domingo, 13 de agosto de 2017

LAS ROSAS_EVERYONE GETS EXACTLY WHAT THEY WANT_2017: AIRE FRESCO PARA LA TROPA




Todo se afloja y mis piernas; como si un bajón de tensión tras cuatro caladas mal dadas se apoderase de mi. Hace la misma mella que la lupa del malparido sobre mi cabeza.
Ya no hace falta que sean esas doce del medio día en punto, para que el niño cabrón del ático se dedique a prendernos fuego, como a hormigas; ¿le habremos hecho algo? Nosotros, correteando en busca de una sombra, el atisbo de las vacaciones o un mal trago para condensar, evaporar y... claro, para sudar.

Cuando miro hacia arriba, mientras puedo, solo pienso en montarme en mi auto y correr carretera abajo, serpenteando con los chichones de la montaña de Montserrat de fondo. Lo fue cuando arremetía la primavera en Marzo, y la lupa del bribón atacaba de costado; pero con la misma intensidad.
Y ahora casi cinco meses después, son las mismas canciones y melodías las que me empujan a pisar fuerte el acelerador.
La misma sensación, el mismo territorio y prácticamente las mismas carreteras: Quiebra y esquiva bordeando La Rovirola fuerte como si quisieras lanzarte desde el tobogán de un parque acuático. Silva a la vez que observas los restos quemados de la carretera de Sant Feliu Saserra hacia Avinyó, fuma sus restos incandescentes y el sabor de tierra seca. No llueve desde hace días, y si lo hace, nos lanza barro desde arriba.
Será para apagarnos o para sofocarnos?
Y suena más fuerte todavía “Mr. Wrong”.
Es gracioso. Los autos de ahora traen un invento parte ingeniosa y cuarto diabólica, que sube el volumen del reproductor según pisas el acelerador y se eleva el rumor del motor. Sin tan siquiera calcular que la urgencia por plegar y el disco acertado, puede producir una combinación un tanto peligrosa.
De todas formas, mi gusto por conducir y escuchar música, siempre me ha hecho descubrir álbumes que de otra manera jamás me hubieran calado del mismo modo.
Es esa extraña alquimia que produce la música, la carretera y los paisajes: Una fórmula sin matemática exacta. Y que hace que un disco tan aparentemente inofensivo como el debut de LAS ROSAS, se convierta en una medicina tonificante.

Un disco que además contiene con garbo y soltura, las guitarras más divertidas del otro lado del charco. Alimenticias en divertimento, y taaan poca posición forzada, que los amo desde la primera escucha precisamente por eso: Porque últimamente aunque agradezco enormemente el rescate de aquellos sonidos de los 70's (garaje, psicodelia, psycho, R&B etc). En ocasiones me dan la sensación de querer parecer algo, para lo que a lo mejor no estaban predestinados en pleno dos mil y largos.
La banda de Jose Boyer sin embargo y pese a su omnipresente guitarra surfera, dan a cada canción lo que se merece: Un soplo de menta, playa y salitre en plena urbe.

Del rock psicodélico vacilón, hasta su cara más tierna y melancólica; que es precisamente la más rica y suculenta. Saben, y eso me parece quizás el recurso más entretenido del disco, proponer el énfasis adecuado a cada una de sus canciones. Sin sacrificar el hipotético gancho de una canción en detrimento de su personalidad.
Bad Universe”, “Mexi” o “Rose” hacen puro caramelo de sus influencias ramplonas menos sangrantes aunque perfectamente válidas a Stiv Bator y esa generación de punks deudores del glamour más araposo. Esa forma ingeniosa y casi de juguete de quitarle importancia a la inspiración a la hora de confeccionar canciones eficaces. Y llevarse hacia un terreno en el que The Growlers o Allah-las acaban fallando por quizás aparentar de más. Convirtiendo canciones como “Red Zone” en pequeños clásicos de blues tropical, o tibiezas como “Secret” en juguetes que por su simpleza enaltecen el arte de crear música en pos del entretenimiento.
LAS ROSAS me gustan porque hacen fácil aquello que otros desdibujan a base de manosear. Sus guitarras son puro arte aún temiendo excederme en piropos.
Acaso se necesita más para que un disco suene con la golosería que lo hace “Moody”? Ese tipo de tonadillas donde la mala sangre se apiada de ti y de repente, sale de tus espaldas el típico fulgor áureo como aéreas alas.
Dicen que la felicidad y el atontamiento se dan la mano y hacen volar, y es cierto; el amor también, como la baba licorosa.
Apostar de firme por un lenguaje tan obvio y juguetear igual que un niño con la arena; predecible y pura. Para que toda esa broma resulte un trabajo lleno de huecos donde olisquear, arquear las cejas o dejarte llevar cuando te topas con “Boys” o “Ms America”. Dos cortes que realzan la sencillez al trote de unas guitarras elásticas donde se pespuntea el surf con el R&B y el Pop de influjo psicowestern arrabalero. No tienen nada que envidiar a otros que por trascendencia, envestida o fanfarria, vienen a llevarse el vellocino de oro. Como si se necesitase un carnet de socio por referencias para entrar en el olimpo; de echo creo que tampoco lo pretenden.
Y descubrir que hay mucho más a parte de tus prejuicios: Rock, Blues, Glam, Garaje, Pop y chulería de esa en la que el tontorrón de la clase acababa quedándose con el personal: Matones, guapos, listillos y esa profesora que siempre te señalaba.

LAS ROSAS son: Jose Boyer, Christopher Lauderdale y Jose Aybar. Originarios de Brooklyn y con un disco la mar de chulo y jugoso bajo el brazo.

lunes, 31 de julio de 2017

MAS IGNEUS (FA104) BLANC 2013_VINOS QUE NOS VIERON CRECER




D.O: Priorat (Gratallops)
Vi de Finca
Crianza de 4 meses en roble Francés de grano fino
Uva: Garnacha blanca
14% volumen alcoh.


Como en la mayoría de placeres que nos concedemos en la vida, con los vinos pasa a veces igual que con las personas. Que en el gusto de conocerlos y descubrirlos no es tan solo la empatía: con sus cambios de humor, complejidad, mirada o perfume afable.
Conocer y convivir nos cohesiona, pero cada cierto tiempo;más del que nos imaginamos. Hay una llegada con su encuentro que sobre todo aquello que creíamos vital y enriquecedor, nos marca de por vida como una dentellada y su cicatriz.

Lo mejor de todo no es el echo de la efeméride; que las esquivo con maestría simple y llanamente por no perpetuar el pasado más que lo justo. Sino qué nos convirtió, enseñó el camino o significó tal y como somos en el presente exacto. Inconscientemente, sin apenas notar que lo mejor es lo que no trasciende, y es más espiritual que terrenal.
Intentas poner en orden tu vida: eso que solo se hace a partir de cierta edad, viendo donde estamos y sin forzar la dirección de nuestros pasos. Recapitulas, recuerdas y más recuerdas:

Puedo situar con exactitud el lugar y el momento que bebí primera botella de vino. No el día ni el año, pero sí que era un clarete de Navarra. Cuando convertí en un hábito su sano consumo y estas primeras añadas de MAS IGNEUS a principio del cambio milenario; apenas con la treintena por montera y sin saber definirte como joven o adulto. E incluso puedo disponer con precisión quirúrgica, la magnífica ignorancia que bombeaba esos impulsos por abalanzarte con vehemencia hacia lo excitante desconocido.

Pues son esas cosas que pasan ya como la luz del día y la penumbra de la noche; las costumbres. Y que te encuentran en un callejón, a solas, cara a cara. Las que vienen a decirte: - Ves? Tal y como ahora eres, todo, al capricho de las casualidades.
Mirando a través de la copa de dorado pajizo. Entre la condensación y esas gotas que se deslizan vidrio abajo de irisación verdosa. Puedes incluso ver pasar suspirando los casi diez años que te ha llevado a entender AHORA este delicioso y resplandeciente elixir. Incluso darle más importancia que la que creemos darle, después de llegar a Álvaro Palacios y su Ermita tras pasar por Scala Dei, Marinent, Erasmus, Obac o Mogador e interpretar la significancia de la avanzadilla mediática y el anonimato más secular.

MAS IGNEUS pertenece a estos segundos: Pequeñas bodegas que han nacido de la colaboración entre cooperativas (La de Poboleda) y quienes han creído en el potencial de sus viñas, resistiendo no solo a la incomunicación, sino al canibalismo de la exitosa fama. Puede incluso que en ellos resida ese misterioso y silencioso secreto. Y apostaría que si no es así, por lo menos, sí el mensaje cifrado que nos debería enseñar paso a paso la grandeza de sus vinos/gentes.
Ahora y tras soltarse de la mano de ALTA ALELLA y emprender solos un camino incierto y heróico más si cabe. Veo (me veo) como en esa minúscula crisálida de ámbar resinoso, a mi mismo y la tierra que le da cobijo confitada. Una mezcla de mineral pedregoso y esencias que van desde las cáscaras de los cítricos apagadas y fulgurantes; según la hora del día. O las hiervas que crecen entre las gargantas y caídas libres de su orografía.
Su acidez es tan explosiva que te hace salivar, y tan deliciosa que es capaz de romper la volátil untuosidad, en algo muy distinto: la adicción cósmica. Ese adjetivo que es incapaz de describir la turbadora sensación que conecta directamente el paladar y el olfato con la excitación sexual. La que nunca acaba de saciarte o de descubrirte sus indescifrables misterios; se le dice complejidad?
Bueno, yo apostaría a que no siempre, y en contadas ocasiones. Encajan todas las piezas cuando se trabajas en entornos y con uvas tan exigentes. Seguramente que igual que dicen algunos, la magia ya está en esas uvas. Solo hay que darles el trabajo cuidadoso, y que la climatología sea benevolente.
Esta añada no tiene el peso ni la corpulencia de las primeras: vinos que no disimulaban su graduación, corpulencia o incluso una crianza más larga. 2013 parece ligero y punzante, pero en el fondo tiene el carisma de la Garnacha intacto. No sabría ni siquiera si es el cambio de barricas de Alier por otras de Castaño y Acacia, pues ya no me fio de las fichas técnicas o las etiqueta si no lo complementa con una nota de cata anual. Pero tiene un carácter único que ante la duda, solo me queda descubrirme por sorpresa. Más todavía cuando se trata de un viejo conocido, un compañero de viaje.


MAS IGNEUS FA104 no enseña sus dientes con su pálido pajizo. De echo no abusa en absoluto de la crianza con el objetivo de preservar la franqueza de las viejas Garnatxas blancas del Priorat. En ese trance podríamos entrever un vino indomable y astringente. Sin embargo, y con cuatro años de botella bien llevado, su perfume eleva a pura lujuria algo tan próximo y siempre subestimado como la tierra, el campo y las hierbas que lo decoran.
Creen de veras que las piedras no hablan? Que solo son las flores y el exotismo tropical? Pues quizás deberían perderle el miedo a ese lenguaje de la tierra con su paisaje de murallas graníticas custodiando laderas imposibles. Allí y en su entorno se entiende mejor el lenguaje centenario de Mas Igneus y su sorprendente conexión con la sabiduría de Tondonia.

La de esta Garnatxa es bastante más arrogante y directa. Evoluciona y cambia, aparece la retama, la flor del tomillo y el limón escarchado. Tiene la longitud de los rápidos montaraces, acaricia y sacude su acidez mezcla de pizarras y caliza. Un vino expresivo y hermético si eso pudiese combinarse en un término. Explosivo cuando amanece de sol mediterráneo perdido entre hondonadas y trialeras imposibles. Un Maquis.


viernes, 21 de julio de 2017

SLOWCOACHES_NOTHING GIVES_2016: TODO LO QUE ESCUECE CURA



Que los planos se tuerzan justo cuando queremos trazar líneas nítidas y rectas en este laberinto veraniego, es un hecho contrastado. Más si cabe cuando con los brazos al cielo el lerenda (en este caso quien firma), ve como en cuestión de cinco días cancelan dos de esos conciertos salvadores a los que uno se aferra a las puertas del infierno.

No son los protagonistas, los motivos circunstanciales ni aquel abuelo que te tangó la última botella de 3 lustros en un acto de humanidad lleno de pedantería; que eso también pasó, pero es de otra fanega.
Que caigan llamas del guardarropía de Sidecar y el repeinado líder de Orwells ponga pies en polvorosa a la cuarta de canción, puede ser un accidente; sí eso, un accidente. Que se nos venda como la reencarnación de Daniel el travieso con la melena cardada, y se presente con el look de Brett Anderson y se nos raje, eso... Yo a eso lo llamo vendernos praliné tres colores por nocilla. Sí sí, mmedá lo mismo que me digan inconsciente y rencoroso.

O se es punky, o un domador de pulgas del circo cric. Ahora eso sí, los que triunfaron fueron los organizadores y la sala Sidecar, de los que aun estoy esperando una disculpa formal pública o por email.
Y que te agarres como ángel salvador al bolo de Ron Gallo tres días después, para que venga y diga que el zagal cancela por imposibilidad de cuadrar fechas a un día de tocar el el FIB. Eso... yo a eso lo llamo ser cenizo diplomado.

Menos mal que mi socio Xavi, y quien aquí caza el mal de ojo al vuelo , nos emperramos en dar el sentido real a las soluciones por encima de los problemas. Y de lo que pudo ser un viernes desconsolado se hizo tornasol:

Son la gente, los líquidos por los que nos deslizamos, o el optimismo por encima de la penumbra; que es relativa. La gente sobre los motivos: Jackie, Georgia, Xavi, la amiga o la vedette. Pues no acostumbro a maldecir el nivel de desgracia que debería hacer que me compadeciese. Y prefiero pensar que hasta la vida es un accidente en si misma, y nosotros la guerrilla que busca la contraofensiva; si es con el estómago lleno mejor.
Porque tampoco vamos a negar la complicidad del CELLER CAL MARINO con sus platillos, vinos y jereces. Y la compañía y la oratoria que ayudó. O la hierva camino de Singapur rematando de cabeza en fuegos artificiales, con THE MEETUP y LOS BENGALAS untando de brillantina y vainilla la noche.

De vuelta a casa en virajes ortopédicos y luces que se traducían como mensajería morse, atronaban SLAVES. Ese tipo de latigazos que rubrican y ensalzan una noche como tal; singular.
Esos mismos aguijonazos que suenan igual que las trompetas del apocalipsis, pero más al estilo de Radio Prague. Confirmando de forma apoteósica el objetivo, sea cual sea: El final de la jornada, el nuevo día o el regate con grácil soltura de la enésima trampa del dios Xólotl.
Por eso, cuando arrancó por primera vez “Living Out” al rebufo del 2016, algo prendió la mecha. Algunos dirán que como tantas veces a pasado, hay una generación en descomposición sin marcha atrás que siempre se aferra al pasado: Fueron los 60, los 70 u ochentas, no se si los 90 van camino de convertirse en un mito para infectados. Pero igual es el tiempo necesario para concluir con certeza lo grande que fue algo. Hablamos de añadas, que igual son décadas.
Los muchachos de Leeds, SLOWCOACHES así pues, podrían ser ese eslabón perdido capaz de aunar la rabia inocente de RAMONES y el vigor prematuro de ASH: Punk con el miedo que da por pura actitud y esencia por encima de la canción.
Un conjunto de dentelladas con el revés de Serena Williams y el natural atrevimiento de Kilian Jornet; magia y mala hostia.


NOTHING GIVES le dio la extremaunción al 2016, como si las rebajas de navidad nos obligaran a soltar lastre. Sólo que a veces, los que como yo, saldan su deuda con las manillas del reloj a golpe de timón, sucede. Y necesitamos el pescozón de los doce demoledores cortes que dan cuerpo a este vigorizante disco.
Un debut de largo el de este trío, que no da tregua de principio a fin. Con el mérito incluido de defender como gato panza arriba lo que muchos ya reniegan como Punk, Popunk o el fuzz que ahora prefieren etiquetar. Sin saber del todo, si es que ya nadie esta preparado para el sentido etimológico de la música o prefiere echar a correr cuando oye hablar de las esencias más puras y virginales.

El caso es que entrando a desbrozar. Nothing Gives tiene la ventaja sobre otros elixires que brotan bajo la espesura. Que carece totalmente de pretensión o de impostura con ánimos de caer en gracia. Suenan tal y como lo haría cualquier banda lejos de la City, amamantados entre Pubs, bancos de parque y depresión laboral. Música como arma arrojadiza tal y como se escupe la creatividad por simple supervivencia.
Quizás esa sea la razón más evidente de la complexión de sus canciones: La rabia, pero sin renunciar en absoluto a un sonido que hace especial hincapié en el armazón y una sección rítmica martilleante. Esa descarga que te destensa y afloja cada uno de los pernos que nos atan a las obligaciones y esa maestría de driblar aguafiestas, compañeros de trabajo impertinentes y obligaciones penitentes. Y que concluye a la salida con refregón con sangre y todo de “Ex Head”, impetuoso y hardcoriano. O “We're so Heavy”, como bien dice su nombre le debe al inicio la oscuridad más propia del black metal pero acaba inclinándose hacia al sonido americano.
No es un simple disco confeccionado a golpe de guitarrazo y saturaciones; sería lo fácil y predecible. Nothing Gives tiene la intención clara de jugar con tics muy variados pero sin el más mínimo titubeo. De la dureza a la melodía, y de la velocidad a una esencia muy rockera, pero tan fresca como un chapoteo en aguas alpinas. Se la juegan a una carta, y se nota cuando suenan temazos del calibre de “Raw Dealings” o “Drag”; un torbellino oigan.
Esa manera de atacar las canciones por la vía directa incluye el kit de supervivencia y un botiquín para lamernos las heridas. Gusta el escozor y la obligación de subir el volumen, porque este disco lo precisa. No valen tentaciones al desconsuelo ni lloriqueos.
Sus canciones brotan con ímpetu bestial, y atornillan donde ya nadie quiere apretar: Gimnásticas de pectorales y bíceps poderosos sin aparentar más de lo que empuja la juventud de suburbio.
Thinkers” es ramoniana pata negra al más puro estilo Dee Dee. “Norms & Values” se precipita igual que Mark E. Smith bañado en espuma malteada, y salpica como su guitarra final; bestia, muy bestia. Es una gozada para liberar tensiones, gritar y berrear, golpear como baquetas el cambio de marchas y darle gas. Emociona ver como la huida hacia sonidos placenteros solo tiene de cobardía y comodidad lo que no de atrevimiento a la hora de enriquecer himnos míticos. Basta con echarse a cuestas “54” con ese golpe Made in Ramone puro e inmortal.
Tirarse cuesta abajo con las cajas de plástico del pollero y hacerse mistos los pantalones que tu madre te compró en “el barato” anteayer cuando retumba “Levity”. Y sucumbir al desenlace Punk fuera de toda norma, más que nada porque odio que no se llame por su nombre a las cosas que en verdad no tienen nombre, pues son parte de la semilla originaria. Hace falta envolver para regalo unos tejanos raídos y una camiseta carcomida? No. Pues con la música pasa igual.

Necesitamos sangre, perder el pudor de parecer humanos defectuosos y maravillosamente reales. Porque todo lo demás son inventos nos hacen parecer productos prefabricados, en lo fiero, y en lo dulce.

viernes, 7 de julio de 2017

OCHO PATAS TIENE LA ARAÑA, Y OCHO ARAÑAZOS LA FIERA_CUMPLEAÑOS CON_PLAY




Me ha caído un sol, si señora. La cabeza aplanada como una meseta de bordes graníticos precipitados, y los ojos fundidos igual que un deslumbre.
  • Ha visto a mi niño? Salio temprano a cazar moscas para la Salamandra y aun no ha vuelto. Y mira que le dije: - Cuando huyas siempre hazlo hacia arriba, nunca hacia abajo. Alza la cabeza con el mentón como ariete. Y cuando te rompas la crisma, que sea con conciencia y ganas. Mejor intentando tocar la luz con los dedos que cerrándolos de impotencia.
Se enamoró y perdimos de vista a aquel pequeñajo de pies grandes; creció. Sus pies dejaron de parecer grandes y el envase se hizo al alma como el pepino al orujo: Esa botella que se guardaba como elixir curativo en el mueble bar de mi madre, y que decían que curaban los siete males; menos el séptimo: El mal de amores mordientes.
Enorme cucurbitácea que a si misma se hizo presa buceando en brisa. Y que al paso de los años solo asomaba el hocico pidiendo tan solo un beso, un beso nada más.

Los ocho años que relatan esta bitácora marina de timones rotos y capitán tarumba. Son los del diario de abordo que resume el sinvivir aleatorio y caprichoso de mareas y vientos. Nos sirve -me sirve- para recordar qué fue ese día, y porque lo relaté así. Reitero y machaco que con el pasar de los años y la memoria no es que se pierda, es que selecciona como el tirador a su presa. Lo que hace un tiempo urgía, ahora se aplaza por simple antojo de dejar que el tren pase hipnotizado con el chisporroteo de las catenarias.
Ocho años que no he celebrado en más que menos ocasiones, y que este 2017 toca.
No porque haya algo celebrable. Sino porque en ocasiones hay que enfatizar, y poner el lazo al momento para certificar que existimos; aunque solo sea como meros espectadores.

En este acopio de canciones habría mucho de que hablar, trillar y manosear. Pero mira tu por donde, nos vamos a callar, bajaremos el volumen de la luz y la jauría, para subirnos la del reproductor.
Se hará el vacío y escucharemos. Tan solo escucharemos; en silencio.
De la música y su efecto en el fondo no hay mucho que decir. La verdad es que te pueden explicar lo dura que va a ser tu vida, o que la tuya no va a ser ni de lejos tan dura como lo fue la de tus padres. Tu horario de entrada, el de salida y tus tareas. Las lecciones inútiles de las cuatro reglas y lo importante que es la actitud. Pero de la música? De la música no se habla, se escucha.
Sin prisas ni condiciones. Sin ascos ni el mal vicio de apartar la verdura y comerte solo la carne.

Esos dos receptores que se alojan a cada lado de la cabeza tienen... lo que carece el resto de sentidos; ninguna condición para utilizarlos: Ni hace falta enfocar y dirigir la mirada para contemplar con estupor la elegancia de la naturaleza, ni alargar el brazo para acariciar tus senos o echarse a la boca un helado de carmín. Ellos cazan al vuelo y transforman en reacciones químicas y físicas lo que por allí pasa.
No hay filtros, reglas, miedos ni posturas sino instinto cazador y depredador. La educación mata la creatividad, y los hábitos esclavizan el más mínimo atisbo de riesgo.

Date una oportunidad ¿o acaso te dolió la primera vez?


00_THE NEW YEAR_recent history
01_GUIDED BY VOICES_5 Degrees on the inside
02_SLOWCOACHES_Living out
03_CENDE_End
04_KEVIN MORBY_1234
05_DESPERATE JOURNALIST_Lacking in your Love
06_ELF POWER_All things
07_ROZWELL KID_Uhf on dvd
08_RON GALLO_Kill the medicine man
09_SEA PINKS_I don't know what i would do
10_THE BLACK WATCH_Whence
11_BRITISH SEA POWER_THe voice of ivy Lee
12_L.A. TAKEDOWN_Heatwave
13_HAPPYNESS_Tunnel vision on your part
14_ROBYN HITCHCOCK_Sayonara Judge
15_LOS PUNSETES_Estrella distante
16_SPIRAL STAIRS_Dundee man
17_STARWHEEL_Drip Feed
18_THE PAPERHEAD_Dama de lavanda
19_SPLASHH_Gentle april
20_CIGARETTES AFTER SEX_Sweet
21_TIMBER TIMBRE_Western questions
22_FUFANU_Gone for more
23_THE NEW PORNOGRAPHERS_Play money
24_WAVVES_No shade
25_THE AFGHAN WHIGS_Demon in profile
26_FUTURE ISLANDS_Cave
27_REAL STATE_Saturday
28_MATTHEW SWEET_You knew me
29_BEACH FOSSILS_May 1st
30_PORTUGAL THE MAN_Feel it still


domingo, 11 de junio de 2017

TRASHCAN SINATRAS_WILD PENDULUM/2016_NO VES QUE ESTOY DESNUDO?



Wild Pendulum es ese tipo de disco que te llevarías de paseo en un día cualquiera por Central Park.
No importaría demasiado la estación del año, la hora del día o la compañía. Porque los hermanos Douglas crearon el pasado año una nebulosa melódica clásica, llevada a su vertiente más Pop. Justo cuando sabes que eso ahora no toca. Y solo por eso, tienes la seguridad de que es el camino, sin pestañear.


Direcciones contrarias a las corrientes, que nos desarrastran poniéndonos el corazón vuelto. Y que igual que en un acto de rebeldía inocente, por lo menos, nos legitiman para revolvernos contra lo establecido.
Los cuarenta pasados tienen eso: Te tiras media vida intentando establecer un orden y acomodándote. Para darte cuenta al cabo del tiempo, que al margen de la vida que se nos pierde sola, lo que nunca hemos de perder es la facultad de revelarnos contra el orden mercantil de nuestra existencia. Esa que nos cae como una losa desde arriba, sin saber bien o ignorando quien narices la envía y que de repente la tenemos atenazándonos como grilletes.
TRASHCAN SINATRAS nunca estuvieron de moda. Ni siquiera cuando debutaron con CAKE en 1990, y mucho menos con su espléndido I'VE SEE EVERYTHING/93. Cuando llegó a las estanterías de nuestras tiendas en el 96 HAPPY POCKET; el disco del canguro borroso. Medio mundo estaba ya colgado de las nubes con el BritPop y el Grunge.



Así que el empeño de volver diez años más tarde, y hacerlo aparcando su pop más punzante: Aztec Camera, Lloyd Cole & Commotions, Prefab Sprout...; y los inubicables. Para retornar más cerca de su ídolo de juventud Frank Sinatra, mirando de reojo a los 50 y al perfume melódico de los clásicos inundando sus composiciones. Por esa razón seguramente he tenido aparcado este disco desde el pasado año, temeroso por haber perdido aquello que más me gustaba de ellos: su pop inmediato, luminoso y quebradizo.
Por suerte cuanto más grande me hago, más me convenzo de la tiranía del tiempo y lo poco que creo ya en él. Algo que me reconforta, cuando olisqueando en todo lo que conservo como testimonio de un año aparece de repente de forma reveladora. Transformando el anonimato en algo realmente grande, lleno de texturas y sonoridades que te llevan a escenarios inéditos.

Ese efecto que produce saborear la música y tantos otros placeres desde el “momento”: Esa unidad de medida donde confluye tu estado de animo, la visión del paisaje y esa cosa que te brota de dentro. Dando con la clave mágica para disfrutar de algo, lo que sea, justo y en ese preciso instante, y que normalmente jamás vuelve a ocurrir de la misma manera.
Me da la sensación que entre los pleamares de sus primeros discos, sus armonías vocales. O los pasos entre sus discos más inocentes y la madurez de sus posteriores composiciones. Se haya WILD PENDULUM unificando ambas cosas, y transformándolas en algo que no es una, ni otra cosa. Tan solo un disco que fluye sin la presión ni el pulso por forcejear con el paso del tiempo y su batalla perdida para con ¿la fama? Tan solo “Best Days on Earth” conserva ese bago recuerdo al Pop evidente de los 90's.
El resto es un puro vals de abrazo partido y manos que agarran con fuerza al punto de la gangrena. Levitaciones que prenden en vuelo como torbellinos de psicodelia sixtie en “Ain't That Nothing”, con inédita luz. Y que se abalanzan sin miedo hacia terrenos desconocidos hasta hoy.
No es una evolución o trasformación, pues todo su santo y seña sigue ahí: Sus melodías vocales, sus envoltorios vaporosos y espaciosos. Esa especie de Pop con formas amables y cariñosas que confunde la ñoñería, con el romanticismo más sincero y real.
Y es cuando “I Want to Capture Your Heart”, “Neighbour's Place” o “The Family Way” rompen con una melancolía de pureza sin parangón, a lo noches blancas de Dostoyewsky. Cuando WILD PENDULUM aparece de sopetón, como una rara avis en su discografía. “I'm not the Fella” podría ser sin apelativos, esa canción que escenifica a un clásico del cine americano de los 50, con Cary Grant acariciando la tormenta infesta de nuestros días.
La Paz de los hermanos Wilson colgados de un cocotero apedreándote el corazón con capas, y más capas. Y no es otro que “What's Inside the Box” que ensalza aquello que apesta a pachuli y batido de fresa perfumada. Solo que entre lo hortera y lo delicioso dista un mundo. Posiblemente porque la cuestión de caer en la zalamería de nuestra ternura más vomitiva, es tan solo fachada y miedo a enamorarnos y ser niños otra vez.


Lo dice “Waves (Sleep Away My Melancholy)”. Esa canción de amor y cuna con perfume a Mustela, que nos vuelve de golpe en indefensos seres a la deriva.

Dejarte querer, necesitarlo, no es malo sino necesario. Las formas son indistintas tanto si son sucias como puras. La cuestión es amar sin condiciones ni ultimátum que hagan del cariño una moneda de cambio interesado. Y éste, seguramente, sea el disco elaborado con más cariño en muchos años. 

domingo, 4 de junio de 2017

HAPPYNESS_WRITE IN_2017: LA VIRTUD DE LA SENCILLEZ o EL, SI TU ME DICES VEN...




Las calles se arrugan a su paso saltando las losas como en un juego de dominó. Su belleza y esbeltez no son evidentes ni desmesuradas, y puede ser su mirada o el brillo de sus pupilas; indefinido. El encanto que deslumbra y a la vez narcotiza.
Tú sabes que es amor a primera vista. Y pese a que llevas toda la vida discutiendo y negando la existencia del mismo, asumes tu derrota y el desarme. Ella sin embargo sigue avanzando distraída en su caracola espiral; la melodía. Esa que un día te robó el alma y día sí día también te asalta de repente y sin avisar.

Es fantástico ver que en esto del amor por las canciones no hay un ideal de belleza. Sino otra puerta más que se abre de aire fresco que corre a ras de suelo envolviendo las estancias. La que ventila los ambientes cargados de toxinas.


Publicaron hace tres años su debut, Weird Little Birthday/Weird Smiling; auto editado se entiende.
Sin más gloria que pena, apenas llamaron la atención en algunos medios especializados por esas pequeñas microconexiones con el Lo fi despeinado de Pavement; si acaso Yo La Tengo y lo típico...
Tuvo que pasar otro año hasta que el sello de su propia ciudad Moshi Moshi Records los fichara y volvieran publicar su extenso disco de debut; esta vez con cuatro nuevos temas. Allí yacía “Montreal Rock Band Somewhere”: Un clarividente punto de inflexión que sumaría a su magnífico estreno, el revelador designio que han tomado sus nuevas composiciones en Write In.


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Llegaron casi que así: regando las calles de fresca, y enchufando los naranjos en flor con los cerezos al tapiz primaveral. Y no se si es porque el pluviómetro se ha disparado este 2017. Pero llegamos a la primavera explosiva con unos campos frondosos de canciones, y fértiles como pocos.
Nos llamó la atención de primeras, sus temas más revoltosos y desarmados. Aquellos que nos recordaban ligeramente a Steve Malkmus y su brigada de asfaltado: “Naked Patients”, “Anything I Do is All Right”” o “Refrigerate Her”. Pero todos sabíamos tras indagar en su espléndido debut de belleza tan extraña como la de un Tapir, que lo que los hacía distintos al resto no era eso precisamente. Sino ese raro talento por detener las agujas y ver que los acordes de sus canciones más contemplativas, saltaban de flor en flor cual invertebrado. Y que cada nota formaba un entramado tal como una encaballada sostiene una enorme cubierta parasol.

Es una teoría, pues una cosa es lo que buscamos, y otra bien distinta la que encontramos.
Yo me quedo con lo segundo, en todo o en casi todo en la vida. Con la música especialmente me pasa que ya he dejado de buscar, y sólo me quedo inmóvil a que me asalten. Me roban el corazón, es cierto. Pero en esa sensación rara de vaciarte para llenarte, es cuando de verdad todo tiene algo de sentido.
Cuando irrumpe por ejemplo “Falling Down” como un carrusel desvencijado. Es el sentir que el engranaje vuelve a ponerse de nuevo en marcha: Una vida haciendo versiones y mal tocando con la fórmula intacta del trío, hasta que han sabido construir como si no quiere la cosa su pequeño universo. Hasta que los socios han hecho que las cuerdas se doblen y que irrumpan los pianos con sus nebulosas sónicas. Para que con dos discos ya hayan conseguido lo que a otros les ha costado el drama de la separación.


Y si aquel primer disco que llamó la atención a base de insistir, era como un tren de largo recorrido: Donde es más importante el destino y el paisaje del camino, que las estaciones donde tiene parada. El nuevo, es como un apéndice del anterior más que un nuevo álbum por así decirlo.
Un sesteo en la copa del árbol más grande del mundo, como cazado entre los caracoles del pelo afro de Julius Erving y oteando las caprichosas formas de la costa; así es como se escucha la nueva delicia de los Londineses. Esas sensaciones de mullido y contemplación, lo mismo que si estuvieras en pleno bajón de tensión pero premeditado, y bajando los escalones de dos en dos.
Y aunque entienda un empeño más que evidente por quererlos ubicar en un tiempo pasado concreto. Yo, me conformo con lo virtual de sus evocaciones: blandosas, cremosas y doradas como la piel tostada al sol o el alma tiznada de urbe.
Que la luz no solo vive de sol infrarojo.


Tic tac, es ese piano que Elton Johnn nos podría tocar armónico y tramoyista. Como quien decora la entrada con los placeres dados de “The Reel Start Again (Man as Ostrich)”, y nos preparase para el despegue... De “ Anytime” back to the USSR, en vuelo raso de shoegaze rasurado y hasta diría que adecentado; precioso por así decirlo.
Por un lado tiene ese deje de Pop Barroco tan y tan británico. Y por otro un asomarse a u precipicio y señalar el otro extremo del Océano. Quizás porque tanto Beatles, ELO o Beach Boys mamaron de las mismas ubres psychovictorianas; basta con acercar el monóculo a “Through Windows” para derretirse. Y confirmar que la primavera masiva que invade mi ciudad estos días, no es la misma que fue y que hizo de la intimidad y rareza, un estigma a defender.
Uptrend/Style Raids” si es cierto que rescata esas maneras, deje o hasta bucle a la hora de coger lindes sin quitamiedos. Emulan a Pavement? Ellos sacaron petroleo de una actitud; hasta cierto punto nihilista. Pero allí había mucha sustancia del pasado, solo que con una personalidad arrolladora. Happyness tienen eso: carisma y mano izquierda.

Lo fácil, ahora que las tragaderas musicales prefieren los potitos bledine azucarados y de composición nutricional equilibrada. Hubiese sido rempanchingarse y dar garrafón.
Pero lo cierto es que canciones como “Victor Lazzaro's Heart” nos obligan a rebobinar y a encontrarnos con la magnificencia tímida de Georges Harrison y otros tantos, que hicieron de la discreción una virtud entre tanta desmesura. Esa manera de explorar en la musicalidad desde el trastero y el flojeo de piernas: “Anna, Lisa calls” es cierto que va camino de reivindicar los 90's como una filosofía, sin saber si es por méritos propios. O porque el cambio de milenio nos sorbió el sentido de la contradicción.
El caso es que abreviando el empeño reinante de confundir la novedad con el talento. Que bandas como Happyness vengan a rellenar el vacío de “variedad”, me parece fantástico. Ya no solo por gusto personal; que igual a estas alturas ya se vicia. Sino porque es necesario renovarse y luchar contra la odiosa inercia de lo prefabricado.
WRITE IN tiene vida propia. Esa que te va ganando poquito a poco y que hace que nimiedades de la talla de “The C is a B a G” leviten por naturalidad y sencillez. Y que sea hasta la bocina final; como los partidos fratricidas de basket. Que no se decida la victoria final, la rendición y el postramiento cuando “Tunel Vision on your Part” es la que pone el punto final.
Una de esas canciones con las que te das cuenta que la melodía es tan idónea, que podría así, eternizarse de por vida. Esa cosa que solo Lou Reed & Co. , los Hnos Kadane, Luna, y un puñado de privilegiados más pueden ostentar: LA MELODÍA ETERNA. Y que incluso son capaces de absorber igual que un agujero negro los recuerdos, con imágenes.

La mía, una ascensión hacia Gratallops, minimizado entre columnas graníticas imponentes e indefensión ante lo verdaderamente grande: LA NATURALEZA.

lunes, 15 de mayo de 2017

FUTURE ISLANDS Y LA PÉRDIDA DE LA RAZÓN. Razzmatazz 06/05/17 y lo que viene siendo su último disco




Una semana tiene la culpa del reposo y el barbecho al que se han de someter esas cosas grandes que deslían más tripas que neuronas. Igual que el buen tinto del que uno se ha de olvidar para que retoce y se estirace en la copa. Cuando la razón no atiende, mejor esperar.
A veces es peor, porque yo mismo no acabé de confiar demasiado en “The Far Field/2017/4AD”: Como si hubiera perdido ya la fe en los salmos de Samuel, ahora que “la fama” los obliga a firmar más o menos temas resolutivos o lo que se viene a llamar “hits”. Que también digo una cosa: Si el temario de hace cuatro años bien hubiese funcionado en una sala 2 de Apolo o Sidecar, en Razzmatazz ya no. Seamos consecuentes, hay dos Future Islands para bien o mal: los de antes de Seasons, y los de ahora. Lo que aguantaran la presión de la fama ya no lo sé, pero mientras tanto aprovechémoslo.


A su favor tienen que han necesitado seis años para asomar la cabeza por circunstancias meramente caprichosas. Por otra, lo que significa utilizar un discurso literal y al dedillo del TecnoPop más funcional y ortodoxo. Teniendo en cuenta claro, que en primera línea de fuego tienen un frontman que vive y muere para la interpretación. Todo lo desmesurada que se quiera, es cierto. Pero no lo es también la falta acusada que hay hoy en día de eso?: De verdaderos artistas?
Sí, aquellos que entienden las canciones y la música de la misma manera que la interpretación: Una fiera desbocada de tics gorilescos y animales, que hace que el rock sea un chiste cuando hay sustancia y poca actitud. Y en este caso, que convierta el tradicionalmente insulso pop sintentizado en una ceremonia de ofrenda en vida, salvaje.

Cierto es que tras verlos por fin sobre un escenario, con la curiosidad de saber de qué forma exprimen lo limitado de su guión. Uno se quede a cuadros, y acabe sepultado por el natural magnetismo de Samuel T. Herring y la necesidad de artistas creíbles, totales y honestos como lo es él.
Ayuda mucho a cogerle la verdad que atesora The Far Field, y comprobar que no es “otro disco más de synthpop del montón”. Es entonces cuando sinceramente y sin acritud, Hurts, The XX, Twin Shadow o Holy Ghost!, lo siento, pero me parecen una broma. Temazos superefectivos, no lo niego, pero golosinas a fin de cuentas que al cabo de media hora no recuperan el sabor ni metiéndolos en la nevera.


La banda de Baltimore en cambio, han sabido como nadie agarrarse a las crines de la ferviente y desmesurada fama como quien practica sexo en un lavabo de carretera. Es así, y por más fortuito que pueda parecer su éxito en un mundo donde se quiere todo y ya. Su último trabajo tras varias escuchas y su defensa pretoriana sobre el escenario, no ofrece dudas: Es uno de sus trabajos con más equilibrio y tiento a la hora de dar la importancia que se merece a “la canción” propiamente dicha.
Singles/2014 subrayó su capacidad de elaborar temas tan bailables como sus desgarradoras odas de antaño. Y en su nueva entrega aun pareciendo más de lo mismo para detractores del culto a un sonido. Afina en la capacidad de Samuel para cantar y conseguir que cada canción tenga su particular universillo.

Más cerca del Pop de despecho y romanticismo de nuevo cuño. Nos hace olvidar de alguna manera sus parentescos más obvios con Yazoo, OMD o la Human League. Y hace que su nuevo repertorio equilibre su trayectoria con puro Rock, o por lo menos sean consecuentes con cada una de sus etapas y como tratarlas para que en directo TODOS, acaben siendo ya clásicos.
Ejemplo claro está en tres de los temas que en mi caso, me parecieron sublimes por encima de toda su setlist: Su primer single más o menos bailable “Vireo's Eyes”, que sin duda fue la canción grande de la noche. “Spirit” que tan claramente nos trasladó por un instante al universo de Gary Numan. O tener la santa grandeza de cerrar un concierto de más de dos horas con “Little Dreamer”, el tema de cierre de su primer y más desconocido álbum. La prueba de que Future Islands en su primer y más literal método de composición y ahora, siguen siendo fieles a su idea inicial: Pop de alto grado emocional real y proletario.

Hubiera sido fácil hacerlo con “Seasons (waiting on you)”, “Ran” o “Cave”. Dos temas que se han convertido casi al instante en dos clásicos del ya presente/pasado. Pocas canciones tan calentitas son capaces de trasladarte al pasado con tanta fuerza y melancolía sana.
Pero Samuel T. Harring parece no dejarse llevar por la proeza de agotar entradas y llenar salas de bastante más formato.
Sus escuderos a los que tanto se les ha achacado su presencia puramente de atrezzo, se ganan las habichuelas como el que más. Y el frontman o jefe de equipo suda y hace sudar el lubricante que la mueve como una máquina, tan jodidamente bien engrasada. Que desde el minuto cero de su directo todas ellas podrían ser ya canciones de toda la vida. Básicamente porque sobre el escenario son arrolladores, por lo menos ahora que creo que son conscientes del recorrido que tienen sus temas. Y que en directo logran ese imposible de volar sobre el escenario entre tanta mediocridad, a veces, contaminada por el exceso de producción. Es ese el poder, supongo, de la canción y la credibilidad de un tipo que muere en cada registro vocal. Y la plasticidad bizarra de quien sobre el escenario es la auténtica Little Miss Sunshine de la desvergüenza ajena: Aquella que se cree estrella entre tanto capullo de manual. Pura pasión vamos, de las que te hostian vivo.

Doves” ya ha hecho de sus sensuales movimientos espartanos, el triunfo del amor a la música y el espectáculo. La sala al unísono votó como posesos. Mi hijo de 14 años al que arrastré in extremis entre cara de “y a mi qué”, coreó y movió las caderas como una diva. Imposible no dejarte llevar por la pasión de este tipo.
Reventó los pantalones y camiseta a ritmo de Kasachof de “Walking Through That Door”. Brilló como una bola de neón “Ancient Water”, estalló en gloria divina la sucesión de “Ran” y “Balance”. Y la verdad es que nos hizo a todos mágicos, pues por muy desmedido e infantil que parezca a mi edad: su repertorio es lo más parecido al polvo de estrellas; puro sentimiento.
Cave”; una de las joyas oscuras mejor escondidas de su último trabajo. Se dio la mano con “A Song for a Grandfathers”, otra canción enorme; más si cabe que sus singles más afamados. Porque Future Islands tienen esa capacidad innata de haber crecido entre canciones aparentemente inofensivas que llegan sin avisar. Esas canciones que poblaban el lado menos conocido de Yazzo, y que en cierta manera tienen conexiones filamentosas con el romanticismo clásico de... Roy Orbison; por ejemplo. O con otros que cantaron al amor y desamor con el mismo lenguaje en clave; el sentimiento puede.
La recta final nos llevó a “Lighthouse”, “Seasons”, “Tin Man” o “Spirit” mezclando argumentos. Y cerrando en tres bis con mucho mensaje “Inch of Dust”, “Vireo's Song” y “Little Dreamer”.
Y es: defender a capa y espada sus primeras canciones, las que pasaron de puntillas convirtiéndolas en triunfadoras. Justo cuando tienen dos discos con hits infalibles, y a gruppies, histéricos y glotones a los que se les ha nublado la vista sin posibilidad de masticar antes de tragar.

Future Islands es una banda grande, una rara avis que proclama y defiende la esencia de la música. Ya sea con un AKAI, un bajo y una batería mecánica. Pero en definitiva, la música sin artificios ni dobles mensajes pretenciosos. Simple y natural como tu vecina del quinto que baja a comprar el pan con los rulos y la bata.
De estos sobre el escenario y con el mismo lenguaje, solo recuerdo a Jarvis Cocker; que yo sepa.

sábado, 6 de mayo de 2017

JESUS!! HAN VUELTO!! Sala Razzmatazz(la grande)_29/04/2017




Sí hijos míos, la vida cambia. Y aunque esto suene a un consejo paternalista de vuestro tío el batallitas, que bien pudiera ser; de echo igual lo es depende de quien me lea. Quien iba a decirme a mi casi veinte años después, que estaría escribiendo una crónica sobre una de mis bandas primarias sin quererlo ni deberlo.
Es cierto que tras la inclusión en la banda sonora de Lost in Traslation: Esa película icónica (vayan a saber porqué), que resucitó ese espíritu por amar algo distinto; o simplemente por ser... más exclusivo y diferente (que eso también nos ha pasado a todos). El caso es que cinco años después de su disolución y de ir socavando a la vez que vanagloriándose de su fama de autodestructivos, asociales y bordes a base de lapidar conciertos. De golpe, Jesus & Mary Chain con la tierna “Just Like Honey”, consiguió lo que no pudieron sus cuatro y más memorables primeros discos; enlazar vía pinícula, a tres generaciones: Las de antes del Britpop, la de en medio y la del indie tardío converso en moda.

Ahí a lo tonto a lo tonto, han pasado 25 años desde que los vi con 22 en Zeleste presentando su Honey's Dead/1992. Puede que el disco en el cual empezaron a caer empicado vía desfases alcóholicos y psicotrópicos, tan mal carácter como malas relaciones y en fin, todo aquello que se le atribuye a una banda auténtica y de mala reputación como eran ellos.
Parece que fue hace cuatro días sí, pero es cierto que cuando uno está en una cita como esta, rodeado de gente tan variopinta. Te llegas a creer que no ha pasado tanto tiempo: Ves gente adulta que no parecen tan distintos a ti, y coño!! tienen 10 años menos alma de cántaro. Los más jóvenes ni te cuento, igual ni siquiera llegaron a ver la peli de Sofía Coppola en edad moza. Con lo cual, como no des con un cincuentón mínimo, nadie se hace a la idea de lo que eran sobre el escenario Jesus & Mary Chain en el año 1992 del siglo pasado.

Sí, es verdad, todo ha cambiado una barbaridad. No se si a bien o a mal, pero a cambiado.
Aquel 27 de Abril del 92; manda cojones!! El día de mi cumpleaños, y casi exactamente un cuarto de siglo de distancia entre si. Prácticamente una edad moza de por medio; está claro, nos hemos hecho viejos y suerte de poder contarlo disfrutando con la misma energía de la música y el directo.
Pues eso, aquellos días no eran muchos los que iban a ver a bandas como los Jesus. Llenar Zeleste en el 92 no estaba al alcance de muchos, pues la música alternativa era realmente minoritaria y sin difusión alguna. O eras heavy, o calorro; no había más. Ah!! o normal, con tu jersey de pico y tu indumentaria neutra. Sino, pues ibas lo más raro posible (pantalones rotos, marteens, ojos pintados, pelo electrificado...) Más o menos como ahora, pero con cuenta y riesgo de que se rieran de ti en tu barrio de periferia.


Y soltada esta parrafada situacional, a sabiendas de lo mucho que me extiendo y lo poco que importan las batallas Pliocenarias. Tenía y debía; aunque sea solo por entender el efecto deja vu que generan estos vaivenes generacionales. Situarme en aquí y ahora, y porque no, viajar si se me permite a mi espacio mocico/viejo; aunque sea por puro placer egoísta.
Que digo yo que alguna reacción sintomática debe generar escuchar, así, de repente: y de una tacada “April Skies”, “Head On”, “Far Gone Out”y “Between Planets”. O no era esa la intención de los mendas,? que para qué jugársela de entrada con experimentos de vanguardia.

Cuatro temas que prácticamente miden y acotan el momento de más alta popularidad de la banda escocesa. Tanto de los que veníamos de escuchar el Post Punk primerizo de finales de los 80, como los que bien entrados los 90 juntaron Brit Pop con el Grunge.
Jesus & Mary Chain fueron sin apenas ser conscientes de la importancia de la hazaña: La primera banda rematadamente Británica, capaz de unir Beach Boys, Ramones y la Velvet Undergoud, a un Pop venenoso. Dándose la mano con el Rock Americano, y sin perder un ápice de dulzura en su sangrante propuesta.
Me apenó horrores verlos derretirse sobre el escenario del FIB a lo bonzo y bañados en alcohol en el 98. En el 2008 volvieron muy dignamente con unos músicos de lujo y sacados de ostracismo, y aunque bastante mermados dieron uno de los mejores conciertos del último Summercase. Cuando los volvieron ha recuperar para el Primavera Sound en el 2013 la verdad es que no había forma posible de explicarle a nadie veinte años más tarde, que quien estaba sobre el escenario fue una de las bandas más fieras de los 80/90's. Y como es normal, supongo que uno renuncia a vivir del pasado, e igual actualmente y con varias generaciones por delante, incluidos aquellos que no los siguieron en su época gloriosa; pues no fueron una banda masiva (quien lo fue en los 80?).

Somos injustos por tanto (y lo seremos de por vida), con el paso cruel del tiempo. Salvo, se entiende, si uno ha pasado igual que el tiempo: de la mano, en volandas y a su paso. Entonces, es posible que alguien dispuesto a viajar: Atento y con la misma mirada de un niño ante la fogata y su abuelo. Sea capaz de captar por un instante, la heroicidad aventurera de aquellos tiempos ignotos.
Eso, o creer quizás en lo imposible y volver a ver sobre un escenario a los Hnos Reid. Esta vez sí, con los pantalones bien atacados y por la labor. Aunque sea con más humildad y amor, de darnos ese daño que se merecen sus canciones generacionales. Y vaya si lo hicieron.

A los más puristas nos puede parecer un mal chiste de producción su último disco. Pero sobre el escenario y con ánimos de revancha, el discurso de los Escoceses es infalible y demoledor.
Y si bien es cierto que los viejos del lugar añoramos el salvajismo militante de un público, tan comedido como pulcra fue la ejecución de un temario escogido con pudor. Ver a Jim Reid cantar como nunca, fue lo más parecido a un crooner (por más que suene a broma), con ganas de zanjar la imagen pasota que arrastraron en sus tiempos míticos.
De su último disco fueron contadas las canciones, y enmendada la capada producción que ha hecho que sus últimas canciones no parezcan tan buenas como son: “Amputation” que abrió la velada, “War on Peace”, “All Things Pass”, “Mood Rider” y “Always Sad” (con coro femenino y todo). Tuvieron el detalle de regalarnos en una primera ronda de bises algunas de sus joyas más emblemáticas, en especial una de mis favoritas “Nine Million Rainy Days”. Y por si fuera poco “You Trip Me Up”, “The Living End”, “Taste of Cindy” y el “Never Understand” una de sus primeras canciones que escuché en ese cassette quemado hasta el sinfín. No faltó por supuesto “Just Like Honey” y se encendieron mecheros. A mi de verdad, casi se me escapó la risa entre lágrimas. Pero el público estaba entregado y seguía el ritmo de las canciones con las palmas en el aire. ¿Que quedó del pogo barbárico que sacudió la vieja fábrica de Poblenou? ¿Se lo llevó la distrofia, la artrosis reumática, o la lumbalgia mal curada? Es evidente que 25 años son los que son, y nosotros eso, acomodados.
Pero es que aunque guarrotas ellas, las tocaron tan bien los jodíos. Que hicieron puede... de la actitud, profesionalidad. Eso que ahora se pide tanto y que no entiende de la pureza primitiva de 80's y 90's. Y que hacía que todo sonase en la memoria de otra manera: más real, directo, visceral y aferrado a unos tiempos en los que todo se vivía al límite. Uniendo las distintas razas del Punk y el Rock, en una misma familia de mil orígenes.


Consiguieron con el despegue y hasta la catorceava canción, engranar un temazo tras otro; porque siempre los han tenido. Sobretodo cuando William Reid se deja llevar por la cordura de su hermano y la banda, aunque anodina, suena tan engrasada como una máquina recién salida del taller. “Blues For a Gun”, “Teenage Lust”, “Cherry Came Too” de mi adorado Darklands, que casi me desmayo. Y luego te dejan caer como un mazazo “The Hardest Walk”, la canción que mejor conjuga el Rock&roll, la Velvet y todo lo que llegó después: Noise, Shoegaze y hasta el Britpop más nuevaolero.
Lástima que la falta de unas baquetas a la altura de Steve Monti echara por tierra con una penosa versión del “Reverence”, la fabulosa interpretación del “Some Candy Talking” y “Halway to Crazy”.

En fin, todo lo que cabe esperar de una banda de pasado turbulento, que no se encerraba en un estudio desde hace casi veinte años. Y que hacía otros tantos que no se decidía a hacer una gira con pies y cabeza, para postergar el magnífico legado musical que dio a casi tres generaciones.
De echo no son tantas las bandas que se deberían declarar patrimonio inmemorial de humanidad (musical) contemporánea, o alternativa: Pixies, REM, The Smiths, Sonic Youth y por supuesto The Jesus & Mary Chain. Alguna se me olvida, seguro, y podéis añadirla. Pero por favor, no os olvidéis de los hermanos Reid.

domingo, 16 de abril de 2017

WOODS_06/04/2017 (Sala Apolo)_MÁS MADERA!!




Ni me acordaba, juro y perjuro. Me levanté en un amanecer de humedad de turba, verdor y quebranta en medio del bosque, y poco más que tengo que hacer un seguimiento tenaz de lo ocurrido en los últimos días.
Ah!! sí!! ya casi medio recuerdo... Fue un jueves -he amanecido en Domingo de ramos, entiéndase- difícil o casi imposible tarea la de pasar las hojas del libro y volver al lugar de los hechos.

La banda cuarteto de Brooklyn nos pasó a ver el Jueves de la semana pasada; un poco antes de salir de procesión. Una visita ahora que por fin “With Like and With Love/2014” y el aun humeante “Love is Love/2017” parece haber premiado los doce años de carrera y la decena de discos.
Y no es por cantidad amigos, no. Es sencillamente porque de Woods, en tanto pasan las modas, tendencias y costumbres modernas, parecen no verse afectados por la corriente continua. Sus discos siempre suman, licencian y testimonian que lo suyo no solo es hacer música, cumplir y ya está. Cada uno aporta algo, te lleva de paseo por algún rincón todavía sin explorar; o por lo menos sí meterle mano de otra manera distinta. Y los cabrones se salen con la suya sabes?, es como el enterao que te explica el porqué de las cosas y por mucho asco que te de su sapiencia, al final, te ves asintiendo como un sumiso y predicando su dogma igual que un testigo de Jehová pasado de setas del amor.



Hace gracia ver que pese a ser una banda que siempre pasa del aprobado alto en sus discos. Sus conciertos siempre parecen no estar a la altura de su discos en cuanto a público; y para cuando un remix bailongo de alguno de sus temas. Ese día se hacen famosos del tirón.
Yo ya sabéis que siempre voy tarde, medio desatacado y despeinao. Soy ese amigo tontorrón y alucinado que siempre parece estar en la luna. Mismamente como Jeremy Earl, esa especie de chiquilicuatre que un buen día te propina un zas en toda la boca con su repertorio casi inacabable de juegos de cartas instrumentales; solo que con bastante menos talento.
Además el jodido parece haberse rodeado de las mejores compañías; las que tu madre quería: El asiático amable servicial y raro del barrio que toca el bajo como los ángeles. Ese chico elegante hasta dar rabia que siempre abre la puerta a tu madre y cede la tanda cuando el cajero es más torpe y que toca la batería con un groove diabólico. O ese otro tan guapo, salvaje y atractivo que sería capaz de tocar la guitarra y hacerte el amor sin descanso hasta el amanecer.


Todo cuadra amigos. Ahora mismo Woods están en una situación tan privilegiada, que si le pusieran más grasa y sofrito al asunto podrían estar tocando ante miles de personas un repertorio de más de hora y media; porque lo tienen y bien bueno. Sin embargo, no sé si porque los espabilados del Primavera Sound como promotores, hacen el mismo trato que mi amigo Herrero (matón de barrio). Pero a uno le queda un poco la cara de tonto al final del asunto: Esa rara sensación de haber vivido una noche de sexo desenfrenado, y ver que te dejan con un palmo de narices y hasta otra.
WOODS se marcaron un concierto de libro. Se centraron en su último disco y el maravilloso anterior; por este orden.
Arrancaron con “Love like a Glass”, extendieron la alfombra de hammonds sempiternos y se pusieron en marcha. A ratos vi a ese maldito demonio que me apuñalaba cual flato, y otras... Otras se me encendieron los ojos de amor suflé con ganas de morrearme con mi amigo de al lado; a él todo le era gloria y lo entiendo.

A mi sin embargo, aunque su clase y maestría a la hora de entenderse sobre el escenario, de tocar y pulsar el botón adecuado del momento casi mágico:
Politic of Free” y los crybabys saltarines de “Hollow Me” nos arrodillaron pidiendo ofrenda sin condición; y a mi me faltaba algo.


Sun City Creeps” llegó para abrirnos en canal las entrañas, pues esa mezcla de Reggea de libro, afrobeat y pscodelia entrelazada nos hace polvo a los que amamos y deseamos que los estilos bailen en una turmix sin reglas ni normas. Su último disco tiene esa gracia innata de tocar distintas teclas y quebrarlas como la gloria: lo altcountry, lo alucinógeno y lo mestizo. Pero, o falta alma y comunicación, o es el maestro de matemáticas incapaz de convencernos de la magia de la matemática en la vida.

Sus discos son tremendos y me atengo al espectacular “The Take” que nos ofrecieron. Faltaron las trompetas y alguno más que por los veintilargos euros que costó bien lo valía. A los que allí estábamos nos daba un poco igual, eso es cierto. La niña de los claveles nos bailó, y nos embobó cual prendaos sin facultad de reacción.
Todo encajaba y fluía porque en sus registros largos, enrevesados y espirales lucen igual de bien que en su versión más campestre. Saltaron los primeros ahullidos entre el público que ya es mucho. Como si alguno quisiera o le faltase más salvajismo, más comunicación entre el creador y sus acólitos; como lloro cada noche mis veinte años!!
Pero sigo creyendo con fiermeza por más que adoro sus discos y la dirección que toman, que a veces y en directo no acaban de homogeneizar su maravillosa libertad creativa, y sobretodo su perfección al ejecutarla.

Sheperd”, “New Light” y “Call in a Cup” juro que nos ablandaron igual que esa masa indeleble de nuestra madurez imparable.
Ver que sin saber bien si es el amor por los tonos dorados o el sol. O es el “agustamiento” natural de tu edad el que te los lleva a buscar el cielo y los ojos en blanco, con una de las escasas concesiones a su repertorio post_exKevin Morby, junto a “Be All Be Easy”.
Indiscutiblemente todo tan Jayhawks, Wilco y Big Star que no pude evitar morrearme con uno de los espectadores.
Al principio creí confundirlo con mi amigo perico David, pero al final lo cierto es que fue el amor reinante y el Ron con Cola que emanaba el mismo dulzor de la caña de azucaaaaaarr!!. Sí, para que disfrazarlo hombre.

Pero en fin, que quieren que les diga. Considero, afirmo, exijo y me reafirmo en mi creencia de que una banda con el bagaje, repertorio y maestría de Woods debería venir a este y cualquier otro país a dar el manotazo sobre la mesa. Y demostrar que lo grandes que son viene dado con un directo ambicioso, exigente y mastodóntico; su talento lo exige.
Dar y tomar esa hora y media de concierto que los Sadies superan sin apenas esfuerzo. Y hacer que el acabose con “Moving to the Left” y “Suffering the Season” nos consumiera de verdad.
Porque a ver, después de darnos almibar. No pueden concluir con el excelso subidón tan a lo Can de “With Light and With Love”, y dos bis y adiós. Hora y poco por 25 euros aproximados y la sensación de coitus interruptus.
Como hacer el amor, encender la luz, y descubrir que estas en la cama con Mariano Rajoy; que quieren que les diga. Mezcla de gusto y rabia. Un merchandaising sin discos ni cd's, y una camiseta más fea que el Fary comiendo limones. Y no se, esperar que algún día las bandas estén a la altura de sus canciones; las jefas a fin de cuentas.