Cuando
me monto en el coche esos viernes de Verano – incluso cualquier
otro día que el lodo te llega
a las corvas – sin ni siquiera quitarme el buzo de trabajo o las
opresoras botas.
Solo
hay una necesidad más fuerte que la de asir el preciado vidrio de
dorado condensado y espumoso líquido:
Subir
fuerte la rueda del volumen cuando suenan cosas como el “Deestroy”
de
LOLAS.
Y prender la mecha de
la azufrosa pólvora, válgame satanás!!
No
se si también en un siempre necesario brindis por Dee Dee Ramone o
por mera asociación mía.
En
cualquier caso aprovecho: Salud
amigo!! allá donde estés.
El
mismo quitapenas que golpeaba los ejes encallados
de las hélices o el refilador de mi padre al embutir los aros en los
toneles con sus manos, igual
que el guante de
Carlton Fisk. Es
el efecto que me
viene provocando este
disco en lo que llevamos de 2020.
Sí,
así, sencillo, sin más mecanismo que el del brazo de las sierras
UNIZ o SABI: Tenaz,
constante y sin apenas atención, para cortar
sin descanso la gangrena de las pendencieras obligaciones.
Desde
la emergente Birmingham del Alabamero estado; no del de los Peaking
Blinders ¿estamos?
De
allí, pertrechado, sin más herramientas que las de mano y el
corazón más negro que el tizón. Tim Boykim lleva lo menos diez
años (o los que constata su Bandcamp), bordando maravillas de pase
corto y juego vertical sin paragón. Sin contar su paso por los Shame
Idols y los casi diez en barbecho sin saber de él.
O
lo que para mi sería ese Powerpop que por definición, otorga
cualquier cosa de efervescencia inmediata y fuegos artificiales que
quiere llegar a lo esencial de la melodía sin paseos panorámicos,
disertaciones, ínfulas o pavoneos inútiles.
Ahí
entra aquello que nos enseñó Buddy Holly, Chuck Berry, Beach Boys,
Ramones, The Kinks, Phil Seymur o Television Personalities.
Y
no se trata de estilos, géneros o tendencias, teniendo en cuenta su
querencia por el Death Metal etc. (lo cual aún le da más mérito);
no amiguitos y amiguitas. Es más bien de base, o idea de elegir el
camino más corto para el destino. Y sabes?, no nos queda mucho
tiempo ya, verdad?
BULLETPROOF
llegó de improviso a finales del pasado año. Con una colección de
Powerpop con ramalazos punkrockers tan urgente, que parecía divisar
lo que se nos venía encima en el 2020.
Ese
tipo de discos que parecen venidos a salvarte de algo que ni tú
sabes. Pero que indudablemente siempre acaba por paliar y de paso,
invita a abrir ventanas y subir el volumen como si de una
prescripción se tratase. Como ya rezaba inscrito en algunas fundas
interiores de vinilos de antaño
“Oceans
of the Moon”, por poner un ejemplo: Es de esas cosas que no
concibo arropado con la manta, con una infusión y a volumen bajito,
no. Como su himno anticapitalista Deestroyer, que es
para escuchar a toda castaña y disfrutar del empaque que le da el
bajo de su socio Jacob Walcher, o la martilleante batería de Valis
Procházka; que no es otro que el alter ego activista del propio Tim
Boykim.
Un
verdadero hacedor de melodías compulsivo, capaz de compactar
auténticos pildorazos sin necesidad de control de calidad, ISO, y
con una productividad envidiable:
La
ambidiestra “Toynbee”, que se desmarca del Pop
luminoso. La adrenalínica y combativa “Stop The War”,
que nos hace albergar la esperanza de no echar de menos al Mike
Cronin que dimos por perdido. Para luego, regalarnos esa oda
hardrockera ramoniana propia del Brain Drain, que es la bomba “Storm
of Silence”.
En
todo el BULLETPROOF hay latente esa urgencia que os comentaba y que
mete la directa desde el minuto 0.
Pero
sin embargo, en todas sus composiciones hay una intención más que
evidente. Un sentido como el receso baladista, que en “When
the Cold Winds Blood” disipa la idea de que éste, es un
disco más de tantos.
Tim
Boykim no hace solo mucha música, fácil, sencilla, y sin adornos
vacuos. Hace temazos, que sencillamente no necesitan mas que la
jodida melodía, el click idóneo, la puntería.
Tim,
es el puto francotirador.
Te
sacude de revés cuando menos te lo esperas con… “She Will
Shake The World” si
viene al caso:
Afilada,
desafiante y despiadada. Una maravilla de tres minutos y medios de
pura voracidad.
Pero
es que jamás imaginarías que sus ases de amague y calcetín, son
tan infinitos como la dulce “Gunshot Holes”.
Esperáis a Chuck Prophet acaso? Sin acritud.
Una
pena que igual algunos le penalicen la practicidad y el poco de más
que se hacen en su promoción otros. Otorgando el cetro por pura
inercia.
Porque…
Es que el 2019 no solo fue BULLETPROOF.
Sino
que en plena conmemoración de mis 49 años (a finales de Abril). Ya
avisó con A DOZEN OR SEVEN TAPESTRIES:
Diez
cortes de Powerpop de patilla larga, pantalón pitillo y sol a
raudales. Más aires sixties, beatlemaníaco, y de mod más vacilón
que nunca. Pero con ese chic especial que lo hace plenamente
refrescante y mentolado. Auténtico. Y de la misma liga que Robert
Pollard, Doug Gillard o unos Small Faces electrificados, por buscarle
camada y eso.
“Wish
you Were Loud Enough”, “Bon Voyage”, “Ligthning
Mountaim”, o la canción que da título al cuarto de los
cinco discos que Tim a recogido hasta la fecha. Además del alegato
venenoso de Bulletproof, que para mi, es su mejor y más honesta
entrega hasta la fecha. O los dos temarrales que se ha marcado en la
presente añada.
Sin
duda, uno de los mejores ex aequo del pasado 2019. Y todo un regalo
para oídos y alma en este temible verano del 2020.
Ya
estás tardando...
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