domingo, 1 de julio de 2018

COSAS QUE PERDÍ EN BARBARASTRO Y ENCONTRÉ BAJO UNA COLCHA: SAY SUE ME_WHERE WE WERE TOGETHER & IT’S JUST A SHORT WALK!_2018





Regresar a sitios donde has estado hace mucho mucho tiempo. Tiene de añoranza tanto como de recuerdos que más o menos ilustran como paisajes, pesares, dolores dulces y momentos tan precisos, que hasta pavor dan:
Ver la rivera del rio Vero nevada por las semillas de los Chopos que lo franquean en Primavera. Un texto de Astor Piazzola que escribí, mientras desde la ventana miraba el gélido invierno. Y hasta la capitulación de mi padre con ese dolor de las pérdidas allí grabado, en la ruta tiralíneas de Lleida a Barbarastro.


Todo esto no es que compense ni mucho menos. Tan solo se aparecen igual que fantasmas; con la poca escapatoria de acogerlos como el rastro de los años que pasaron.
Intentas inventariar esa fecha, tu edad, que hacías por entonces. Y así intentar averiguar que sucede para que de repente todo se construya ante ti; justo cuando ya lo habías olvidado. Pero descubres que solo recuerdas aquello que te conmueve.

Saludas a esa señora mayor madre a la que le tiembla el pulso para activar la tarjeta de la habitación del Hostal. Preguntas por su joven hija que ya tiene a sus hijos criados, por su marido que murió. Y sin saber porqué, cada diapositiva, estampa y calle, suena a “Let it Begin”; atrapándote la melancolía desde el estómago hasta el espinazo.



Hay músicas que de igual manera. Sin saber ni preguntarte demasiado porqué. Emergen de la nada actual para recordarte el calostro que te amamantó de la misma manera que descubriste la electricidad al meter el tornillo suelto del sofá en el enchufe.
Ese escalofrío de POP sorbete que sin más, te hace chiquillo de riffs y versos inocentes.
Te volverías a enamorar de la primera que pasa. Confesarías tus más oscuros secretos con un Royal Crown compartido. Y seguro que te volverías a masturbar con tu vecino del segundo, para ver de nuevo que se siente al descubrirse.

Es esa magia musical que sin venir demasiado a cuento, rompe con la monotonía de lo predecible cuando miras debajo del somier.
Y te vuelves a asomar a la ventana apurando el último pitillo de la noche con ese Tilo gigante embriagador, el rumor del rio y el campanario de la Catedral de Santa María de la Asunción. Para que SAY SUE ME haga de cómplice.
Sabes sin temor a equivocarte. Que esta será otra estampa de nuevo eviterna.

El joven cuarteto surcoreano a conseguido con su segundo y más reciente Lp, lo que no ha logrado toda anglosajonia en los últimos 10 años: Volver a santiguarnos de sorpresa como quien vuelve a sentir ese cosquilleo de juventud.
No porque (que en parte sí), te rememoren una colección de tonadillas que se adaptan a tus edades más míticas. También y con sonoridad porque han publicado un disco donde hay casi de todo, en su sitio, y grabado/tocado como los ángeles:
Canciones redondas que arañan en el clímax por pura sensibilidad; y ya. Tan buenas, como para olvidar que la diana Pop aun pareciendo fácil y siempre subestimada. Pocas veces consigue que lo espontáneo suceda y engrane sin más.
WHERE WE WERE TOGETHER además, bebe mucho de un Pop sesentero que escapa del típico tweepop juguetón que tanto gusta a bandas niponas. Y en este caso, al margen del hipotético exotismo de ser hecho por una banda Coreana. Hay un poso impertérrito que retrocede más allá de las continuas revisiones al indie más reciente, y hurga por lo menos, con una exquisitez más propia de la Velvet de Nico, Left Banke o Nancy Sinatra; al menos como lienzo. Pues irrenunciables son sus referentes más obvios (Primitives, Camera Obscura o Woul-be-Goods).


Let it Begin” así lo certifica dejando una impronta de infinita melancolía. Con rasgos más propios del folkpop americano que del destino que va tomando el disco conforme avanza.
But I Like You” arropa con unas guitarras tremendas pese a la juventud de la banda, y van más allá con radiantes riffs; se nota que detrás del masterizado está Mathew Bamhart (The New Year, Metz, Superchunk, Bedhead).
Que les ha extraído una cantidad de sustancia a las canciones, bien hechas de por si, con unas cuerdas,voces y sección rítmica tan bien dispuestas. Que una simple sonata pop como “Old Town” gana un peso arrollador sin más armas que la melodía ideal. “Ours” se viste de gala para codearse con Sarah Cracknell and Co.

Antes de despegar hay otra joya, “Funny and Cute”. Donde la sombra larga de Nico reluce bajo el manto de una guitarra sencilla, natural, precisa… increíble.
I Just Wanna Dance” es esa canción que The Primitives hubieran querido grabar en su regreso para no seguir viviendo de Crash y Stop Killing Me; y que no hay duda que son sus padres putativos. “B Lover” perpetua el pop infinito. Y “After Falling Asleep” nos desmonta igual que Asobi Seksu lo hizo con “Thursday” hace doce años.
De todas formas, canciones como “Here” son las que marcan la diferencia. Escapándose de cualquier comparación simple y llanamente por su excelsa delicadeza y preciosidad.
No es una preciosidad de excesos ni ínfulas. Sino una belleza natural como las chapetas sonrojadas de una niña que juguetea bajo el sol de verano en los olivos. Igual que su instrumental lo es también de vaciamiento. O el remate de “Coming to The End” que sin manías, bebe más de emocore, postrock o shoegaze que de Pop aparente.

Ese ese plus de credenciales que presentan cuatro jóvenes de apenas 20 años. Y que como un estado de gracia. Saben que… si hay alguien que sobre el pop y sus melodías piense, que ya todo está escrito, es que ha perdido la esperanza en la realización.
Las cuatro gemas de su otro Ep de este año en curso, no son esos ases bajo la manga. Es el culto tan de 90’s, de Ep`s, singles y caras B donde estaba casi siempre lo bueno. En este caso cuatro versiones con mucho pedigrí:
La excelsa y preciosa versión de Blondie “Dreaming” se define así de fácil; basta con escucharla. Un baile de fin de curso (tímido, cursi, ruborizante), es “Do you Wanna Dance” tan tremendamente sixtie que resucita al incombustible Bobby Freeman de finales de los 50. O “Beginning to See the Light” de la Velvet, que hace y no soy amante de agravios comparativos, que no eche demasiado de menos a la última esperanza del Pop agitador: The Pains of Being Pure at Heart.
Que digo yo, que igual es cierto eso que dicen que el Pop es como menos profundo, más de mente en blanco, efímero, con caducidad, o un objeto de consumo que se agota con facilidad. Igual tenéis razón.
Mientras. Sigo creyendo que la prueba rocanrolera de la cover ramoniana que cierra este aperitivo: “Rockaway Beach”. Hace, por lo menos. Que acepte esa verdad a medias, y sobrelleve con alegría las recaídas y fidelidad a los ⅔ minutos instantáneos.
Que los disfruten

lunes, 25 de junio de 2018

THE ASTEROID N.º4_COLLIDE_2018 (13 O’Clock Records): DISCOS PANORÁMICOS PREDESTINADOS A MUSICAR EL VERANO





Ya he decidido no volver a dar la mano a clientes, recién conocidos y tratantes. Desde ahora, solo abrazos henchidos y constringentes de esos que serigrafían los latidos en tu pecho.
Desde que certifiqué así, que padecía una epicondilitis (codo de tenista); seguramente por mi trabajo y la recurrida excusa de la edad. Y de que justo el certificar mi dolencia, experimentara un querencia por marcos de puertas, ventanas y cualquier superficie duro para con mi codo; vamos, que no hago más que darme golpes en el punto exacto del epicondilo.
Que quien sabe, pudiera que pudiese ser la edad con su consiguiente pérdida de cálculo espacial y perimetral; no lo discuto. Es más, seguro que hay un estudio sobre eso, el acercamiento hacia los cincuenta y la pérdida inconsciente de ese don que tienen los murciélagos y que nosotros suplimos con la juvenil y grácil agilidad: ¿el torpe nace, se hace o se instruye según cuenta canas? Un misterio, gente.
En cualquier caso. Yo solo sé que desde hace cuatro años aprox, arrastro involuntariamente la planta del pie al caminar, voy al tanto con los tropezones igual que un Ñu bebiendo en una charca infectada de cocodrilos, y no hago más que darme golpes en el dichoso codo.
Y dirán…Y ahora?
Bueno. La solución no la he hallado en un medicamento, codera de porexpan o terapia alternativa. Sino en la música sí.


Desde que cayera en mis manos el noveno disco de esta banda originaria de Philadelphia y establecida en San Feancisco desde el 2011; con el cual conmemoran el 20 aniversario de existencia. Mi deambular por casa, solo obedece a los compases de Collide:


Me levanto a oscuras a miccionar a lomos de “Explore”. Voy de mi diminuto lavadero cargado de colada sin miedo al quicio de la terraza bailando con “Explore”. Y hasta girar en mi micro mampara de baño cual Derviche, con la voz de Emili Polle de crines acuestas de “Weeping Willow” mientras me ducho.
Desde ese preciso instante en el que la luz cenital apunto desde el cielo cual Mr Bean caído. Son los vaivenes acompasados de la banda de Scott Vitt los que rigen mi día a día, y han dejado en un recuerdo peregrino aquel Hail to The Clear Figurines del 2011, con el que los descubrí: Un disco que navegaba entre pleamares y corrientes marinas, de una psicodelia mucho más evidente que el disco que nos ubica; muy cerquita de los Black Angels.



COLLIDE sin embargo, sitúa a la banda mucho más cerca de nosotros. Sobretodo y más que nada, porque su sonido se aleja discretamente de ese toquecito de Americana, que hacía y hace, que su música no sea la de ese tipo de banda que se aferra. Sino que la libertad a la hora de dejarse llevar por los caprichos de la naturaleza, sea la que da quilates a su trayectoria y discurso.
Este bocado corto de ocho canciones, nos pone de cara u orientados hacia una latitud más británica: The Church, House of Love, Lloyd Cole y los Commotions en ocasiones. La intensidad de los primeros Mazzy Star de esa canción que os citaba al principio; “Weeping Willow”. Y que nos remonta y rememora aquel rock americano parte Janis, parte Soulwomens de rasgos más Underground. E incluso a unos 60 mágicos, volátiles y tan románticos como la de los Rolling de Brian Wilson.
Esa miscelánea en definitiva, que hace que el rock anglosajón beba realmente de infinidad de charcas, épocas, híbridos y tics culturales, igual que las especies y las esporas viajan.
Y que en este disco se dan cita como un halo de belleza azucarado y tremendamente melancólico. Por obra y gracia de ocho canciones mágicas, de las que uno, no puede separarse ni un minuto. Seguramente porque que dan de pleno en la diana del bien denominado temazo.
Lo mismo da que empieces desde el principio, o de atrás hacía adelante.
Cry for Osana” por ejemplo, modula su épica orquestada hacia territorios espirituales y mágicos. De los cuales, sus nueve minutos y medio jamás abusan del bucle y sí del vuelo: sin motor, estupefaciente o paranoia que valga. Solo paisaje y cromatismo sonoro. Antes “Remedy” hace una ecuación entre Cass McCombs y los Jayhawks. El resultado, un vals que me lleva en volandas sin tan siquiera acusar la más mínima torpeza; ellas me elevan.
Los slides y tremolos de “Finest of Mines” que inician este tema, que bien podría tratarse de un corte de una banda cualquiera de Shoegaze de los 90; curiosamente, muta. Siendo en realidad de un rock clásico que flirtea sin rubor y que delega la grandeza, en la canción sin más. Podría tratarse de lo que quisieras: Neil Young, Big Star, The Byrds, Slapp Happy... o cualquier otra referencia que amortiguara el tiempo y todo lo que vienes escuchando. Pero sinceramente solo puedo quedarme en este caso con las canciones; “Weeping Willow” es una prueba palpable, paradógicamene como el nombre de otra de mis amadas bandas.

Collide”; la que da título a este maravilloso disco. Tiene esa magia un tanto mainstream que a mi personalmente tanto me recuerda a una época de la que nunca fui en absoluto devoto. ¿soy yo el único que atisba esas odas pomposas de los 90’s tan indies? Aun y así me gusta, y sería lo mismo que decir lo que aborrecí a bandas como Verve, y adoraba sin embargo esos mismo ejercicios en manos de Suede o de Pulp; con más gusto claro.
Y al final pues supongo que no se trata de lo que se haga, sino como. “Sagamore” también tiene ese ramalazo de brazos en alto, corear, y hasta llorar como un eterno enamorado de la moda juvenil. Pero mola aun y así. Sin ni siquiera preguntarme si es la edad o la nostalgia.
Explore” y “Ghost Garden” son tan enormemente sencillas y de sonrojado encanto natural, que bien valdría seguir girando como si nada. El umami perfecto del torrezno que se funde en tu paladar como una droga prohibida. De la miel de tomillo cristalizada, o de la Panela estremeciéndose en el azucarero cuando hundes la cuchara.
Un disco pura delicia, que desde su primera escucha ha sido cabecera y candidato al Plinto del año. Y engrandece a una banda prácticamente desconocida, con una riqueza musical inalcanzable para otras, empeñadas en forzar los engranajes hasta pasarlos de rosca.
Para THE ASTEROID #4 todo es más fácil, orgánico y congénito. Posiblemente por el talento de quien no rinde cuentas a la maquinaria. Todo un homenaje a la llegada desde ya, del Verano eterno. 
Y que además los tendrémos paseando su exquisita discografía por nuestro país, este otoño.
TOUR EUROPEO 2018

 

lunes, 28 de mayo de 2018

TERENCE TRENT D’ARBY_INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO… 30 AÑOS SON OTRA JUVENTUD





Cumplí los 17, y pese a que mi padre tan solo ingresaba 25.000 ptas a la semana fondando envases (lo que se dice cerrar el tonel a fuego): Barricas de grandes dimensiones para Torres principalmente, en una empresa de la Avda Icaria en el Poblenou, ya desaparecida.
Me regalaron una ansiada minicadena Sanyo, con su giradiscos y todo; principal anhelo de adolescencia. Después de que cinco años antes se precipitara desde el Romi del lavabo: Otro radiocassette familiar Sanyo, también, que pesaba media tonelada. Y que acompañaba nuestros baños con música sinfín.

Mi abuela Rosario por parte paterna “La Meona”, era una excelente cantante. Así que mi padre heredó esa virtud/talento por igual y supongo, por eso, antes de que se encendiera el día en casa, sonaban a todas horas: El Cabrero, Porrinas de Badajoz, Juanito Valderrama y el Niño de la Huerta, entre muchos otros; como una banda sonora non stop. Al igual que la radio, o un tocadiscos Dual de maleta con S.T.R.E.T.C.H, los Beatles, Boston o Rod Steward como un contrapunto rebelde juvenil de mis cuatro hermanas.

El canto como expresión era a una, nuestro altavoz emocional melómano. Sin llegar a dedicarnos como nuestro padre al flamenco de manera aficionada, pero sí en la intimidad de cuatro paredes o celebraciones comunes.
Hemos crecido con música, y exteriorizado sin pudor la euforia de cantar lo que nos emociona. Que es la música sino cantarla y celebrarla bailando? Nada. Así que tras la dramática pérdida del tronío de nuestro viejo radiocassette, y la resignación de adquirir otro de bajo coste y peso pluma. No llegaba el día en el que por fin pudiera tener un tocadiscos y poder comprarme aquellos vinilos que impacientemente se enmohecían en los cubos del Disc Center; una tienda de barrio que había repecho arriba de mi calle.



El primer vinilo que me compré con 17 años, además de los ansiados primeros dos discos de mi banda fetiche The B-52’s, fue el INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO.
Datado en el 1987 bajo el auspicio de la multinacional Sony, no fue hasta 1987 cuando alcanzó el número UNO con Wishing Well. Y de ahí para adelante creo que la historia de este talentoso artista de Manhattan es por todos conocida; o no. Porque realmente pasada la treintena de años toda una juventud, de él ya se sabe poco, e incluso de este tremendo disco enterrado por un fracaso comercial posterior.
Pero aquí no vamos a hablar sobre el efímero éxito, el fracaso, la expectativas cumplidas, objetivos u olimpos musicales, no. Lo vamos a hacer de algo que está muy por encima de esa escala de medir popular; la sentimental. O la que relata la vida propia de quien ilustra épocas, con canciones; mucho más bella, donde va a parar.


Sonaba el otro día en el salón de casa: Porque son estos discos los que no se prodigan en escuchas, que así lo requiera la melancolía oportuna y traicionera. Cuando de golpe crees (y sabes), que toca recordar y amasar el corazón, con no solo canciones. Sino con conjuntos como atadillos o manojos, que como nadie ni nada son capaces de definir la grandeza de lo irrepetible.
Un disco con su protagonista. Fagotizado por esa industria a la que dicen que la ilegalidad a crucificado. Y que se merendó a un joven y prometedor artista de tan solo 25 años.
Pero todo flota, que no solo la mierda. Y es lo irrepetible de algunos acetatos lo que acaba sublimando en el tiempo. Por encima de la comercialidad que se le atribuía o la simplicidad de reducir a un artista a sus canciones más populares: Wishing Well (quien cumple su número uno 30 años ahora), Sing Your Name o el If You Let Me Stay de Michael H. Bauer.

Un Soulfunk de raíces gospel, que por herencia materna impregna gran parte de su modo cantar. A la par de un swing digno de Nelson Pickett, James Brown o Little Richard flotando sobre todo el disco, sin caer en la obviedad de un temario tributo, y sí en un debut con verdadera esencia.
Además de aparecer en un año en el que los sonidos de raíz no se creían con gancho comercial. Y la escena andaba algo huérfana de iconos negros auténticos que no cayeran en el Pop fácil; salvando a Prince y su Sing ‘O’ The Times.
Introducing To Heardline Acording emergió para más inri, en una de las añadas con más discos esenciales de la década de los 80. Y sobre todo eso, y para mi en particular. Fue aquel disco que ejerció de puente entre lo que supuestamente crees comercial, tus gustos más alternativos, y la indiscutible grandeza de aquello que no cae en el producto estándar. Por eso igual, cuando Terence intentó seguir su camino, sucumbió a la bulimia del sistema.



Pocos discos de los cientos que pueblan mi atestadas estanterías, que tengan un repertorio tan impecable e imprescindible. Ni una sola canción imprescindible.
La espiritual apertura del telón con “If you All Get to Heaven” que roza lo épico. Hasta el tremendo “Who’s Loving You”; una de mis preferidas. Allí parecía tomar a un William "smokey" Robinson como suyo y a otros tantos del Soul melódico sempiterno.
Sus canciones hicieron tomarme a chirigota, tantos que sonaron por aquellos años y que querían que creyeses que la verdad del éxito consistía en anular el bombeo salvaje de la sangre para caer en el bucle espiral y machacón. “Ill Never Turn My Back on You” con la soltura del pantalón de pata ancha y esa facilidad para desplegar ese híbrido de Funk & Soul inmediato.
El tu tu, tu tuuu podría haber sido otro single más; de echo todos lo son sin excepción. Lo que sería Dance Little Sister”, un bombazo sin más: infeccioso, adictivo, estertorizante.
Seven More Days” gira la esquina de la cara; cuando escuchar un álbum requería de la atención y al igual que con los libros: pasar la página y marcar con el punto el surco grueso de la canción. Una canción radicalmente distinta al resto, con slides, paisajes propios del Blues. Hechizante.
Y emprende con “Let’s Go Forward”, un paseo por Inwood, el Soho o Bowery. Es una canción que igual que “Sign Your Name”, impregnándolo de contemplación y registros angelicales. Dando a este disco una personalidad distinta y poco predecible dentro de su estilo. Incluso esa pincelada jamming de “Rain”, y que desemboca en un acapella como es “As Yet Untitled

INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO es un disco atípico que entró como un rayo de luz, en tiempos de abalorios, hombreras y decoraciones brillantes un tanto impostadas. Su brillo sin embargo, estaba impreso en una voz inusual: la de Terence Trent D’Arby. En una ejecución y puesta en escena prensada sobre un maravilloso disco, que sin embargo, quedo eclipsado por algo tan de nuestros días como la estética, la moda y el hit.
Pero que treinta años más tarde, si os envalentonáis en su escucha. Veréis que contiene muchos de los atributos que ahora se ensalzan. El carisma, la belleza; no solo estética, el alma, y la inmortalidad que cede el tiempo a los estereotipos que tanto suelen esclavizarnos y distorsionar al instinto más humano



 

sábado, 19 de mayo de 2018

DIS_PLAYLIST EMOCIONAL #1_NO QUERÁIS TANTO, QUERER MEJOR





Debería ser ésta, una primera playlist cronológica: Con sus rutilantes novedades, sus reseñas propias de los discos que han colgado de mi mente difusa, la banda sonora 2018.
Debería incluso, haber sido estricto en mis escritos y en el hábito higiénico de relatar tal o cual disco recomendado de cada mes. Haber cumplido con el propósito anual de escribir tres entradas mínimo y así, concentrarme en esa rutina propia de quien con la misma, pretende seguir una vida ordenada, complaciente y rigurosa. No sea que en el caos uno se pierda, se deje, y al final peine moho en vez de melena.

Pero ya puestos a ser arrastrados y o empujados de boca sobre la arena por la bravura del oleaje. Definitivamente quiero que sea un disgusto en voz alta; a grito pelado. A verdugos, pladiñeras, y las escasas grietas que al otro lado nos salvaguardan con AMOR, mucho AMOR.
Un HOMENAJE a la poesía de amigos/as & ambiguos que tienden cabos para auxiliarnos del cenagal que nos ahoga. Y quienes no distorsionan su mirada con prejuicios y estigmas de conducta fácilmente basada en educaciones sectarias. A quien critica sin convivir, sin conocer, y en la lejanía horizontal exprés que tanto alimenta el tópico típico.
Esperando que estas mismas canciones repletas de mujeres y trobadores, sean las que fulminen al suceso con sus víctimas. No por el echo de lo odioso del suceso, sino por la cotidianidad y aceptación del mismo. Un homenaje no, mejor un altavoz para quienes comen cárcel por cantar, para quienes tienen que dar explicaciones y justificaciones por su libertad, para las miles de mujeres que sufren abusos y juicios populares por su condición. A las que los sufren en el silencio del barullo y a mis cuatro hermanas que también los sufrieron en los 70’s mudos por la propina de la transición.
También a los invisibles, a los que por ser anomalías y no formar parte del patrón para etiquetarlos, solo existen para acusarlos. A quien calla para no ofender a la ignorancia, y a quien abre la boca bien grande para reír la gracia a los “payasos” y comerse a los sensatos.
Y que de paso, sirvan para que cada golpe de acorde, bajo y percusión haga de gran pala para enterrar de una vez por todas. A quienes se creen poseedores de la verdad absoluta, a quienes convierten el drama de la injusticia en un circo mediático o llenan de colorantes, conservantes y sabores artificiales la información y la ¿cultura? fast food. Y sobretodo, para los que hacen de la desconfianza el miedo, y del miedo el odio; no solo ellos, tú también.
Besos y más besos de terciopelo y labios húmedos para los que pese al que dirán, pisan la raya y tiran contra tablero el tiro LIBRE. Los que no tienen miedo a hablar de lo que no toca y están cansados de que todo siga igual, o dan sin esperar a cambio. Y los que de igual manera se avergüenzan de hechos que para la mayoría son ¿normales? -Habituales. El ombligismo que solo se indigna cuando la sangre le salpica a él, ficha con hashtag, y limpia su conciencia con vinagre.

Me avergüenzo del ser humano sí, en general. Y no aprovecho las circunstancias pues es algo que arrastro desde siempre y ahora es tan evidente e implantado. Que hasta resulte raro y antisocial revelarse abiertamente sin temor a ser señalado y anillado como un pollo de criadero; que es lo realmente bochornoso amigos.
Recomendaría encarecidamente visualizar THE SQUARE. Una cinta del sueco Ruben Östlund, donde sube a la red y juega de tú a tú con nuestra hilarante aunque dogmática vida pública: La que queremos que los demás vean y acepten, bien envuelta con lazo y papel cuché bonito. Se ríe y nos divierte con nuestra misma mierda con tal elegancia, que nos planta nuestras miserias en las narices, y encima jugamos a hacer muñecos con ella.
Pero en el fondo, lo que flota es el desprecio y la miseria humana que se derrumba como una falsa fachada ante nuestras narices.

Tengo la certeza, que su visionado resumirá más o menos la parrafada con la que intento ilustrar mi malestar. Aun sabiendo, que es inútil confesar y definir el hastío que soporto, cuando el objetivo es distraer.
Pero no me hagáis mucho caso. No quisiera con esto incomodar, dar pie a corrillos o encender las luces en momento álgido a la fiesta. Llevo muy bien ese dicho tan nuestro de: “a las penas puñalás”. Pero, que tal si rompemos el silencio?
Con música, por supuesto.
O NO


Track_a_Track:

00_DTSQ_montgomery
01_PAPAYA_amor o sexo
02_CAROLINE ROSE_talk
03_SLOWCOACHES_complex
04_LUKE HAINES_oh michael
05_SR CHINARRO_de piedra
06_ANDY KETCH_oH, summer
07_THE BREEDERS_spacewoman
08_PJ HARVEY & HARRY ESCOTT_ace acre of land
09_COURTNEY BARNETT_need a little time
10_LOMA_white glass
11_MGMT_when you die
12_AIR FORMATION_a.m
13_JADED JUICE RIDERS_ready to go
14_FINE CHINA_feel not
15_THE ASTEROID Nº4_explore
16_KEVIN MORBY & WAXAHATCHEE_the dark don't hide it
17_JONATHAN WILSON_theres a light
18_THE WELL WISHERS_gravity waits
19_GUIDED BY VOICES_i love kangaroos
20_TRACEY THORN_face
21_SUNFLOWER BEAN_i was a fool
22_WYE OAK_i know its real
23_JACKSON REED_cathedral groove
24_PETE ASTOR_golden boy
25_UNLIKELY FRIENDS_all the cameras in japan
26_THE NINTH WAVE_new kind of ego
27_THE DECEMBERISTS_everything is awful
28_WHYTE HORSES_ectasy song
29_TROPICAL FUCK STRORM_ruber bullies
30_ELEANOR FRIEDBERGER_in between stars
31_THE MEN_so high

sábado, 12 de mayo de 2018

THE CHAMELEONS_VOX_Sala Bikini/Barcelona_04/05/2018: FÓRMULAS MAGISTRALES





Hemos llegado y estamos aquí.
Ese fue el furibundo y único mensaje capaz de hilvanar así, al vuelo. Cuando la noche del Viernes 4, alcanzaba su punto más álgido al sonar “Looking Inwardly”.
Probablemente nadie entienda la idea de tener la certeza, cuando algo sucede ahí abajo, en las tripas. Ni tan siquiera así, en plano general, que una canción del denostado WHAT DOES ANYTHING MEAN? BASICALLY sea esa canción más esperada por alguien, o para el caso: La que ilustre una época, un recuerdo, o una idea a grandes rasgos sobre una de tus bandas de juventud y la noche del reencuentro. Para mi sí.
Más aún cuando le sigue “Perfume Garden”. En ese momento hubiese firmado por poner fin al suspense del desenlace.
En general no es el disco más representativo, para una banda poco o nada reconocida, en tanto a la influencia general del PostPunk mirando de reojo, y con la perspectiva que nos dan los más de treinta años que tienen sus canciones. Pero fue mi primer disco. El más espacial y menos rocoso de la banda de Manchester, pero solo por eso, mi favorito; sin entrar en debate si es el mejor. La memorabilia tiene eso amigo, en la mayoría de ocasiones no atiende a razones. Porque la música y su memoria SIEMPRE va unida a una huella única y egoístamente personal.
Tampoco hubieron apenas góticos o por lo menos con sus galas ya; igual la edad. Aunque yo jamás oí a Chameleons, Echo & the Bunnymen, Comsat Angels o a los Sad Lovers and Giants en ningún garito gótico de la noche Barcelonesa; por lo menos si era más importante la estética que el militarismo. Nunca lo fueron, también es verdad.

Y eso. Además de honrarles. Les da un plus de importancia creo, vital. Si intentamos conectar algunas de esas bandas casi siempre incluidas en movimientos de culto, y sin embargo alejadas de una intención realmente musical.
Principalmente porque creo que son las que mejor capacitadas están, para envejecer y ejercer de conexión entre el pasado y el presente. Si hay bandas recientes que beban de algo del PostPunk ochentero, dudo que sea de Joy Division, sino de The Chameleons: Seguramente la banda menos referida en cuanto a influencia por la prensa, en bandas como Interpol, Editors, White Lies, The Horrors, o Protomartyr. Probablemente porque la mayoría pasó del BritPop a la actualidad, sin tener ni puta idea de lo que se cocía en años anteriores que no fueran Joy Division, The Cure, The Smiths y poco más.

Pero dejando de un lado rencillas y duelos en el callejón más sórdido, propias de un arrugao canoso de 48 tacos.
Lo importante del viernes pasado además de volver a ver a amigos/as de nuestra quinta, correrías y fábulas nocturnas propias de un biopic mítico. Y también esa curiosidad de comprobar si había que pasar lista, si conoces la evolución (o involución según el caso) de algunos de los colegas a los que apuesto, no reconocerías. O incluso averiguar a que quinta o época perteneces tú; que 30 años son muchos. ¿serás de la primera y más viejuna del 86/87? ¿los descubrirías con eso del Britpop y el afán de reafirmarte como raro, pintoresco o marginal? ¿O fuiste ya de los tardíos con muchísima más información, datos y variedad?

En cualquier caso, lo importante es que habíamos muchos; más de los que yo pensaba. Teniendo en cuenta la secuela que me dejó el pésimo sonido de la primera vez que los vi en esa misma sala cuando se reunieron los miembros originales. Dieciocho años que han pasado aproximadamente, y con la edad del pavo ya superada, yo iba con miedo. Sin saber a ciencia cierta lo que me iba a encontrar.
Los vi con esta formación bajo un sol del carallo en un Primavera Sound hace seis años, pero eso no cuenta. Y no sabría decir con certeza el efecto: Hacer tocar una banda oscura a las seis de la tarde debería estar penado.


THE CHAMELEONS VOX, como ahora se hacen llamar por eso de no contar Mark Burgess con la autoría 100% del repertorio, y ser el único miembro en activo. Suenan infinitamente mejor y más fieles al repertorio que la formación original de la gira del 2000; por más que les duela a los puristas. O por lo menos son más profesionales a la hora de modularse a una sala, y que todo suene en su sitio.
Chris Owen (Midge Ure, Ultravox), Neil Dwerryhouse (the Man with the Stereo Hands), y Yves Atlana (Black Swan Lane) a los tambores, suenan no solo como un tiro, sino con la intensidad y empaque justo que necesitan estas canciones.
Justo ahora que la imperativa actualidad relega las referencias, a meras citas. Es bien comprobar por activa, que el pasado es circunstancial, caprichoso y porque no admitirlo: Revelador para quienes creemos que mirar atrás lo justo. Pues va ser que no.

Si bien es cierto que “Don’t Fall” despegó irregular y con la voz de Mark Burgess engarrotada. A medida que el temario avanzaba; igual que los motores clásicos. Los responsables de volver a engrasar la maquinaria de los mancunianos al rebufo de su incombustible líder, han cogido por fin el tono de un repertorio inigualable en atemporalidad, y básico para entender la esencia del PostPunk.
Fue después el turno de “A Person Isn’t Safe Anywhere”: Densa e invernal si la comparamos con el sonido crudo de aquel primer disco del 83. Sonó la preciosidad de “Monkeylad” y Mark perdió de vista martilleando el bajo, cualquier sospecha de exceso de responsabilidad.
De esas canciones que 35 años más tarde, siguen sonando inmensas por convierte en parodia algunos de los himnos de actualidad. A manos de un vocalista que en momentos de lucidez hacen un uno solo: interpretación, música y voces por pura alma.
Es lo que diferencia a The Chameleons, o a New Model Army, de otras bandas de la época que sublimaban las intenciones y el éxito, sobre la autenticidad y el carisma bruto.
Looking Inwardly” y “Perfume Garden” rompieron con la maldición de ese disco intermedio en ocasiones repudiado. Y que creo que vital, por como vertebra una inflexión de estilo mucho más contemporáneo en la actualidad, y totalmente complementario en su reducida discografía.
THE CHAMELEONS solo publicaron tres discos en aquellos años. Pero vistos ahora con perspectiva y sin entrar en la grandiosidad imperecedera de sus canciones. Parieron tres obras totalmente distintas entre si, y parece ser que ahora es cuando de verdad son conscientes de esa suerte. La de despejar algunas incógnitas a seguidores a los que la edad les ha otorgado su misma visión, mucho más equitativa sin la presión de ser veinteañero.
En el fondo, esa es la maravilla de verte arrastrado a revisar la discografía de una de tus bandas de cabecera. Por más abandonada u olvidada que la tengas.
Less Than Human” como un réquiem o salmo para ya devotos. Era esa canción en el momento oportuno y estratégicamente seleccionada. Para que el acorde más mágico de su carrera nos arrebatara de un plumazo la más mínima duda: “Swamp Thing” debería ser un himno de la época incluido en cualquier revisión que se precie. Y pese a todo, todavía sigue siendo una reliquia semidesconocida para el gran público.
Paradiso” fue una de las rarezas de la noche; bella. La tremenda “Mad Jack” conectora tanto con los Echo como The Cult. Santos y seña de una época ya irrepetible, aun perfectamente revivida por una tropa de cuarentones y cincuentones cual niños chapoteando sobre un charco. Caras de felicidad y piel de bellú que desempolvaba airguitars. Justo cuando “Soul in Isolation” abrió un paréntesis de puro sentimiento , diría que hasta épico.
Second Skin”, la tremenda“Singing Rule Britannia” (se nota que soy fan de mi primer disco de ellos), cerrando con “View for Hill” a modo de tobogán.
Foto: Xavi Bartolomé

Todavía quedarían cuatro temas más, y por supuesto, los más emotivos de la noche. Que invirtieron la perplejidad estática del impávido público, en un temerario pogo que para que engañarnos; hizo a todos un poco más jóvenes e infinítamente felices:
In Shreds” y la bendita ocurrencia de por fin explotar el filón del WHAT DOES ANYTHING MEAN? BASICALLY. La puta locura de “The Fan and the Bellows” como os imagináis, fue ritual. “Nostalgia” como su propio nombre define e ilustra, apoteósica. Y de regalo a punto de recoger bártulos “Up the Down Ecuador”; la noche y el entregado público se lo merecía.
Ese tipo de vueltas que viene a abofetearte para decirte alto y fuerte: Ves? Eres tu el que te haces viejo, no la música. La bendita música celestial (aquella que te vuelve melancólico), fluctúa, late y bombea sólo si tú te empeñas en dar la medida justa a cada momento; pasado, presente y futuro. Y además, que sepáis que cuando todo parece haber sucumbido al vórtice de la moda, llega la antimoda para hacer del brillo excesivo, un satinado lleno de escondites o fundidos según la luz, edad o momento.
Que además todo esto ocurra empujado por Albert Y Sturm Promnotions; amigo además de épocas. Pues que queréis que os diga, es orgullo propio de quien como la banda, deposita en la tenacidad y el empeño, toda su irreductible valía.
FELICIDADES

lunes, 30 de abril de 2018

DEAD MEADOW_THE NOTHING THEY NEED_2018: DE LA MANO DE CARONTE





Un gran sol circular de centelleante vinilo asoma por la montaña tras tiempos de abundante lluvia.
Por las laderas abiertas en canal los surcos lloran todavía agua. Y son los latidos como gigantescas prensas industriales, los que a cada golpe atronador resuenan sus tripas escupiendo verdor, flores. A la familia invertebrada, y nemátodos en orgía copuladora.
Los corzos y los ciervos se unen con cantos, equipados con auriculares cuadrafónicos. Y de las entrañas del promontorio no solo es naturaleza la que brota a cada contracción, también lo son almas perdidas de un tiempo _aunque no tan pasado_ sí criaturas pertrechadas en lo más profundo de las simas.


Cánticos y plegarias rituales que fueron tragadas ya hace cinco años por la belleza marchita. Y a los que un pastor dice haber visto merodear por la noche, como el animal que canta a la luna con un aullido metálico, cortante y planeador.
DEAD MEADOW han vuelto para conmemorar su veinte aniversario como mejor lo saben hacer: Publicando otro disco inmenso, como los nueve que ya llevaban a cuestas. Con una mirada de corderitos melancólicos, pero con la perspectiva estática que el tiempo a dado al Stoner Rock, y otra forma de reinterpretarlo mirando a la luna hasta llorar de deslumbre.
De esos discos que dejan cualquier argumento teórico, en una alegoría inútil. En una nimiedad e insignificancia propia de quien quiere explicar la belleza, el nudo en la garganta y el vaciamiento interior. Cuando las sensaciones se crearon para no explicarlas, y experimentarlas sin el rigor de quien intenta estructurar y exponer todo lo que se hace.




Esa caída cuesta abajo entre las los surcos abiertos por las aguas. Los accidentes que se crean y metamorfosean sin criterio ni deuda. Y que suena al ritmo del martillazo que endereza o dobla el acorde acerado de las cuerdas en flexión imposible. Hace que “Keep Your Head” sea esa especie de procesión por el calvario, a latigazos de palanca, pedal y fuzz. Tan distinto de aquel “September” con el que finiquitaron el mastodóntico “Warble Womb/2013”, pero a su vez concentrado:
Una vuelta, capaz de comprimir en ocho temas. Una panorámica tan rica sobre su carrera, como conciso y determinante es el mensaje sobre su evolución.

La banda de Washintong D.C liderada por Jason Simon y Steve Kille regresa con una idea muy clara de su sonido. O por lo menos con la capacidad no solo intacta, sino que renovada. De como reunir un puñado de canciones directas al ipotálamo. De esas por las que un álbum es capaz de trascender sobre un estilo, sus distintas mutaciones, los derroteros de una banda, y chas!! De repente reinventar una historia sin tener por ello que dilapidar lo que quedó atrás.
En THE NOTHING THEY NEED hay mucho blues taciturno y oscuro, psicodelia a raudales sin abusos ni demasiados estereotipos, caminares rotundos heredados del Stoner Rock pero superponiendo armonías dignas del progresivo; he incluso reflexivas en ocasiones. Y un halo incluso que sino se acerca, si que se expande hacia el White Noise, el sinfonismo barroco y a la práctica: siempre caminando en la cuerda floja de PostRock y géneros hermanos; eso sí, con muchísimo matices, que es lo que hace tan interesante e hipnótico.
Una farfollada de palabrería que se podría resumir en dos adjetivos: Un disco tremendamente orgánico con ocho cortes demoledores.
Here with the Hawk” comprime el riff roquero con acierto quirúrgico. “I’m So Glad” es un blues árido y apocalíptico capaz de ilustrar en cinco minutos esos sucesos naturales del principio del texto. Las canciones pueden transportarte a territorios salvajes o al salvajismo urbano. “Nobody Home” exprime los wah wahs con una cadencia vacilona que roza incluso el funk.
This Shaky Hand is not Mine” lo convierten en un réquiem camino del ansiado y salvador monte Sinai: Cinco minutos de guitarras moldeadoras y fustigantes que desembocan en una oda silenciosa, “Rest Natural”. La megalítica “The Light” emerge, es la montaña: Imponente, sinuosa y concluyente en ese tipo de Rock plomizo con lirismos arrastrados o extasiados, hecho expresivo y hasta poético como una bajada de tensión. Con un final de una sensibilidad inaudita para una banda que sobre el papel, se imagina abrasiva y caústica.
Sin embargo “Unsettled Dust” emana una belleza digna de ese horizonte paisajístico que el ojo humano, y menos una fotografía, es incapaz de explicar. Dicen que una imagen vale más que mil palabras? Cuando es la música y sus evocaciones sensacionales, la única capaz de expandir la imaginación donde la palabra es incapaz de llegar. El infinito
http://www.deadmeadow.com/links


lunes, 16 de abril de 2018

JONATHAN WILSON_EL PLACER DE LO INESPERADO_09/04/18_ Sala Razzmatazz 3



Lunes mansos de primaveras impredecibles y traicioneras. Nubarrones intimidantes que a cualquiera arrinconarían tras la batamanta o harían la coartada de perezosos, más creíble y absolutoria. Y de peregrinos que a falta de santos a los que venerar, presagiarse o encomendarse si se tercia, nos damos por bendecidos con una buena Voll Damn, un concierto con chicha y su consiguiente debate a las puertas.

Jonathan, ese chico que asomó tímidamente la cabeza hace 11 años con su psicodélica visión del ISLA BONITA de Madonna, nos tenía preparada una sorpresa. Tan sorpresa y ocurrencia, como aprovechar su estancia en Barcelona con Roger Waters; quien actuó este pasado fin de semana. Y aprovechando sus largos ensayos, se presentase en la sala Razzmatazz (las 3, la pequeñaja). Y nos ofreciera, otra perspectiva bien distinta de su temario. Más lejos de sus influencias Dylanianas y de fluido rosa. Para llevárselas al terreno de lo barroco y de la música de cámara.

Una visión, sin embargo, invasora, poseedora, y tan íntima. Que hasta el más esquivo y refunfuñoso de los presentes por no acompañarse por la banda, se postró en reverencia proverbial.
 



Una sesión que empezó solo acompañado con su guitarra y deshuesando con acordes firmes y contorsionistas su “Valley of the Silver Moon”: Una canción de su disco de debut; quien sería tan protagonista como omnipresente.

Algunos presagiaron lo peor; igual sin la preparación para creer. Que un concierto acústico, distinto y algo suicida. Tiene la misma aventura que no exigir que el guión suceda según tus gustos. Sino que sean las canciones y el artista, las que nos lleven como gallinita ciega, a otros territorios a menudo más dilucidadores y excitantes.

Hubo una aparición también. La del guitarrista clásico residente en Barcelona, JAVIER MAS: Aquel que de sopetón apareció del ostracismo a la realidad, tras su sorpresiva participación el la gira de Leonard Coen del 2009 al 2014. Pese a llevar toda una vida componiendo y tocando folklore aragonés, o como músico de sesión junto a Raimundo Amador, Agapito Marazuela, Maria del Mar Bonet o Carlos Cano entre otros muchos.

Un señor de 66 años con un exquisito bagaje musical a sus espaldas, y una no menos riqueza musical en sus manos con la guitarra de doce cuerdas, la badurria, el archilaúd y el laúd; que es con lo que apareció esta misma noche.




Con los dos sobre el escenario el repertorio levantó el vuelo en lo expresivo y sensorial, en una especie de sinfonía psicodélica que recordaba a Vini Reilly o a músicas venidas de oriente. Pero sin lugar a dudas, como una sesión casi casual, donde las canciones del músico de Carolina del Norte se descubren de verdad como lienzos donde cabe cualquier experimento.

En realidad creo que ese es el verdadero valor de la música de Jonathan Wilson: Que su mentalidad y manera de expresarse, no están sujetas a limitaciones. Y por eso sus disco pueden irse de un lado a otro a su antojo: Al del Folk, a la psicodelia, al funk, al progresivo o al que le venga en gana. Pero siempre sonando a él, y no a un intento fatuo por imitar a sus influencias.



Rare Bird” a cuatro manos y cuerdas ilimitadas sonó majestuosa. “Over the Midnight” mejoró y arrasó con el más mínimo recuerdo a War on Drugs: Si a ellos les sobran minutos, a este tipo le faltan. Para rematar con un mano a mano con “Moses Pain”quebrando el más mínimo atisbo de sopor.

Algunos prefirieron debatir sobre los índices bursátiles, la cruz de carabaca y la heroicidad de plasmar una instantánea en su smartphone a costa de robarle el alma a los chamanes del escenario: allá ellos.

Otros nos ahogábamos en cerveza de rubios cabellos y los acordes que la peinaban. Nos tumbamos y dejámonos hacer sobre la botonera del control de sonido. Era un masaje, lo juro. Cerramos los ojos, pues todo lo que hay que ver se ve con el corazón y son los poros los que como pústulas sienten la magnitud que el oído es incapaz. Y viajamos flotando, vaya si volamos.

Hubo algún chiquillo al que hubo que hacer callar. Pero en líneas generales mucho respeto y silencio. Los violines, violas y violonchelos de la sección que se hizo presente lo exigieron; cuatro para ser más exacto, creo, desde mi posición retrasada.



Desert Raven” de su incunable primera época, “Sunset Bulevard” al piano y con su vocoder, “Me”, “There’s a Light” que fue la única que rompería por un momento el clímax íntimo, pero como gran temazo que es, merecía su aparición a lomos de los violines. Y “Gentle Spirit” que volvió a poner las cosas en sus sitio con Javier Mas y el equipo al completo sobre el escenario, junto a “All the Way Down” y “Can We Really Party Today” para poner fin a la noche.

Dejándonos con esa clara sensación que se da tan pocas veces en la vida. Y que sabes a ciencia cierta que no se volverá a repetir jamás, ni de la misma manera.

Esas cosas que hacen de la música en vivo y a flor de piel, algo especial: La certeza de que la música, el momento, el sitio, y lo voluble que es la interpretación de nuestros sentidos junto a nuestra memoria, convierta en únicos e indescriptibles los asuntos de la emoción y el amor.