REGURGITANDO Y RELAMIENDO EL 2025: 09:HALLELUJAH THE HILLS Diamonds/Clubs/Hearts/Spades/Jokers
Llevo
con mucho orgullo una camiseta negra con el lema: Aleluya las
Colinas. Que pedí que me enviaran desde Boston en el año 2016;
cuando publicaron “A Band Is Something To Figure Out”. Un
disco que algunos definieron como:
Criminalmente
infravalorado, de letras impactantes, himnos para levantar el puño,
o la música más inteligente que jamás escucharás mientras brindas
con una cerveza; en mi caso, con vino.
Los
veinte años de trayectoria de esta comuna musical capitaneada por el
inquieto Ryan H. Walsh (*ex The Stairs), si por algo se
pueden definir. Es porque jamás han dado el paso esperado por la
industria musical al uso, ni siquiera cumpliendo con los estrictos
tempos que a veces de manera inconsciente exigen sus seguidores.
Manteniendo intacta su imaginativa y congregadora filosofía para
generar himnos, y del mismo modo poner en valor algo tan obvio como
adulterado por desgracia a día de hoy, como es sostener lo justo y
lo humano de una vida anónima en armonía.
Así
pues, su mastodóntico nuevo quíntuple disco ideado como una baraja
de cartas, comodín trasteable y totalmente open source
incluido.
Con
54 canciones a las que el sexteto invita a combinar entre si. Como
si un juego de mágico azar se tratase y donde Juan Tamariz -las
hadas lo tengan en su gloria- ejercería de idóneo maestro de
ceremonias por supuesto.
Ha
precisado de mi merecida atención tras un año casi de recogimiento,
abandono y lenta digestión. Porque, os voy a confesar, estoy un poco
harto ya de la inercia bulímica a las que nos somete esta ansiosa
sobreinformación más vacía que sustanciosa.
Teniendo
en cuenta que son 635 millones de combinaciones las que pueden
resultar, si las matemáticas no se equivocan al elegir 13 cartas de
una baraja y crear una lista de reproducción con las canciones de la
baraja que se corresponden a esas cartas al azar. Podríamos decir
sin temor alguno, que es como querer aprender a nadar o tocar la
guitarra con 56 años (levanto la mano); imposible no pero laborioso
un montón, pese a que no seré yo el amigo corta rollos que enumera
las obligaciones en pleno éxtasis festivo.
Si
no el que os invite a desoír cualquier deserción de quimeras o
despojarte de los grilletes del tiempo. Sentarte y cruzar las piernas
como aquel niño que agarraba un relato y volaba sin moverse del
sitio.
Mi
ejemplo propio es de el que se a parado durante más de un año para
volverse como un calcetín con las costuras y agujeros al
descubierto. Y el mismo que me ha servido para paladear, relamiéndome
con semejante ejercicio suicida. Al tiempo que descorcho una botella
de 3+4 de Victoria Torres Pecis del 2018 en la terraza de mi
apartamento de Puerto de la Cruz, para deslizarme por el efecto
profundo que han provocado en la botella, los ocho años sobre este
Listán Blaco con Malvasía volcánica de La Palma mientras se me
saltan las lágrimas.
Y
ver como se sincronizan igual que la mezcla perfecta del mítico Dj
de los 80, música y líquido en plena coral de “Burn this
Atlas Down”. Al hilo de quemar los mapas y rehacer desde
cero la cartografía espiritual del que renuncia a las fronteros para
fluir con el mundo. O poner frente a un espejo las obligaciones del
amor y la vida que va a toda velocidad gritando exhaustos “Alone
in Love”; una de las grandes piezas de esta colección de
salvavidas.
Se
me acentúa la salivación y acelera el corazón con rítmicas
taquicardias cuando emerge la acidez del maracuyá por los torcidos
hilos de la retama, la mineralidad volcánica, y ese ligero velo flor
de oxidación contenida.
La
carga de profundidad que va directamente a la cúpula del final del
paladar para acomodarse ahí y exigir más tragos.
Y
una absoluta y rotunda luz en forma de vino que despeja la calima y
nubarrones que descienden desde el Teide.
En
cada uno de estos volúmenes de esta enciclopedia sonora, podemos
percibir varios estados: Euforia, esperanza, sosegada calma, o
melancolía. Que van desde el indierock más enérgico, hasta el folk
de genuina road movie. Donde además, por el camino se van
recogiendo autoestopistas para que la familia sea aun más numerosa;
Ezra
Furman, Cassie Berman(Silver Jews), Lydia Loveless,
Tanya Donelly, Titus Andronicus, Kiwi Jr., Devin Davis, Sad13(Speedy
Ortiz), Craig Finn(The Old Steady), Clint
Conley(Mission of Burma), Bong Wish aka
Marlan Saleh(Fat Creeps), John Vanderslice.
“Rebuilding
Year (año de reconstrucción)” con Ezra Furman
desnudándose ante una exposición de sincera ruptura. Podría
seguramente ser la mía propia, aunque las reconstrucciones acaben
siendo las eternas obras inacabadas que dejan los puntales vistos
para colgar cada tarde la chaqueta al regresar del trabajo.
Esa
preciosidad de “Old Feelings, New England” donde la
diablilla Tanya cuela sus voces para acompañarnos de vuelta a casa
en el coche.
Incluso
la taquicárdica “I Did my Own Stunts” que emerge
entre salmos de espadas como una alegoría de Grahan Coxon o de Blur.
Pero
para ser sincero, si me tuviera que inclinar hacia alguna. Lo haría
por la loca “The Feeling is Mine” de Bong Wish y
esa herencia llamada Hazy Road del 2023. De la que todavía guardo
medallas y cuentas en el bolsillo para manosearlas cuando la vida se
tuerce.
Así
que no teman a los caminos largos con semejantes acompañamientos,
porque lo que nos resta se me antoja duro, y espero equivocarme.
Alguien
me dijo un día que su ilusión era una vida fácil y sencilla. Otro
lo escuchó y convirtió en un eslogan, incluso en un modelo de
posible negocio. Pero me parece que lo fácil dejó de interesarme.
Me quedo con lo que me hace reír sin esperármelo, y con el esfuerzo
natural o adquirido de quien observa desde la esquina más alta y
oculta de una estancia grande como un estadio.
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