sábado, 29 de noviembre de 2014

THE BEAUJOLAUS DAY: CELEBRATION GOOD TIMES, COME ON!!




No, no pongan en duda ni por un momento mi capacidad de dosificar la euforia. Celebrar el alzamiento de telón y la salida al escenario, de en este caso los vinos jóvenes, es tan lícita como buscar en la mochila de nuestro viaje anual, los restos aprovechables de nuestros naufragios personales: Sacarles brillo con nuestro antebrazo, exhalar vapor de nuestra boca, y volver a frotar para que resplandezcan pese a lo morboso de rememorar caídas y levantamientos.
Si hacemos efectiva esa misma misiva o proposición de enmienda, lo importante al fin y al cabo no es el motivo de la celebración; bueno o malo, ya sea motivo de felicidad o de simple nostalgia autolesiva. O si en verdad, hay que buscar un motivo para reunirse en fraternal comuna para conocer aspectos de nuestras naturalezas humanas más allá del - “que majo es”.

Vuelvo a reincidir sin ser capaz de evitar acordarme donde estaba hace un año por estos días: Postrado en una cama de la UCI atravesado por mil tubos y cables, y a punto de salir de un coma en el que plegaba y desplegaba universos paralelos. ¿Porqué será que nos pone tanto imaginar un viaje al más allá o la simple posibilidad de fenecer? Será porque no sucedió lo fatal. Y si estamos aquí narrando estos detalles del pasado y la coincidencia del aniversario, es sin duda porque estamos para contarlo. Pormenores y mejor aun, celebraciones.
Eso sí, entre la posibilidad de ejercer de mártir o disfrutar de la compañía de los que compartimos cariño y herramientas para convertirlo en felicidad, me quedo con lo segundo.

A la llamada grito en boca y pie de guerra de nuestro principal ángel custodio el pasado 21 de Noviembre, Xavi. Pocas son las causas de fuerza mayor que me impididan acudir a la cita. Y es que aunque nuestros encuentros de catas formales y “rigurosas” de cada Jueves sean asiduas e instructivas, no hay mejor manera de estrechar lazos que una cena de hermandad.
Para semejante evento no es cierto que se necesite gran liturgia o un restaurante emperifollado, que va. El vino, ese líquido reflejo de la magia de la naturaleza, el fruto, y el hombre, ejercen un vínculo tan esotérico que es la chispa suficiente, para imaginar un ágape y echarlo a andar. Lo único que se precisa es hambre de aventura, una pizca de inconsciencia y la idea. Cierto es claro está, que los anfitriones tienen en gran medida esa facultad casi mágica del conjuro y los cuatro pases para llevarla a cabo. Pero al final, todo depende de ese mecanismo que se activa y te empuja fruto de la improvisación, el que nos hace la vida un poquitín más excitante y hasta sexual. Un aquí te pillo aquí te mato, como se suele decir.


Tampoco vamos a quitarle méritos al mecanismo que activa la chispa que nos echa a andar el corazón. Que no es otro que el arranque de la temporada de vinos jóvenes, o como se dice en mi tierra, del Vi novell: "Per Sant Martí mata el porc i enceta el vi".
Unos meses de aquí a Navidad, ideales para perderse por la geografía vitivinícola y disfrutar de la esencia juvenil y desenfadada del vino joven. Más aun si somos de los que apreciamos esa explosión de fruta, fermentación todavía palpitante y el echo de que estos pequeños tesoros duren lo que el salmón tarda en desovar; para la primavera empiezan a perder cualidades y vigor.
Pero para ser totalmente sincero, alentados por la promesa de profanar uno de aquellos Riojas que Carlos guarda como oro en paño. Y con el perfume todavía revoloteando de aquel Viña Tondonia del 67 al que dimos debida cuenta un día cualquiera. Pese a que por desgracia no acudiera por indisposiciones arbitrarias. Los que sí pudimos, lo hicimos con la presión y el reto de acompañar ese veterano de guerra, con vinos dignos merecedores de tan magno evento.


Con Xavi & su mujer Montse como inigualables anfitriones, quien en su arte imaginativo del maridaje nos prepararon una cenita arreglá pero informal; como cantaba Martirio. La cosa transcurrió en formato tapa con los siguientes presentes: Una miniensalada de salmón con sus retoños y todo, una crema de acelgas y mascarpone de Parmesano, unos raviolis de morcilla con cebolla caramelizada y textura de tomate fresco (que me inventé en casa). Y para rematar Presa ibérica con crema de ceps, Ternera con crema de escalivada y una tabla de quesos con todas las denominaciones en formación (Idiazabal de pueblo que nos trajo Edu de sus numerosos viajes al País Vasco incluido). Claro, y un Panettone de pasas con un Cava Mestres Visol para rematar.
 

Se imaginarán porqué digo así que uno no necesita reservar mesa en un buen restaurante, para gozar del MOMENTO. Basta con dar los tres pases maestros de la cocinera Montse “Sweet Solanet” en un alarde de Mary Poppins y Abracadabra chas!! No era el supercalifrasqui el que sonaba de trasfondo, sino u “White Horses” Stoniano.


El Beaujolais Noveau de Joseph Drouhin/2014 correteaba por el salón salpicándonos de yogur de fresa a los comensales, frutillas rojas y juventud chispeante. Allí en su casa se sincronizan relojes por esas fechas, y las calles del Beaujolais desperdigan vinos frescos por doquier.
 Un adolescente Titán del Bendito del 2009 intentó en su precoz madurez poner cordura al momento: Un vino de Toro de altos vuelos que elabora un tocayo francés, Anthony Terryn; viajante de tierras francesas, Chilenas, Americanas y Portuguesas establecido ahora en el viejo pago del Jara. Viñas de 50 años que dan un elixir con cerrajón que solo los dedos hábiles de un decantador saben descifrar la contraseña de sus perfumes a baya, a marrasquino, efluvios enfrascados que hacen pensar en un típico Toro tánico y austero. Titán del Bendito sin embargo y pese a sus escasos años de botella tiene botines y no va descalzo: Tiene una entrada deliciosa en boca, amable, de insaciable acidez y con fondo mineral de los cantos rodados donde crece, que se amancilla con cacaos, bálsamo, huya y hoja de tabaco fresco.
Todo un alarde de inmediatez y de prometedor envejecimiento por un precio bastante razonable.

 
Al tanto que correteaban alrededor de los platos en vertiginosa persecución. Tuvo que ser la serenidad de un adulto Jean Leon del 2003 el que hiciera entrar en razón a los cabritillos desbocados.
Jean Leon sigue siendo el rey, y pese a la adquisición de la bodega por Torres hace años, sigue ahí. Siendo el Penedés por antonomasia que conjuga clasicismo, elegancia y puro equilibrismo en la cuerda floja de una D.O que ha sufrido un sinfín de avatares. Una opción que nunca falla y que de manera estoica nos sigue dando uno de mis Penedés preferidos por un precio tentador. Los 11 años de botella le han dado una longitud refinada en boca, un toque afrancesado casi inigualable en tiempo y saber estar: Los toques de pimiento asado del Cabernet Sauvignon brillantes y pulidos, ese color a madera de rosetón maduro y una boca donde casi se puede notar el granulado del mineral, las fresas, el cassis...

Para la bien entrada noche con la seducción de sonidos, suspiros y felicidad conjunta. Tuvimos que acunar a los niños, reverenciar al cuarteado Jean, para que en plena ceremonia fuesen el Priorat Pasanau del 2004 Vell del Coster y un imponente Sot Lefriec del 2003 los que nos enseñaran con la perspectiva de los años, lo que significa el silencio.

Dos vinos de altos vuelos tan distintos a la vez que entrañables, en esa forma de detener el tiempo comprimido en un recipiente de oscuro brillo; como uno de esos trajes de vieja franela. De los que la impresión por austeridad y pocas palabras, nos recuerda a ese abuelo intimidatorio y sin embargo de bondadosa hechura.
Pasanau es uno de esos Priorats auténticos, extremos en el reflejo de la esencia de un paisaje: Sus pendientes extremas, el silencio de sus calles, el trazado de sus carreteras acordes con el capricho de su accidentada orografía, y su belleza exenta de rimel y colorete.

Explosión de volátiles en plena concentración de resinas, epoxy y pegamentos... Inhalas y se abren los alvéolos como las compuertas de una presa saturada de esencias. Los Priorats son así, impactantes, no entienden de prisas y plazos de entrega. Sigues charlando, comentas lo que suena en el reproductor, las bondades de menú nocturno, risas y más risas... Y cuando menos te lo esperas lo tienes ahí. Un vino ya abierto como los geranios al borde del precipicio invernal, y con los escasos rayos de sol necesarios para que se aferren a su floración recia y combativa. Es entonces cuando aparece la golosería de estos vinos; de sopetón y sin previo aviso. Una vez aireada esa intensidad que los ayuda a envejecer en la botella, aparecen las confituras, los frutas rojas maduras, los higos en almibar, las compotas y ese final largo y persistente que va desde el dulzor y el bálsamo, hasta el mineral y las maderas finas.
Todo un goce de sensaciones extremas y radicalmente distintas al resto de vinos que probamos.

SOT LEFRIEC es otra cosa, es como esa vertiente oculta y misteriosa del Penedés. Rompe con todos los estereotipos de esa zona, sin embargo mantiene en un hilo de tensión su tipicidad. Quizás porque sin pretenderlo estamos todavía pensando en determinadas zonas vinícolas de una manera un tanto clásica y predecible. Lo cierto es que igual que pasa con otros tantos vinos de bodegas relativamente jóvenes. Hay otro escenario realmente distinto al de hace algunas décadas: Vinos que se aferraban a una identidad clásica y conservadora, y que se cerraban en banda a las infinitas posibilidades que puede llegar a dar un territorio, sin por ello perder su esencia.

Sot Lefriec es una de esas puntas de lanza con el Cabernet Sauvignon y el Merlot como claves de su identidad, pero con la entrada de las viejas Cariñenas (Samsó o Mazuelo) ha otorgado a las nuevas generaciones otro rango de personalidad. Evidentemente no es solo por ese detalle intrascendente, sino por la verdadera trascendencia de su trabajo en la viña y en sus suelos: Baja producción para aumentar potencial, el análisis y la selección de los suelos y un tratamiento totalmente natural y meticuloso. Por eso y por otros tantos detalles que nos llevan a tiempos muy pasados en los que no había posibilidad de intervencionismo. Laurent Corrió y su mujer Irene Alemany elaboran uno de los Penedés más inigualables de la actualidad.
Un vino longitudinal y fondista que requiere tiempo, paciencia y mucha concentración para descifrarlo por completo. Aun y así resulta hipnótico y tremendamente seductor en la primera cita. Con aromas a moras confitadas, hierbas balsámicas, maderas tostadas y un sinfín más que aparecen mientras se le da tiempo. Boca elegante y muy refinada, estructura perfecta en la que son muchas las notas y evocaciones sin que ninguna sobresalga como para afirmar con rotundidad. Nadie diría que es un Penedés, y estos dos jóvenes avezados han conseguido una extracción tan redonda y generosa en sensaciones, que nadie apostaría con total certeza las posibilidades de evolución que tiene con el paso de los años.
De momento estos 11 que lleva a sus espaldas todavía le otorgan una acidez y tanicidad viva y refrescante, sin despreciar su excelente profundidad.


Mientras los niños ya dormían acurrucados en la panza de los bueyes; donde no nieva ni llueve. Y los más viejos nos enseñaban misterios tan profundos como el Abismo de Challenger. Sonaban los ecos de nuestras voces entre temitas de Nina Simone, Estopa, Serrat, Bregovic, Albert Pla... La música celestial que promueve el vino, la buena compañía y las amistades en una armonía multidisciplinar que te forma. No de una forma académica y estricta, no, más bien relajada a pie de barra de aquellas que uno quiere prolongar y eternizar. Aunque solo sea con un puñado de canciones, una anécdota o una lección testimonial.
FELICIDAD!!
Y es que el vino tiene esa virtud. Agudiza los sentidos que nos otorgó la madre naturaleza: La vista para contemplar, el olfato para evocar, y el paladar para ampliar rangos inescrutables antes. Pero lo más importante es que estrecha lazos y hace de su consumo, un alimento para compartir y disfrutar en compañía.

SALUT Y MUCHOS VINOS PARA CONOCERNOS
 

lunes, 24 de noviembre de 2014

THE LAST INTERNATIONAL PLAYLIST OF THE YEAR... CHIM PUM!!






Como una hemorragia que no cesa de manar vamos llegando a eso que a mi me gusta llamar el borde del acantilado, el precipicio. Tanta la concentración en ese casi obsesivo empeño por articular mis rodillas, que casi me olvido de que el año solo tiene 365 amaneceres.
He tenido que atrancar la puerta con una mesa vieja del Ikea para el arrastre. Concentrarme, contar hasta 20 segs., cerrar los ojos, desembragar y ponerme en punto muerto. Dejar de deslumbrarme a falta de soles, por el rojo satén navideño que se mezcla con luces y dorado. Y dedicar mi escasa lucidez a disfrutar de los tiempos; lo siento pero ya dejé de creer en la velocidad del disfrute: Veranos lluviosos, Otoños de playa y toalla, en Ferrero Rocher, en las Navidades anticipadas como las pagas, comerciales de Ono, y en la concha de su madre!!. Sí, estoy harto, un poquito hasta la platea.
Muchos discos, poca chicha, dar sera pulir sera para que todo relusca. Y demasiadas canciones para mi corto intelecto.
O dedico mi única neurona en recuperar mis maltrechas piernas; (supongo que estáis al corriente y si no que os den #Tres duros). O a sintetizar, digerir y evacuar todo lo que entra por mis orificios. Joder!! oigo los porrazos en la puerta y las jodidas quieren entrar!! Treinta y tantas son suficientes y la mesa ya esta puesta, la última Play del año antes que explotemos por los aires está aquí. Rebosante en cantidad en tanto que en calidad.


Fijaos que con lo poco que a mi me gusta que me marquen las pautas, me den ultimatums y manejen mis hábitos de animal doméstico. Y va ha resultar que después de cumplir un año de aquel fatal día, miro atrás, y tengo la sensación de haberme colocado unas gringolas para solo avanzar y olvidar este desgraciado año. Entre una disciplinada rutina casi militar de rehabilitación, gimnasia, piscina, hielo y vuelta a repetir, sábados, domingos y días de rezo. También se han quedado ahí rezagados algunos de mis principales aliados; los sueños y los discos.
Pero no creáis que os voy a volver a amargar con mis penurias, no. Ni a despotricar con el ambiente generalizado de desaliento, ni poner mi granito de arena para acabar cortándonos las venas cogidos de las manos y en grupo. Treinta y tantas canciones con sus sendos Lp's que las escoltan, son suficiente motivo para pulsar el Play, y dejar de existir durante un par de horas. Demasiadas para mi poca capacidad. Suficientes para resetear y reanudar la fotosíntesis piromusical, por escasas horas solares que tengamos.




Son muchos y grandes discos los que se podrían subrayar y comentar: El regreso a los estudios de David Bowie, Brian Ferry... también el pandémico disco de Tv on The Radio o el de Johnny Marr; por fin con un disco con el que sacar pecho. Laureados como serán Spoon y no tanto We Were Promised Jetpacks, Raveonettes, Cold Cave, The Twilight Sad o que se yo... Todos ellos discos que me han encantado en muy distinto nivel y momento; algunos con tufo a arroz pasado ya, (lo siento pero tengo prioridades). Y otros muchos, la mayoría, con una acusada tendencia por disimular nudos, aristas e imperfecciones.
Esto último no se si es una percepción personal o una tendencia generalizada. Pero al escuchar discos como el de Tv on the Radio, New Pornographers, Future Islands, Bombay Bicycle Club, James o Spoon; por citar algunos nombres. Me da la sensación y no se porqué, que se quedan en una tierra de nadie en la que no se sabe bien si se trata de agradar a todo el mundo, parecer bailables sin serlo, miedo a sonar demasiado extremistas, o esa imposición que flota en el ambiente de la neutralidad. Justo cuando creo, que el panorama demanda contundencia y poco de mala baba. Después es cierto que sobre un escenario acaban siendo todo lo Rockeros y guitarreros que se quiera pero... ¿y los discos y esas producciones tan satinadas y barnizadas? ¿De veras que esto el lo que le gusta a la mayoría?
En cualquier caso canciones con sus discos, que están ahí porque me gustan, y que vosotros mismos podéis juzgar; que ya sois mayorcitos.



Para empezar, metiéndonos ya en vereda, y como viene siendo habitual en estas recomendaciones en forma de listas musicales. Refrendaré las que creo, se merecen una reseña más detallada al margen de la breve escucha de tema de rigor. Discos y bandas que de verdad, son los que me acaban sacudiendo los agobios diarios y me dan esa dosis de emoción:

# BLACK ISLANDS

El pasado Sábado llegaban a mis oídos los cánticos conciertiles Levantinos de Mike Grau aka. Mad Robot, en lo que es su constante actividad musical. Esta vez acompañados en la Sala Magazine por la joven banda Barcelonesa Black Islands. Una oportunidad imperdible para meter las narices en su flamante nuevo debut del pasado Octubre: Diez pildorazos de buen rock bajo el auspicio del indie noventero, donde se registran aquellas canciones que maduraron a base mil y un conciertos por tierras nos de dios.
Hablar de sus credenciales estilísticas podría llevarnos de inmediato al PowerPop más abigarrado, a la madre guitarra como instrumento vehicular. Pero en el fondo todos sabemos que son cosas que no se explican, se escuchan. Ese pequeño infierno vibrante y agitador donde cohabitan Pop/Rock/Punk y al que tantos e imprecisos nombres le hemos dado. Superchunk, Built to Spill, Urusei Yatsura... podrían poblar su amplio imaginario. Pero lo cierto es que Black Islands tienen demasiados referentes para acotar su impronta personalidad. Sobretodo si tenemos en cuenta su corta trayectoria y uno de sus principales leitmotiv creativos; el puro divertimento y el disfrute sano de hacer aquello que escucharon.
Su disco de debut rebosa en talento y melodías tan puramente instintivas, que no engancharse a él resulta tendencioso y de cobardes. Ese acertado ejercicio de nostalgia de aquel tormentoso FIB'97 en “Benicassin'97”. En un homenaje memorabílico para con uno de los carteles más prometedores del festival, y que el agua, viento hipohuracanado y la tormenta perfecta casi se lleva a Pavement de un plumazo; la memoria no se los llevó.
Frank Whitaker”, “Kim”, “Icon's Lover”, o “Jack K.”, son de aquellas canciones que nos transportan a aquellos años. Con una ejecución digna más de una banda veterana que de un grupo de amigos que se lo pasa de coña tocando canciones, y con mucha emoción contagiosa.


Algo parecido a lo que transmiten # MOTEL BEDS
cuando se vuelven a juntar para grabar un nuevo disco, aunque con unos pocos años más de rodaje. Y tratándose en realidad como se trata de un puñado de temas resucitados de su extenso repertorio; esta vez en las manos del productor Carl Saff (Dinosaur JR) y grabado por el exingeniero de Guided by Voices y actual guitarra de la banda Derl Robbins. Con una meritoria remasterización que les saca brillo, para que suenen como auténticos bombazos.
La banda de Dayton (Ohio) tienen recién salido del horno este nuevo y flamante “These are the Days Gone by/Misra Records”. Un no parar de rodar que nos devuelve a una de las bandas que mejores ratos nos hicieron pasar con aquel “Sunfried Dreams” del 2011. Aquí se recuperan de aquel resplandeciente disco “Western Son”, y la canción que daba título a aquel disco. Pero al contrario de poder ser un típico compilado de singles al uso, These are the Days... acaba sacando a relucir el músculo más fibrado de su repertorio: Unas cuantas inéditas, más alguna versión (de Mathew Sweet en concreto), y una colaboración junto a la exBreeders Kelley Deal de aquel arrastrado “Tropics of the Sand” de su Tango Days/2011.

Una selección de canciones que nos muestra a unos Motel Beds menos afectados por ese PowerPop luminoso tan sesentero (Beatles, Kinks y demás hierbas). Y sí con un carácter bastante más amplio de hasta donde llegan sus ilimitados registros. Una oportunidad imprescindible para ahondar en una de las mejores bandas de PopRock de esta última década. Y de paso para sacudirse ese poco saludable ateísmo con el Pop de cromatismo y poliformismo infinito; sí, ese que no caduca ni entiende de modas.



Curiosa es también la recaída en trabajos de en teoría bandas menores; asumiendo la teoría como algo que generalmente no se ajusta práctica. Discos que entran en vena vía inmediatez con hitazos como defibriladores que te invitan a convulsionar, pero que se me van desbravando con el pasar de los meses. Que se le va a hacer, el subconsciente es así, y si este año no he estado por la labor de atender con cirugía casi médica a lo teóricos discos más prometedores, debe ser porque el cuerpo humano es sabio, vaya si lo es.

Descubrir a tientas #WITHERED HAND o al exlíder de aquellos animadores Boo Radleys #MARTIN CARR, es como un soplo de aire cálido en medio de la ventisca. Las dos son obras que se rigen prácticamente por las mismas reglas maestras de mi devocionario: Melancolía, amabilidad, y melodías pluscuanperfectas. Me hallo absolutamente rendido a “Santa Fe Skayway”, convencido de que lo que viene detrás está a la altura de los majestáticos arreglos de orquesta de Martin. Seguramente porque tras dos largos y duros meses de gimnasio y piscina traducen mi la mejoría de mi fuerza en las piernas, en un amor incondicional por este tipo de canciones.
De todas formas me decanto más por el encanto del segundo disco de este Escoces entrado en años, Dan Willson aka. Withered Hand. Él ha sabido como nadie gestionar las perdidas, y si su tardía trayectoria como autor nos brinda la oportunidad de conocerle, benditas sean las desgracias que nos empujan a crear. Arropado en la instrumentación y el apoyo logístico por algunos miembros de Belle & Sebastian; sin parentescos estilísticos algunos, salvo en “King of Holliwood” y alguna estridencia como “Heart Heart”. La obra navega por ese Pop tan luminiscente como quebradizo a medio camino entre Flaming Lips y Promise Ring. Con la diferencia de que parecidos vocales al margen, el puntito Popfolk siempre está ahí como las luces de emergencia en pleno apagón; salvaguardas. La arrancada con “Horseshoe” o “Black Tambourine” son perfectas. Aparecen de sopetón caniculares Neil Yongs “Lover Over Desire”, “California”. La religiosidad de sus textos tienen esa parte espiritual que le daba Bill Fay en su última obra, llevándonos a un terreno emotivo y cálido “Life of Doubt” o “New Gods”. Y acaba erigiéndose tras largas escuchas en uno de los discos de fragilidad impulsora y henchida, tan y tan emocionante como conciliadora.

No son solo estos dos discos los que mejor ilustran el personal advento, con el que se marcan todos y cada uno de los días que han dibujado la gráfica de este raro año. Lo ha hecho también a su manera #CRAFT SPELLS
, en su particular forma de apartar el efectivismo de su debut. Para decidirse por fin a poner en un altar el Pop mayúsculo, ese de gravedad cero que a uno lo impulsa hacia una levitación crepuscular y dulcificada. Lo apuntaba su adelanto “ Breaking the Angle against the Tide”, y lo confirma todo el repertorio de su último disco. Llevado a un terreno en el que Dan Bejar con Destroyer ya sentó las bases hace unos años. No tiene secreto y está inventado desde que la elegancia y delicadez se pusiera del lado de Blue Nile, pero hacerlo ahora tiene hasta un punto de heroicidad.

#ANDY STOTT y su “Faith in Strangers” no es por ejemplo el típico disco de electrónica arribista que se puede presuponer. El cuarto disco de este joven mancuniano no da opción alguna a la fácil e inmediata escucha. Su último disco pese apertura menos representativa con esta onírica “Violence” va por otros caminos. Vías que nacen de los ruidos cotidianos o del kling & klang, pero todos ellos con una vida y una amplitud inverosímil si no se escucha el disco desde la distancia y con espacio suficiente para que se desarrollen.
Son ese tipo de obras de electrónica conceptual en el que se pide tiempo y paciencia al interlocutor, para que las canciones se desarrollen con su introducción/nudo/desenlace. “Science and Industry” por ejemplo con esa intriga siempre latente, el exotismo mecánico de “Damage”, o la sensualidad Drum and Bass de “Faith in Strangers”. Todas ellas en conjunto encaminadas a la explotación de texturas, capas y sensaciones que afloran en mil paisajes, y que exigen abrocharse los cinturones, entrar en climax para saborear la verdadera magnitud de la obra y su significado. Solo así se alcanza esa extraña sensación de viaje sonoro más propio de los procesos endógenos y exógenos de cada uno, que  la del propio objetivo del artista; más propio de un ente vivo cambiante y moldeable.

Sería prácticamente imposible por inabarcable, describir cada una de las treinta y cuatro canciones que completan esta inacabable PLAY. Tanto como mi capacidad para escribir en forma de entrada,  los discos que las respaldan; me gustaría, de veras. Pero créanme que me veo incapacitado para dar habida cuenta de toda su magnitud, sus detalles, entresijos y laberínticos puntos de vista.
Los discos, creo, necesitan madurar, oxigenarse y paciencia; como los buenos vinos, o como casi todo en la vida.
Sé que hay una demanda de urgencia y que seguramente a la vuelta de la esquina con el marcador puesto ya a cero, nos harán pensar que todo lo que pasó fue un mal sueño. Que hay que buscar nuevos y esperanzadores opiáceos para sentirnos cómodamente renovados, actuales... más jóvenes y duchos en el arte del Upgrade. Quien sabe si nos están adiestrando para convertirnos en pequeños Smart Tv actualizables con patas, con el miedo a quedarnos obsoletos.
Yo si me lo permiten, me limito a hacer uso del instinto y coger al vuelo aquello que sospecho interesante: Discos y cosas que me ofrezcan algo más que el simple objeto de bailar, o desconectar del estercolero actual. En el fondo ese fue desde el princio el objetivo de las Playlist; darle voz y cuerpo a mi falta de tiempo para asimilar, sintetizar y opinar. Pero sé que nunca seré capaz de abarcar ni lo quiero, prefiero llevarme sorpresas sin la urgencia de “la actualidad”. Por mucho eso sí, que maldiga haber traicionado mis sentimientos y haya dejado sin reseña magníficos discos como los de: Sondre Lerche, Reptile Youth, Twilight Sad, Black Swan Lane, Mourn, o Viet Cong. Algunos que me han calado hasta lo más hondo de mi tuétano, apuntalando la fragilidad de mis rótulas, tendones y músculos hasta el día que pueda dar un recital de danzas Cosacas; alehop!!, fiesta y confeti: Viet Cong con su recién edición de Cassette; adelanto ya aquí de su debut y puesta de largo. Un disco y una banda condenada a ser de mis predilectas de éste, y el que se avecina. Basta con escuchar su declaración de intenciones en la version del "Dark Entries" de Bauhaus, para ver por donde van los tiros: Puro Glam mugriento y subterráneo con esencia de New Wave setentero



Los malabarismos caleidoscópicos de Chris Forsyth & Band  , el amansador disco de Robyn Hitchcock, el intenso de Cult Of Youth, o el diabólico abrasador debut de Benjamin Booker. En esta extensa lista y pendiente como estoy de dejar caer mis 30 y pico discos favoritos del 2014, muchos de los discos que me he ahorrado reseñas para no saturar en comentarios e indicaciones.
Pero no teman, os puedo asegurar que habrá ocasión el el grupo de Facebook (que para eso lo cree), o en los en teoría mejores de este año, a los que les voy a dedicar por entero el próximo mes de Diciembre. Por suerte, en esta Play hay mucho de lo que me ha emocionado este año.

Así que solo les suplico una cosa y no les doy más el coñazo. Dejen la pereza colgada en el perchero tras de la puerta y aunque no se tomen la molestia de leerme al dedillo, denle al click de descarga. No se dejen influir por los estereotipos y escaso alcance de una canción, investiguen, busquen nuevas vías, y no se queden a las puertas. Siempre hay más cosas con las que sorprendernos y disfrutar allí donde nos medra llegar, que en la seguridad del inmovilismo y conformismo.
Ah!! y sean felices, FIN.

TrackList:
00- Andy Stott - Violence
01-Craft Spells - Komorebi
02-Withered Hand - Horseshoe
03-Should - Down a Notch
04-Martin Carr - The Santa Fe Skayway
05-Spoon - Outlier
06-Sondre Lerche - At a Loss for Words
07-Max Graef - Drums of Death
08-The Raveonettes - Killer in the Streets
09-Tom Vek - Sherman
10-Cult of Youth - Empty Faction
11-Benjamin Booker - Have you Seen My Son?
12-New Model Army - According to you
13-Parquet Courts - Sunbathing Animal
14-We Were Promised Jetpacks - I keep it Composed
15-Quilt - A Mirror
16-Johnny Marr - Candidate
17-Cold Cave - A little death to Laugh
18-Reptile Youth - Colours
19-The Woodentops - Stay out of the Lights
20-Mode Moderne - Strangle the Shadows
21-Erlend Oye - Save Some Loving
22-Hello Saferide - I was Jesus
23-Black Swan Lane - Lost for You
24-The Twilight Sad - In Nowheres
25-Alpine Decline - Mid-Level Functionary
26-Mourn - Silver Gold
27-Thurston Moore - Speak to the Wild
28-Colorama - Raylene
29-Black Islands - Frank Whitaker
30-Viet Cong - Continental Shelf
31-Chris Forsyth & The Solar Motel Band - I Ain't Waiting
32-Josef Van Wissen - Our Hearts Condem Us

33-Robyn Hitchcock - San Francisco Patrol

viernes, 14 de noviembre de 2014

LUNÁTICOS #Reunión, y gira Española 2015





Abrí la portezuela de la correspondencia, y entre tanto papelajo, folleto y cartas del banco apreció allí; esperada postal en satinado semblante: Noticias de viejos y perdidos en el tiempo amigos.
Con la mesa recién puesta y el plato de Dean Wareham todavía humeante en el presente año. Los recuerdos afloran como el paisaje otoñal que nos envuelve estos días, las hojas crocantes y resecas de los plataneros, las brumas matinales, y frescor ya por fin reinante que nos eriza el bello, como esas mismas noticias envueltas de encomiendas.
Luna vuelven a reunirse tras nueve años desde la disolución, en una gira que nos los traerá de vuelta el próximo año. Ocho citas, ocho ciudades; eso sí, sin el ex Chills Justin Harwood.

Desde que Damon Krukowsky y Naomi Yang junto Dean tejiesen entre apuntes y libros universitarios, el patrón frágil pero identitario de GALAXIE 500: Cuatro cordeles, tres nudos corredizos, y un puñado de Cúrcuma y Caledonia para darles color. Dean Wareham se ha hecho acompañar en ese largo camino por numerosos compañeros de viaje hasta nuestros días. Tanto en el trío neoyorkino con el que desmigajaban los apuntes de la Velvet y el bueno de Lou. Hasta las últimas noticias que tuvimos en el 2010 de DEAN & BRITTA; ese proyecto conyugal mullido y balsámico, al que ha dedicado los últimos años junto a su nueva pareja B. Phillips.
En medio de esas dos épocas, inicial y final, Luna. Banda que Dean Wareham lideró la mayor parte de su productiva carrera. Diez discos, si contamos un directo y un par de compilaciones. Y diecisiete años, que son exactamente los que me separan, desde que por primera vez los viera en directo el 14 de Noviembre del 97 en la sala Bikini.

Tan solo olisqueando la pasta de papel de la postal y acariciando con los dedos el tramado microscópico del brailei de la caligrafía, se amontonan los recuerdos de aquel otoño en forma de fotogramas:
El primer concierto al que asistí con mi hermana mayor; la de en medio de cinco, y a falta de unos New Model Army con los que contentar su iniciación a bandas raras. Con ella, mi pareja, y mi excuñado perdido años más tarde en la espiral de las drogas; ya no están juntos desde hace un puñado de años.
Y los años nos cambian, cambiamos con ellos, y todo parece tan distinto. El tiempo tiene esa cualidad cruel y a la vez dictatorial, por la cual todo cambia y nosotros en nuestra caprichosa memoria lo transformamos a nuestro antojo como ilusionistas. El recuerdo es distinto, mucho más generoso. Vela lo sucio y corrompido, y nos deja para nuestro disfrute lo más memorable; y si no, la nostalgia se encarga impregnar los recuerdos con ese perfume estimulante a café recién hecho. Sí, es así, mis recuerdos me huelen a café crudo y sábanas limpias.

El bajo desgastado del uso por el ángulo superior derecho, de Justin Harwood. Sus acordes distorsionados cuando “I Hop” se detiene para volver a coger carrerilla. La voz de barítono de Dean con el pito de caña chirigotero, con el que nos acunaba a ritmo de “Everybody's Talkin'” de Harry Nilsson. O los punteos sostenidos de Sean Eden emulando a Will Sergeat o Robby Krieger.
Todo está ahí, comprimido en un rincón trasero del hipocampo. Tan fuerte y determinante en analogía, que nunca más volví a interpretar los mensajes del cuerpo celeste en sus influyentes modulaciones orgánicas como antes. El subir de mi marea interna de la euforia al desazón, la atmósfera flotante de la apertura con “Sideshow by the Seashore”, hasta el cierre con la cover de Beat Happening “Indian Summer”. Estados de flotación al llorar con “Tracy I love You”; Tracy es solo mía y su amor me pertenece!! Desarmado de rodillas, postrado ante “Moon Palace”:
well we're travelin' light
gonna speed through the night
only now you recall
it means nothing at all
you were stuck in a dream
and you wanted to scream
but it's nothing at all
no it's nothin'
Al ascender las escaleras que llevan de la cárcava del auditorio de Bikini, hasta la calle. Nos salieron al paso las cámaras de BTV (Barcelona televisión); que responsabilidad la mía, dar testimonio ante unas cámaras de tan trascendente momento: - Que os ha parecido el concierto de Luna? - Muy buenos uhmm...duda, respuesta intrascendente total, ¿muy buenos?. Como si en una sola respuesta se pudiese resumir la gráfica del cardiograma de aquella noche.
Al día siguiente quien por entonces fuese mi oficial en la sufrida tarea de construir de naves, cerramientos varios y cubiertas de sol a sol, me dijo: - Saliste en la Tele anoche y te vimos, hostia!! si es él. Puede que el tipo más cualificado para dotar de significancia el atributo de “Grandísimo hijo de la gran put.”; despreciable, bebedor, ludópata, egoísta y cualquier exabrupto que se te pueda pasar por la cabeza. Tan cordial y amigable nuestra relación laboral a lo largo de 4 años, que llegué a amenazarlo con tirarlo desde el tejado de una nave.
Pero no creáis que me alteró, fue como si resonara en mis sienes “Beautiful View” y de repente me dominase una total apatía y serenidad. El perdón y la absolución ante un imaginado rayo desintegrador saliendo de mis ojos, que lo hiciera desaparecer por siempre. Hacer una mueca de aceptación. Y dejar que “Lost in Space” con su cadencia tan de un L. Reed misericordioso, lo devolviese a la más absoluta ignorancia. Ese tipo de actos mil veces imaginados que hacen a veces, que tu deseo más oscuro sea solo eso, otra vida que solo ocurre en tu imaginación. La realidad siempre es mucho más discreta, simple y escueta: Haces un gesto por no extenderte en explicaciones ininteligibles, y la cabeza debajo del ala.


No se donde estaré ni estaremos dentro de cinco meses; en vista de lo impreciso de los planes a largo plazo. ¿Acaso muertos, indispuestos? ¿Habré comenzado a trabajar por fin tras mi dolencia? nosotros, o ellos. Quien sabe lo que nos deparará el mañana, a veces ni el presente. Todo sucede o se intenta, como una sucesión natural de acontecimientos. Y lo que es seguro es el pasado, aunque no siempre. Ya sabéis que la nostalgia lo moldea a su caprichoso antojo; todo depende de la necesidad de recordar cosas bonitas, o trágicas.
Ahora eso sí, de lo que estoy totalmente seguro o por lo menos dispuesto. Es que mientras transcurren los días esperando que el tambor del revolver nos disponga un desenlace; cómico, trágico o terrorífico. Lo voy a esperar susurrándote al oído... Todos los hechos y actos de cualquier día, serán almacenados y liberados como esporas en un hipotético mañana. Como un sinfín de fantasías, realidades detalladas... o como una mezcla de ambas. Siempre balsámicas por supuesto, como una cataplasma de hiervas con las que abrir nuestros alvéolos.