La
primera vez que llegó a mis oídos una melodía de la banda de
Sheffield con 24 años recién cumplidos. Fue con “Babies”,
allá por el Verano de 1994 en un pub ya extinto en la parte alta del
barri de Gràcia; o lo que ahora es la Sala Continental:
Un
acogedor club que apenas duró dos años coronado por una coqueta
barra central y de ambiente tranquilo y muy british. Mucho antes de
que Gràcia fuera conquistada por el Asti de Nitsa, demasiado lejos
de la Sala Alfa y sin ese fervoroso ambiente alternativo modernete en
el que se convirtió años después con el boom del BritPop ido ya de
madre.
Contextualizando
aquel 1994 y para hacernos una idea. El Croked Rain de Pavement o el
Mellow Gold de Beck desembarcaban en una escena Britpopera comandada
por Oasis y Blur con objetivos infinitamente más masivos. Y con
Suede de resaca con su segundo álbum, Shed Seven , Echobelly,
Charlatans, Ride o el Lenny Valentino de Auteurs a otra cosa más
oscura y underground.
La
banda de Sheffield sin embargo, eran unos absolutos desconocidos pese
a llevar más de diez años dándose de cabeza con la industria y
totalmente desubicados estilísticamente.
Y
lo gracioso de la cosa, es que con el sonido americano tocando a la
puerta del Reino Unido y con el mismo perfectamente mercantilizado
para que dos de sus bandas hicieran bailar a to quisqui.
Llegaron unos losers del norte, sin apenas guitarras y un
sonido de sintes neutros donde predominaba la voz de un escuchimizado
frotman que parecía sacado de una peli de free cinema de los 60.
Y
lo más importante y vital:
Sin
parecerse un carajo a nada antes oído. Aunaban la elegancia del pop
de los 80, la sofisticación del tecnopop más AOR, y sin embargo la
naturalidad de unos chavales de la periferia.
Resumiendo,
un glamour marginal de saldo que evidentemente se meaba en la cara de
todos los niños guais a los que sus padres financiaban para
comprarse ropa en Londres.
Sin
apenas tiempo para asimilar esa anomalía y abrazándolos con
vehemencia como la única salvación para pobres de espíritu y
bichos raros achacados de timidez crónica. En cuestión de un año
los teníamos ante nuestros morros subidos sobre el escenario de
Zeleste (Razzmatazz) con Different Class bajo el brazo con apenas un
mes de vida y… Ahora sí:
Ver
a Jarvis Coker sobre el escenario por aquel entonces, era lo más
cercano a contemplar una mezcla de Ian Curtis, Raphael y Bambino
sobrado de glamour y sexo químicamente puro. De la misma manera que
en 2002 su fulgurante ascenso fue sacrificado en la segunda edición
del Primavera Sound con el consabido despido de Island Records y su
incomprendido This is Hardcore del 98.
Pasaron
los años, Jarvis Coker hizo de paliativo con Relaxed Muscle y un puñado
de discos en solitario; nada sería lo mismo. Y… ¡tachán!
Nueve
años después, cuando ya nadie recordaba ni por asomo lo que era ver
sobre un escenario a una banda como Pulp. Con esa idea de hacer
bandera de lo mísero y reluciente del orgullo de la clase
trabajadora. Esa arrogancia de quien normaliza la fama, el éxito y
el fracaso como un proceso para no sucumbir en esto a lo que llamamos
“el tránsito de la vida con sus desaires, pero con dignidad”.
Convirtió su vuelta a la actividad en el mejor altavoz para el
movimiento de acampados que poblaron las plazas aquel 2011, a la par
de uno de los directos más maravillosos y emocionantes que un
servidor pudiera ver casi veinte años después.
Esta
resumida historia de aproximadamente 30 años, donde nuestra fogosa
juventud plagada de desengaños, apósitos y la consiguiente
culminación de la tan mitificada madurez, nos acaba enfrentando a
More; el disco que viene a ponernos en su sitio, pese a
que nuestro dicharachero envase juvenil sea incapaz disimular nuestro
declive físico.
Porque…
Está muy bien conservar con vehemencia nuestras ganas de tardeo de
miradas vidriosas, la actualización del sofware a base de conocernos
al dedillo cada banda nueva en medio de amagos de pogo, o lo mucho
que hemos aprendido a cuidarnos con dietas, gym, potingues para el
pelo y la cara, y el mínimo criterio para gestionar emocionalmente
lo bueno de lo malo.
Pero…
¿Realmente nuestras ganas de revivir aquellos años justifica el
considerar a More un simple, regreso digno? ¡Parfavar!
Con
el mérito que tiene retomar una carrera 25 años después como si
nada hubiera pasado, y con la reciente pérdida del bajista más
discreto y guapo del indie británico por el camino.
Pulp,
o lo que es lo mismo, Jarvis Coker tirando de una Candida Doyle con
las manos destrozadas por la artrosis, recuperando a Mark Webber
alejado de la música y el fan más literal de la banda, o a Nick
Banks, su baterista, rescatándolo de su taller de alfarería
familiar. Nos regala ese tipo de regresos perfectos para mirarnos
hacia dentro sin reproches ni compasión, sino con la sabiduría que
te otorga la edad para coger distancia y abrir espacios.
MORE
no es un disco de himnos no, pero es un magnífico test para poner a
prueba nuestra sensibilidad musical adquirida en estos años; que
tampoco digo aunque se me antoja complicado, que consiga que la
chavalada haga con él un curso avanzado.
Pero
aunque todavía no hayas caído en la cuenta de lo a medida que están
hechos para nosotros, discos como “If a Ruled the World” de Tony
Bennet, los de The Walker Brothers, o el Northern Soul más
estilizado; sin por ello tener que renunciar a un revolcón en mitad
de la pista. En More, las canciones parecen estar hechas a la medida
de lo que toda la vida ha deseado Jarvis:
Hacer
un disco de meticulosos arreglos, orquestaciones con el tacto de
antaño, y un pulso donde la sección rítmica no deja de recordarte
que todo eso también se puede bailar.
Evidentemente
aquí ya no se habla tanto de amores fallidos aunque se aborde en
“Tina”, o de el padecer de no saber relacionarte
con la gente. Aunque acierta de pleno en la yuxtaposición del
desaliento de las pérdidas y la madurez, con un mensaje de júbilo
totalmente vigente en el tiempo global con el que nos toca lidiar,
seas de la edad y condición que seas.
Puedo
entender que para la mayoría, en la que yo me incluyo, crea que
“Spike Island” es un señuelo para la encerrona de
rebosante nostalgia en la que se acaba convirtiendo More. “Tina”
tampoco ayuda a que hagamos limpieza de esa crisis amorosa por la que
todo cincuentón ha pasado. Y “Grown Up” a la que
otorgo esa condición de descarte rebautizado, acicalado y pa’lante
no corrija esa sensación.
Pero
vale la pena superar esos escollos para llegar a “Slow Jam”
y reconocer a Jarvis como un perfecto narrador de nuestro tiempo
junto a Dan Bejar de Destroyer.
A
partir de ahí More aparece tal como es: Un ejercicio nostálgico
curativo que se apoya en instrumentaciones destinadas a engancharte
tal y como les das oportunidades; y en esta época del año más aún.
Detente
un instante en “Farmers Market” y verás; para mí
uno de las grandes paradas del disco.
La
misteriosa “My Sex” ahonda en lo figurativo a ritmo
de soul teatral y es un perfecto paso previo para desarrollarlo más
en “Got to Have Love”; un canto a la liberación.
Pero reitero por enésima vez lo agusto que me encuentro retozando en
“Background Noise” ya sea por simetría emocional o
por despecho inconformista; y ya no digamos porque me es de henchir
el pecho hasta hacer apnea.
Hacia
el final del disco por mucho que creamos de un principio que estas
baladas son como un bosque de maleza sin salida que desesperan.
Sinceramente, para mi son como uno de esos paisajes que ilustran la
portada, difíciles de abarcar.
Los
arreglos de orquesta de “The Hymn of the North” son
como esos vinos viejos que necesitan espacio, y ese tiempo robado que
intentas retener en un puño. O un “Partial Eclipse”
deudor del Falling de Julee Cruise. Para acabar con “Sunset”,
donde se resume la idea de que por mucho que la vida te maltrate, te
vapulee y deje mal herido tu corazón, merece la pena sonreír de
medio lado y seguir adelante.
Porque…
familia. Pese a que cuanto más avances y más recuerdos dejes atrás
(felices, tristes, dolorosos, divertidos o absurdos) más cabrona es
la nostalgia, pese a que recurrimos a ella como un placer masoquista.
Para
acompañar y finalizar este momentáneo ataque de lujuriosa ñoñez.
No nos íbamos a despedir sin un líquido elixir para acompañar a
semejante maridaje de sentimientos encontrados.
Y
no va a ser otro que este mítico MAS D’EN COMPTE del 2007
que mi inestimable amigo Carlos González tubo a bien
compartir la primavera del 2025 en un encuentro de pastores
descarriados en Lleida.
Un
vino blanco de añada irrepetible de la que -no se esfuercen- no van
a encontrar botellas; de eso ya se encargan los tesoreros del amor.
Pero que todavía se pueden encontrar de la 2012 a un precio que
merece muy mucho pagar (20 pavos).
Y
es que este vino de Granatxa50, Picapoll25 y Xarel.lo (Cartoixà)25
(ya ven que es un cupage poco prioratino), tiene el irrisorio precio
de 15 euros añada en curso 2021.
Otra
cosa es que tengáis la santa paciencia por ahorraros cinco euros y
esperar 15 años; no perdáis la oportunidad de pillar, ya sea en
bodega o en tienda.
Una
bestia parda de estoicismo al nivel de los grandes Tondonia blancos y
a buen seguro el que más placer proporciona por su incalculable
valor y accesible precio.
Un
vino con un recorrido según se abre la botella, como para servir
tres copas y dejar media botella atemperarse una hora y pico más.
Porque cuanto más tiempo le das, más complejo y agradecido se
muestra.
Aquí
no hay reducciones que valgan sino profundidad y longitud eterna en
boca. Lo puedes maridar con lo que te salga del pijo pero sería para
ostiarte si no lo haces sin alimento alguno mientras te devoras la
discografía de Chet Baker; tranqui, te da tiempo, no lo vas a querer
acabar nunca.
En
nariz lo que ves: Orejones, frutos secos muy sutiles, piña
caramelizada, mineralidad que balancea, y un fondo ahumado muy sutil.
En
boca es envolvente rematando con una acidez inmortal. Y en ese
tránsito de plenitud y sellado largo con la acidez para que no te
canses:
Tostados
acompañados de mineralidad con un retronasal de escándalo, lo que
hace que nariz y boca sean un conjunto que dan placer en bucle.
*Efectos
secundarios: Es probable que entre sorbo y sorbo se te escape un
gemido y que mires a tu acompañante (sea del genero que sea o no
binario) con esa mirada vidriosa de puro éxtasis.
Pero
no os preocupéis, si de allí sale un romance, te parten la cara, o
desemboca en una orgía, habrá valido la pena.
Llevo
con mucho orgullo una camiseta negra con el lema: Aleluya las
Colinas. Que pedí que me enviaran desde Boston en el año 2016;
cuando publicaron “A Band Is Something To Figure Out”. Un
disco que algunos definieron como:
Criminalmente
infravalorado, de letras impactantes, himnos para levantar el puño,
o la música más inteligente que jamás escucharás mientras brindas
con una cerveza; en mi caso, con vino.
Los
veinte años de trayectoria de esta comuna musical capitaneada por el
inquieto Ryan H. Walsh (*ex The Stairs), si por algo se
pueden definir. Es porque jamás han dado el paso esperado por la
industria musical al uso, ni siquiera cumpliendo con los estrictos
tempos que a veces de manera inconsciente exigen sus seguidores.
Manteniendo intacta su imaginativa y congregadora filosofía para
generar himnos, y del mismo modo poner en valor algo tan obvio como
adulterado por desgracia a día de hoy, como es sostener lo justo y
lo humano de una vida anónima en armonía.
Así
pues, su mastodóntico nuevo quíntuple disco ideado como una baraja
de cartas, comodín trasteable y totalmente open source
incluido.
Con
54 canciones a las que el sexteto invita a combinar entre si. Como
si un juego de mágico azar se tratase y donde Juan Tamariz -las
hadas lo tengan en su gloria- ejercería de idóneo maestro de
ceremonias por supuesto.
Ha
precisado de mi merecida atención tras un año casi de recogimiento,
abandono y lenta digestión. Porque, os voy a confesar, estoy un poco
harto ya de la inercia bulímica a las que nos somete esta ansiosa
sobreinformación más vacía que sustanciosa.
Teniendo
en cuenta que son 635 millones de combinaciones las que pueden
resultar, si las matemáticas no se equivocan al elegir 13 cartas de
una baraja y crear una lista de reproducción con las canciones de la
baraja que se corresponden a esas cartas al azar. Podríamos decir
sin temor alguno, que es como querer aprender a nadar o tocar la
guitarra con 56 años (levanto la mano); imposible no pero laborioso
un montón, pese a que no seré yo el amigo corta rollos que enumera
las obligaciones en pleno éxtasis festivo.
Si
no el que os invite a desoír cualquier deserción de quimeras o
despojarte de los grilletes del tiempo. Sentarte y cruzar las piernas
como aquel niño que agarraba un relato y volaba sin moverse del
sitio.
Mi
ejemplo propio es de el que se a parado durante más de un año para
volverse como un calcetín con las costuras y agujeros al
descubierto. Y el mismo que me ha servido para paladear, relamiéndome
con semejante ejercicio suicida. Al tiempo que descorcho una botella
de 3+4 de Victoria Torres Pecis del 2018 en la terraza de mi
apartamento de Puerto de la Cruz, para deslizarme por el efecto
profundo que han provocado en la botella, los ocho años sobre este
Listán Blaco con Malvasía volcánica de La Palma mientras se me
saltan las lágrimas.
Y
ver como se sincronizan igual que la mezcla perfecta del mítico Dj
de los 80, música y líquido en plena coral de “Burn this
Atlas Down”. Al hilo de quemar los mapas y rehacer desde
cero la cartografía espiritual del que renuncia a las fronteros para
fluir con el mundo. O poner frente a un espejo las obligaciones del
amor y la vida que va a toda velocidad gritando exhaustos “Alone
in Love”; una de las grandes piezas de esta colección de
salvavidas.
Se
me acentúa la salivación y acelera el corazón con rítmicas
taquicardias cuando emerge la acidez del maracuyá por los torcidos
hilos de la retama, la mineralidad volcánica, y ese ligero velo flor
de oxidación contenida.
La
carga de profundidad que va directamente a la cúpula del final del
paladar para acomodarse ahí y exigir más tragos.
Y
una absoluta y rotunda luz en forma de vino que despeja la calima y
nubarrones que descienden desde el Teide.
En
cada uno de estos volúmenes de esta enciclopedia sonora, podemos
percibir varios estados: Euforia, esperanza, sosegada calma, o
melancolía. Que van desde el indierock más enérgico, hasta el folk
de genuina road movie. Donde además, por el camino se van
recogiendo autoestopistas para que la familia sea aun más numerosa;
Ezra
Furman, Cassie Berman(Silver Jews), Lydia Loveless,
Tanya Donelly, Titus Andronicus, Kiwi Jr., Devin Davis, Sad13(Speedy
Ortiz), Craig Finn(The Old Steady), Clint
Conley(Mission of Burma), Bong Wish aka
Marlan Saleh(Fat Creeps), John Vanderslice.
“Rebuilding
Year (año de reconstrucción)” con Ezra Furman
desnudándose ante una exposición de sincera ruptura. Podría
seguramente ser la mía propia, aunque las reconstrucciones acaben
siendo las eternas obras inacabadas que dejan los puntales vistos
para colgar cada tarde la chaqueta al regresar del trabajo.
Esa
preciosidad de “Old Feelings, New England” donde la
diablilla Tanya cuela sus voces para acompañarnos de vuelta a casa
en el coche.
Incluso
la taquicárdica “I Did my Own Stunts” que emerge
entre salmos de espadas como una alegoría de Grahan Coxon o de Blur.
Pero
para ser sincero, si me tuviera que inclinar hacia alguna. Lo haría
por la loca “The Feeling is Mine” de Bong Wish y
esa herencia llamada Hazy Road del 2023. De la que todavía guardo
medallas y cuentas en el bolsillo para manosearlas cuando la vida se
tuerce.
Así
que no teman a los caminos largos con semejantes acompañamientos,
porque lo que nos resta se me antoja duro, y espero equivocarme.
Alguien
me dijo un día que su ilusión era una vida fácil y sencilla. Otro
lo escuchó y convirtió en un eslogan, incluso en un modelo de
posible negocio. Pero me parece que lo fácil dejó de interesarme.
Me quedo con lo que me hace reír sin esperármelo, y con el esfuerzo
natural o adquirido de quien observa desde la esquina más alta y
oculta de una estancia grande como un estadio.
Como
aquel amigo de primaria, que un día de primigenia farra lo dimos por
desaparecido en pleno berrinche por Platja D’Aro a grito de: -Paso
de vosotros y cojo la cuatro y me piro pa casa!!
(*La Cuatro era un autobús de línea periférica de barriada que en
los años 80 circulaba por Badalona) y, desde luego, no llegaba a
Platja D’Aro; a 95Kms
de distancia.
A
este muchacho del que voy a omitir el nombre por respeto. No lo volví
a ver hasta 20 años después atendiendo la cafetería del Hospital
de Can Ruti Trias i Pujol y… Claro, no se si no me conoció, seguía
sin hablarme por lo que sea, o se extravió y lo secuestraron los
mismos italianos que nos levantaban las churris. Y
se quedó a vivir allí como soldado de fortuna.
Dirán
también, el poco sentido de hablar de cosas del 2025 cuando estamos
más que avanzados a la mitad del 2026. Con estos textos que se
escribieron por el allá lejano Enero y que, tal y como ha ido
avanzando este frenético y asfixiante año. La
desconexión voluntaria me ha hecho reflexionar sobre esta extraña
patología de manifestar a toda velocidad sobre lo destacable de una
año antes de que este acabe. Y acto seguido, esperar con ansia todo
lo que nos depara el siguiente, haciendo borrón y cuenta nueva de lo
pasado.
Y
digo yo que, con el mismo sinsentido que es enterrar cualquier
posibilidad de imaginativa narrativa al cambiar un dígito; como si
el ser humano solo viviera del estimulo de la novedad o cambio del
envoltorio. Sin
caer en la cuenta de que estamos cronificando una enfermedad que
algún día diagnosticaremos como:
Ansiedad latente por el placer
inmediato de satisfacer a un ente de presión invisible, pero
claramente presente (seguidores, amigos/as, corrientes lúdicas, el
yo de la exigencia…)
A saber.
Igual
ya iría siendo hora de no seguirle el juego a este funesto sistema
de recompensas al que nos ha avocado la telefonía móvil y las redes
sociales con su maquiavélico scroll en un pacto secreto del
que, a todas luces será el fin total y absoluto de nuestra inventiva
creativa.
Y luego diréis que no lo avisé.
Así
que sin más rollos, yo, intentaré volver a lo que fue el embrión de esta
bitácora que no es otra que:
Escribir
sobre lo que no interesa a nadie, publicar sin plazos de entrega,
disfrutar, y como no.
SALUDOS,
QUE ESTOY DE VACACIONES!!
Sin
olvidar dar las gracias a Txarls, Anna(Fenix), Julia, que sin
pretenderlo a buen seguro, me han ayudado a desfibrilarme del horror
del “quedar bien para que el tumulto me absuelva”
30:
PINOCHO DETECTIVE_La Desilusión Intacta
Entre
el catastrofismo emocional, la ironía escapista y la melancolía
romántica más popera. El Sevillano Fran Pedrosa (All La Glory,
Chencho Fernández, El General Invierno, Nacho Camino y alguno más
que me dejo como músico de sesión), nos entrega un sexto álbum
repleto de unos arreglos y guarnición instrumental exquisita.
Digamos,
que bien podría ser el remedio perfecto para curar el mal de amores
y el síndrome Tristón de Leoncio a base de troncharse con la
elegancia y glamur de Germán Coppini de lo funesto de la vida con un
¡JÁ! a lo Albert Espinosa.
29:
BAMBARA_Birthmarks
Es
muy posible que el aparcar su retranque dependencia hacia Nick Cave
de anteriores discos; con un sonido bastante más neutro y
convencional en lo que al PostPunk literario se refiere. Lo que para
algunos es una pérdida de identidad, para mí sin embargo ha sido
(con algún que otro forcejeo y desconfianza, lo admito), una
revelación.
Porque,
la verdad, son escasas las bandas que se la jueguen ideando una
historia o trama en torno a un disco, sin correr el riesgo de parecer
pretenciosos.
A
los neoyorkinos, no solo me los creo, sino que además me siguen
pareciendo cálidos y extremadamente sugerentes.
28:
MOLLY MONO_Until the Sun Goes Down
Te
juro y perjuro que jamás dirías al escuchar las tres primeras
canciones de las 14 que contiene este artefacto autoproducido, lo han
parido cinco mendas de Gaz, Austria. Y no una de esas bandas con
camisas a cuadros, pantakas
holgados y zapatillas raídas de cualquier rincón de los estados
juntados de las americas.
Que
te suenen a Pavement, Beulah, o a algún primo descarriado del sello
Elephant 6 igual es fruto de algún alucinógeno mío mal prescrito.
La cosa es que el disco tiene un gancho indierock de guitarras
socarronas, que no desfallece ni un solo instante y eso ya es muy
mucho en los tiempos purriacas
que nos toca vivir.
27:
NEIL BROGAN_Neil Brogan Band
Se
acuerdan de aquella banda de Belfast llamada Sea Pinks que sacó
discos como churros mangoteros del 2010 al 2020. Con otras tantas
ristras de canciones rollo janglepop sin bajar del notable alto, como
quien se peta barrillos de la nariz (sí, así, compulsivamente).
Pues
su frontman y cantante Neil Brogan ha seguido la linde con más o
menos el mismo resultado: Jangle Pop igual un pelín más crudo, pero
tanto o más infalible.
Ya
tardas, que buscao
está.
26:
EZEZEZ_Kabakriba
Puntofinal
arranca con un bajo demoledor de aquellos que como cuando se te
enganchaban los cordones de las zapatillas en la cadena de la bici
cuesta abajo. Solo queda apretar el manillar y dejarte llevar. Y si
te piensas que lo de estos Bilbainos es algo que se parezca a
cualquier proyecto en euskera, vas pintao.
¿New
Wave americana con Txapela? O va a ser una Nueva Ola venida ya no a
reivindicar la de los lejanos 70’s/80’s si no a renovarla desde
el contexto actual y local.
Me
fio más de lo segundo además de que creo que es necesario y
positivo saber que la mayoría de estas jóvenes bandas, pocos
referentes tienen del pasado con sus respectivas etiquetas.
25:
PREOCCUPATIONS_III At Ease
El
cuarteto de Calgary cuando arrancaron en el 2012 bajo el nombre de
Viet Cong, venidos a sacudir las mierdas sociales a base de PostPunk
oscuro y asfixiante. Pasan del coqueteo con los sintes, a infiltrarse
deliberadamente y con nocturnidad, en el aparente (solo
aparentemente) hedonismo sinthpop.
Eso
sí, con la misma mala baba, solo que con una elegancia y estilismo
que hace incluso más daño en su discurso contestatario. Para que la
distraída plebe se contonee a ritmo de Pop, mientras te cagas en el
negacionismo sectario, fascismo, y chamanismo de marca blanca.
24:
PLACEMENT_Insect
El
debut de esta banda de Adelaida (Australia) es una de las anomalías
que más me ha “entretenido” este pasado verano.
Su
indierock temerario de marcada lírica literaria se maneja sin
problemas y con pasmosa soltura entre ecos a Sonic Youth, Patti Smith
o la impronta noventera de Subpop. Siempre afilados y
contorsionistas, con un sentido del tempo entre el sosiego, el
delirio y ese contraste premeditado que mantiene la tensión
constante.
Una
de las joyitas más particulares del año.
23: PALE BLUE EYES_New PLace
Tras
cinco años de infructuosa e intermitente carrera marcada por la
pandemia. Podría afirmar por fin y con rotundidad, que “New
Place”
es de las pocas cosas junto a los años lustrosos de Beach House y
con Cocteau Twins como referente ineludible. 100% DreamPop sin
repencharnos en… Que si Shoegaze, que si sinthpop, que la abuela
fuma y lo meto todo en el mismo saco y chimpún.
Que
sea ciento por ciento DreamPop no es malo en absoluto, al contrario.
Es como hacer un vino monovariental y ser capaz de resaltar infinidad
de atributos que otros necesitan mezclando mil leches (que tampoco
malo). Pero a mi es que me ilusiona que una cosa suene con concreción
y sin miedo, siendo tan orgánica, milimétrica y ambiental como con
entidad propia.
22:
JETSTREAM PONY_Bowebirds and Blue Things
Odio
no sabéis cómo, la coletilla de superbanda pero sí, la cosa esa de
quien tuvo retuvo. Y no es moco de pavo que el bataca original de
Wedding Present, la cantante de Aberdeen y los últimos Trembling
Blue Stars, más otros menos conocidos pero también ya veteranos en
la escena Sarah Records, TweePop, Shelfifle (Turbocat,The Dentists).
El
resultado sería como meter en una batidora a Boyracer, Talulah Gosh
y Field Mice. Con un pop de guitarras demoledor a la par que con la
sustancia de un buen xup xup como resultado.
Un
disco donde se aprovecha todo y no cansa en absoluto.
21:GREEN!EYES_Stigma
No
os vais a creer cuando os diga que este misterioso proyecto viene de
Taiwan al escuchar Stigma.
Un trabajo que se cocinó en 2024 pero que no ha sido hasta este año,
cuando ha llegado a los canales de difusión convencionales.
Y
donde el multi instrumentista Yuchain Wang acompañado por una
sección de cuerda, vientos y voces. Se saca debajo de la capa, un
disco tan emotivo, delicado y rico en texturas como para emparentarlo
a Sigur Ros o a los Radiohead más pausados, sin que nos tiemble la
mano o avergüence tal atrevimiento.
Un
discazo de largo recorrido y emotividad fondista donde pop, jazz,
experimentación y electrónica, conviven sin inmutarse.
20:
MARUJA_Pain to Power
Su
irrupción hace apenas un año con un par o tres de Ep’s como carta
de presentación en una gira relámpago, fue de aquellas que pilló a
la mayoría con el culo al aire.
Allí
dejaron claro que su incendiario y visceral directo son de los que
refuerzan su sonido de postpunk experimental con su catártico saxo
como estilete.
Así
que su esperadísimo Lp de debut, aunque más coherente en conjunto y
con su efecto indomable un pelín más convencional. No deja de ser
de ese tipo de trabajos que no deja indiferentes por esa parte de
riesgo emocional al servicio de la música, tan necesarios en los
tiempos de sedación que nos toca vivir actualmente.
19:
WATER FROM YOUR EYES_I’ts a Beautiful Place
Que
en su séptimo trabajo, los neoyorkinos consigan dar una cohesión
absoluta a un cocktail musical tan inverosímil como el de mezclar:
Shoegaze, experimentación, pista de baile, noisepop, pop,
indietrónica, postrock… (y, seguramente algo más podríais
incorporar), es de un mérito incontestable.
Que
lo hagan deconstruyendo etiquetas y diseminando su impronta. Para que
el disco suene con una entidad propia tan divertida como flipada. Aún
le da más mérito, porque ciertamente el disco es además cojonudo.
#muy
Orinelles la
cosa.
18:
SNAPPLED ANCKLES_Hard Times Furius Dancing
El
título del nuevo artefacto de estos londinenses no puede ser más
explícito y pragmático en cuanto a la utilidad a la hora de eludir
el catastrofismo emocional. ¿Cómo? Bebiendo del Breakbeat, house y
tecno del de antes y del que molaba.
Sí,
sí, de ese que nos hacía bailar fueses de la tribu que fueses.
Porque a ver, íbamos a bailar y para eso Leftfield, Underworld,
Orbital, Faithless no fallaban.
Estos
tres pavos, además y aunque lo dudéis. No han hecho un mero disco
tributo remember, si no que el disco es bueno de principio a fin y
demuestra que ahora se refríe más de lo rancios que creáis que
puedan sonar los molantes sonidos de aquellos tiempos sin necesidad
de reestilizarlos.
Además,
una banda que llame a gritos a un tal Raúl y lo convierta en jit, y
que titule una canción “Where’s
the Caganer
(en donde está el caganer)” merece todos mis respetos ¿vale?
17:
ALABASTER DEPLUME_A Blade Because a Blade is Whole
Angus
Fairbain es parte de la razón del texto de mi anterior entrada. Solo
que a veces, explicar la parte etérea y maleable de la música, es
indescifrable si se intenta exponer sin caer en la aparente ñoñería.
Por lo tanto todo pasa por escucharlo.
Mejor
escucharlo desde el corazón o las tripas indistintamente, pero no
intentarlo etiquetar sin antes haber viajado con la imaginación.
Free
Jazz, Avantgarde, world music, o simplemente folklore sin ataduras.
Pero seguramente en las minúsculas cavidades de todas esas
etiquetas, esté el poemario sonoro de este caballero. Donde
experimentarlo y disfrutarlo es indistinto, y yo lo hago a menudo
mientras cocino rico con una copa de vino.
16:
MONONE ALONE_Here Comes the Afternoom
Algunos
de los recuerdos vaporosos prepandemia que se quedaron por siempre
ahí flotando, fueron por ejemplo la visita del bajista de The
Lucksmiths y su nuevo proyecto en un cubículo de Hospitalet ante
cuatro gatos y los dos vinilos que me agencié.
Así
que volver a entrar a un estudio con la banda que lo acompaña y
comprobar que “He
Comes the Afternoon”
es como un glosario de las más jugosas referencias del mejor indie
anglosajón: Mucho Cherry Red, Primal Scream primerizos, Comet Gain,
Ladybug Transistor, Happy Mondays, The Clean y hasta The Cure en
clave de luz crisol multicolor. Es una de las noticias buenas buenas
de este pasado 2025.
Un
disco que me pone de buen humor.
15:
BAXTER DURY_Albarone
Sin
perder el hilo del hedonismo más absoluto, lo nuevo de Baxter Dury
casaría con lo de los Monone a la perfección, en un paso más hacia
el salto definitivo a la pista de algún club secreto de los 70.
Y
en serio, apuesto que más de un@ al escucharlo. Igual imaginaria a
Jarvis Cocker arrebatándole el micro a hostias y soñando el nuevo
disco de Pulp en nuestros sueños colectivos más húmedos.
Pero
no, Baxter aparte de tener una hostia bien dada en algún que otro
momento, es un tipo listo. Y se ha sacado de la manga uno de esos
discos como para darle la vuelta al jamón y aprovechar hasta los
huesos si lo que te pide el cuerpo es bailar a ritmo de Soul
electrónico setentero.
14:
BENJAMIN BOOKER_Lower
Doce
años que ahí es nada, son los que han pasado desde aquí el menda
alucinara con su disco homónimo de debut. Y nueve, que tampoco es
moco de pavo, de un Witness que no me acabó de atrapar.
Y
en esta panzada de años parece que el mozo de New Orleans en una
maniobra tan inteligente como funcional. Ha encontrado su nicho
creativo y experimental, en una especie de filtro Triphopero
donde el perfil bajo de su terrosa voz se amalgama con pasmosos
resultados bajo el sinfín de capas, texturas y evocaciones.
Como
si el difunto Richard Swift hubiera tomado posesión de su cuerpo.
Lower, es un disco de tremendo potencial expresivo cuanto más se
escucha y ahonda. Y un valiente paso hacia paisajes sonoros que se
balancean entre la luz y la oscuridad con resultados hermosos y
extrañamente cautivadores.
13:
DHARMACIDE_Thouger Than the Rest
Estoy
convencido que si el sello sevillano Green Ufos siguiera en activo
como antaño, la banda madrileña Dharmacide formaría parte de su
exquisito catálogo.
Y
lo digo porque me es imposible abstraerme al escuchar su tema de
arranque “Lonely”
sin caer en referencias hacia Piano Magic, Y de ahí en adelante,
situarlos en esa ambigua esfera en la que tirar de Shoegaze es el
recurso fácil cuando su sugerente oscuridad va y viene en las
costuras de infinidad de referentes, sin saber con exactitud donde
situarlos.
Quizás
sea esta la principal virtud de un disco que explora en sonoridades
no demasiado explotadas en el panorama nacional. Y que juega como el
gato y el ratón con la misma duda, que David Lynch tejió con la
música de Twin Peaks. Acabando por tejer un universo genuinamente
personal.
12:
WHITNEY K_Bubble
El
canadiense Kooner Whitney debuta con la grande Fire Records en su
tercer largo. Donde por más vueltas que queramos darle o nombres
ponerle a esto de elaborar cosas con lo justito. Y que, tanto en su
sencillez como en su acierto de ir al grano del asunto, acabe
naciendo una maravillosa obra que derrumba tanto por la
calidad/calidez de su sonido, como el cariño de su ejecución.
Si
además no te molesta la alargada sombra de Lou Reed, no le des más
vueltas. O sí, a su disco.
11:LEGSS_Unreal
Seguro
que no me creeréis si os digo que el debut que más ansiaba del
2025, era el de estos jóvenes londinenses.
Unos
tipos que se apartaron del redil cuando todo lo que se publicaba en
las islas en 2020_ME_
aburría soberanamente. Apenas ellos, Sports Team y Home Counties
parecían reverdecer lo que ahora ya está más poblado con Formal
Sppedwear, Wetside Cowboy, Maruja o Caesars of Cymatic (por citar 4
cosas que me parecen interesantes).
Y
que pienso en esta vuelta de tuerca que, aunque sin inventar nada
nuevo, reclaman algo más que un mero lavado de cara a ecos del
pasado. Con esa pizca de ingenio impulsado por el zumbido de la
asquerosa realidad.
Su
música bascula entre la oscuridad, el desaliento y esa patada
voladora de Cantoná a base de un retorcido estilo de retórica y
hermosura grotesca. A caballo de sonidos, donde los angostos
recovecos pueden perfectamente acabar siendo estallidos de júbilo y
lúcido preciosismo. O simplemente una exploración sin un destino
aparente al que algunos definen como Art Rock. Así de simple, o no,
pero muy ambicioso y sustancioso si no te pones límites, desde
luego.
10:
L.A WITCH_Doggod
El
tercer artefacto de este trío de angelinas con Sade Sanchez , Irita
Pai y Lauren Andino de D.L Skateboards, como las perpetradoras
pertrechadoras de estas tonadillas navajeras sin desperdicio alguno.
Puede, incluso aseguro mano
a borsa,
que es de lo más inquietante a la par de hermosamente primario, que
ha retozado en mis dos orejas en 2025.
Como
si no fueran suficientes sus primeros escarceos por el garaje árido.
En este Doggod, hay un inconfundible tono de guitarras entre lo
exótico y espiritual junto a un bajo sordo y una bataca berduga. A
los que bien podríamos subirnos crines en mano para galopar en las
formas que puede adoptar el tan manoseado término “psicodélico”.
Un
disco eso sí, atemporal que conecta con un sinfín de bandas parias
a las que jamás supo la prensa, ubicar y domesticar (Life Without
Buildings, Desert Hearts, Heliogabale…) ¿pasará lo mismo con
estos tres primores?