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martes, 27 de octubre de 2026

REGURGITANDO Y RELAMIENDO EL 2025: 09:HALLELUJAH THE HILLS Diamonds/Clubs/Hearts/Spades/Jokers

  


Llevo con mucho orgullo una camiseta negra con el lema: Aleluya las Colinas. Que pedí que me enviaran desde Boston en el año 2016; cuando publicaron “A Band Is Something To Figure Out”. Un disco que algunos definieron como:

Criminalmente infravalorado, de letras impactantes, himnos para levantar el puño, o la música más inteligente que jamás escucharás mientras brindas con una cerveza; en mi caso, con vino.



Los veinte años de trayectoria de esta comuna musical capitaneada por el inquieto Ryan H. Walsh (*ex The Stairs), si por algo se pueden definir. Es porque jamás han dado el paso esperado por la industria musical al uso, ni siquiera cumpliendo con los estrictos tempos que a veces de manera inconsciente exigen sus seguidores. Manteniendo intacta su imaginativa y congregadora filosofía para generar himnos, y del mismo modo poner en valor algo tan obvio como adulterado por desgracia a día de hoy, como es sostener lo justo y lo humano de una vida anónima en armonía.

Así pues, su mastodóntico nuevo quíntuple disco ideado como una baraja de cartas, comodín trasteable y totalmente open source incluido.
Con 54 canciones a las que el sexteto invita a combinar entre si. Como si un juego de mágico azar se tratase y donde Juan Tamariz -las hadas lo tengan en su gloria- ejercería de idóneo maestro de ceremonias por supuesto.
Ha precisado de mi merecida atención tras un año casi de recogimiento, abandono y lenta digestión. Porque, os voy a confesar, estoy un poco harto ya de la inercia bulímica a las que nos somete esta ansiosa sobreinformación más vacía que sustanciosa.



Teniendo en cuenta que son 635 millones de combinaciones las que pueden resultar, si las matemáticas no se equivocan al elegir 13 cartas de una baraja y crear una lista de reproducción con las canciones de la baraja que se corresponden a esas cartas al azar. Podríamos decir sin temor alguno, que es como querer aprender a nadar o tocar la guitarra con 56 años (levanto la mano); imposible no pero laborioso un montón, pese a que no seré yo el amigo corta rollos que enumera las obligaciones en pleno éxtasis festivo.

Si no el que os invite a desoír cualquier deserción de quimeras o despojarte de los grilletes del tiempo. Sentarte y cruzar las piernas como aquel niño que agarraba un relato y volaba sin moverse del sitio.



Mi ejemplo propio es de el que se a parado durante más de un año para volverse como un calcetín con las costuras y agujeros al descubierto. Y el mismo que me ha servido para paladear, relamiéndome con semejante ejercicio suicida. Al tiempo que descorcho una botella de 3+4 de Victoria Torres Pecis del 2018 en la terraza de mi apartamento de Puerto de la Cruz, para deslizarme por el efecto profundo que han provocado en la botella, los ocho años sobre este Listán Blaco con Malvasía volcánica de La Palma mientras se me saltan las lágrimas.

Y ver como se sincronizan igual que la mezcla perfecta del mítico Dj de los 80, música y líquido en plena coral de “Burn this Atlas Down”. Al hilo de quemar los mapas y rehacer desde cero la cartografía espiritual del que renuncia a las fronteros para fluir con el mundo. O poner frente a un espejo las obligaciones del amor y la vida que va a toda velocidad gritando exhaustos “Alone in Love”; una de las grandes piezas de esta colección de salvavidas.


Se me acentúa la salivación y acelera el corazón con rítmicas taquicardias cuando emerge la acidez del maracuyá por los torcidos hilos de la retama, la mineralidad volcánica, y ese ligero velo flor de oxidación contenida.

La carga de profundidad que va directamente a la cúpula del final del paladar para acomodarse ahí y exigir más tragos.
Y una absoluta y rotunda luz en forma de vino que despeja la calima y nubarrones que descienden desde el Teide.



En cada uno de estos volúmenes de esta enciclopedia sonora, podemos percibir varios estados: Euforia, esperanza, sosegada calma, o melancolía. Que van desde el indierock más enérgico, hasta el folk de genuina road movie. Donde además, por el camino se van recogiendo autoestopistas para que la familia sea aun más numerosa;

Ezra Furman, Cassie Berman(Silver Jews), Lydia Loveless, Tanya Donelly, Titus Andronicus, Kiwi Jr., Devin Davis, Sad13(Speedy Ortiz), Craig Finn(The Old Steady), Clint Conley(Mission of Burma), Bong Wish aka Marlan Saleh(Fat Creeps), John Vanderslice.
“Rebuilding Year (año de reconstrucción)” con Ezra Furman desnudándose ante una exposición de sincera ruptura. Podría seguramente ser la mía propia, aunque las reconstrucciones acaben siendo las eternas obras inacabadas que dejan los puntales vistos para colgar cada tarde la chaqueta al regresar del trabajo.
Esa preciosidad de “Old Feelings, New England” donde la diablilla Tanya cuela sus voces para acompañarnos de vuelta a casa en el coche.
Incluso la taquicárdica “I Did my Own Stunts” que emerge entre salmos de espadas como una alegoría de Grahan Coxon o de Blur.
Pero para ser sincero, si me tuviera que inclinar hacia alguna. Lo haría por la loca “The Feeling is Mine” de Bong Wish y esa herencia llamada Hazy Road del 2023. De la que todavía guardo medallas y cuentas en el bolsillo para manosearlas cuando la vida se tuerce.


Así que no teman a los caminos largos con semejantes acompañamientos, porque lo que nos resta se me antoja duro, y espero equivocarme.

Alguien me dijo un día que su ilusión era una vida fácil y sencilla. Otro lo escuchó y convirtió en un eslogan, incluso en un modelo de posible negocio. Pero me parece que lo fácil dejó de interesarme. Me quedo con lo que me hace reír sin esperármelo, y con el esfuerzo natural o adquirido de quien observa desde la esquina más alta y oculta de una estancia grande como un estadio.