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viernes, 2 de noviembre de 2018

EL TIEMPO PASA, Y HAY DISCOS QUE LO DETIENEN: BRITISH SEA POWER_LET THE DANCERS INHERIT THE PARTY_2017





Parece que hay algo en mi organismo, que hace que lo que sucede, me sobrevuela, o aparece por sorpresa. Me produzca un efecto cada vez más, a medio o largo plazo: Cuanto más veloz es todo, menos prisa tengo para que el efecto sea inmediato.
No pasaba cuando tenía veinte años, e incluso no hace tantos. Ahora que no hay rincón del planeta que no se convierta en una plaza de abastos con buffet libre. O que parece que todos tengamos una urgencia casi apocalíptica por llegar los primeros, digerir y cagar los placeres de la vida y por supuesto, que todo el mundo se entere. A mi me ha dado por escampar cada caja del trastero, evento o suceso, y mirarlo como quien siembra su huerto y lo deja crecer.

El disco de mis adorados BRITISH SEA POWER fue un ejemplo bien claro de esta causa/efecto.
Un álbum de doce canciones, que regresaba tras seis años de interrupción desde su magistral VALHALLA DANCEHALL/2011. Aunque entre medias hubieran otros tres discos más que a mi no acabaran por encandilarme. Y que sin tener la menor intención de penar, expiar pecados o maldecir mi desatención. Ya me he convencido de que las cosas no deben pasar cuando o como uno quiere.

Ni siquiera apareció entre mis discos favoritos de aquel 2017, casi siempre condicionado por un temario muy intimo y personal que parece ser, es mi galga auditiva con la que me dejo follar o me vuelvo un amante quisquilloso.
Pero hete aquí, la música y otras muchas cosas deben estar igual de supeditadas a los bioritmos lunares; en el fondo somos igual que las plantas, seres vivos concebidos bajo el influjo de la luna.
Solo así entiendo, y acepto. Que un año más tarde. Lo que me pareció descafeinado y excelso en armonías blandas. Cuando buscaba (igual), riscos y escaladas libres. Se me aparezca un buen día al volante (como suceden todas estas cosas), como la virgen de Fátima dando hostias correctivas y misericordia a partes iguales.


La banda de Brighton nunca fue una banda revivalista de PostPunk al uso, aunque por aquel 2003 de su debut, cayeran en el mismo cajón de Interpol, Arcade Fire, Killers, Editors o los primeros Franz Ferdinand. Pero con esa misma futilidad, quedó relegada igual que una infinidad de bandas a esa división mucho menos mediática y efectivista.
Abstractos, irregulares en su mensaje, poco dóciles y más consanguíneos con bandas como Gorky’s Zigotic Minci, Desert Hearts o los poco entendidos Life Without Buildings. BRITISH SEA POWER han publicado siete discos, y ni uno solo que no se revalorice con igual intensidad, interés y complejidad atemporal.

LET THE DANCERS INHERIT THE PARTY no es una excepción aunque sea la antítesis de aquellos primeros escarceos neo postPUNKS del nuevo milenio.
Sin embargo en su genuflexión hacia sonidos más dóciles, armoniosos y melancólicos. Han convertido su enervación primeriza en suavidad panorámica, con la misma inocente intención de perpetuar a bandas como Psychidelic Furs, Talk Talk, o Echo & the Bunnymen. Siendo a día de hoy, y perdonen lo rotundo de la afirmación, la única banda capacitada para crear ese mismo clímax.
Discos que igual hay que escucharlos con más atención, o al contrario, con el audífono del corazón para hallar esa magia vaporosa tardía de la que os hablo.

Sus primeros adelantos “Bad Bohemian” o “Keep on Trying (Sechs Frounde)” presagiaban otro disco más en la línea de Vallhala Dancehall, como hits infalibles. Pero lo cierto es que pasado ya más de un año, es la belleza del conjunto la que hace de este trabajo como una de las obras cumbres del Postpunk melódico de esta década.
El brillo mustio y mohoso de “Sait Jerome” por ejemplo, supera cualquier expectativa creada por bandas con más pedigrí que ellos. Su simbiosis con “Praise for Wathever” alcanza cotas de maná nostálgico fuera del alcance otras que han intentado en la actualidad resucitar aquella magia de los 80’s o 90’s. House of Love, The Church, Comsat Angels, Cocteau Twins, Easterhouse, la épica de New Model Army o el esoterismo de The Mission.
Y con todo y eso, sus canciones más terriblemente espléndidas sucumben a un conjunto armonioso, poético y orgánico. Esa cúspide inalcanzable por Depeche Mode, Suede o si me apuras Nick Cave, cuando intentan emular las sensaciones que te generaba escuchar canciones que se han convertido en tu cardiograma emocional. Ellos sí, y sin la más mínima ínfula.
Solo así se entiende que acabes rendido en otras sobre el guión, menores. Como “Want to be Free”, “Electrical Kittens” o “Don’t Let the Sun Get in the Way”, que no hacen mas que dar sentido global a la colección. No solo por eso, sino porque en realidad son tan o más grandes que las más evidentes.
What Do you’re Doing” es una preciosidad levitante entre el falso mainstream y la realidad de una gran canción sin fecha. La primera que nos eleva con solo de guitarra sin más; tan significativo por eso… Son esa especie (supongo), de señales y jeroglíficos pertenecientes a una época, de la que pocos ya, saben volver a recrear. “A Voice of Ivy Lee” vuelve a incidir, consciente de que la bravura otrora de los de Brighton aciertan de pleno cuando deciden que el revival ochentero tiene más de pulso que de excesos. Una realidad que a veces chirría, pese al jolgorio, en buenas nuevas como las de Protomartyr, Shame o Idles y que aquí se sostiene sobre el hilo de aquel “Lovely Day Tomorrow” con el que los conocí hace 15 años.

Que la banda de Jan Scott Wilkinson y los hermanos Hamilton, haya lanzado el corsé hace tantos años bien lejos, y regrese sin la más mínima presión de trascender. Hace que cada uno de sus nimios discos sobre el papel, sean, en profundidad un espléndido lienzo donde recrear el espíritu.
Y que canciones como “Electric Kittens” emerjan ahora, como defensoras de la oda romántica a ultranza de incomprendidas FROM DE SEA TO THE LAND OF BEYOND/2013 o SEA OF BRASS de hace tres años, una celebración sólo por tipicidad. Con la medio desdibujada e invisible estampa de un promontorio apenas devorado por la urbe, donde “Sait Jerome” y “Praise for Wathever” son la cúspide de atípica elegancia. Todo eso es, a mi parecer, lo más excitante de la música y los devenires:
Dejarte asaltar por aquello que no es obvio, que pierde la tanda por timidez, y que no es evidente. De las apariciones

sábado, 12 de mayo de 2018

THE CHAMELEONS_VOX_Sala Bikini/Barcelona_04/05/2018: FÓRMULAS MAGISTRALES





Hemos llegado y estamos aquí.
Ese fue el furibundo y único mensaje capaz de hilvanar así, al vuelo. Cuando la noche del Viernes 4, alcanzaba su punto más álgido al sonar “Looking Inwardly”.
Probablemente nadie entienda la idea de tener la certeza, cuando algo sucede ahí abajo, en las tripas. Ni tan siquiera así, en plano general, que una canción del denostado WHAT DOES ANYTHING MEAN? BASICALLY sea esa canción más esperada por alguien, o para el caso: La que ilustre una época, un recuerdo, o una idea a grandes rasgos sobre una de tus bandas de juventud y la noche del reencuentro. Para mi sí.
Más aún cuando le sigue “Perfume Garden”. En ese momento hubiese firmado por poner fin al suspense del desenlace.
En general no es el disco más representativo, para una banda poco o nada reconocida, en tanto a la influencia general del PostPunk mirando de reojo, y con la perspectiva que nos dan los más de treinta años que tienen sus canciones. Pero fue mi primer disco. El más espacial y menos rocoso de la banda de Manchester, pero solo por eso, mi favorito; sin entrar en debate si es el mejor. La memorabilia tiene eso amigo, en la mayoría de ocasiones no atiende a razones. Porque la música y su memoria SIEMPRE va unida a una huella única y egoístamente personal.
Tampoco hubieron apenas góticos o por lo menos con sus galas ya; igual la edad. Aunque yo jamás oí a Chameleons, Echo & the Bunnymen, Comsat Angels o a los Sad Lovers and Giants en ningún garito gótico de la noche Barcelonesa; por lo menos si era más importante la estética que el militarismo. Nunca lo fueron, también es verdad.

Y eso. Además de honrarles. Les da un plus de importancia creo, vital. Si intentamos conectar algunas de esas bandas casi siempre incluidas en movimientos de culto, y sin embargo alejadas de una intención realmente musical.
Principalmente porque creo que son las que mejor capacitadas están, para envejecer y ejercer de conexión entre el pasado y el presente. Si hay bandas recientes que beban de algo del PostPunk ochentero, dudo que sea de Joy Division, sino de The Chameleons: Seguramente la banda menos referida en cuanto a influencia por la prensa, en bandas como Interpol, Editors, White Lies, The Horrors, o Protomartyr. Probablemente porque la mayoría pasó del BritPop a la actualidad, sin tener ni puta idea de lo que se cocía en años anteriores que no fueran Joy Division, The Cure, The Smiths y poco más.

Pero dejando de un lado rencillas y duelos en el callejón más sórdido, propias de un arrugao canoso de 48 tacos.
Lo importante del viernes pasado además de volver a ver a amigos/as de nuestra quinta, correrías y fábulas nocturnas propias de un biopic mítico. Y también esa curiosidad de comprobar si había que pasar lista, si conoces la evolución (o involución según el caso) de algunos de los colegas a los que apuesto, no reconocerías. O incluso averiguar a que quinta o época perteneces tú; que 30 años son muchos. ¿serás de la primera y más viejuna del 86/87? ¿los descubrirías con eso del Britpop y el afán de reafirmarte como raro, pintoresco o marginal? ¿O fuiste ya de los tardíos con muchísima más información, datos y variedad?

En cualquier caso, lo importante es que habíamos muchos; más de los que yo pensaba. Teniendo en cuenta la secuela que me dejó el pésimo sonido de la primera vez que los vi en esa misma sala cuando se reunieron los miembros originales. Dieciocho años que han pasado aproximadamente, y con la edad del pavo ya superada, yo iba con miedo. Sin saber a ciencia cierta lo que me iba a encontrar.
Los vi con esta formación bajo un sol del carallo en un Primavera Sound hace seis años, pero eso no cuenta. Y no sabría decir con certeza el efecto: Hacer tocar una banda oscura a las seis de la tarde debería estar penado.


THE CHAMELEONS VOX, como ahora se hacen llamar por eso de no contar Mark Burgess con la autoría 100% del repertorio, y ser el único miembro en activo. Suenan infinitamente mejor y más fieles al repertorio que la formación original de la gira del 2000; por más que les duela a los puristas. O por lo menos son más profesionales a la hora de modularse a una sala, y que todo suene en su sitio.
Chris Owen (Midge Ure, Ultravox), Neil Dwerryhouse (the Man with the Stereo Hands), y Yves Atlana (Black Swan Lane) a los tambores, suenan no solo como un tiro, sino con la intensidad y empaque justo que necesitan estas canciones.
Justo ahora que la imperativa actualidad relega las referencias, a meras citas. Es bien comprobar por activa, que el pasado es circunstancial, caprichoso y porque no admitirlo: Revelador para quienes creemos que mirar atrás lo justo. Pues va ser que no.

Si bien es cierto que “Don’t Fall” despegó irregular y con la voz de Mark Burgess engarrotada. A medida que el temario avanzaba; igual que los motores clásicos. Los responsables de volver a engrasar la maquinaria de los mancunianos al rebufo de su incombustible líder, han cogido por fin el tono de un repertorio inigualable en atemporalidad, y básico para entender la esencia del PostPunk.
Fue después el turno de “A Person Isn’t Safe Anywhere”: Densa e invernal si la comparamos con el sonido crudo de aquel primer disco del 83. Sonó la preciosidad de “Monkeylad” y Mark perdió de vista martilleando el bajo, cualquier sospecha de exceso de responsabilidad.
De esas canciones que 35 años más tarde, siguen sonando inmensas por convierte en parodia algunos de los himnos de actualidad. A manos de un vocalista que en momentos de lucidez hacen un uno solo: interpretación, música y voces por pura alma.
Es lo que diferencia a The Chameleons, o a New Model Army, de otras bandas de la época que sublimaban las intenciones y el éxito, sobre la autenticidad y el carisma bruto.
Looking Inwardly” y “Perfume Garden” rompieron con la maldición de ese disco intermedio en ocasiones repudiado. Y que creo que vital, por como vertebra una inflexión de estilo mucho más contemporáneo en la actualidad, y totalmente complementario en su reducida discografía.
THE CHAMELEONS solo publicaron tres discos en aquellos años. Pero vistos ahora con perspectiva y sin entrar en la grandiosidad imperecedera de sus canciones. Parieron tres obras totalmente distintas entre si, y parece ser que ahora es cuando de verdad son conscientes de esa suerte. La de despejar algunas incógnitas a seguidores a los que la edad les ha otorgado su misma visión, mucho más equitativa sin la presión de ser veinteañero.
En el fondo, esa es la maravilla de verte arrastrado a revisar la discografía de una de tus bandas de cabecera. Por más abandonada u olvidada que la tengas.
Less Than Human” como un réquiem o salmo para ya devotos. Era esa canción en el momento oportuno y estratégicamente seleccionada. Para que el acorde más mágico de su carrera nos arrebatara de un plumazo la más mínima duda: “Swamp Thing” debería ser un himno de la época incluido en cualquier revisión que se precie. Y pese a todo, todavía sigue siendo una reliquia semidesconocida para el gran público.
Paradiso” fue una de las rarezas de la noche; bella. La tremenda “Mad Jack” conectora tanto con los Echo como The Cult. Santos y seña de una época ya irrepetible, aun perfectamente revivida por una tropa de cuarentones y cincuentones cual niños chapoteando sobre un charco. Caras de felicidad y piel de bellú que desempolvaba airguitars. Justo cuando “Soul in Isolation” abrió un paréntesis de puro sentimiento , diría que hasta épico.
Second Skin”, la tremenda“Singing Rule Britannia” (se nota que soy fan de mi primer disco de ellos), cerrando con “View for Hill” a modo de tobogán.
Foto: Xavi Bartolomé

Todavía quedarían cuatro temas más, y por supuesto, los más emotivos de la noche. Que invirtieron la perplejidad estática del impávido público, en un temerario pogo que para que engañarnos; hizo a todos un poco más jóvenes e infinítamente felices:
In Shreds” y la bendita ocurrencia de por fin explotar el filón del WHAT DOES ANYTHING MEAN? BASICALLY. La puta locura de “The Fan and the Bellows” como os imagináis, fue ritual. “Nostalgia” como su propio nombre define e ilustra, apoteósica. Y de regalo a punto de recoger bártulos “Up the Down Ecuador”; la noche y el entregado público se lo merecía.
Ese tipo de vueltas que viene a abofetearte para decirte alto y fuerte: Ves? Eres tu el que te haces viejo, no la música. La bendita música celestial (aquella que te vuelve melancólico), fluctúa, late y bombea sólo si tú te empeñas en dar la medida justa a cada momento; pasado, presente y futuro. Y además, que sepáis que cuando todo parece haber sucumbido al vórtice de la moda, llega la antimoda para hacer del brillo excesivo, un satinado lleno de escondites o fundidos según la luz, edad o momento.
Que además todo esto ocurra empujado por Albert Y Sturm Promnotions; amigo además de épocas. Pues que queréis que os diga, es orgullo propio de quien como la banda, deposita en la tenacidad y el empeño, toda su irreductible valía.
FELICIDADES

domingo, 20 de noviembre de 2016

NEW MODEL ARMY en SALAMANDRA 28/10/2016... CALLA Y DAME OTRA CERVEZA QUEMELANTIRÁO!!




El mes pasado volvieron a salir de sus moradas los angelitos negros. No los del glorioso Machín, sino los irreductibles y fieles seguidores de la banda de Bradford: NEW MODEL ARMY.
Para certificar la existencia del otro frente desintoxicado de pasarelas de chorreras, crepados y maquillaje. Hay que exhumar de tarde en tanto -casi como los viajes del cometa halley- ese frente combativo que diluía esa efímera frontera entre el Punk, lo oscuro y el gusto por aquellas bandas militantes de los 80.

Pasados los años, cuando poco queda ya de aquella escena olvidada y desligada de todo secularismo. Cuando los años te hacen dudar de si había en realidad un frente común gótico, o era el simple amor por aquellos sonidos apartados de la modé. Los que unían a distintas razas alrededor de la fogata en pos de lo atípico: The Chameleons, The Cult, los mismísimos New Model Army, o un montón de bandas más que se la traía bastante floja las sectas, los bandos o agrupaciones generacionales.
Está claro que los New Model Army han sobrevivido a todo eso. Y quizás sea esa la razón por la cual, cada vez que se pegan una gira infernal por toda europa. Hay unos cientos de incondicionales; empezando por los Followers, y acabando por ese desarraigado seguidor entre lo siniestro, lo rockero, y lo indeterminado. Que se acaban reuniendo como una gran familia bien unida, amante de los románticos mensajes de Justin Sullivan. Esas cosas de las que ya no está de moda hablar en una sociedad materialista y terrenal. Pero que unos tantos no siguen erizando el bello a grito pelado y brazos alzados.
Este tenaz veterano de 60 años ya, sigue como tal cosa sobre el escenario. No solo son creíbles sus mensajes, sino que las canciones recobran una extraña vida tan brutal e incendiaria sobre un escenario, que solo queda la reverencia final.

Los hay que dicen que se repiten. Que quieren encontrar a un mesías nuevo que les devuelva la juventud. O que esperan que el himno sea el que los teletransporte a su revolucionaria adolescencia. Pero hay algo más importante que todo eso. Y es que cuando los clásicos se solapan con sus nuevas composiciones y no baja ni un ápice la intensidad. Tan solo, creo yo en mi más sincera ignorancia, que hay que mirar siempre hacia adelante y avanzar.
Los he visto ya con esta cinco veces, y siempre me han dado razones de peso para creer en sus nuevas canciones. Por mucho que las antiguas vayan de la mano de alguno de mis más emotivos recuerdos de juventud; que ya son 26 años joder.


El del pasado mes de Octubre en la inóspita periferia de Hospitalet me pareció arriesgado y valiente. Teniendo en cuenta las carencias de la sala, creo que fue el más bestia desde la gira del 93.
Han pasado 23 años y se dice rápido. Si en aquellos años éramos cuatro gatos los que los seguíamos; tan pocos como para llenar la sala 2 de Zeleste. Ahora, cada salida a la palestra con un nuevo puñado de composiciones me parece hasta heróico. Seguramente sea la única banda que persevera en ideario, y correspondidos plenamente por sus seguidores en una militancia inquebrantable.
Vienen de toda europa, del este y del oeste, de fuera y de dentro. Las grietas que surcan sus caras y los torsos desnudos que se sacuden en diabólicos pogos como las vibrantes colmenas, no pierden la intensidad con los años. Han conseguido algo realmente difícil: hacer que lo nuevo y lo viejo se haga todo en uno. Sin dudar ni un instante en despegar con “Burn the Castle”, el tema que dispara directo a la cabeza tras la apertura de “Beginning”, mucho más épica y que no sonó; yendo directos al grano.
Su nuevo trabajo WINTER, tiene un buen puñado de razones para reivindicarlo como uno de sus discos más arriesgados en bastantes años. No es ese típico disco que tira de piedra y roca, o de esas percusiones que ahogaron la intensidad de antaño. En cambio, son los pequeños detalles el que lo hacen grande en cada escucha sin abusar de ningún tema insignia, salvo el que le da nombre. Diría que en estructura e idea me recuerda al Thunder and Consolation o el The Love of Hopeless Causes; que ya es mucho decir y alguno me quemará en la hoguera, cierto!!.
De ahí que sonara prácticamente en su integridad, sobretodo la de su primera parte que es la más intensa de largo: “Part the Waters”, “Eyes get used to the Darkness”, “Devil”, “Winter”, “Born Feral”... y así hasta 8 de sus 13. Esta última tremenda y a la altura de alguno de sus clásicos, se ensartó con una versión sosegada de “Purity” que la hace más eterna si cabe que su otrora machacada Vagabons. Una de mis preferidas “Fate”, que junto a “White Light” dirigieron el repertorio hacia canciones más melódicas.
Hubo como es habitual algunos sectores que se quejaron de la falta de algunos clásicos simbólicos, que por tener tienen muchos. Basta con repasar la quincena de discos que tiene entre oficiales y caras B.

Yo nunca he esperado y ahora menos, que cualquier banda me toque aquello que quiero oír. Y prefiero que me sorprendan con una idea global de aquellas que te hacen amar canciones que ni te esperabas. Que convierten en grande la interpretación absoluta del instante defendiendo lo imposible. Y que en definitiva arriesgan con una propuesta que recorre un aspecto concreto de su discografía; en este caso no fue la más fácil.
Sonaron en un impresionante acústico “White Coats”; una de las para mi, mejores canciones de su extensa carrera. “Poison Street” arreció meteórica: aquella primera canción de ellos que escuché en una cinta perdida de Chocolate. “51 State” cumplió con un solitario y mítico tema; que podrían haber sido otros: Un Get me Out, Family, Young Gifted and Skint, un Prison... o que se yo.
Escogieron una línea más lógica por como suena su último trabajo, y menos visceral. Cómoda si se quiere, pero intensa porque es al final el público, el que la convierte en inolvidable sea cual sea el repertorio. Es así, los sets en directo de la banda de Bradford que ahora parece tener una alineación fija desde hace cinco años, no nos hace añorar la más Punk de principio de los 80. Ni tampoco su discreta reconversión hacia sonoridades de épica excelsa, cuando alcanzaron el status de banda futurible con IMPURITY.
Tenemos a unos New Model Army en ruta, han parido un disco ambicioso y que rompe con ciertas ataduras, y que nos sigue arrastrando al mismísimo infierno. Dudaba del lleno en Hospitalet fíjate. Pero esta claro que la hermandad de los eslabones perdidos, todavía sigue testimoniando esa imprecisión a la hora de separar churras de merinas.
Al fin y al cabo la mayoría ya somos cabrones que peinan canas como escarpias.

viernes, 5 de septiembre de 2014

PEACHBLACK_DARK HORSE_2014: MANERAS Y FORMAS




En el ciclo este perverso de la vida, donde atusadores de canas, calculadores pertinaces de perímetros abdominales, y estudiados en el patronaje de plieges, pespuntes y planchado que nos intentamos licenciar, con más o menos mejor nota que Jame Gumb. La circuitería interna de nuestra testa tiene por gusto y capricho, ir por libre sin malas instrucciones que la catequicen; es así la mala pécora: Anuda recuerdos y presentes, hilvana la lucidez según le pilla y si no... Nos aguijonea con alarde heroico, esa sucinta actitud juvenil de la que presumimos cuando percibimos que la vejez nos acecha; como si estuviésemos a punto de dar nuestra último aliento convulsivo.
Renegamos cuando creemos que lo nuestro era infinitamente mejor que lo de ahora. Peleamos por sacudirnos el peso del pasado. Incluso nos mostramos como enamorados celosos cuando nuestros íntimos amores musicales son de dominio público y popular. Pero en el fondo, disfrutamos como chiquillos en una fiesta de la espuma cuando lo que suena, nos exhorta para rememorar tiempos lozanos.



Yo hace ya mucho tiempo que dejé de forcejear con esos instintos recelosos del subconsciente. Aunque reconozco tener berrinches aislados y momentáneos, después me sereno, recapacito y disfruto, que es de lo que se trata. Así que con las manos puestas sobre el volante, distendido y relajado. No encuentro mejor momento para jugarme a los dados la suerte del repertorio que escogerán al azar mis ociosos dedos de la guantera. Siendo los trayectos vacacionales, el mejor momento para que luzcan por si solas canciones, discos o bandas que de otra forma, a lo mejor pasarían una criba injusta.

PEACHBLACK es una joven pareja establecida en tierras Californianas; aunque su dudoso origen eslavo nos deje serias incógnitas por despejar. Como se suele decir siempre, no inventan nada que ya no esté inventado; como si en esto de la música hubiese que inventar algo ya. Eso sí, se aplican y mucho a la hora de condensar en el recuperado formato del Ep (lo que antes eran los siete pulgadas). Algo, que por el propio efecto de la gravedad emerge como melodías salvadoras de mis más tiernos y lampiños años de adolescencia.
Lo que se suele llamar Pop electrónico, Synthpop, Dark Wave y algún otro que me dejo. Términos que ni en los años que se acuñaron servían para definir con demasiada claridad una u otra orientación musical, pero que nos ponen en guardia agrupando la mestiza manada en cuatro o cinco rebaños más genéricos y mansos..
Para mi humilde opinión más que un estilo ideado con nocturnidad, premeditación y alevosía, lo que Kristina y Keneth plasman sobre Dark Horse es en esencia: texturas, atmósfera y mucha estética. Vale, es cierto que nos remiten indudablemente a la sonoridad conceptual que tan suya hizo Mute Records a finales de los 80. Y que navegan claramente por esos pantanosos territorios pseudogóticos y de culto que tanto asustan en la actualidad. Y es que hablar de góticos, está hoy en día tan mal visto como decir que eras Heavy, Bacalaero o Breakdancero en tus tiempos mozos. Compartiendo más que una fobia personal, el poco apego que tengo a etiquetas estéticas más que definitorias que resolutivas.
Lo cierto es que sí, PEACHBLACK están más del lado de los perdedores: Los primeros She Wats Revenge del 2005, de Cold Cave, The Soft Moon o de KVB. Que de los sonidos más estandarizados y azucarados de la escena actual, sin un mal single festivo que los bien venda.
 



Bastante más ambientales, electrónicos y menos ruidosos que sus oscuros compañeros de viaje. Peachblack hacen con bastantes más medios que sus predecesores de anteriores décadas, una especie de TecnoPop más oscuro. Sin el glamour de invertir en syntes analógicos y caras máquinas sus subsidios salriales; como se hacía en los convulsos e imaginativos  primeros de los 80. Ahora todo eso se hace en el dormitorio y a veces con un simple ordenador, cuatro cachivaches y bastantes más medios económicos. Lo cual no quita que hallan parido cuatro temazos de notable alto. Y que cualquier antropología estilística mee fuera de tiesto al intentar acotarlos en cualquier tribu; con lo mucho que hoy en día se cambia de vestimenta
Da bastante igual si te han enganchado con “Dark Horse”; su tema más manejable. O si te has aventurado como yo, a escuchar de una tacada sus cuatro temas. Justo ahí, donde se aprecia con más claridad y perspectiva su discurso o esa atmosférica sonoridad que tanto me recuerda al pasado Elecro Body Music del que beben.
Gray Mathes” y “Northern Winds” que apostaría porque están muy por encima del tema que da título al álbum; aun teniendo cierta épica más marcada. O el colofón de “Push/Pull”, que es sin lugar a dudas es uno de mis temas preferidos. Con ese áurea tan centroeuropea, y ese fondo de syntes Kranftwerianos que de inmediato me remiten a The Telephone call.

En definitiva, me han enganchado de inmediato porque no disimulan en absoluto sus orígenes, que para que ocultarlo; son bastante parecidos a los míos. Pero sobretodo lo ha hecho porque a tenor de sus cuatro pepinazos, de los que se podría extraer perfectamente el título de su debut de cualquiera de ellos. Lo hacen sin miedo a marcar las formas, pautas o señas de identidad; con lo suavizados y poco claras que resultan la mayoría de propuestas de ahora #Sea con guitarras o botoncitos.
Y es que de un tiempo para acá me hastía tanto la militancia absolutista a cuatro géneros concretos. Como ese mainstrean encubierto tan extendido y poco claro, que campa a sus anchas en la gran mayoría de las propuestas.

lunes, 28 de octubre de 2013

NEW MODEL ARMY in MUSIC HALL de BCN 25/10/2013 *DANZAD MALDITOS DANZAD!!




Hay resquicios de la memoria en los cuales la luz solo incide cada tantos años, a veces lustros, quien sabe si décadas. Aquellas que levantaron un grueso y alto muro que delimita lo aceptablemente actual y lo pasado de moda, y por el que solo trepan los nostálgicos e intrépidos.
Este pasado Viernes la actualidad relativa nos devolvió a algunos, una de las bandas más subestimadas y extrañamente simbólicas de los 80. Y digo algunos, por el dilema que le pueda suponer a más de un veterano de guerra como es mi caso; compaginar el avance inminente de la evolución de la música “alternativa”, sin por ello renegar de nuestro pasado más pedagógico y primario.
Aun grabo en mi memoria la primera vez que vi a NEW MODEL ARMY presentar su “The Love of Hopeless Causes” aquel 1993 en la Sala 2 de Zeleste, de reducidas dimensiones. Quien diría que aquel concierto marcaría su declive, tras los años gloriosos del Impurity. La misma minúscula sala que acogió la gira de despedida de PAVEMENT seis años más tarde. Para que os hagáis una idea de lo crueles e injustas que son las modas y las tendencias en esto de la música, ¿acaso alguien se imaginaría, con lo que ahora significan Pavement, actuando en semejante sala?Con los años y el bagaje de idas y venidas que guardo en el recuerdo. Uno aprende a valorar y a apreciar con la suficiente perspectiva la arbitrariedad que mide la actualidad y la calidad; algo tan relativo como el paso del tiempo.
Así que visto lo acontecido desde aquel lejano 93 por el que escribe y firma, con la suficiente serenidad. Lo de este pasado Viernes, fue lo más cercano a pactar con el diablo de la misma manera que lo hizo Dorian Grey; una involución a la eterna juventud momentánea y veloz. Sobretodo viéndome en medio de una melé de Pogo frenético, arropado por aquellos que veinte años atrás nos volvíamos locos de excitación descubriendo bandas y sonidos hasta el momento desconocidos.

NEW MODEL ARMY logró en tan solo hora y media, resucitar un espíritu combativo que en la actualidad me canso de buscar y no encuentro. Su gira de regreso viene respaldada por un nuevo trabajo que viene a conciliar su pasado más brillante, y unos últimos años donde buscaron su identidad sin un resultado del todo satisfactorio. Y la cruzada tiene su mérito, vaya si lo tiene: Ver a un Justin Sullivan defender su idiosincrasia con 57 años, sin perder ni un ápice de motivación, profesionalidad, y pundonor. Bien merece el esfuerzo de verlos por cuarta vez; desgañitarnos, y rememorar aquellas noches. Donde Ramones, Clash, y Madness nos empujaban al centro de la pista para danzar con frenesí en una batalla de amistad y solidaridad.




El concierto comenzó con bastante retraso al borde de las diez, debido a unos problemas logísticos de la banda en la frontera. Así que nos perdimos a unos prometidos teloneros, INMUNE, quienes tuvieron la mala pata de tener que cancelar su aperitivo.
Pese a los inconvenientes de contener una larga cola en pleno centro de Barcelona por más de una hora, y admirar el contraste de la ciudad más “guapa”, con el de los vestigios de las tribus urbanas más aguerridas de los 90. Realmente resultaba una escena rara de narices, e incluso gratificante para mi gusto. Teniendo en cuenta lo raro que nos miraban los lugareños en mi barrio allá a finales de los 80, cuando salíamos las tardes de los Sábados con nuestros peinados, ojos pintados, Marteens o Boppins, y nuestra indumentaria desaliñada.

Acudir a ver a New Model Army cada vez que han visitado nuestro país (tres si no me fallan las cuentas, sin contar el de Justin Sullivan en solitario en la sala KGB). Es sin duda uno de aquellos eventos a los uno acude no solo con la certeza de no salir defraudado, si no que además se produce una curiosa simbiosis donde se mezcla el evidente interés por ver a una de tus bandas de cabecera en la juventud, y volver a encontrarte con viejos y buenos amigos; algunos en su mayoría en un retiro monacal, otros inmersos todavía en el culto a los sonidos que nos dieron luz en nuestro pasado, o como es mi caso personal esperanzados en la grandeza de la música sea de ahora, de antes, o de siempre.
La verdad sea dicha y sin ningún tipo de sentimiento de culpabilidad, son pocas las bandas de mi juventud a las que le dedico fidelidad absoluta en escuchas frecuentes en los últimos años. Y no es que renuncie a su vigencia en la que creo decididamente, solo que también confío totalmente en la importancia que representa saber encontrar el equilibrio entre lo pasado y lo actual; sin acabar despotricando por el rumbo que toma la música en la actualidad.
Lo que está claro de todas todas es que aunque son una infinidad de bandas y artistas los que considero vitales en mi educación musical. Como en las amistades, pocas son a las que otorgo la transcendencia emotiva especial que se merecen; y una de ellas es New Model Army junto a The Smiths y Joy Division (seguro que alguna otra me olvido)

Como es natural y aunque en el ambiente flotara el deseo de escuchar aquellos clásicos que nos indicaron el camino: “Smalltown England”, “Great Expectations”, “The Price”, “No mans Land”, “Better Than Them”, “White Coasts”,225”, “I love the World”, o “Poison Street” por citar solo algunas, ya que mi lista sería innombrable. Tampoco es que me desagradara el repertorio que creo que fue uno de los mejores de sus últimas visitas, y teniendo en cuenta que celebran su 30 aniversario.
Abrieron la noche como es natural con algunas las mejores canciones de su último trabajo, “I need more time”, “March in September” su primer single, o “Did You make it Safe?” que aprovecho para afirmar que dan bastante más juego que algunas de sus tres anteriores discos (personalmente los que más me cuestan de digerir, salvando alguna canción). Sin embargo también he de admitir que con el paso de los años y teniendo en cuenta que para ser una banda de culto, cada disco tiene una personalidad distinta muy marcada. Han conseguido convertir en clásicos temas como “Today is a Good day”, “High”, o “Wonderful way to go”.

Poco a poco y progresivamente fueron goteando algunas de sus temas emblemáticos. Muchas de ellas, canciones que sin ser sus clásicos más populares para los fieles que los seguimos, Followers venidos de toda Europa incluidos (éstos últimos merecen una mención de honor a parte); es un gustazo oírlas en directo: “225”, “The Hunt” que sonó tremenda con el nuevo bajista que los acompaña en la gira, Ceri Monger y que junto a “Here comes the War” llegaron a recordarnos al legendario Nelson de su primera época, donde el bajo se erigía como el verdadero solista.
Para entonces el centro de la pista y el gallinero, como solemos denominar los veteranos a la primera línea de fuego de un concierto. Se había convertido como viene siendo tradicional en los Live de esta banda de Bradford (ciudad del norte de Inglaterra que también vio nacer a The Cult), en un frenético y apasionado Pogo donde los Followers ejercían como maestros de ceremonias con sus espectaculares torres humanas. 
Photo: by Mirian
 
*Los followers para los poco informados, son el nombre que se le dan a sus más fieles seguidores. Gente que los siguió a lo largo de su carrera, y que sin ser una de las bandas más representativas de la escena Post Punk o Gótica de principio de los 80. Gozó y goza de unos de los grupo de seguidores más fieles, quienes los siguen en todos y cada uno de los conciertos de su gira.
Como decía aclaración a parte de suma importancia, el ambiente era un hervidero. Con la sala atestada y observando desde la barrera el sarao que se montó con los primeros acordes del evento, no pude por más que deleitarme con admiración la tremenda escenificación. Juanito con cara de poseído, Franky, Angel, Jordi, Edu... la tropa entera de niños grandes, mano a mano con los irreductibles Followers; con los que bastaba una mirada, el sudor, un empujón y volver a levantarse para transpirar sensaciones. Inevitablemente acabé en medio de la melé, o lo hacía o reventaba de deseos; y eso que mi rodilla derecha me lleva dando guerra casi una semana. Pero de una manera u otra había que revivir de verdad de la buena; creo que hacía casi veinte años por lo menos que no bailaba un pogo de los buenos.
Hubo un pequeño receso para que brotase la enigmática y gigantesca “Archway Towers” de su Thunder & Consolation, que se codeó con una de las canciones más esotéricas de su nuevo disco, “Seven Times” y que ocupó junto a otra íntima “Knievel”, la parte central del set. Y le sucedieron “No Rest”, “Lust of Power” del Impurity, una preciosa “Green and Grey” que parecía invocar al desaparecido Robert Heaton. Una versión semi acústica del “Vagabons” donde a falta de los violines de Ed Alleyne-Johnson buenos eran nuestros coros; para acabar cerrando con “I Love The World”.


En resumidas cuentas poco más puedo añadir. Tan solo que disfruté una de las noches más intensas y felices en años, no solo por recuperar un pasado totalmente vigente, ver reunida a la vieja guardia de épocas donde el género indie ni tan siquiera figuraba en los diccionarios. Y sobre todo poder contemplar a una banda con una energía fuera de toda moda y tendencia, renovar un repertorio por el que los años no desgasta lo más mínimo y donde todavía sobreviven hábitats arcanos a los que no hay tendencias que sean capaces de extinguir.
Es Punk, es Rock, es Folk, es PostPunk?? ¿acaso Gótica? No, son NEW MODEL ARMY y los ejércitos de Oliver Cronwell cantando a las causas NO perdidas.
NEW MODEL ARMY IN GROOVESHARK