lunes, 28 de mayo de 2018

TERENCE TRENT D’ARBY_INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO… 30 AÑOS SON OTRA JUVENTUD





Cumplí los 17, y pese a que mi padre tan solo ingresaba 25.000 ptas a la semana fondando envases (lo que se dice cerrar el tonel a fuego): Barricas de grandes dimensiones para Torres principalmente, en una empresa de la Avda Icaria en el Poblenou, ya desaparecida.
Me regalaron una ansiada minicadena Sanyo, con su giradiscos y todo; principal anhelo de adolescencia. Después de que cinco años antes se precipitara desde el Romi del lavabo: Otro radiocassette familiar Sanyo, también, que pesaba media tonelada. Y que acompañaba nuestros baños con música sinfín.

Mi abuela Rosario por parte paterna “La Meona”, era una excelente cantante. Así que mi padre heredó esa virtud/talento por igual y supongo, por eso, antes de que se encendiera el día en casa, sonaban a todas horas: El Cabrero, Porrinas de Badajoz, Juanito Valderrama y el Niño de la Huerta, entre muchos otros; como una banda sonora non stop. Al igual que la radio, o un tocadiscos Dual de maleta con S.T.R.E.T.C.H, los Beatles, Boston o Rod Steward como un contrapunto rebelde juvenil de mis cuatro hermanas.

El canto como expresión era a una, nuestro altavoz emocional melómano. Sin llegar a dedicarnos como nuestro padre al flamenco de manera aficionada, pero sí en la intimidad de cuatro paredes o celebraciones comunes.
Hemos crecido con música, y exteriorizado sin pudor la euforia de cantar lo que nos emociona. Que es la música sino cantarla y celebrarla bailando? Nada. Así que tras la dramática pérdida del tronío de nuestro viejo radiocassette, y la resignación de adquirir otro de bajo coste y peso pluma. No llegaba el día en el que por fin pudiera tener un tocadiscos y poder comprarme aquellos vinilos que impacientemente se enmohecían en los cubos del Disc Center; una tienda de barrio que había repecho arriba de mi calle.



El primer vinilo que me compré con 17 años, además de los ansiados primeros dos discos de mi banda fetiche The B-52’s, fue el INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO.
Datado en el 1987 bajo el auspicio de la multinacional Sony, no fue hasta 1987 cuando alcanzó el número UNO con Wishing Well. Y de ahí para adelante creo que la historia de este talentoso artista de Manhattan es por todos conocida; o no. Porque realmente pasada la treintena de años toda una juventud, de él ya se sabe poco, e incluso de este tremendo disco enterrado por un fracaso comercial posterior.
Pero aquí no vamos a hablar sobre el efímero éxito, el fracaso, la expectativas cumplidas, objetivos u olimpos musicales, no. Lo vamos a hacer de algo que está muy por encima de esa escala de medir popular; la sentimental. O la que relata la vida propia de quien ilustra épocas, con canciones; mucho más bella, donde va a parar.


Sonaba el otro día en el salón de casa: Porque son estos discos los que no se prodigan en escuchas, que así lo requiera la melancolía oportuna y traicionera. Cuando de golpe crees (y sabes), que toca recordar y amasar el corazón, con no solo canciones. Sino con conjuntos como atadillos o manojos, que como nadie ni nada son capaces de definir la grandeza de lo irrepetible.
Un disco con su protagonista. Fagotizado por esa industria a la que dicen que la ilegalidad a crucificado. Y que se merendó a un joven y prometedor artista de tan solo 25 años.
Pero todo flota, que no solo la mierda. Y es lo irrepetible de algunos acetatos lo que acaba sublimando en el tiempo. Por encima de la comercialidad que se le atribuía o la simplicidad de reducir a un artista a sus canciones más populares: Wishing Well (quien cumple su número uno 30 años ahora), Sing Your Name o el If You Let Me Stay de Michael H. Bauer.

Un Soulfunk de raíces gospel, que por herencia materna impregna gran parte de su modo cantar. A la par de un swing digno de Nelson Pickett, James Brown o Little Richard flotando sobre todo el disco, sin caer en la obviedad de un temario tributo, y sí en un debut con verdadera esencia.
Además de aparecer en un año en el que los sonidos de raíz no se creían con gancho comercial. Y la escena andaba algo huérfana de iconos negros auténticos que no cayeran en el Pop fácil; salvando a Prince y su Sing ‘O’ The Times.
Introducing To Heardline Acording emergió para más inri, en una de las añadas con más discos esenciales de la década de los 80. Y sobre todo eso, y para mi en particular. Fue aquel disco que ejerció de puente entre lo que supuestamente crees comercial, tus gustos más alternativos, y la indiscutible grandeza de aquello que no cae en el producto estándar. Por eso igual, cuando Terence intentó seguir su camino, sucumbió a la bulimia del sistema.



Pocos discos de los cientos que pueblan mi atestadas estanterías, que tengan un repertorio tan impecable e imprescindible. Ni una sola canción imprescindible.
La espiritual apertura del telón con “If you All Get to Heaven” que roza lo épico. Hasta el tremendo “Who’s Loving You”; una de mis preferidas. Allí parecía tomar a un William "smokey" Robinson como suyo y a otros tantos del Soul melódico sempiterno.
Sus canciones hicieron tomarme a chirigota, tantos que sonaron por aquellos años y que querían que creyeses que la verdad del éxito consistía en anular el bombeo salvaje de la sangre para caer en el bucle espiral y machacón. “Ill Never Turn My Back on You” con la soltura del pantalón de pata ancha y esa facilidad para desplegar ese híbrido de Funk & Soul inmediato.
El tu tu, tu tuuu podría haber sido otro single más; de echo todos lo son sin excepción. Lo que sería Dance Little Sister”, un bombazo sin más: infeccioso, adictivo, estertorizante.
Seven More Days” gira la esquina de la cara; cuando escuchar un álbum requería de la atención y al igual que con los libros: pasar la página y marcar con el punto el surco grueso de la canción. Una canción radicalmente distinta al resto, con slides, paisajes propios del Blues. Hechizante.
Y emprende con “Let’s Go Forward”, un paseo por Inwood, el Soho o Bowery. Es una canción que igual que “Sign Your Name”, impregnándolo de contemplación y registros angelicales. Dando a este disco una personalidad distinta y poco predecible dentro de su estilo. Incluso esa pincelada jamming de “Rain”, y que desemboca en un acapella como es “As Yet Untitled

INTRODUCING THE HARDLINE ACCORDING TO es un disco atípico que entró como un rayo de luz, en tiempos de abalorios, hombreras y decoraciones brillantes un tanto impostadas. Su brillo sin embargo, estaba impreso en una voz inusual: la de Terence Trent D’Arby. En una ejecución y puesta en escena prensada sobre un maravilloso disco, que sin embargo, quedo eclipsado por algo tan de nuestros días como la estética, la moda y el hit.
Pero que treinta años más tarde, si os envalentonáis en su escucha. Veréis que contiene muchos de los atributos que ahora se ensalzan. El carisma, la belleza; no solo estética, el alma, y la inmortalidad que cede el tiempo a los estereotipos que tanto suelen esclavizarnos y distorsionar al instinto más humano



 

sábado, 19 de mayo de 2018

DIS_PLAYLIST EMOCIONAL #1_NO QUERÁIS TANTO, QUERER MEJOR





Debería ser ésta, una primera playlist cronológica: Con sus rutilantes novedades, sus reseñas propias de los discos que han colgado de mi mente difusa, la banda sonora 2018.
Debería incluso, haber sido estricto en mis escritos y en el hábito higiénico de relatar tal o cual disco recomendado de cada mes. Haber cumplido con el propósito anual de escribir tres entradas mínimo y así, concentrarme en esa rutina propia de quien con la misma, pretende seguir una vida ordenada, complaciente y rigurosa. No sea que en el caos uno se pierda, se deje, y al final peine moho en vez de melena.

Pero ya puestos a ser arrastrados y o empujados de boca sobre la arena por la bravura del oleaje. Definitivamente quiero que sea un disgusto en voz alta; a grito pelado. A verdugos, pladiñeras, y las escasas grietas que al otro lado nos salvaguardan con AMOR, mucho AMOR.
Un HOMENAJE a la poesía de amigos/as & ambiguos que tienden cabos para auxiliarnos del cenagal que nos ahoga. Y quienes no distorsionan su mirada con prejuicios y estigmas de conducta fácilmente basada en educaciones sectarias. A quien critica sin convivir, sin conocer, y en la lejanía horizontal exprés que tanto alimenta el tópico típico.
Esperando que estas mismas canciones repletas de mujeres y trobadores, sean las que fulminen al suceso con sus víctimas. No por el echo de lo odioso del suceso, sino por la cotidianidad y aceptación del mismo. Un homenaje no, mejor un altavoz para quienes comen cárcel por cantar, para quienes tienen que dar explicaciones y justificaciones por su libertad, para las miles de mujeres que sufren abusos y juicios populares por su condición. A las que los sufren en el silencio del barullo y a mis cuatro hermanas que también los sufrieron en los 70’s mudos por la propina de la transición.
También a los invisibles, a los que por ser anomalías y no formar parte del patrón para etiquetarlos, solo existen para acusarlos. A quien calla para no ofender a la ignorancia, y a quien abre la boca bien grande para reír la gracia a los “payasos” y comerse a los sensatos.
Y que de paso, sirvan para que cada golpe de acorde, bajo y percusión haga de gran pala para enterrar de una vez por todas. A quienes se creen poseedores de la verdad absoluta, a quienes convierten el drama de la injusticia en un circo mediático o llenan de colorantes, conservantes y sabores artificiales la información y la ¿cultura? fast food. Y sobretodo, para los que hacen de la desconfianza el miedo, y del miedo el odio; no solo ellos, tú también.
Besos y más besos de terciopelo y labios húmedos para los que pese al que dirán, pisan la raya y tiran contra tablero el tiro LIBRE. Los que no tienen miedo a hablar de lo que no toca y están cansados de que todo siga igual, o dan sin esperar a cambio. Y los que de igual manera se avergüenzan de hechos que para la mayoría son ¿normales? -Habituales. El ombligismo que solo se indigna cuando la sangre le salpica a él, ficha con hashtag, y limpia su conciencia con vinagre.

Me avergüenzo del ser humano sí, en general. Y no aprovecho las circunstancias pues es algo que arrastro desde siempre y ahora es tan evidente e implantado. Que hasta resulte raro y antisocial revelarse abiertamente sin temor a ser señalado y anillado como un pollo de criadero; que es lo realmente bochornoso amigos.
Recomendaría encarecidamente visualizar THE SQUARE. Una cinta del sueco Ruben Östlund, donde sube a la red y juega de tú a tú con nuestra hilarante aunque dogmática vida pública: La que queremos que los demás vean y acepten, bien envuelta con lazo y papel cuché bonito. Se ríe y nos divierte con nuestra misma mierda con tal elegancia, que nos planta nuestras miserias en las narices, y encima jugamos a hacer muñecos con ella.
Pero en el fondo, lo que flota es el desprecio y la miseria humana que se derrumba como una falsa fachada ante nuestras narices.

Tengo la certeza, que su visionado resumirá más o menos la parrafada con la que intento ilustrar mi malestar. Aun sabiendo, que es inútil confesar y definir el hastío que soporto, cuando el objetivo es distraer.
Pero no me hagáis mucho caso. No quisiera con esto incomodar, dar pie a corrillos o encender las luces en momento álgido a la fiesta. Llevo muy bien ese dicho tan nuestro de: “a las penas puñalás”. Pero, que tal si rompemos el silencio?
Con música, por supuesto.
O NO


Track_a_Track:

00_DTSQ_montgomery
01_PAPAYA_amor o sexo
02_CAROLINE ROSE_talk
03_SLOWCOACHES_complex
04_LUKE HAINES_oh michael
05_SR CHINARRO_de piedra
06_ANDY KETCH_oH, summer
07_THE BREEDERS_spacewoman
08_PJ HARVEY & HARRY ESCOTT_ace acre of land
09_COURTNEY BARNETT_need a little time
10_LOMA_white glass
11_MGMT_when you die
12_AIR FORMATION_a.m
13_JADED JUICE RIDERS_ready to go
14_FINE CHINA_feel not
15_THE ASTEROID Nº4_explore
16_KEVIN MORBY & WAXAHATCHEE_the dark don't hide it
17_JONATHAN WILSON_theres a light
18_THE WELL WISHERS_gravity waits
19_GUIDED BY VOICES_i love kangaroos
20_TRACEY THORN_face
21_SUNFLOWER BEAN_i was a fool
22_WYE OAK_i know its real
23_JACKSON REED_cathedral groove
24_PETE ASTOR_golden boy
25_UNLIKELY FRIENDS_all the cameras in japan
26_THE NINTH WAVE_new kind of ego
27_THE DECEMBERISTS_everything is awful
28_WHYTE HORSES_ectasy song
29_TROPICAL FUCK STRORM_ruber bullies
30_ELEANOR FRIEDBERGER_in between stars
31_THE MEN_so high

sábado, 12 de mayo de 2018

THE CHAMELEONS_VOX_Sala Bikini/Barcelona_04/05/2018: FÓRMULAS MAGISTRALES





Hemos llegado y estamos aquí.
Ese fue el furibundo y único mensaje capaz de hilvanar así, al vuelo. Cuando la noche del Viernes 4, alcanzaba su punto más álgido al sonar “Looking Inwardly”.
Probablemente nadie entienda la idea de tener la certeza, cuando algo sucede ahí abajo, en las tripas. Ni tan siquiera así, en plano general, que una canción del denostado WHAT DOES ANYTHING MEAN? BASICALLY sea esa canción más esperada por alguien, o para el caso: La que ilustre una época, un recuerdo, o una idea a grandes rasgos sobre una de tus bandas de juventud y la noche del reencuentro. Para mi sí.
Más aún cuando le sigue “Perfume Garden”. En ese momento hubiese firmado por poner fin al suspense del desenlace.
En general no es el disco más representativo, para una banda poco o nada reconocida, en tanto a la influencia general del PostPunk mirando de reojo, y con la perspectiva que nos dan los más de treinta años que tienen sus canciones. Pero fue mi primer disco. El más espacial y menos rocoso de la banda de Manchester, pero solo por eso, mi favorito; sin entrar en debate si es el mejor. La memorabilia tiene eso amigo, en la mayoría de ocasiones no atiende a razones. Porque la música y su memoria SIEMPRE va unida a una huella única y egoístamente personal.
Tampoco hubieron apenas góticos o por lo menos con sus galas ya; igual la edad. Aunque yo jamás oí a Chameleons, Echo & the Bunnymen, Comsat Angels o a los Sad Lovers and Giants en ningún garito gótico de la noche Barcelonesa; por lo menos si era más importante la estética que el militarismo. Nunca lo fueron, también es verdad.

Y eso. Además de honrarles. Les da un plus de importancia creo, vital. Si intentamos conectar algunas de esas bandas casi siempre incluidas en movimientos de culto, y sin embargo alejadas de una intención realmente musical.
Principalmente porque creo que son las que mejor capacitadas están, para envejecer y ejercer de conexión entre el pasado y el presente. Si hay bandas recientes que beban de algo del PostPunk ochentero, dudo que sea de Joy Division, sino de The Chameleons: Seguramente la banda menos referida en cuanto a influencia por la prensa, en bandas como Interpol, Editors, White Lies, The Horrors, o Protomartyr. Probablemente porque la mayoría pasó del BritPop a la actualidad, sin tener ni puta idea de lo que se cocía en años anteriores que no fueran Joy Division, The Cure, The Smiths y poco más.

Pero dejando de un lado rencillas y duelos en el callejón más sórdido, propias de un arrugao canoso de 48 tacos.
Lo importante del viernes pasado además de volver a ver a amigos/as de nuestra quinta, correrías y fábulas nocturnas propias de un biopic mítico. Y también esa curiosidad de comprobar si había que pasar lista, si conoces la evolución (o involución según el caso) de algunos de los colegas a los que apuesto, no reconocerías. O incluso averiguar a que quinta o época perteneces tú; que 30 años son muchos. ¿serás de la primera y más viejuna del 86/87? ¿los descubrirías con eso del Britpop y el afán de reafirmarte como raro, pintoresco o marginal? ¿O fuiste ya de los tardíos con muchísima más información, datos y variedad?

En cualquier caso, lo importante es que habíamos muchos; más de los que yo pensaba. Teniendo en cuenta la secuela que me dejó el pésimo sonido de la primera vez que los vi en esa misma sala cuando se reunieron los miembros originales. Dieciocho años que han pasado aproximadamente, y con la edad del pavo ya superada, yo iba con miedo. Sin saber a ciencia cierta lo que me iba a encontrar.
Los vi con esta formación bajo un sol del carallo en un Primavera Sound hace seis años, pero eso no cuenta. Y no sabría decir con certeza el efecto: Hacer tocar una banda oscura a las seis de la tarde debería estar penado.


THE CHAMELEONS VOX, como ahora se hacen llamar por eso de no contar Mark Burgess con la autoría 100% del repertorio, y ser el único miembro en activo. Suenan infinitamente mejor y más fieles al repertorio que la formación original de la gira del 2000; por más que les duela a los puristas. O por lo menos son más profesionales a la hora de modularse a una sala, y que todo suene en su sitio.
Chris Owen (Midge Ure, Ultravox), Neil Dwerryhouse (the Man with the Stereo Hands), y Yves Atlana (Black Swan Lane) a los tambores, suenan no solo como un tiro, sino con la intensidad y empaque justo que necesitan estas canciones.
Justo ahora que la imperativa actualidad relega las referencias, a meras citas. Es bien comprobar por activa, que el pasado es circunstancial, caprichoso y porque no admitirlo: Revelador para quienes creemos que mirar atrás lo justo. Pues va ser que no.

Si bien es cierto que “Don’t Fall” despegó irregular y con la voz de Mark Burgess engarrotada. A medida que el temario avanzaba; igual que los motores clásicos. Los responsables de volver a engrasar la maquinaria de los mancunianos al rebufo de su incombustible líder, han cogido por fin el tono de un repertorio inigualable en atemporalidad, y básico para entender la esencia del PostPunk.
Fue después el turno de “A Person Isn’t Safe Anywhere”: Densa e invernal si la comparamos con el sonido crudo de aquel primer disco del 83. Sonó la preciosidad de “Monkeylad” y Mark perdió de vista martilleando el bajo, cualquier sospecha de exceso de responsabilidad.
De esas canciones que 35 años más tarde, siguen sonando inmensas por convierte en parodia algunos de los himnos de actualidad. A manos de un vocalista que en momentos de lucidez hacen un uno solo: interpretación, música y voces por pura alma.
Es lo que diferencia a The Chameleons, o a New Model Army, de otras bandas de la época que sublimaban las intenciones y el éxito, sobre la autenticidad y el carisma bruto.
Looking Inwardly” y “Perfume Garden” rompieron con la maldición de ese disco intermedio en ocasiones repudiado. Y que creo que vital, por como vertebra una inflexión de estilo mucho más contemporáneo en la actualidad, y totalmente complementario en su reducida discografía.
THE CHAMELEONS solo publicaron tres discos en aquellos años. Pero vistos ahora con perspectiva y sin entrar en la grandiosidad imperecedera de sus canciones. Parieron tres obras totalmente distintas entre si, y parece ser que ahora es cuando de verdad son conscientes de esa suerte. La de despejar algunas incógnitas a seguidores a los que la edad les ha otorgado su misma visión, mucho más equitativa sin la presión de ser veinteañero.
En el fondo, esa es la maravilla de verte arrastrado a revisar la discografía de una de tus bandas de cabecera. Por más abandonada u olvidada que la tengas.
Less Than Human” como un réquiem o salmo para ya devotos. Era esa canción en el momento oportuno y estratégicamente seleccionada. Para que el acorde más mágico de su carrera nos arrebatara de un plumazo la más mínima duda: “Swamp Thing” debería ser un himno de la época incluido en cualquier revisión que se precie. Y pese a todo, todavía sigue siendo una reliquia semidesconocida para el gran público.
Paradiso” fue una de las rarezas de la noche; bella. La tremenda “Mad Jack” conectora tanto con los Echo como The Cult. Santos y seña de una época ya irrepetible, aun perfectamente revivida por una tropa de cuarentones y cincuentones cual niños chapoteando sobre un charco. Caras de felicidad y piel de bellú que desempolvaba airguitars. Justo cuando “Soul in Isolation” abrió un paréntesis de puro sentimiento , diría que hasta épico.
Second Skin”, la tremenda“Singing Rule Britannia” (se nota que soy fan de mi primer disco de ellos), cerrando con “View for Hill” a modo de tobogán.
Foto: Xavi Bartolomé

Todavía quedarían cuatro temas más, y por supuesto, los más emotivos de la noche. Que invirtieron la perplejidad estática del impávido público, en un temerario pogo que para que engañarnos; hizo a todos un poco más jóvenes e infinítamente felices:
In Shreds” y la bendita ocurrencia de por fin explotar el filón del WHAT DOES ANYTHING MEAN? BASICALLY. La puta locura de “The Fan and the Bellows” como os imagináis, fue ritual. “Nostalgia” como su propio nombre define e ilustra, apoteósica. Y de regalo a punto de recoger bártulos “Up the Down Ecuador”; la noche y el entregado público se lo merecía.
Ese tipo de vueltas que viene a abofetearte para decirte alto y fuerte: Ves? Eres tu el que te haces viejo, no la música. La bendita música celestial (aquella que te vuelve melancólico), fluctúa, late y bombea sólo si tú te empeñas en dar la medida justa a cada momento; pasado, presente y futuro. Y además, que sepáis que cuando todo parece haber sucumbido al vórtice de la moda, llega la antimoda para hacer del brillo excesivo, un satinado lleno de escondites o fundidos según la luz, edad o momento.
Que además todo esto ocurra empujado por Albert Y Sturm Promnotions; amigo además de épocas. Pues que queréis que os diga, es orgullo propio de quien como la banda, deposita en la tenacidad y el empeño, toda su irreductible valía.
FELICIDADES

lunes, 30 de abril de 2018

DEAD MEADOW_THE NOTHING THEY NEED_2018: DE LA MANO DE CARONTE





Un gran sol circular de centelleante vinilo asoma por la montaña tras tiempos de abundante lluvia.
Por las laderas abiertas en canal los surcos lloran todavía agua. Y son los latidos como gigantescas prensas industriales, los que a cada golpe atronador resuenan sus tripas escupiendo verdor, flores. A la familia invertebrada, y nemátodos en orgía copuladora.
Los corzos y los ciervos se unen con cantos, equipados con auriculares cuadrafónicos. Y de las entrañas del promontorio no solo es naturaleza la que brota a cada contracción, también lo son almas perdidas de un tiempo _aunque no tan pasado_ sí criaturas pertrechadas en lo más profundo de las simas.


Cánticos y plegarias rituales que fueron tragadas ya hace cinco años por la belleza marchita. Y a los que un pastor dice haber visto merodear por la noche, como el animal que canta a la luna con un aullido metálico, cortante y planeador.
DEAD MEADOW han vuelto para conmemorar su veinte aniversario como mejor lo saben hacer: Publicando otro disco inmenso, como los nueve que ya llevaban a cuestas. Con una mirada de corderitos melancólicos, pero con la perspectiva estática que el tiempo a dado al Stoner Rock, y otra forma de reinterpretarlo mirando a la luna hasta llorar de deslumbre.
De esos discos que dejan cualquier argumento teórico, en una alegoría inútil. En una nimiedad e insignificancia propia de quien quiere explicar la belleza, el nudo en la garganta y el vaciamiento interior. Cuando las sensaciones se crearon para no explicarlas, y experimentarlas sin el rigor de quien intenta estructurar y exponer todo lo que se hace.




Esa caída cuesta abajo entre las los surcos abiertos por las aguas. Los accidentes que se crean y metamorfosean sin criterio ni deuda. Y que suena al ritmo del martillazo que endereza o dobla el acorde acerado de las cuerdas en flexión imposible. Hace que “Keep Your Head” sea esa especie de procesión por el calvario, a latigazos de palanca, pedal y fuzz. Tan distinto de aquel “September” con el que finiquitaron el mastodóntico “Warble Womb/2013”, pero a su vez concentrado:
Una vuelta, capaz de comprimir en ocho temas. Una panorámica tan rica sobre su carrera, como conciso y determinante es el mensaje sobre su evolución.

La banda de Washintong D.C liderada por Jason Simon y Steve Kille regresa con una idea muy clara de su sonido. O por lo menos con la capacidad no solo intacta, sino que renovada. De como reunir un puñado de canciones directas al ipotálamo. De esas por las que un álbum es capaz de trascender sobre un estilo, sus distintas mutaciones, los derroteros de una banda, y chas!! De repente reinventar una historia sin tener por ello que dilapidar lo que quedó atrás.
En THE NOTHING THEY NEED hay mucho blues taciturno y oscuro, psicodelia a raudales sin abusos ni demasiados estereotipos, caminares rotundos heredados del Stoner Rock pero superponiendo armonías dignas del progresivo; he incluso reflexivas en ocasiones. Y un halo incluso que sino se acerca, si que se expande hacia el White Noise, el sinfonismo barroco y a la práctica: siempre caminando en la cuerda floja de PostRock y géneros hermanos; eso sí, con muchísimo matices, que es lo que hace tan interesante e hipnótico.
Una farfollada de palabrería que se podría resumir en dos adjetivos: Un disco tremendamente orgánico con ocho cortes demoledores.
Here with the Hawk” comprime el riff roquero con acierto quirúrgico. “I’m So Glad” es un blues árido y apocalíptico capaz de ilustrar en cinco minutos esos sucesos naturales del principio del texto. Las canciones pueden transportarte a territorios salvajes o al salvajismo urbano. “Nobody Home” exprime los wah wahs con una cadencia vacilona que roza incluso el funk.
This Shaky Hand is not Mine” lo convierten en un réquiem camino del ansiado y salvador monte Sinai: Cinco minutos de guitarras moldeadoras y fustigantes que desembocan en una oda silenciosa, “Rest Natural”. La megalítica “The Light” emerge, es la montaña: Imponente, sinuosa y concluyente en ese tipo de Rock plomizo con lirismos arrastrados o extasiados, hecho expresivo y hasta poético como una bajada de tensión. Con un final de una sensibilidad inaudita para una banda que sobre el papel, se imagina abrasiva y caústica.
Sin embargo “Unsettled Dust” emana una belleza digna de ese horizonte paisajístico que el ojo humano, y menos una fotografía, es incapaz de explicar. Dicen que una imagen vale más que mil palabras? Cuando es la música y sus evocaciones sensacionales, la única capaz de expandir la imaginación donde la palabra es incapaz de llegar. El infinito
http://www.deadmeadow.com/links


lunes, 16 de abril de 2018

JONATHAN WILSON_EL PLACER DE LO INESPERADO_09/04/18_ Sala Razzmatazz 3



Lunes mansos de primaveras impredecibles y traicioneras. Nubarrones intimidantes que a cualquiera arrinconarían tras la batamanta o harían la coartada de perezosos, más creíble y absolutoria. Y de peregrinos que a falta de santos a los que venerar, presagiarse o encomendarse si se tercia, nos damos por bendecidos con una buena Voll Damn, un concierto con chicha y su consiguiente debate a las puertas.

Jonathan, ese chico que asomó tímidamente la cabeza hace 11 años con su psicodélica visión del ISLA BONITA de Madonna, nos tenía preparada una sorpresa. Tan sorpresa y ocurrencia, como aprovechar su estancia en Barcelona con Roger Waters; quien actuó este pasado fin de semana. Y aprovechando sus largos ensayos, se presentase en la sala Razzmatazz (las 3, la pequeñaja). Y nos ofreciera, otra perspectiva bien distinta de su temario. Más lejos de sus influencias Dylanianas y de fluido rosa. Para llevárselas al terreno de lo barroco y de la música de cámara.

Una visión, sin embargo, invasora, poseedora, y tan íntima. Que hasta el más esquivo y refunfuñoso de los presentes por no acompañarse por la banda, se postró en reverencia proverbial.
 



Una sesión que empezó solo acompañado con su guitarra y deshuesando con acordes firmes y contorsionistas su “Valley of the Silver Moon”: Una canción de su disco de debut; quien sería tan protagonista como omnipresente.

Algunos presagiaron lo peor; igual sin la preparación para creer. Que un concierto acústico, distinto y algo suicida. Tiene la misma aventura que no exigir que el guión suceda según tus gustos. Sino que sean las canciones y el artista, las que nos lleven como gallinita ciega, a otros territorios a menudo más dilucidadores y excitantes.

Hubo una aparición también. La del guitarrista clásico residente en Barcelona, JAVIER MAS: Aquel que de sopetón apareció del ostracismo a la realidad, tras su sorpresiva participación el la gira de Leonard Coen del 2009 al 2014. Pese a llevar toda una vida componiendo y tocando folklore aragonés, o como músico de sesión junto a Raimundo Amador, Agapito Marazuela, Maria del Mar Bonet o Carlos Cano entre otros muchos.

Un señor de 66 años con un exquisito bagaje musical a sus espaldas, y una no menos riqueza musical en sus manos con la guitarra de doce cuerdas, la badurria, el archilaúd y el laúd; que es con lo que apareció esta misma noche.




Con los dos sobre el escenario el repertorio levantó el vuelo en lo expresivo y sensorial, en una especie de sinfonía psicodélica que recordaba a Vini Reilly o a músicas venidas de oriente. Pero sin lugar a dudas, como una sesión casi casual, donde las canciones del músico de Carolina del Norte se descubren de verdad como lienzos donde cabe cualquier experimento.

En realidad creo que ese es el verdadero valor de la música de Jonathan Wilson: Que su mentalidad y manera de expresarse, no están sujetas a limitaciones. Y por eso sus disco pueden irse de un lado a otro a su antojo: Al del Folk, a la psicodelia, al funk, al progresivo o al que le venga en gana. Pero siempre sonando a él, y no a un intento fatuo por imitar a sus influencias.



Rare Bird” a cuatro manos y cuerdas ilimitadas sonó majestuosa. “Over the Midnight” mejoró y arrasó con el más mínimo recuerdo a War on Drugs: Si a ellos les sobran minutos, a este tipo le faltan. Para rematar con un mano a mano con “Moses Pain”quebrando el más mínimo atisbo de sopor.

Algunos prefirieron debatir sobre los índices bursátiles, la cruz de carabaca y la heroicidad de plasmar una instantánea en su smartphone a costa de robarle el alma a los chamanes del escenario: allá ellos.

Otros nos ahogábamos en cerveza de rubios cabellos y los acordes que la peinaban. Nos tumbamos y dejámonos hacer sobre la botonera del control de sonido. Era un masaje, lo juro. Cerramos los ojos, pues todo lo que hay que ver se ve con el corazón y son los poros los que como pústulas sienten la magnitud que el oído es incapaz. Y viajamos flotando, vaya si volamos.

Hubo algún chiquillo al que hubo que hacer callar. Pero en líneas generales mucho respeto y silencio. Los violines, violas y violonchelos de la sección que se hizo presente lo exigieron; cuatro para ser más exacto, creo, desde mi posición retrasada.



Desert Raven” de su incunable primera época, “Sunset Bulevard” al piano y con su vocoder, “Me”, “There’s a Light” que fue la única que rompería por un momento el clímax íntimo, pero como gran temazo que es, merecía su aparición a lomos de los violines. Y “Gentle Spirit” que volvió a poner las cosas en sus sitio con Javier Mas y el equipo al completo sobre el escenario, junto a “All the Way Down” y “Can We Really Party Today” para poner fin a la noche.

Dejándonos con esa clara sensación que se da tan pocas veces en la vida. Y que sabes a ciencia cierta que no se volverá a repetir jamás, ni de la misma manera.

Esas cosas que hacen de la música en vivo y a flor de piel, algo especial: La certeza de que la música, el momento, el sitio, y lo voluble que es la interpretación de nuestros sentidos junto a nuestra memoria, convierta en únicos e indescriptibles los asuntos de la emoción y el amor.



jueves, 5 de abril de 2018

LA FORADADA 2015_EL CAZASOLES




Bodega: Celler Frisach (Corbera D’Ebre)
D.O: Terra Alta
Variedad: Garnatxa blanca 100%
Grado:13%
Fermentación: En piel/vino brisado
Crianza en sus lías de una año, sin filtrar ni estabilizar, sin sulfitos añadidos
Pago: Finca del Quart
Suelos: Agilo_calcáreo pedregoso
Cultivo: Agricultura Ecológica
Precio aprox: 12/14 Euros

Veo allí la bandera blanca, sobre un promontorio imaginario. Sobre el asta la moharra, y un brillo radiante de sol; testimonio de la tregua del invierno tenaz. La gente sale a la calle como a chorros en busca del calor solar, y las ganas por quitarse de encima abrigos, bufandas, gorros y pañuelos es tal, que acudimos a un striptease general. Si no es verano ya, lo declararemos a golpe de estado, o de sitio.
Y nosotros, que pocas veces seguimos los ritos de la semana santa, ya sean de devoción o paganas. Hoy como la iguana asoma la cabeza al sol, hemos ido a dar constancia de los especímenes que asedian el encantador barrio de la Barceloneta; en persona y carne y hueso.

Creo que sería inútil y de interés más bien escaso, intentar explicar lo que se cuece en los alrededores de lo que antes era el rompeolas:
Allí donde muchos de mi añada tuvieron su primer contacto con el sexo. Ahora hay de todo menos intimidad, poesía y misterio.

Lo que si hay es gente venida de todos los puntos del mundo, vendedores ambulantes, y una especie de sensación de estar inmerso en un vórtice desnaturalizado, egoísta y depredador; por lo menos para mi, que asomo la cabeza cada muuuucho tiempo por esos lares (ventajas de vivir a una distancia prudencial de la gran urbe Barcino).
Pero también hay otras cosas en el trabajo de campo, en el ejercicio de voyeur con el que imaginar escritos.
Hay providencias igual que el polen de las Acacias sacudidas por la ventisca, que de repente se plantan junto a ti: Las miras, te miran… Y va a sonar a risa, pero la casualidad de escribir sobre algo que irrumpe de nuevo en tu vida. Tiene que ser por fuerza el destino; del cual no creo lo más mínimo, pero sí en la fuerza del querer. Para que en la carta de vinos del oasis: LA MAR SALADA. Sea de nuevo este Terra Alta ecológico que descubrí hace un mes en el Celler El Vinyet de la Rambla de Poblenou y del que quería escribir. El que se cruce en tu camino, como queriendo refrescar algo más que una mera chuleta en un cacho de papel.


Un arroz con alcachofas, trompetas de la muerte, espárragos y gambita blanca de la Barceloneta. No solo tiene que tener como partícipes a los comensales de este Restaurante donde lo rico resalta sobre cualquier atisbo de lujo extremo, de cutrez turística o de espejismo culinario. También otras razones que hacen de un sitio, algo distinto del tumulto cazador:
Lugares por ejemplo, donde se respeta el producto, la zona, y la cocina de toda la vida, simplemente porque sus platos son ricos. Y que hacen que una comida en familia se convierta en una especie de prismático por donde contemplar paisajes mediterráneos.

El arroz como vehículo identitario de un barrio pesquero que defiende a capa y espada su existencia. Y un vino blanco de Garnatxa que remonta rio arriba hacia el mirador de Corvera D’Ebre: Como parte de una historia pasada trágica, y la juventud de sus gentes con empeño por reflejar un terruño donde son sus antepasados los que donaron el testigo sin apenas mucho más.

Los hermanos Ferrer: Joan y Francesc. Puede que sean de la nueva hornada de bodegas emprendedoras, la que mejor y con más fuerza elaboran vinos de identidad. Y que al igual que pasa con la música: Que no solo interpreten géneros con instrumentos concretos, sino que lo hagan con un lenguaje revelador sobre el origen y destino de sus creaciones.
En el fondo, a diferencia de la música, el vino tiene la ventaja de contar con las viñas, la tierra y su climatología. Algo que en buenas manos y con buenos intérpretes, habla por si sola y obliga a que las cosas sucedan según el curso de la naturaleza: La verdadera y única protagonista del asunto.

LA FORADADA, es un vino especial y hasta cierto punto extremo, en concepción. Un blanco de Garnatxa blanca 100%. Esa uva que debiera ser (y es), la PrimaDonna de esta D.O que como la Conca de Barberá, ha crecido a la sombra de los exitosos Priorat y Montsant.
De echo, Terra Alta tiene esa suerte de privilegio, o mejor dicho: algo que la hace distinta por situación y paisaje, y que ahora algunos jóvenes viticultores comienzan a valorar verdaderamente como único estandarte.

Este blanco en consonancia con el resto de vinos que elabora esta joven bodega, tiene como denominador común el carácter. Vinos que intentan hablar de un tiempo e historia; como lo es su otro gran tinto, SANG DE CORB, de larga crianza y elaborado con Garnatxa Negra, Peluda 20% y Cariñena.
Sin crianza y con una larga fermentación de un año en sus lías (mosto y hollejos); o como aquí se denomina junto al de otras zonas del país, un vino brisado. Una forma de vinificar propia de los tintos, que aquí en Terra Alta, se viene haciendo desde siempre.
Si bien BÀRBARA FORÉS abrió una ruta en su forma de acentuar blancos (sobretodo), y tintos desde hace aproximadamente 25 años. CELLER FRISACH es entre otras, parte de esas bodegas jóvenes dispuestas a otorgar la importancia que se merece Terra Alta: Tierra perdida ribereña del Ebro, de Templarios, Sangrientas Batallas y cicatrices dignas de serigrafiar con sangre de tierra, con vino.

LA FORADADA es la desnudez escuálida y nerviosa de la tierra, de su vista en las alturas, y su paisaje en definitiva. Un vino blanco sin un vestido que lo convierta en algo que no es. Dicen de ellos: vinos difíciles, que no son para todos los públicos; pero se equivocan. Son vinos para valientes que quieren ver sin filtros la verdad con su terror y su hermosura.
Ese filtro de oro viejo como si abriéramos el corazón de un albaricoque maduro. La lágrima densa que escurre filo abajo por las curvas sensuales de la copa: esa concentración de azúcar licoroso y su profundidad. De un perfume complejo e imaginativo, vislumbra su condición de vino brisado, con esa personalidad inherente y necesaria que le han dado sus pieles sin tener porqué pasar por una crianza en barrica para domarlo; y al igual arrebatarle parte de ese encanto desbocado, sincero y revelador para intentar entender esta zona alta.
Con cierta mineralidad de piedra blanca entre lo salino y un recuerdo a la albariza de Jerez. El envolvente es de azúcar tostado y cereal recién cosechado, de melocotón de agua, mandarina con un toque de hiervas (romero,tomillo, manzanilla) en miel o infusionadas. Su boca mucho más directa y vertical hacia el final produciendo ese salibeo de la acidez y su ataque.
Es untuoso lo justo, sin pasarse y se agradece. Tiene un final largo y ligeramente amargante muy sabroso y límpido. Un vino gastronómico que invita a acompañar con comida por su ligera salinidad, cuerpo y voluptuosidad, con toques oxidativos según el día. Pero increíblemente versátil tratándose de un vino blanco con atributos de tinto, que se podría manejar tanto con pescados, mariscos, quesos o carnes blancas. Que está perfecto para consumir en estas dos añadas 2015/16, y que promete una evolución en la botellas que bien valdría guardar cuatro añitos y descubrir sus misterios. Se lo merece, de verdad.


jueves, 29 de marzo de 2018

WHYTE HORSES_EMPTY WORDS_2018: LA SENSIBILIDAD DE LO NADA ESTRICTO, Y EL RIGOR ALTERNATIVO




Me calzo mis zapatillas, mis pantalones baratos y mi vieja camiseta calada de la Escola de Basket de la Penya; que curiosamente, todavía me viene. Entro decidido. Y al montarme en la bicicleta estática del gimnasio donde solo los obsesos de la obesidad y mayores, hacen kilómetros non stop. Y pese a que tras la pared contigua, el chumba chumba del spinning se hace dueño del silencio. Mi desconexión total es tal, que sin la necesidad de ningún auricular, la cadencia de bonanza melódica es lo único que necesito para marcar mi ritmo: más lento, rápido, o constante.


La mayoría necesitan un estímulo vigoroso, y hasta me atrevería, estresante. Para centrifugar la ansiedad diaria y convertirla en músculos, biceps y calorías en combustión.
Pero yo, sin embargo, soy capaz de blanquear la mente con mis pasados recuerdos ciclistas de hace treinta años. E imaginar que transito entre las retorcidas curvas de La Conrería, subiendo los repechos de Sant Feliu de Codina en El Cim de las Aligas, o bajando cuesta abajo hasta donde me estimbé con la roca de Sant Romà.
Pedaleos circulares de altos desarrollos que sin quererlo hacen de mi ejercicio, una especie de paseo. Del que mis tres años de entrenamiento, no solo hacen olvidarme de mis dolencias congénitas de rodillas atrofiadas, sino que me convierten en un observador anónimo de la fauna de gimnasios. Suena la música… como un tintineo del trineo de ese tío de la barba blanca, o mejor: El excitante sonido de los engranajes de las coronas en contacto con la cadena en precisión japonesa.

Las canciones nuevas de la banda de Manchester no lo son tanto. No son nuevas o sí, pero mantienen esa misma idiosincrasia de pantalón de franela picante y lana, que te atraviesa el pecho como una urticaria deliciosa y juguetona.

Son y debieran ser por siempre, la manera de tejer el Pop militante como una niñería que a sabiendas de que no debieras. Tú te sigues comiendo las uñas, te muerdes esa piel reseca del labio y sigues, abusando de las golosinas prohibidas por la simple adicción del azúcar ácido. Una manera más de seguir sintiéndote adolescente por un momento más o menos controlado, pero contínuo por antojo. ¿a caso no hay en la vida algo más excitante que hacer lo que te reclama el corazón? Seguramente por eso, es por lo que con EMPTY WORDS entre mi pecho, mi condición popera se reafirma.  


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Un disco que sin apenas variar el discurso más que obvio, premeditado y totalmente consciente de aquel capricho de Dom Thomas (Finders Keepers, B Music).
Que continúe dos años más tarde insistiendo en hacer que el Pop de los 60 suene con entidad en la más absoluta independencia. Tan solo puede ser por puro altruismo, divertimento o mero empeño en dejar constancia de...: Eso de que para que las cosas sean creíbles no vale con el antojo, sino que hay que hacerlas a todo color, con una buena encuadernación y a ser posible sentarse a explicarlas.
El nuevo disco de la bulliciosa banda de Dom y Julie Margat tiene todo eso, e incluso tiene lo más importante: Dieciséis canciones capaces de soportar el peso de un sonido casi de “culto” (o que no pretende cambiar), hacer canciones de pop de 4 y 5 minutos sin resentirse, y ser un disco tan digerible como una ensalada fresca recién cosechada.





Si pensaste quizás como yo por un instante, que su debut pudiese pecar de los atributos de una franquicia musical de teatro revival navideño; nada más lejos. Con este segundo trabajo del que a primera vista solo se puede extraer una conclusión como: ¿eran necesarias tantas canciones? El… ¿no suena igual que el anterior?
Todas justificadas supongo.

Igual deberías dejar el ritmo del pelotón y descolgarte al rebufo como Marino Lejarreta, y comprobar que dentro de ese rodar de Pop adolescente, hay un sentido amplio, paisajístico y cuidado, de una intención más o menos clara. La de empeñarse como Iam Button en Papernut Cambridge en recuperar un sonido y una época, por encima del concepto idealista de una banda de condicionantes atributos. Y hacerlo para más inri con una concepción pop de cortes rectos y entallados sin trampa ni cartón



Counting Down the Years” prosigue prácticamente el hilo de su anterior primer gran temazo en aquel Pop or Not del 2016: “Snowfalls”. Es esa misma inocencia heredada del sello Le Grand Magistery y sus acólitos, y de esos primeros discos de April March con una manera de entender el Pop directamente conectado a los 60 sin disimular en absoluto su querencia por The Ronettes o Shangri-las.
Solo que en este nuevo trabajo la sección de cuerda reviste de terciopelo el recibidor y planea por casi todo el álbum:

Never Took the Time” es mágica y dulce como aquellas canciones de Brian Wilson que hacen que el amor brote como en un aspersor. Otras que tiñen de western urbano aquí y allá haciendo de esta colección, un paseo más ameno y disfrutable; más que nada porque la autenticidad de su sonido solo echa mano de una fórmula muy sencilla. Por eso “ Greatest Love in Town” y la maravillosa “Fake Protest Song” (de nuevo con los coros de St Bart), tienen hasta cierto punto un toque exótico que nos puede recordar incluso a Vainica Doble.

Hay preámbulos y separadores de colores en plástico, como los de los carpesanos de tu cole. Que como capítulos, nos insuflan aire para disfrutar a las mil maravillas de bocados como “Empty Words”: Canciones de apenas dos minutos que hacen que este disco igual que el anterior, contenga esos reclamos que lo hacen irrepetible.
Any Day Now” junto a “The Best of It”; cantada por La Roux. Son dos pedazo de inSOULaciones que igual conectan a George Harrison con Randy Newman, o a Gloria Jones con Labi Siffre; desde una perspectiva infinitamente Pop, ojo.
Pero hay algo más que antes. Hay otra manera de estructurar el disco e ir poco más allá del mero pop. Y desde luego, para creerse un poquito más los discos o lo que nos intentan transmitir, es esencial que al escucharlos tengan cierto sentido o estructura de historia, más allá de canciones pegadizas, acertar con lo que busca el público (modas) y por supuesto tener cierto éxito.
Imagino que el echo de que con su primera grabación prescindieran absolutamente de cualquier promoción, gira o difusión al uso. Éste su segundo disco, es un poco creerse su posibilidades y perfeccionar igual lo que se quedó la primera vez fuera por timidez. Así que supongo, se pueden observar como dos partes donde todo queda igual en los siete primeros cortes: Un disco pop más o menos al uso, igual incluso un poco discreto.
Y no es hasta la estrafalaria “Watching Tv”, cuando la tortilla se gira e irrumpe el indiedance de fragor scalidélico; que bien podría verse representado por el “Love Up” de Paris Angels. O un pasito más adelante, con el adictivo “Snowplough” de Saint Etienne: Dos canciones y sobretodo esta última, que tienen en común esa parte dance de lisérgia etílica, que abordó el boom alternativo en el Reino Unido y que aquí se acotó a la inexistencia, en sectas muy reducidas.
La parte final de Watching Tv tiene esa parte de disco/psicodélica que en España apenas existió. Ese loop tan Happy Mondays que llevaron las sustancias, a perder un poco de vista el espíritu indie nativo hacia otros territorios. Pero que también forma parte de nuestra historia.
Watching Tv” como lanzador en plena final olímpica de los 10.000, y “Ectasy Song” como victorioso Zatopek. Son dos temas que cambian el registro del disco. Con las anteriormente citadas “The Best of It”, “Fake Prtest Song”, “Dawn Don’t You Cry” sería la otra gran canción del disco que conecta con aquella época de Lightneen Seeds, The Dylans, Happy Mondays o el Up to Our Hips de los Charlatans.
Y que pone punto final con algunas de las joyas de este fondista disco: “Ride Easy”, “Nightmares Aren’t Real” o “Fear is a Such...”:
Tres canciones que guardan para el final, esa intención de escuchar un disco largo de narices. Pero tan digestivo y deliciosamente intrascendente, como ese chupetón a un Calippo de limón en pleno verano.

Una disco para consumir como perfecta banda sonora en pos de la contemplación, de la tonta agitación primaveral, del ritmo hipnótico de la disgregación cerebral, y muy cerquita de la felicidad. La mía por lo menos.