace ya quince años los ha hecho justos merecedores de por lo menos: la justicia de debatir sobre la equidad entre su pasado/presente.

Y lo cierto, y esto es una opinión totalmente personal, creo que no hay tal discusión; descartando la mera cuestión de gustos.
Porque una cosa es el deseo que tenga uno de poner los ojos en blanco y alcanzar el mantra con las canciones de su juventud. Y otra bien distinta, el recorrido fondista que tiene su temario; y sobre todo el menos agradecido para la crítica.
Arrancar en frío con un “Once More” a pico y pala por ejemplo, es de ser un padre muy cabrón. Ver que tus pies quieren elevarse del suelo, para volver a un “Yeah Yeah Yeah” Watusi. Y forzar su lado más simbiótico Cinerama/Wedding con “Girl in DDR” de una pobre y abandonada Valentina. Si es que los hay todavía empeñados en mezclar churras con merinas.

Y es que además, meterlo en un contexto de chip George Best ochentero, que es lo que todos esperábamos. Es de tener las pantecontepantes muy bien puestas; y me encanta!!:
Ahora que un “Corduroy” del Bizarro. Y ahí, cuando más apuntito estás... la preciosa “Perfect Blue”. Pareciendo todo ello y ante mi creciente impaciencia, un curso intensivo de la vida de los de Leeds en seis actos.
Porque amigos. Aun y apurando el suspense. A estas alturas de función, Wedding Present siguen guardando caramelos en el forro de su roto bolsillo al estilo de sus mejores caras B sorprendiéndote con un “England” instrumental, descomunal. Que nos preparó con modularidad y suspense Hitchcockiano lo que vendría a ser: -Y de repente Felicidad?

Ya lo decían hace 35 años Edwyn Collins con los Orange Juice, y lo repetían los Wedding cuatro años después: Now I'm in a stupor
Behind the scenes which say
This was is OK
The clarity of my eyes
Shines both in memories of past victories
Fine scenes shining while, shining white
FELICITY a fin de cuentas. Que aunque no sonó, basto con ese brillo de ojos, los aullidos y las sonrisas, que parecían ser un mismo reflejo de la de David; porque su sonrisa lo delataba.

Sonaba “Everyone Thinks He Looks Daft” trotando rocinante como los cascabeles. Afinando y modulando las guitarras en un ejercicio más Pop que Punk y luego... “What Did Your Last Servant Die Off?” pareciendo brillar el sol por encima de unas montañas en plena noche del Domingo: igual que ese preciso whiskey después del café que te quita veinte años de un bofetón. Sabes que hay canciones del George Best, y hay muescas todavía recientes en tu piel de cuando la vitamina joven todavía relucía. “Don't Be So Affraid” flojeando las piernas y así hasta trece, entonándose in crescendo ascendente, de quien bebere y mamare guitarras de las que arañan en plenos 90 veinteañeros.
A Million Milles”, “All This and More”, “My Favourite Dress”, “Shatner”, “Something and Nothing”, “It's What You Want the Matters”, “Give me Love to Kevin”, “Anyone Can Make a Mistake”, “You Can't Moan can You?” y un “Bewitched” incorporado a la fiesta; como la guinda del pastel.





No sabría decir si fue Kevin quien me partió en dos el corazón. Si fue el abrigo de buenos, grandes y viejos amigos con hijos que pueden ver a sus espaldas. De padres/hermanos que suben por el helio vaporoso que despidió ese último pacto diabólico de D. Gedge con su pasado. O porque si las cosas cuando se hacen por que sí, y porque apetecen a fuerza de darle kilómetros y betún a una Capitone Mercedes; tienen eso: QÍMICA.
Huesudas y formidables odas al fin y al cabo, que se levantaron como benditos resucitados; y con ellas nosotros de la mano.
Siento que nos elevaron, que cerramos los ojos pero que todo transcurría como las moviolas: de adelante hacia atrás, al unísono. Que hay discos y muchos esenciales o míticos, pero pocos que deberían pertenecer a la escuela de primaria, caligrafía y ABC de la música esencial, donde el Pop es (la verdad absoluta y más inocente de mi vida).
Y que aunque uno pueda creer que su criterio es débil en nostalgia . Tanto que a uno ya a estas alturas se le hace una duda discernir la legitimidad de andar siempre hacia adelante, morderse la lengua a la hora del: - En mi época si que!!...O dejar que todo pertenezca a una simple mirada cómplice. George Best forma y formará parte de ese pequeño universo Pop rudimentario de barrio, que ahora nadie se atreve a emular. Igual porque hay cosas que pertenecen a décadas y sus habitantes. Secretos bien guardados. O demasiado querer parecer lo que no se es.
Pop desnudo, sincero, ingenuo y salvaje en la simpleza de sus acordes... Y pese a todo, inigualable en tiempo y actitud. De revisión obligada si se quiere entender de que sin pequeños no hay grandes que valgan, y lo más importante:
Que treinta años sigan ahí, indelebles y tocadas como los ángeles. Con más pasión si cabe y sin el desgaste de los años. Con un autor fiel a su idea de concebir el romanticismo Pop, a base de enriquecerlo sin la más mínima intención de cambiar. A golpe de furgoneta, con un perrito y unos chavales que insuflan más vida que la que nos quitó la edad.

PRIVILEGIO

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SURFIN' BICHOS_GIRA 25th HERMANOS CARNALES_Sala Razzmatazz_2



Abrí los ojos entre la nebulosa de cables, ventosas y pinzas de la UCI. La cama se movía; doy fe. Y entre morfina, pitidos y los vaivenes del colchón, yo, soñaba con universos que se construían con piezas de colores y plástico blando: Unos con las manos, y otros con manuales como los de IKEA.
No era ni el fin ni el objetivo del dilema, sino el dilema en si mismo. Un bucle sin veredicto que me empujaba a pedir agua a todo aquel que se cruzaba ante el quicio de la puerta del box -Una mica d'agua si us plau? Pensando que así me harían más caso.

Pero a veces la ignorancia es el más cruel de los castigos. De labios cuarteados y paladar pegajoso como cola de impacto. Recobrado diez días más tarde mi pleno juicio. Solo me consolaban las canciones de mis queridos THE SMITHS, y el murmullo del último concierto horas antes de caer en coma. Regreso trece años más tarde a mi exigua memoria de directos premonitorios de CHUCHO; en año trece. Y cuatro desde que Lázaro salió andando renqueando.
Cuando desperté apenas sin fuerza y con la antepierna cuarteada. Y no podía más que repetir sin apenas fuerza los textos de Fernando en ese CD de Hermanos Carnales comprado en Músicas de Régimen y su debut 78, igual que un autómata . Como si esos días de lapsus reanimador solo hubiesen sido un tiempo muerto más largo de lo normal.
Melodías que en pleno estado catársico volvieron a entrar licuadas vía parental, directamente a mi corazón. De atrás hacia delante. De la explosión de júbilo pedregoso, metálico y saturado de sus guitarras como “Gente Abollada”y “Rifle de repetición”.
Se apareció también como una perfecta ilustración de mis noches discontinuas bañadas en morfina, nolotil y sedación reseca, cuando de repente. La noche nos caló hasta los huesos: cuando son los míos para ti, en perfecta declaración de amor animal.
Mirábamos hacia el cielo cuando retumbó “¿que clase de animal?”, cantábamos: Carne dura como un hueso, como hueso negro, ya no quepo en mi cuerpo, el traje me está pequeño. “La oración del desierto” sonó a salmo tenebroso, porque los textos cantados de Fernando y con un inconmensurable Carlos Cuevas a la batería, así se deben tomar: Como salmos excomulgantes para los no creyentes del gominoso rock. Y sí del Rock de catacumbas; de donde volvieron a salir los Albaceteños.
Pudo ser más alegre, sin acabar de saber si es el excremento que planea por nuestra vida diaria el rey de la depresión, la vuelta al cole sin drogas, o esas tareas de la casa que mamá y la mierda que te come te obligan a cumplir.

Pero en cualquier caso, hay una cosa clara que no se puede parar: El hambre público para celebrar el bautizo de uno mismo (y su banda fetiche). Como el reflejo de uno mismo y su juventud en el espejo de la noche.
Esa especie de inventario que inevitablemente le viene a uno a la cabeza cuando son esas canciones tan básicas como la cartilla de leer de primaria, las que nos repescan. Y comprobar que éstas a su vez, han conectado generaciones: Las Post todo, las pre indie, y las de ahora. Aunque fuera para esperar impacientes hacia el final, y escuchar “Hermanos Carnales” y “Fuerte”; que hacen eterno a éste, su trabajo con más difusión de aniversario.

Casi una hora antes con un puñado de testimoniales incondicionales, Ángel Valiente aka. KAREN KOLTRANE. Convirtió el eco de sala semi vacía, en un denso y voluptuoso manto sonoro.
Él, además de diseñador de interiores. Se las apaña para pasar del plano/lienzo digital (pulcro, minimalista y funcional) al directo, toda una idea que sobre el papel, y valga la redundancia. Es capaz de trascender con la misma claridad, y además crecer tornándose muchísimo más real. Un discurso de Postrock sintetizado y atmósferas entre el dreampop y el Shoegaze, que bien podría diluirse o ser uno más.
Pues la sorpresa es que fue la perfecta antesala con la que elevar la sala, a eso que se llama clímax ideal. Lo fue “Permafrost”, “Cansancio Mental” o el cierre de “Ondas Gravitacionales”; con la hija de Joaquin Pascual a los coros. Corrigiendo la poca afluencia de público a su apertura del bolo aniversario de los Albaceteños. Y combinando de alguna manera la escuela Joaquín Pascual de reconocible influencia, con aquel proyecto del Penélope Trip Tito Pintado (Telefilme/Anti). Eso sí, mucho más amplificado y musculado.
Un paso de gigante que todo sea dicho, a transfigurado los proyectos doméstico/electrónicos, en algo con la misma magnitud que un concierto tradicional de rock. Y una de sorpresas más gratas de la noche.

Volviendo al punto de partida y por si alguien se ha perdido en la ida, y la venida. Sería “Viaje de Redención” la que nos chutaría antes de entrar a quirófano: El frío todavía de la gente, los instrumentos y el sonido por ajustar y modular.
Fue el comienzo como el de las viejas camillas a las que las ruedas se le desmandan, y chillan como la Acherontia Atropos cuando la cazan. Hasta que exhalamos “Humo Azul” entrando en sedación, con la mirada perdida al techo viendo desvanecerse las luminarias quirúrgicas. Fue lento, suave, dulce y de continuado éxtasis hasta “Lázaro”; mi favorita. Tras “Efervescencia” (donde está Rosa??!!), y continuando con orden casi militar “Angel Transparente” que tanto recuerda a otras composiciones de Chucho. Pero reservando estratégicamente las bazas de “Mis Huesos son para Ti” o “Abrazo en un Terremoto” para equilibrar el set con sus más esperados hits.

Me sorprendió tremendamente “El Final de una Quimera” y “El Crujido del Cangrejo”, las que más de largo, y más tarde que nunca el bajo de José Manuel Mora por fin vibrándonos. Pero también como aquellas inesperadas que renacen en directo “La Estación de las Lluvias” o “En Otoño”.
Así nos volvió a destripar el 25 aniversario de un disco mítico. Posiblemente con el que delimitar ese antes y después mediático, de una escena alternativa pujante desde las profundidades periféricas. Pero aunque el más recordado por “Fuerte” y el tema que le da título, no necesariamente el de mejores canciones.

Eso sí, creo que pese al frío del tiempo pasado y las posibles diferencias de concepto que puedan tener ahora los miembros. Creo que de obligada celebración para reivindicar un temario digno de remasterización como se debe. Y una deuda que todavía tiene la escena actual con esas bandas que existieron invisibles en tierra de nadie, y que nos forjaron el camino. 

sábado, 28 de octubre de 2017

CELLER VALL LLACH: HISTORIAS DE TIERRA Y SANGRE_PORRERA Cap.1





Escucho en una mañana clareada de sol en sábado el “I've Changed My Plea to Guilty” de un viejo concierto del 2007 de un todavía reluciente Morrissey.
Una vieja cara B del 91 en su época más mullidita que ha envejecido fabulosamente; veintiséis años y ahí es nada la pedrada.
Veintiséis años que podrían ser perfectamente otra vida nueva más por vivir. Que me parece una eternidad por ridículo que eso parezca para alguien mucho mayor que yo; mi madre por ejemplo.
Sin embargo, hay momentos en la vida. Más cuando todo corre cuesta abajo sin frenos y con las manos atadas a la espalda. Que, uno -en la más inocente de sus treguas- intenta aplazar, ni que sea por unas horas el desagüe del tiempo. E incluso deshacer la madeja de la vida que tanto nos ha costado hilvanar, desviviéndola hacia atrás.

Había quien atribuía poderes espirituales al Pulque, la Ambrosía, el láudano de Sydeham, el Soma o la Absenta, para emprender un viaje sugestivo al pasado o alcanzar la inmortalidad. Nosotros sin embargo, solo necesitemos cerrar los ojos y viajar a tiempos remotos y no tanto, a lomos del perfume licoroso y almizclado de unas cariñenas de Porrera.

Hubo un timonel (Albert Costa Miralbell), hijo y relevo del inmortal Albert Costa, e ideólogo junto a Lluis Llach del CELLER VALL LLACH; proyecto vinícola y renacentista del Priorat esencial: El Priorat austero, social y heróico, espectador del más mediático de Gratallops; con sus cinco “pioneros”. Pero seguramente el Priorat igualmente real y salvaje que hizo de la filoxera, la penuria y la decadencia, una razón de ser, de existir y de revolucionar lo que ahora es el Priorat. Al margen de internacionalización de algunos de sus vinos más preciados en los mercados que colocan el origen en lo más alto de la cima.
También unos grumetes con horas de navegación, pero más ganas de reaprender por la mera cuestión de viajar a pie sobre las aguas; igual que los Basiliscus. Que de doctorarse en algo que solo entiende el límite de la sabiduría si se está en estado ya de putrefacción, o al borde de la muerte; así por lo menos lo entiendo yo.

Como nos decía él en una charla sobre las historias que hay detrás de un vino. Y que realmente deberían ser las que nos capten en esta adictiva cofradía: No solo por el valor estrictamente de calidad de un vino, sus variedades y la capacidad de éstas para sorprendernos y embelesarnos. Sino en otra virtud infinitamente más cautivadora: El territorio donde se produce la sincronía entre TIERRA (como lugar donde habitan gentes), TERRITORIO (donde la naturaleza, el clima y el pasado ancestral geológico hace único lo que allí nace), y LAS PERSONAS (que de alguna manera, por la tiranía de las dos anteriores y por su capacidad de supervivencia) No luchan por imponer su hegemonía, sino que conviven y se ponen al mismo nivel de las primeras.
Aunque sin duda, el valor diferencial y particular más emocionante de VALL LLACH, sea por si solo el fin del mismo:
Un proyecto entre dos amigos de la infancia y el pueblo de la madre de Lluis Llach (Porrera); teniendo en cuenta su abstinencia alcohólica y la obstinación de introducirse en un mundo, el del vino, desconocido para ambos. Y el fin de volver a Porrera con el objetivo de intentar dar a Porrera, todo el esplendor vivido hace 100 años tras la despoblación que sufrió el pueblo de 1000 a 300 personas escasas.


PORRERA tiene la particularidad de encontrarse bajo mayor influencia mediterránea. Que hace que el vino que allí se produce tenga el carácter único por sus terrenos de inclinaciones imposibles, pobre de tierra y rica en pizarra (licorella) y las viñas postfiloxéricas que se replantaron hace más de cien años: Garnacha , y Cariñena (en el caso de Porrera) principalmente. Pero también Cabernet Sauvignon, Merlot, algo de Syrah, o incluso la Cariñena blanca que ahora se está recuperando.
Pero sobretodo el paisaje que a mi, por ejemplo, ya que me ensartó hace cuatro años. Cuando tras un 2014 titánico en la recuperación de una grave enfermedad que padecí. Me enseñó la luz de las misteriosas tierras de Prades, Montsant, Siurana y mi descubrimiento final de Porrera, con su silencio, vinos y gentes.

Así pues. Esta interacción en el marco extraordinario de Padró i Solanet; donde se cimentó la idea del Tast Team. Tiene tanto de viaje sonámbulo a momentos que se estiman ya a estas alturas claves, para uno mismo. Como de sesión espiritista para los que formamos este grupo, donde la amistad ya supera con creces al colectivismo en pos del vino: Pegamento invisible que nos unió y une, y que bien podría asociarse al volátil hipnótico que emanó de las copas la noche en cuestión.
Siete vinos y una esencia con la cronología que dan las distintas añadas de Vall Llach (99, 05 y el Mas de la Rosa 2015). La medida del paso del tiempo en la primera añada del Embruix 1998. El nuevo Vi de la Vila 2014 de apabullante franqueza. Y dos de los tres vinos que elabora el anfitrión Albert Costa, con su espontánea juventud al tiempo que homenajea a la parte inolvidable de la historia:
Las mujeres ahora abuelas octogenarias o centenarias como La Catalina, que llevaron el peso de la vendimia en su origen. Esas infatigables personas poseedoras del incalificable poder de la austeridad, la inclemencia y la verdad más absoluta y natural del Priorat. La Joaquina, un blanco elaborado con escanya-vellas (uva que se plantaba delimitando las hileras para que las mujeres que vendimiaban pudieran comer durante la jornada). Y La Catalina, una tinta joven sin crianza de Garnacha del Montsant. Que junto al rosado La Matilda componen esa pequeña concesión que se dan a la locura y como no, al compromiso con estas tres ancianas que incluso decidieron el detalle de las etiquetas.
Los tres vinos por cierto, vinificados en ánfora y con el precioso final benéfico de destinar su recaudación a proyectos para la gente mayor del pueblo.


Ahora bien. Para entender el alma que atesoran los vinos del Priorat; y en concreto los de Vall Lach. Es primordial saber que estas plantas de Cariñena centenarias, por edad, climatología, composición geológica y el esfuerzo que esto supone para las viñas ahondar varios metros para encontrar el sustrato. Necesitan hasta cuatro plantas para producir una botella de vino, ojo.
Después está la idea clara, lógica y generosa que tuvo la bodega a la hora de impulsar de nuevo esta zona del interior de Tarragona. Que no era otra que pagar el Kgr. de uva acorde al trabajo que supone las exigencias del terreno y de la viña: 3eu/kg, cuando en el Penedés por ejemplo, se paga del orden de 30/35 céntimos.
Si tenemos en cuenta que en la Champaña se paga a 3'80eu/kg, cuando es una producción más intensa y fácil. Y en Vall Lach el arado es con mulos, la recolección de alto riesgo con desniveles del 80%, totalmente natural, su poca producción, y el objetivo de elaborar vinos de alta calidad dispuestos a competir con Burdeos, Borgoñas o Brunellos. Con un cuidado casi de jardinería. Entenderemos que no solo los vinos del Priorat no están sobrevalorados, sino que dan la importancia que se merece a algo tan subestimado como la agricultura con conciencia. Por lo tanto, cada sorbo de estos impresionantes vinos, tienen tanto de justicia económica, como de entender todo lo que hay detrás de cada botella: Historia, paisaje, trabajo, sacrificios, heroicidad y sobretodo, compromiso con una filosofía forjada a mano.

Todo esto no tendría sentido claro está, y se convertiría tan solo en un imaginario bonito. Sin el significado que tienen su principales emisarios; los vinos.
El desnudo de sus vinos sin crianza ilustrando el carácter rudo pero generoso de la zona: Los anisados y hierbas de montaña mentoladas, la pizarra mineral de su fondo, o la fruta oscura y fresca de sus garnachas.
El cara a cara con el EMBRUIX del 98 aterciopelado en toda su longitud. Esa sensación de entrar en la alcoba después de tantos años creyendo que su concentración y sobremaduración (hace dos días que se vendimió, la más tardía de la zona). Se ha convertido en talco de rosas rojas y nácar pétreo.
Que el suave deslizar descubre cristales de licor de cerezas, bayas y fresones de Sant Pol licuados. La licorella está omnipresente, pero con los años de botella estos vinos evolucionan fabulosamente. Todo un lujo tener a disposición estas botellas del cementerio, que el padre de Albert como buen notario que era, documentó para que no se comercializaran y se bebieran solo en pos del placer (300 de cada cosecha).

Antes del Embruix, el vino que a mi más me cautivó por melancolía emocional. Probamos un vertical y puntiagudo VI DE VILA 2014 con un pequeño porcentaje de Garnatxa. De esos vinos transmisores de una zona en toda su franqueza: Directo, equilibrando el clasicismo característico de los vinos de Vall Llach hacia una arrogancia agreste natural de la tierra que lo cría.

Sería como aquel viejo loco que corre montaña abajo, poseedor del instinto adolescente. Se bebe muy bien pese a los pocos años de botella. Diría que es la perfecta piedra de toque para entender a sus hermanos mayores, y con muchas menos condiciones para consumirlo: Se nota esa proporción de garnacha asomando la fruta, pero impone la Cariñena con su complejidad, estructura e intuitiva longitud. Taninos muy pulidos pero presentes, con todo en su sitio y por lo tanto puro caramelo.

La evolución de su magníficos VALL LLACH; su vino insignia recordado en una antigua cata como un brandy que detiene el tiempo. Es curiosa su conversión hacia el MAS DE LA ROSA 2015, donde la Cariñena al 100% lo convierte en un vino muy distinto a las de anteriores cosechas, donde había proporciones de otras variedades.
Un concentrado de Licorella complejo de claro reflejo de la zona. Longitud e impresionante estructura son sus principales virtudes, que lo hacen un estupendo vino de guarda. Ha desaparecido en gran parte esa presencia imponente que lo hacía un vino más licoroso y profundo, siendo ahora incluso más salvaje y excitante.
La necesidad de aire en parte por la Cariñena lo hace sinuoso, espectacular en posibilidades pero todavía exigente por su juventud: Con bosque de otoño, mucha fruta negra y mineral (grafito, pizarra, pedernal). Necesita tiempo para que el volátil de paso a los cacaos, la trufa y la fruta. En boca es contundente, aunque también es verdad que en la cata no se decantó y soy de la creencia de que a estos vinos les sienta divinamente la calma y el reposo; que sí aparecieron al final de la noche.

Así claro, al llegar al VALL LLACH 2005, un vino ya con 12 años y en pleno esplendor. Con un carácter radicalmente distinto a los nuevos Mas de la Rosa; es cuestión ya de gustos.
Sería del todo injusto compararlos, puesto que los vinos del Priorat según pienso yo, brillan en cada una de sus facetas (juventud y guarda). Influye y mucho la forma de vinificación, y por su puesto la zona (nada que ver Gratallops, Porrera o Falset). Porrera por así decirlo, es más rural, explosiva y primaria, si bien es cierto que Vall Llach tiene una vendimia muy tardía esperando que la Cariñena esté muy madura y sea toda elegancia montaraz. De esto se encarga Lluis Llach, que pese a ser abstemio, es un perfecto catador de uvas y el momento idóneo de su recolección.

Un vino de rasgos de auténtico Priorat en sus variadas pequeñas proporciones de Cabernet, Merlot y syrah, que acompañan a la Cariñena. Los años de botella le han dado una elegancia y afinamiento impresionante; un orgasmo embotellado. Aunque algunos diferían en las virtudes tan distintas de cada añada; mola.
Mola la sensación armónica que nos da el tiempo y el entrar a descubrir vinos exigentes y tan profundos. La manera como cambian y evolucionan en botella y en copa, por que odian las prisas; como yo.
Es impresionante ver que todavía tiene un recorrido tan grande, conservando una deliciosa acidez que se funde con distintiva mineralidad. Increíble la manera de abrirse tras dejar atrás el volátil resinoso que los conserva impertérritos. Y como aflora el soto bosque, la esencia de monte que le dan las hierbas aromáticas infusionadas en frutas rojas y negras, en brasa y en pizarra descompuesta. Un pulso al paladar y al olfato en forma de abrazo cariñoso y fraternal. Un corredor de fondo de elegancia indomable y corpulencia culturista; bello sin más.

Hablábamos del tiempo, de la evolución y el cambio hacia una tipicidad monovarietal muy presente en los vinos de riesgo de hoy.
Por eso es tan hermoso como interesante ver hacia donde caminan los Priorats de hoy día. Cuando nos enfrentamos a un VALL LLACH del 99; dieciocho años que podrían ser toda una vida, y lo son.
El Cabernet Sauvignon y el Merlot en cantidades más grandes, intentaban domar a una Cariñena por entonces más indómita. Así dieron después de todos esos años de guarda con un vino inigualable, aunque claramente más afrancesado. Que no es un defecto en absoluto en tanto que es una pura delicia, pero se aleja de lo que busca ahora Priorat: identidad. A mi sin embargo me encantó después del batallón de vinos, en un Jueves noche repleto de emociones y toboganes sensitivos. Y en el cara a cara con el ágape final, ya aposentados, nos dio un poemario de caras y muecas digno de Delicatessen; la peli.

Cabe imaginar en que se puede convertir un Mas de la Rosa 2015 observando la armonía que fluye del 99?
Pues imaginen hasta donde podría llegar una Cariñena vinificada ahora sin los volúmenes del Merlot. Con el vigor y el camino recorrido hasta hora en cuanto a aprendizaje, técnica y agricultura sostenida. Dicen los entendidos que es imposible hacer un vino malo en el Priorat, y me lo creo. Igual que también creo que nuestra forma de beber vino, el interés creciente por la cultura del vino y la racionalidad del campo, a cambiado y nos debería llevar a una sostenibilidad acorde con nuestra historia y nuestro pasado. Tanto si hablamos de vinos Top, como si lo hacemos de las pequeñas bodegas con productos excepcionales a precios asequibles también.
Hoy por ejemplo he descubierto un Cal Pla increíble, por poco más de 12 euros. También hay que valorarlos en la medida del camino que nos enseña a disfrutar de los grandes vinos, sin prescindir de los pequeños e indefensos productores.

Pitu Roca decía que la esencia del VI RANCI MARÍA DE CAL VALL con la que puso el lazo Albert: Una barrica de Garnatxa descubierta en casa de la madre de Lluis, datado del 1927. Y que se vinifica por el sistema de soleras en escasísima producción. Que se debería usar de perfume a pequeñas y delicadas gotitas.
Un vino muy cercano a un Oloroso Viejo VORS, pero con la personalidad inigualable de su procedencia tinta. Que te derretía la boca y pese a todo, ahí, la acidez que rompe con el hipotético empalague. Y en definitiva, una síntesis fiel de esa historia que abría la noche como conexión a unos vinos, una tierra y unas personas. Sin olvidar el conjunto llano y emocional de la historia por la que transitan, llena de anécdotas, obstáculos, y siempre premios como este, de su boca y manos.

Yo que quieren que les diga, aun entendiendo a la perfección el símil de Pitu, cuando bendice lo milagroso estos elixires inmortales; como los vinos del marco de Jerez o Montilla/Moriles.
Prefiero olerlo sentado esperando el día del juicio final, y en última instancia beberlo como si no hubiera un mañana, hallelujah!!
No se si sería tan frívolo para usarlo como perfume. Pero en todo caso, si lo hubiese, me haría cofrade de esta bendita hermandad:
La que nos hace tesoreros en infinita memoria y devotos por tan desinteresada generosidad; la de Albert. También es cierto, de decirlo bien alto y con la copa en la mano. Que la vida toda entera y a tropezones se ordena de manera cronológica, no por las tragedias, sino por LOS MOMENTOS:
Esas circunstancias temporales y compañías de viaje, que igual que NEO, en Matrix. Son capaces de detener las agujas del reloj, atraparlas a brazos llenos, y confitarlas ahí. En el corazón, en el alma si la tenemos, o en el córtex inferior en forma de muesca.

Es curioso, porque uno sabe que de eso no se va a olvidar. Que el entreno de los sentidos que potencian las catas tienen la magia de convertir una experiencia, un aroma o una sensación al saborear, en un recuerdo imborrable. Y doy fe que este a sido uno, y no será el último. Lo sabéis todos los que tenéis que saberlo sin nombraros, verdad?
*FOTOS & CONEXIÓN DE HUESO: Amadeu Gabaldà/Carlos Gonzalez *OTRAS FOTOS: un servidor *LOGÍSTICA: Solanet Family *FLUIDO SANGUINEO: Celler Vall Llach

jueves, 19 de octubre de 2017

LUNA_NUNCA ES TARDE... Sala Bikini (Barcelona)_11/09/20017



A vuelto a pasar a un mes aproximadamente del 20th Aniversario de mi primer avistamiento.
Un catorce de Noviembre de 1997 en esta misma sala; la bikini de su afamada acústica. De aquellos tiempos en los que las entradas eran eso: pequeñas obras de arte para conservar, coleccionar e incluso reverenciar como las medallas de los santos que nuestras madres guardaban celosamente. LUNA mientras tanto, orbitaba sin apenas llamar la atención, cuando eran Britpop y Grunge los que pulsaban las constantes de la “música moderna”.

Una historia contada infinidad de veces y recalcada hasta la saciedad. Cuando al mirar en panorámica a lontananza la sala. Uno, cae en la cuenta de que ya no hay rastro de aquellos veinteañeros que huían un poco de lo común. O por lo menos de esa parte de juventud, que uno supone interesada en subrayar el contorno de Lou Reed, Television o incluso de imaginar porqué Galaxie 500 dio paso a LUNA.
De todas maneras y aunque de la sensación, como es. Que para mi recuperar un poco mis enseñanzas de juventud me haga parecer más viejo todavía; que lo soy. Quiero caer a posta en eso que tan pocas bandas hoy en día son capaces de proporcionarme: Un buen chute, o viaje mental de mi vida. ¿me lo he ganado, no?


A LUNA los podría ver cada poco tiempo (dos, tres años), igual que a New Model Army en las distancias. Como un remedio termal a los ataques típicos de los melómanos; esa raza a la que supongo ya pertenezco, sin acritud. Sobretodo porque a estas alturas son pocas las bandas que nos/me llevan a esos territorios, donde sus influencias han dado paso ya a un estilo, forma de exponer o atmósfera propia.
Decir a estas alturas que su procedencia del sonido de Nueva York de los 70, o la herencia de la anterior banda de Wareham es la clave de su atractivo. Me parece insignificante, comparado con la evolución de su sonido desde sus dos y más esenciales discos. Su etapa más popular con PUP TENT o THE DAY OF OUR NIGHTS. E incluso esa serie de discos que se tiene por menor, del 2001 hasta nuestro días. Y que pasados ya casi la veintena de años, han conseguido renacer y legitimar: no sé si por la falta de pulso de la actual escena, o porque LUNA sí son capaces de hacerte creer esa evolución del sonido Neoyorkino, hacia un preciosismo Popero elegante como es el suyo.


En cualquier caso y llegados a este punto. Es verdad que cada repertorio que nos han tocado en estas últimas dos visitas; es tan diferente. Como educativo es que te lleven a mirar su sonido o temario desde distintos ángulos y perspectivas.
A mi me gustan todas, e incluso me encanta que me arrastren a esos lugares. Me gusta que me enseñen a amar su música sin condiciones. E incluso que me lleven a reflexionar como he llegado a este veintena de años: El camino, la manera de saborear los placeres de la vida y la curiosa manera de habernos visto crecer; y crecer nuestra forma de escuchar música.

Un repertorio más distinto puede, por la forma de ejecutarlo respecto a su anterior visita. Esta vez más rocoso, afilado y puede incluso que despojado de más exceso de preciosismo, que el puramente formal:
Desde el aporte de Sean Eden y su tendencia a estirar notas. Y con una Britta Phillips muchísimo más implicada que otras ocasiones; rotunda en el vibratorio de su bajo. El casi invisible Lee Wall tras los tambores, y Dean Wareham todavía más metido si cabe en su papel de distraído taciturno; con esa dosis de humor negro bien dosificado.
Sonaron hasta seis versiones la noche de autos; bastantes más que en otros bolos de esta gira: El “Fire in Cairo” de los Cure de rigor, la Dylaniana “Most of the Time”, “Let me Dream if I Want To”, “Car Wash Air” de Mercury Rev como propia, “One Fine Summer Morning” de Evile Sands. Y un glorioso premio extra de cierre con su clásica versión de Fred Neil, “Everybody's Talkin'”: esa maravillosa versión que nos teletransportó a aquel 1997, donde la escuchamos por primera vez. Y que recordó de forma alegórica con el texto de Most of the Time.
El homenaje resucitador de “Malibu Love Nest” a Lou Reed, sin renunciar la inmenso legado que dejo éste. Y que Dean Wareham & Co. ha guarnido con psicodelia Pop aterciopelada.

Imprescindibles como “Sideshow by the Seashore” con un pletórico Sean Eden; como siempre, e animador de la velada. “Friendly Advice” con esta vez, una Britta Phillips dispuesta a que olvidásemos del todo a Justin Harwood. O “Chinatown”, “Tracy I Love You”, “23 Minutes in Brussels”; siendo los momentos más infalibles de la noche.
Y aunque creo con sinceridad y amplitud de miras pese a que algunos se quejasen de la falta de un tentador “Greatest Hits”. Cuando todos sabemos que Luna no lo fueron, por más que el oportunismo de para quererlos convertir esa banda de cabecera; cuando en su día casi nadie los escuchaba.
Si hay algo que valorar de una banda que regresa al cabo de los diez años; y teniendo en cuenta que transitaron a la sombra de otras mucho más exitosas (Mercury Rev, Flaming Lips...). Es esa manera de no prescindir de su temario menos conocido, y precisamente el que más enteros ha ganado con el paso de los años: “Still At Home”, joyas como “Freakin' and Peakin'” que los hicieron ser una banda para la intimidad, o una de mis preferidas: la delicada y tremendamente melancólica “I Want Everything”; deliciosa.
Sólo ellos, capaces de marcarse un apéndice de instrumentales. Y demostrarnos en directo, que hacerlo alzando el telón con la levitante “GTX3”, es de militantes dispuestos a llevarte de la mano a otros sitios.


Y nosotros tan felices!! Nunca es tarde. 

martes, 10 de octubre de 2017

LAURENCE JONES Y LA TROPA DE TRAVELLIN' BROTHERS_XXVIIº FESTIVAL INTERNACIONAL DE BLUES DE CERDANYOLA



Hay ocasiones_no tantas como deseásemos_ donde ese rayo verde del que hablaban cruza tu vida desde el cielo.
Es un rayo verde imaginario, onírico y vitaminado. Y aunque de igual color que la bilis; por así decirlo. Actúa de antídoto de la misma. Dando por la boca la vida misma, que perdió un día el pez.
Ni necesita discurso, guión o precepto que seguir, porque el Rock amigos es de libre interpretación. Y sin embargo, y aun no llegando el mensaje de la misma forma a todos, el consenso es ecuánime.

El pasado sábado noche; en medio de la clausura de la 27 edición del festival de mi pueblo. Pasó por allí el mencionado rayo verde.
Nos ensartó calle arriba a la hora de las cenas Inglesas. Y poseídos como quien pierde el norte, sur y razón, nos dimos los cuatro a la corriente sin salvavidas, rama donde asirnos y en caída libre: Son las mejores; las que no pides factura ni desgrava en prejuicios temerosos. Y será por eso, que sobre las once de la noche el joven LAURENCE JONES, con tan solo 24 años. Enchufó a los valientes que vinieron también a purgar al Turonet los pecados con, BluesRock electrificado y un fin de fiesta poliédrico con los Vizcaínos TRAVELLIN' BROTHERS de remate festivo.
Porque por más que nos explicaran el innato talento de un veinteañero; que bien podría ser el yerno perfecto: Pulcro, sonriente non stop y agradecido sin más. Jamás llegaríamos a imaginar el torrente de Rock' Blues que nos salpicaría.
Igual porque es de ese tipo de músicos que por edad y referentes musicales, ejercen de mediadores entre el Blues y Rock más actual. Normalizando lo que por etiquetaje se nos atribuye a los vejestorios, o al contrario: se subestima por falta de raíz. Pues bien, este chaval diríamos que es capaz de aglutinarlo todo; o por lo menos saber gestionarlo con un incuestionable liderato. Algo parecido a lo que hace Chuck Prophet, pero con más electricidad y posiblemente más rockero. Pero con el mismo buen humor, complicidad y química para ser el amo y señor de los tiempos.
Nos presentó su nuevo trabajo THE TRUTH, con nueva y jovencísima banda; y por consiguiente sonido más fresco: Greg Smith al Bajo, Phil Wilson a la batería, el brillantísimo hammond y las voces de Bennet Holland, y la suficiencia de su enorme talento a las guitarras. Un quinto trabajo ya, que ahí es nada, de aquellos que sobre las limitadoras líneas de la edición nos podría parecer demasiado accesible y para todos los públicos. Pero que sobre el escenario y en directo tiene un resultado demoledor. Seguramente porque el lenguaje del Rock es universal cuando no hay demasiados intermediarios que interfieran, y es la pasión la que hace de interlocutor.
Eso claro. Y que es una bestia parda con la guitarra en las manos. Algo que igual no se intuye demasiado en sus discos o por lo menos en el último, pues lo suyo no es lucimiento. Pero que en vivo conecta de manera invisible escenario con la gente, como si la energía fluyese bajo las tablas del escenario hasta tus pies.

Después está el repertorio de THE TRUTH que es una puta maravilla de energía bien gestionada. Y su parte más balsámica con “Take Me”, “The Truth” o “Can't Go Without You”. Ramalazos del mejor y primer Robert Palmer, o unos INXS más aplicados en la raíz. Y aunque de alguna manera alejado de sus inicios más puristas y herederos de Buddy Guy, Clapton o Walter Trout. No renuncia a la esencia pese a ponerla a disposición de una banda muy joven, y por lo tanto mucho más contemporánea, vigorosa y directa que la de sus primeros discos; natural.
Cotizó al alza conforme avanzaba el set, donde en los primeros compases no disimulaba la predisposición a recordar a Artic Monkeys de refilón. Pues el rocío que cada nota de sus últimas canciones avanza hacia un público más variado. Sin dejar pasar por supuesto el origen de su maestría guitarrística cuando sonó el “All Along the Watchcover” de un Hendrix reactualizado.

Por el camino nos dejó un reguero de grandes canciones sobradas de potencia. Una guitarra que no limita en absoluto la grandeza de los temas, sin abusar de su maestría. Pues siempre la pone en disposición de la canción; algo que se agradece cuando se cree que el virtuosismo siempre ha de acabar siendo autocomplaciente.
Conciertazo del muchacho sin apelación posible. Pura energía, Rock en alza, Blues con perspectivas de futuro y sin miedo a regarlo por aquello de las críticas de los puristas. Vamos, libertad.


Para cerrar la fiesta por todo lo alto, que mejor que los Vascos TRAVELLIN' BROTHERS. Un soplo de optimismo, concordia y locura, insuflada por su líder Jon Coreaga, quien al baile del pollo fue subiendo la temperatura conforme avanzaba la noche.
La afluencia del público a esas horas de la noche y tras más de cinco horas de concierto, teniendo en cuenta la fresca que ya arreciaba. Es un claro signo más que evidente de las ganas que hay de volver a reconstruir uno de los festivales de Blues con más pedigrí del estado. Y si alguien se pensaba que la potencia de Laurence Jones iba a mermar la intensidad de la big band del Nervion, bien equivocados andaban.

Un arsenal de canciones bien tamizadas con blues del bueno, soul, funk, folk, Gospel y Rock&roll iban a ser la metralla para irnos a la cama con buenas cicatrices. De las que no se olvidan, de las que te dejan esa sonrisa de oreja a oreja y te hacen soñar con Ton Sawyer; olvidando las mierdas de la vida.
Make me Down” para abrir boca en todo familiar, y a continuación: “Frechmen Street”, “If you talk in Your Sleep” de Little Milton, “What I'd Said” de Ray Charles al ritmo del baile del pollo omnipresente en toda la velada, o un solemne “Always There” de J. Cash. Vinieron después “The Best in yet to Come”, “Lost & Found”, “Love, Joy and Happiness”... Todo un repertorio, que como aquellas lecciones de primaria del profe Rodrigo. Que nos hicieron amar las naturales y la historia, como la de la música de extremo a extremo. Con mucha, variada y toda aleccionadora en esto de perder el miedo a géneros malditos; había ganas por supuesto.


Pero fue el hacerse querer que de tanto en tanto se da en Cerdanyola. Cuando el festival de Blues es el protagonista, y consigo van todos aquellos géneros de buena madre que ni en sueños pensamos nos haría volar por cercanía. Tanta, que con la banda y a pelo pusieron el broche en medio del público con el “Down by the Riverside” a grito pelao. FELICES!!

lunes, 2 de octubre de 2017

TRES PLAYLIST MEJOR QUE UNA




Tengo a un lanzador de hachas subido a la azotea. Le he pagado su precio en oro; con canciones. Y cada mañana las lanza al horizonte, donde asoma Collserola, partiendo nublos y espesas mañanas grises en busca del sol candescente.
He montado un altar junto a él lleno de hojas de sabia, tomillo en flor y restos del abordaje Itálico. Donde cada día en una ceremonia de bendición, rezo y brindo con una sápida copa de Rosso de Montalcino de Uccelliera.


Daniel Wylie; quien fuera fundador de los oclusos Cosmic Rough Riders, y Alasdair MacLean. Pespuntean con guitarras la ceremonia del amanecer: un día más, otras campanadas, y el jolgorio de los escolares llueva o nieve.
Esos mismos que tiñen de añiles tonos y otoñales mañanas los gritos del borracho moribundo nocturno. Quien usa ese nimio porcentaje de energía. No en caminar medianamente recto. Sino en despotricar por decreto, todo aquello que la normalidad natural de la vida nos ofrece.
Tan puta como quien le paga favores a costa de mantenernos vivos. Lo mismo da que en pleno orgasmo sexual, Hallelujah!! Que en un desenlace de barbarie testosterónica . Al final, todo da un poco igual. Es más o menos lo mismo que quien se deja llevar por la inercia del desnivel hacia el precipicio. Un poco como dejar muertos los brazos y cuesta a bajo cabizbajos, esperar que todo se solucione por gravedad.


Nosotros en cambio; si sois de los míos: De los que aun creéis que el pensamiento taciturno copa en mano y salmo en llanto; eso que la naturaleza nos regaló para buen uso. Y ese mismo carácter natural y salvaje, que en equilibrio nos hace inigualables para por lo menos aprender de nuestras fabulosas diferencias.
Nos hemos puesto en mano de las canciones y esos frascos contenedores que son los discos. Porque sí amigos, las canciones son como esa cana que destaca sobre el negro tizón del acetato: llámese disco, archivo o cedese.
Aquí presentes no solo un desfile marcial de tonadillas, serenatas y alegramañanas para bailar, gritar y sudar; también para pensar. Ni que sea en la penuria que ya de por si supone, cantar al mal tiempo o pretender hacer de la farándula un honroso sustento. Todo un mérito con los tiempos que corren o eyaculan. Sí sí sí....


Por ejemplo: Y sin ir más lejos que al cambio de milenio; año 2000 en curso. La banda Escocesa Cosmic Rough Riders publicaba su obra definitiva: Enjoy the Melodic Sunshine y fichaba por el sello de Alan McGee; Creation.

DANIEL WYLIE'S COSMIC ROUGH RIDERS_SCENERY FOR DREAMERS


Dos años más tarde su fundador abandonaba la banda, fruto de la codicia y protagonismo a raíz de su espontáneo éxito. Y la ambición del resto de músicos que le acompañaba; por eso es evidente el cambio visible de estilo y sonoridad de Cosmic Rough Rides pre_2003, y posterior hasta ese año.
Y si a la ya poca popularidad de la banda se le unen los malos rollos, tenemos a una banda esencial en calidad y significativa del Scotish Sound de los 90 al traste.

Por suerte y aun a costa del anonimato, Daniel Wylie siguió componiendo y grabando: The High Cost of Happiness/2007, Chrome Cassettes/2015. Y su más flamante regreso SCENERY FOR DREAMERS, arropado por un grupo de músicos a la altura y dispuesto a por lo menos, dejar constancia de la grandeza de su talento. Ese testimonio que por suerte nos vuelve como un boomerang, para recordarnos quienes somos y de donde venimos.
Neil Sturgeon (Goldenhour), Johnny Smillie (Thrum) y Jim McCulloch (BMX Bandits, Soup Dragons), junto al menudo Daniel Wylie se han sacado de la manga; ahora que ya nadie se acordaba de él. Un puñado de canciones dignas de los momentos más álgidos de aquel fantabulósico Enjoy the Melodic Sunshine, con un pequeño y significativo matiz: Si aquel maravilloso disco apelaba al amor incondicional por la psicodelia y algo de hippismo. Este Scenery for Dreamers saca de cada nota, un arco iris powerpopero tan luminiscente, que con cada escucha podría prorrogar el final del verano hasta las campanadas.

Si creíste algún día que llorarías por los arpegios vocales de los añorados primeros Rough Riders. Verás que las guitarras que guarnen este esperadísimo disco, encajan con la voz de Daniel como una abeja a su flor.
Canciones que emulan a “Revolution (in the Summertime?)”, como “Jingle Jangle Morning”. Y otras que se van de la mano con los Teenage Fanclub, Big Star o el Neil Youg más vigoroso. En una polisintonía de Pop de alma rockera que exfolia cualquier signo de caducidad de géneros madre. “I Hear you Call my Name”, “Rope (Everybody Lies)” y “Lucky Find” lo certifican.
A Dream About you”, “Full Moon on the River” o la preciosa “(Won't you) Just Smile”, ponen el contrapunto a posiblemente, uno de los mejores discos de Pop a la Americana en bastantes años. Y que por derecho nos gana a otro músico más; de los esenciales para comprender donde nos hallamos.


THE CLIENTELE_MUSIC FOR THE AGE OF MIRACLES

De Alastair podríamos decir algo parecido. Sobretodo ahora que tanto ha aflorado ese mismo Pop quebradizo de aires bossa con bandas como: Real State, Beach Fossils, Horsebeach e incluso Destroyer. No es que en estilo se parezcan estrictamente, pero sí en sensaciones o emanaciones melódicas.
La vuelta del lánguido Pop, es ese equilibrio necesario que todo hijo de madre necesita; si no es que queremos convertirnos en el típico y conformista amante de sonidos neutros. Y es justo en ese momento cuando THE CLIENTELE entran en escena: Paliativo de felicidades sin timón y tristezas lacrimógenas, sin por lo menos el mínimo objetivo terapéutico. Que sí, que en la variedad esta el placer regenerativo.
Sobretodo cuando al prestarle una escucha, llegas a la conclusión de que hoy por hoy. No hay banda que logre el clímax tan auténticamente emotivo como Alastair con su voz y su guitarra.
La inclusión de una sección de cuerdas casi orquestada. Que eleva el vuelo de las doce canciones que componen este regreso, tras 7 años sin publicar un largo; (sin contar su proyecto de Amor de Días de hace cuatro años). Lo hace ya no solo más interesante, puesto que el valor de las composiciones recuperan la inspiración de God Save The Clientele/2007. Sino que nos devuelve a una banda que legitima ese tipo de pop con referencias sesenteras, domésticas y confortables. No por actitud, sino por inspiración a la hora de componer y construir un disco que se escucha desde el placer y la melancolía más imperecedera.


LAND OF TALK_LIFE AFTER YOUTH

Otro disco que nos recupera sonidos que por aquí ya deambularon hace cuatro años de forma tardía; cuando debutó con su Applause Cheer Boo Hiss del 2006, es la Canadiense Elizabeth Powell.
Desde entonces ha publicado un álbum más, donde contaba con la colaboración de Patrick Watson, Wintersleep, Stars, Arcade Fire o Besnard Lakes en base a varios de sus miembros. Y este nos ha reclamado la atención por ser uno de los pocos signos de vida que ha dado Sharon Van Etten en un dúo vocal con ella en “This Time”; el segundo corte del disco entre otras.

Un disco de pura intensidad, que la reafirma como una de las voces más interesantes, veraces y sinceras de nuevo cuño. Y no es de rigor pensar que son sus múltiples colaboraciones o la de Sharon en este caso, las que deberían acrecentar nuestro interés.
LAND OF TALK tiene como gran virtud, esa facilidad para hacernos despreciar esa mala fama que siempre ha arrastrado el IndieRock Americano en manos de féminas. Cuando muchos creen que si no se va a los extremos, todo queda en una repetición de esquemas que se acaba agotando. Porque Life After Youth nos da de nuevo una nueva lectura sobre la hoja de ruta de Elizabeth.

Alejado del rudimentario tobogán lleno de aristas que suponía su anterior disco, mucho más abrupto y en consonancia con la faceta más rockera de Heather Nova; por ejemplo. Life After Youth nos arroja una luminosidad de esas que realza Indie Rock hacia lindes poperas; o si se quiere sugerentes.
Hermoso conforme las escuchas se repiten, “This Time” explota como un hit enfermizo. “Yes you Were” lo recalca, y “Spiritual Intimidation” se erige con la altivez de las canciones que presienten eternas. Después viene cuando flirtea con otro tipo de atmósferas donde su preciosa voz cobra el protagonismo que se merece. Y consigue que música y voz se equilibren en consenso ecuánime: “Heartcore”, la sigilosa “Inner Love” o “Macabre”.
LIFE OF YOUTH es un álbum completo, de esos que sin estridencias ni hervores desbordantes consigue el punto exacto de sabor, aroma, texturas y deliciosidad que se necesita. Saciante!!
Y para acabar. Antes de dar por concluso este pica pica de canciones y verborrea. Con el único objetivo de curarnos arañazos e ilustrar el escaparate de buenas propuestas, preparados para el desenlace final de este 2017. No me quería despedir sin hablar de este señor, entre la infinidad de cebos que contiene esta tumultuosa Playlist trimestral.
Hay tiempo suficiente para atemorizarse con la juvenil remezcla de ORIELLES. Dejarse llevar por esa misma jovialidad pero en clave de guitarras de CENDE; el otro proyecto del batería de LVL UP. Y hasta volverse un poco superficial y pretender rellenar nuestro MP4 con el simple ánimo de acompañar nuestros viajes al trabajo. No Judgenemt Please...

JOHN MURRY_A SHORT HISTORY OF DECAY


Pero caray, no me iba a marchar sin más. Teniendo a buenas en estas ya pasadas y añoradas vacaciones, uno de mis más lucrativos bálsamos. Que no solo de paisajes en silencio y cánticos de grillos barítonos vive el hombre.
Luego están los salmos. Esas canciones con sus autores, que nos bajan a los infiernos de nuestra introspección. John Murry, este hombre hecho y derecho con semblante de pocos amigos pero más bueno que el pan de trigo. Tiene esa barita mágica para llevarnos allí donde nuestros sueños se perdieron, entre desvanes, habitaciones a cal y canto, y algún que otro desamor.
Y también como quien partió de viaje sin billete de vuelta, que regresa cinco años más tarde con un disco para amar.

El de Tupelo (Missisipi), esta vez establecido desde hace años en Kilkenny (Irlanda). Y con la ayuda de un ExCowboy Junkyes (Michael Timmins) más la de Josh Finlayson (Skydiggers) y la inconmensurable Cait O'Riordian (The Pogues) al bajo y las voces. Nos trae un disco entre lo lúgubre, lo intimista y porque no, ese halo flotante místico que tan bien se le da a Mark Lanegan; pero en clave de Folk.
Diez temas con algún destello altisonante como gancho: “Under a Draker Moon” o “Defacing Sunday Bulletines”. Pero que en general, brilla más por los pasajes introspectivos.
Pese a ser un disco de esos que detiene el tiempo, y lo difícil que eso puede ser ahora. Contiene esa magia entre Bill Callahan y Mark Lanegan, para dotar a todas sus composiciones de una amargura sostenida que invade y traspone a la vez. Canciones como siempre me empeño en resaltar: que modulan los estados de ánimo entre la tensión y la calma, siempre necesaria. Un ejercicio de ambivalencias y contrastes sin el cual yo no podría subsistir.
Wrong Man” y su descenso hasta lo más primario del Blues. O la terapia de romanticismo infinito que trae consigo “When God Walks In”, si tenemos en cuenta el crudo relato de hechos pasados que arrastra cada una de las canciones: Un autismo no diagnosticado, el abandono, la adopción y la muerte. Y un desenlace entre las drogas y la cárcel, que fue lo que dio lugar a este autobiográfico trabajo, cinco años más tarde.
Quizás así se entiende mejor la mecánica de este disco y el heroísmo de sus textos.

La magnífica “One Day (You'll Die)” puede ser la mejor ilustración del carácter oblicuo de las canciones de este disco. Que absorben de verás cuando es el zoom, quien enfoca el grano grueso de su impresionismo primitivo. La áspera “Countess Lola's Blues” y el concluyente cierre y apertura de esta cinemátográfica colección de canciones con: “What Jail is Like” o “Silver or Lead”. Que capturan con una rotundez absoluta, el carácter crudo, verdadero y explícitamente esencial que domina el disco de principio a fin.
Imposible inundarse de esa sensación sin atreverse a navegar por él sin brújula ni salvavidas.

Y si ves que discos como éste: de penitencia absoluta. O los otros de melancolía autoinflingida no son suficientes, o se exceden en calma, cuando es la agitación la que grita desde dentro.
No hay mejor remedio que ponerse los patines de


CENDE_# HIT SINGLE

Y tirarse cuesta abajo con los ojos vendados, como quien quiere llenar los pulmones de aire hasta caer en desmayo.
Porque sí amigos. De discos energizantes hay muchos para desconectar el sistema, de la inmundicia que desfila ante nosotros. Pero además, los hay que rentabilizan y cotizan al alza la ferviente y olvidada eléctrica. Y tiran de la funcionalidad más nativa en su talento para soliviantarnos el alma.
Es escuchar “Bed”, “What I Want” o “Good Crime”, y caer en la cuenta de que a veces solo basta con dar con el punto de cocción exacto. Ese punto entre lo crocante y sabroso que le da equilibrio a la melodía fácil con chicha. Canciones de apariencia simple que dan en el clavo como lo hicieran Pixies, los primeros New Pornographers u otras tantas minúsculas bandas, por alejadas que parezcan en su discurso.
Música hecha con la tripa y el terciopelo de nuestros brazos: A veces erizado, y otras hipesensible buscando la caricia.
CENDE ha hecho de un puñado de temas; pues solo tienen dos discos cortos o Ep's en curso. Un temario que regula la intensidad con furia y sensibilidad a partes iguales. Pero que es imposible desecharlos como uno de los mejores aciertos del presente año, junto a Rozwell Kid. Vitaminas para la mente que levanta la impotencia reinante en el mundo de la comodidad. Y que además, como gran mérito: Saben como nadie unir lo extremadamente Pop, con la gasolina guitarrera que algunos necesitamos como el pan nuestro de cada día.


BESOS, AMORES, Y ABRAZOS COARRUGADOS!!

00-THE ORINELLES_Sugar tastes like salt (radioactive man rmx)
01_NITE JEWEL_the answer
02-CHAD VANGAALEN_MIND HIJACKERS CURSE
03-WAXAHATCHEE_silver
04-ROZWELL KID_wendys trash can
05-CENDE_what i want
06-LO TOM_overboard
07-SHEER MAG_expect the bayonet
08-TERBUTALINA_ninguén che quere
09-DANIEL WYLIE'S COSMIC ROUGH RIDERS_jingle jangle morning
10-MISE EN SCENE_light in the night
11-MORRISSEY_spent the day in bend
12-SPLASHH_see through
13-ALVVAYS_plimsoll punks
14-EPHRATA_tunguska
15-ELF POWER_sniper in the balcony
16-DEAD PARTIES_93
17-MALE GAZE_if u were my girl
18-JOHN MURRY_defacing sunday bulletines
19-LAND OF TALK_loving
20-THE BLACK WATCH_orange kicks
21-PAPERNUT CAMBRIDGE_the alex chilton song (fet citizen helene)
22-THE CLIENTELE_falling asleep
23-NIGHTLANDS_depending on you
24-ANATHEMA_endless ways
25-CIGARETTES AFTER SEX_K...
26-BROKEN SOCIAL SCENE_hug of hunter
27-STARWHEEL_through my window
28-THE MOUNTAIN GOATS_we do it different on the west coast
29-THE GREASE ARRESTOR_hangover