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lunes, 25 de enero de 2021

YUNG – ONGOING DISPUTE_2021: ANTES DE QUE…

 

Antes de que la sensación de ser y estar en… Por ejemplo, el 2021. Sea tan real y verdadera como para que todo nos llegue hasta las rodillas. Y sobre todo, antes de hacer las maletas sin ordenador, ni más tecnología y logística que la de un móvil y dos mudas.

Antes de partir para el extremo más lejano de la península, donde el Guadiana suelta y lava sus melenas en el Atlántico. Y desenchufarme durante tres semanas.

 

Antes, voy dejar constancia de mi primer vial del año. Mi primer cojín donde descansar mi esqueleto crujiente y dejar los pensamientos en punto muerto; ¿lo habéis probado alguna vez? Es tan… reconfortante, y de encefalograma plano.

 


 
No creáis que tengo prisa alguna por pasar lista a las nuevas incorporaciones del curso: -  Hola Mikkel!! – Hola Tobias!! – Hola Emil, majo!!  - Que tal las vacaciones Frederik, ¿como van los callos de tus manos? Que hermosas criaturas.
Cuando lo cierto, es que ni me sé de memoria los nombres de algunos del pasado año. Y todavía me sale alguno de debajo de algún pupitre, para mi sorpresa y mirando por encima de las gafas. Que no sabía de su presencia, ni de su existencia, o vibrato vocal.

 

Pero, aunque sea cada vez más, la pereza que me provoca la exclusiva, titular y velocismo en que se ha convertido esto de las redes,  y los medios por así decirlo ¿alternativos? (espera que me da la risa y se me escapan los puntos).
Creo estar en la certeza a la primera de cambio desde hace mucho tiempo. En la prometedora grandeza del regreso de este joven cuarteto de la costera Aarhus (Dinamarca).
Y me ha dado mira tú, el requetequeté de escribir en caliente y con apenas tres escuchas en bucle de este genial:

ONGOING DISPUTE

Es su segunda puesta de largo en cinco años: Un trabajo que dista… eso: pues cinco años para hablar claro estilísticamente hablando. Y un crecimiento a base de pasar penurias económicas, entrar en crisis creativa, y estar a punto de disolverse. Digno del tópico más manoseado y sudado del universo: - “se hicieron a si mismos”.
Pues sí familia, está claro que el pasarlas canutas o toparse con la cruda realidad, hablando así en clave de “chunguez”. Es lo que te encuentra contigo mismo -debe ser de calentarte la cabeza- y…. una de dos:
O te acabas sumiendo en la miseria más profunda y negra de la vida. O te impulsas como un barquito de papel, corriente abajo y sorteando con agilidad patuscos, rápidos, y simas; aplíquese también al día a día de cada uno y una.

 


 

 

A YUNG les ha pasado lo segundo. Y tras conseguir proyectar la curiosa variedad de estilos musicales que aman cada uno de sus miembros; a cuál más distinto e incompatible. Les ha quedado el disco más empastado y fibrado que os podáis imaginar. Una puta locura oyes.

 

Un disco que mira directamente, sin miedo ni vergüenza, al otro lado del Atlántico; Yung no suenan como una banda británica, y mucho menos nórdica.
La banda de Mikkel Holm Silkjær; su vocalista y principal letrista.  Te pueden recordar en sus inicios a los primeros Splashh, Wavves…(totalmente recomendables también)
Pero es una evidencia que los cinco años de inactividad y el replantearse como gestionar las influencias de cada miembro. Junto a la duda existencial de continuar o mandarlo todo al carajo al borde de la ruina, tiene su magia; bendita sea entre todas las casualidades.
Y en ONGOING DISPUTE podemos encontrar así de primeras a: The Twilight Singers, Cloud Nothings (porqué no), AC Acustics, The Somatics, Buffalo Ton e incluso con cierta similitud a la carcasa de las canciones de los Killing Yoke.
Y ya sé que es un agravio elogiar un disco por sus, entiéndase, parecidos razonables. Pero en fin, no puedo evitarlo cuando en el fondo, no intento compararlos. Sino agradecer que las nieves, el deshielo tras el sol y las ventiscas, nos devuelvan bandas de las que estamos ciertamente necesitados.
Y que sean en clave de indie-rock con pulso y flexibilidad, tanto mejor.

 

Un álbum donde ciertamente, se pueden palpar los momentos de hecatombe emocional. En forma de textos cargados de melancolía, dolor, y desdicha. Y pasados disimuladamente por ese filtro del desamor y la juventud perdida, más idealizados con el Pop de The Smiths, Joy Division, o The Wedding Present, que la primera impresión que nos pueda transmitir su sonido.
Aunque me perdonaran, pero seguramente sea esa la magia a la que me refería. Cuando Pop y Rock se diluyen tamizados y con grano fino, como los magníficos híbridos que fueron The Replacements.

 

“Autobiography” abre el disco disponiendo los tres acordes mágicos, en una oda a la redención que se contorsiona y juega al despiste. Pero que a mi me recuerda una barbaridad a mis añorados DESERT HEARTS, y en fin… Fue lo primero que me hipnotizó. 
Llega luego “Lust and Learning”, como aquellas muecas de Black Francis en solitario: Redobles de pop de guitarras hermoso, invitaciones a balancearse como en un vals angelical... Buscas con los brazos y a tientas, pareja de baile. Es una gozada, donde cuentan una historia pequeña de su pueblo, y donde Yung descubrieron la química como banda, pese a sus diferencias.

 

Quizás de inicio puede que no entiendan esa conexión con el emogrunge del que les hablaba al principio.
“Progress” seguro que despejará cualquier duda, apareciendo en escena Overseas, y aquella rara avis de The New Year/Pedro the Lion/Centro-matic. Aunque su exuberante lírica narrada contenga muchísimas cosas que ya se entretendrán ustedes en descifrar; me cuentan si eso.
Momentos errantes como “Dismantled” puede que hasta invoquen a Seventeen Seconds; no se asusten, en esencia tan solo.

 

Pero es un poco todo eso que consiguen aunar sin pretenderlo; pues ya digo que sus orientaciones musicales no pueden ser más dispares. Y el maravilloso conjunto que han conseguido es el mismo que pasar un sábado en un parque de tirolinas: Puro disfrute, y vértigo sin parangón.

 

“Above Water” viene a ser la primera y más evidente cima del disco: Dicen, porqué aquí que la esencia de los Killing Joke tomó forma de aparición mariana, siendo el único punto de no-discordia entre los miembros de la banda. Aunque tampoco tienen demasiados apuros en dejar que el lado más Popero y luminoso, los salpique de purpurina en “Such a Man” con un magnífico resultado.
Yung se salen un poco de cualquier parecido razonable con lo que ahora se viene publicado. Y precisamente sea eso lo que nos emociona a los veteranos; veteranos con patucos, pero veteranos al fin y al cabo jajajajaja
“Hose it Off” cura de un hostión cualquier duda; la intensidad está servida.
Con esos golpes de mar en toda la cara y la arena de Poniente picándonos en la espalda. Es como si Afghan Whigs emergieran de la era de Gentlemen, para hacernos trepar a golpe de vergajazo.
Y desde allí arriba, oteas con las nalgas ruborizadas: Hacia atrás la enorme colección gritando – Say, what`s on your Mind!!. Y hacia el final, saltado sobre las notas de “Unresolver”: Un pequeño subidón para que el desenlace sea lo suficientemente duro, como para reponerse de “Friends On Ice”; Una de mis debilidades de este precioso y emotivo disco: Díscola, poética, melancólica…
Una tremenda canción para cerrar un gran disco para este inicio del incógnito 2021.Y que seguramente estará a finales del mismo como uno de mis grandes. De hecho, ya lo es.

 

ONGOING DISPUTE fue grabado en dos sesiones en el Dreamland Studio de Hovvej, con Neil Robert Young a los mandos de la producción y mezclado por Mathias Bang.
YUNG son: Mikkel Holm Silkjær a las voces, guitarra y letras. Tobias Gulborg Tarb al bajo, Emil Zethsen a las guitarras, Frederik Nybo Veile a la batería.
 
 

lunes, 17 de agosto de 2020

OTHER LIVES... SON POSIBLES_ FROM THEIR LOVE_2020



Dos mil veinte; este año raro e incómodo que está poniendo a prueba nuestra sensibilidad y aplomo. Me ha otorgado la tregua y segunda oportunidad suficiente. Para digerir y degustar la vuelta de Jesse Tabish tras varias intermitencias, y el abandono propio de quien se olvida del camino a casa.
Un disco de un empeño sonoro y delicadeza tan extasiante. Que merece mínimo, tres escuchas y un examen oral para que el mantra cure. 
Medicina natural y honestidad a borbotones.



Hace nueve años, descubrí a esta banda de Stillwater (Oklahoma). Y me quedé encantado con esa especie aura que me ubicaba en un recuerdo más o menos lejano e incierto, pero totalmente placentero del Tamer Animals (TBD Records):
Las primeras referencias de Dead Can Dance, Days of the New, Lorena McKennitt, Sigur Ros, Shearwater, Tommigun o sobretodo Lorien; de quien algún día os hablaré. Y un sinfín de sonoridades que, lejos de relacionarlas con un estilo concreto o un parecido relativo. Yo, personalmente asoció por emociones, o por texturas que me sugieren: Naturaleza, paisajes y si se quiere, una pizca de espiritualidad.
Un disco – resumiendo – Soberbio de principio a fin, y que además. No me me decepcionó lo más mínimo en su puesta en escena sobre el escenario del mismo Primavera Sound:
Sonido envolvente, rico, meticuloso y delicadamente enriquecido con esos mismo arreglos que se ensalzan en su disco. Y que solo buscaba la intimidad y el recogimiento, cuando quieres ligar el folk, con algo que se puede emparentar perfectamente con la épica y misticismo acogedor de la música tradicional anglosajona y centroeuropea. 
 


Su trabajo por aquel entonces, me impactó y tanto necesité junto al también curativo NEW INHERITORS de WINTERSLEEP. Que de ambas bandas, necesité tiempo, sugestión y desconexión. Para volver a asimilar y retomar con la suficiente higiene y disfrutar de nuevo de su música.

Dos mil veinte; este año raro e incómodo que está poniendo a prueba nuestra sensibilidad y aplomo. Me ha otorgado la tregua y segunda oportunidad suficiente. Para digerir y degustar la vuelta de Jesse Tabish tras varias intermitencias, y el abandono propio de quien se olvida del camino a casa.
Un disco de un empeño sonoro y delicadeza tan extasiante. Que merece mínimo, tres escuchas y un examen oral para que el mantra cure. Medicina natural y honestidad.

A veces pienso que soy yo; y quizás no me equivoque. Aunque le echemos la culpa a la calidad de los discos, nuestra falta de concentración, o al equilibrio que todo melómano de buena boca busca, en la variedad.
El caso es que, pese haberlo escuchado el día de su publicación. Y advertir su calidad, y no ser capaz de asumirla como quien está con la mente dispersa como un mal cronificado en pleno confinamiento.
A las puertas del fallido intento de convertir tus 50 años (27 de Abril hora zulú), en el evento apoteósico necesario para remontar. Jesse Tabish intentando salvarte a grito pelao, y tú. Ahí bailando, grabándote y diluyéndote en alcohol vínico, como un jalipollas.
He necesitado (ahí es na), casi cuatro meses y un trayecto en coche. Para reconocer al instante, el esfuerzo que ha dedicado la banda para retomar su sonido y discurso lírico. En un disco que, cuanto menos, rebosa coherencia, estructura y claro – lo más importante – diez magníficas canciones.

Pese a que su arranque titubeante en “Sound of Violence”, recuerde en sus primeros acordes a más de lo mismo. Hay un halo flotante fruto de sus estupendas orquestaciones, que lo convierte en una especie de testimonio de crooner marchito. Muy a lo Neil Hammon, Cherry Ghost o Get Well Soon.
Pero en realidad y pese a la dureza de sus letras a la hora de asumir las miserias personales o el estado mismo del mundo actual.
Canciones como “Lost Day” o “Cops”, alzan el vuelo y acaban devolviéndonos la mágica esperanza de su música. Como si su reclusión en la cabaña que preside su portada, fuera toda una declaración de intenciones para soltar lastre e ilustrarlo en una colección de canciones que se escapan de la desmesura un tanto barroca de su anterior obra.
All Eyes/For Their Love” roza la utopía escénica; pues parece salida de una filosofía sinfónica parecida a la de John Cale en Paris 1979; un disco imprescindible, dicho sea de paso. E imposible, quizás, de llevar a cabo en una hipotética gira.
Con sus seis minutos necesarios, donde se despliega un verdadero paraíso orquestal, juegos jazzísticos, y unos envolventes coros que llevan en volandas un canto al amor demoledor.
La sentida “Dead Lenguage”: mínima, desnuda y precisa en sus textos. Como uno de los valores de peso para otorgar el verdadero aprecio a este gran regreso. Y que aunque muchos hayan elogiado con la boca pequeña, debería ser sin duda uno de los discos de este deslucido 2020, salvador en este caso.


La solemne y oscura Nites Out”, que afila el tremendismo amoroso hasta límites góticos. Hace de Jessi Tabish y su banda, unos de los pocos valientes fieles a su sonido y titánicos defensores de un/su universo personalísimo.
Si Ennio Morricone en un repentino estertor alzara la cabeza. Igual podría esbozar una sonrisa de placer al escuchar “We Wait” y seguir durmiendo tan tranquilo: Un tributo encantador a la forma de entender la música, las orquestaciones y su indistinto uso sea la disciplina que sea.
Tarda en llegar, pero es en el corte 8 donde “Hey Hey!!” aparece como el hit definitivo: Coros sublimes, soulazo de altos vuelos, ganas de bailar; pues FROM THEIR LOVE también se baila arrapado, suelto o desnudo por el monte. De la mano de la tribal “Who’s Gonna Love Us”, con ese talento especial que Jesse Tabish, su esposa Kim, Jonathon Mooney, Josh Onsttot, y Danny Reisch saben desplegar en la soledad de su nueva casa en Cooper Mountain, muy lejos de Portland. FROM THEIR LOVE se erige lejos de ser ese disco pomposo que le atribuye a las orquestaciones y sensibilidad reflexiva de sus textos, como una obra honesta, sincera y poética.
Basta con escudriñar la moraleja y mensaje que se extrae de “Sideways”; que cierra el disco. Con un lema tan útil y necesario en estos tiempos tan deshumanizados y egoístas, como determinante en el objetivo y destino que esta banda ha emprendido aquí.

jueves, 1 de agosto de 2019

LOVE’N’JOY_BENDER ON THE SILK ROAD_2019: DESDE UCRANIA CON AMOR, CLARO, Y MUCHO FLOW

 

Es posible, digo posible? Seguro. Que ahora mismo, a quien le mienten Ucrania (así, en general y sin concretar). No acierten en situar la República exsoviética más occidental (junto a Lituania y Bielorrusia) mucho más allá de sus conflictos geopolíticos en la última década, sus exitosos deportistas. O como mucho, el desastre nuclear de Chernobyl de hace 8 años que ha vuelto a poner a HBO en boca de todos. Y que es posible que más de uno ni pajolera idea tenga, que fue en Ucrania y no en Rusia, así como lo de que todos los que tienen los ojos rasgados no tienen porque ser Chinos.

La superficie, en definitiva, y como mucho el poco interés que se proclama a diestro y siniestro. Si lo de mear y cagar andando, se compara con los titulares, carteles luminosos o logotipos; que es lo que poquito a poco va imperando según avanza la vida y los pesaos nos vamos haciendo mayores.
Cuan más mayores, más pesaos; es asín.
Yo ya tengo mi plan para jubilarme (si llego). Y colocarme frente un paso de cebra, a ceder el paso con aspavientos a todo coche que se detenga para que cruce.



Pero no es eso no, lo que venía a contar mientras comienza la interminable cuenta atrás hacia las vacaciones. Ahora que… mira tú, tengo un poco más de tiempo sin más gimnasio municipal donde bajar la lorza, que echarme a mi apretada agenda.
Múnsica, múnsica!! para dejar un poco en automático, la neurona revolucionaria que de tan mala leche me pone últimamente.



Pegarle un puncherón al complejo estético y mandar fuera del campo, a tanto estereotipo placebo con el que masturbar la autoestima.
No le deis con un palo desgraciaos!! abrazarla contra el pecho y cerrar los ojos.
Si no es así, ni os vais a arrimar a esta horripilante portada; como lo cuento amigos.

Yo el primero, lo admito.
Los escuché hará ya un par de meses. Y la verdad es que esa imagen entre lo místico y los dibujos de mis hijos en prescolar, me dio repelús. Y aunque “Come About” arrancó de mi alma un gemido lastimero con melodía psicodélica noventera; que es como se venden.
Esa imagen perturbadora no hacía más que torturarme con:
- Que si esa producción tan perfecta, que si es todo tan carente de alma como esos colores violáceos, taaaan obvio y pertrechado en su conjunto


 
Pero sin ser todo lo contrario ni justificar mi vicio malsano por cosas del estilo: Lightneen Seeds, The Dylans, Kula Shaker, Dodgy y ese boniquismo post Madchester Britpoperil.
También digo que es como esa reconstrucción que hizo Will Sergeant de Echo & The Bunnymen sin Ian Culloch en 1990 con Reverberation.
¿son los Echo? Pues no.
Pero ese puto discazo me parece infinitamente más interesante y disfrutable que algunos mierdacos publicados entre su ahora y 1997; donde solo se salva Siberia y poco más.


Pues LOVE’N’JOY es más o menos eso:
No se si su intento por rememorar esa psicodélia entre el Pop de siempre y su colorida concreción Escalidélica Brit es premeditada. Pero el caso es que les ha quedado un álbum cortito de 8 temas. Con al menos cinco temazos rotundos, infalibles, y tan digestibles como un sorbete de limón tras un acopio de grasas colesterólicas, en una calurosa tarde de verano.
Blitz” tiene un nosequé de fuegos artificiales, cohetes y espuma de cerveza, que parece que a Anton Pushkar (su cantante) se le haya metido dentro Crispian Mills.
Un soniquete mil veces machacado, pero tan necesario como la gaseosa o lo carbonatado cuando abunda tanto garrafón.
Échale unos polvitos mágicos de bicarbonato y lo que sea, que “Raving Referee” ya se encargará del resto.
Sin complicaciones ni reflexiones sesudas buscando autorías o méritos, solo música eficiente.
Y es que muchas veces nos vamos tanto por los cerros de úbeda, o pedimos silencio/vítores a cosas tan mundanas. Que el huevo frito con chorizo más esencial de nuestra alma primitiva, sale como un eructo pidiendo solo comida y placer; joder ya!!
Si es que a eso que llaman instinto animal, para los humanos es la virginidad libre de campañas medáticas.
Tira con “Animals” fiera!! Que bien podría ser una rumba psicotrópica de los Amaya, harto ya como estoy de tanto mejunje. El “Starry Night” en constelación choni con Ian Brown; que mira como saquedao la criaturica!! Y un ejercicio de manual tirando la mirada más atrás y chimpún: “Stolen Pearl” y “Cosmo”.
Y se queda uno más a gusto que en brazos sin más pretensiones que echar un rato.
Camarero la cuenta!!

viernes, 14 de septiembre de 2018

ALABANDO ÁLAVA, Y LA SINTONÍA GALÁCTICA DE STEPHEN MALKMUS & THE JICKS EN: SPARKLE HARD_2018





Nos prometieron el oro y el moro, y sin embargo:

Solo silencio noctámbulo apenas roto por las hojas que se lleva el aire, la graba, los ojos de ese gato moteado adoptado; casi de la familia. Y los ladridos de ese perro sheriff de Narvaiza que retaba en duelo al forastero, lo mismo que a las cabras de su dueño.

La mirada penetrante y condescendiente del semental macho cabrío. Patxi con sus hortalizas a ritmo de rock y su berenjena sustraída/extraviada, el tractor y sus supuestos 109 habitantes censados y milagrosamente invisibles.



El pueblo de Narvaiza (Narvaja), destino de nuestros sueños estrellados en azul cobalto de este verano. Han sido cuanto menos por más de las advertencias del despoblamiento de Álava, (la provincia menos conocida de Euskadi), reveladora y apaciguadora sobretodo, cuando el silencio y el paisaje horizontal o vertical cabe en tu encuadre personal.

Otras veces pasa que hay que hacer mosaicos mentales para recomponer y poder admirar. Pero allí no. Todo cabe en tus inmediaciones, en tu dominio minúsculo y en tu radio; el que puedes y de echo necesitas controlar. Y alcanza más magnitud emocional, sobretodo, cuando no hay ni un plan urdido o tan siquiera una esperanza de que todo ocurra tal y como programaras.




Ya han pasado dos semanas por lo menos desde que regresáramos. Y es ahora cuando el aparato digestivo de tu recuerdo, expulsa la constatación en forma de texto/narración, con su banda sonora; faltaría más. Apunto como estoy de volver al curro.

Casual, inconexo y un poco arbitrario pues seguramente la experiencias viajeras se podrían resumir tan solo como el cruce de un umbral: Esa imaginaria estancia a la que te adentras por primera vez o incluso a la que vuelves después de diez años:

Urbasa y Andia a la izquierda, Aralar a la derecha, y Aizkorri-Arantz de frente presidido por el embalse de Ullibarri-Gamboa. El espacio inmenso y nuestra diminutez igual que una circunstancia en el tiempo. Con ese recuerdo impreciso que al pasar los años con sus lluvias, al volver, siempre es distinto como lo recordabas y todavía más impactante.

Un efecto que casi siempre (y será por la edad); truco al que echar mano. Tu expectación, la mayoría de veces se ve superada en ese efecto déjà vu del constante tránsito de la madurez/juventud que bombea tu imaginación más grandilocuente, por la deslumbrante llegada al paisaje perdido de tu escasa memoria.







Con la música a veces, o muchas, pasa igual: Es superior el efecto que produce la materialización a golpe de nota musical en esos años dulces de tu añorada juventud. Que el verdadero renombre que alcanza en el presente más absoluto e inmóvil; justo ahí.

La música sublima sobre épocas, géneros, tendencias y modas. Más aun cuando el tránsito temporal a rebasado las novedades, como su autor: Stephen Malkmus (exPavement). Y aparece de golpe empujando mi mantra vivido en su más reciente exposición del último directo en KEXP (la gloriosa emisora de Seattle), como una aparición mariana en una tienda de discos de Bilbao. Las miniaturas gastronómicas de euskadi entonces, se texturizan con momentos tan eléctricos como el REdisfrute de este elemento diluyente.

Vino, comida y música son la ambrosía. La felicidad hecha ente inmaterial con la compañía; claro está. El sitio. Y los interlocutores de tu salva.

Y un disco que argumenta. O por lo menos, sirve de excusa para dar forma al recuerdo que te va a quedar de tu paso por Toloño, la calle de la cuchillería, los enormes plataneros de Fray Francisco de Vitoria, el banco de Wynton Marsalis, los bosques de Velate, los campos de girasoles, el ajetreo del Gaucho en la Travesía Espoz, esa botella de Viña Ardanza que ruge desde tu juventud noviazga, la abuela que sale a tu paso para ayudarte, la maravilla sensorial del Guggenheim y su contenido, el paso por San Felices hacia Eskuernaga o las vistas de la Sierra Cantabria desde el castillo de San Vicente de Sonsierra.

  
Todo eso se podría resumir en una canción: “Solid Silk”. Que como una fina brisa acaricia la guitarra como el junco se flexiona, y unos arreglos de cuerda balsámicos que buscan registros antes desconocidos.
Una reinterpretación del san benito de su antigua banda, a la que solo el tiempo es capaz de diseccionar todas sus capas freáticas en forma de melodías inconexas e inaudibles. Y que brotan solo si la agudeza es tal para no quedarse con el ruido, la distorsión y su abstracta y bendita asimetría.

Vale la pena volver a revisar toda la discografía de aquel mágico combo con Malkmus a la cabeza. Y cerciorarse de que, una vez amansada nuestra efervescencia guitarrera noventera. Hay todo un universo inescrutable, con una riqueza muy superior a la que históricamente se les atribuye.



Dirías en un principio, que la perezosa “Cast Off” retoma la anterior discografía de Malkmus en solitario. Cuando perdimos toda esperanza de que esa espinosa banda con forma de chumbera volviera a resucitar el raído y desgarbado espíritu inconformista noventero. Pero tienes que esperar al aullido de las guitarras para arquear las cejas. Cambiar el modo postgrunge y pensar que tu evolución no es tal sin la polinización creativa. “Future Suite” prácticamente comienza donde terminó “...And Carrot Rope” allá por el final de siglo. Cuando en plena resistencia a madurar con treinta años, todos nos sentimos traicionados por su disolución y viraje hacia hacia cadencias más meditabundas.

Recuerdo su último concierto de despedida en la sala dos de Zeleste con un puñado de feligreses. Y palpar la verdadera traición de su inmaduro público, que ahora se daría de hostias por volverlos a ver.



Casi veinte años después, y aunque al sonar “Shiggy” todos pensásemos (incluído yo). Que ese amago 100% Pavement fuese por fin ese elixir definitivo hacia la eterna juventud.

Rebusquemos desesperados como la madre que pierde a la criatura en la feria, pero ni rastro.

En cambio fue ver sobre un escenario a Stephen Malkmus con sus engrasados Jicks. Y aparecérsenos Nuestra Señora de Fátima con los tres niños y la santísima trinidad.

Si esa estertórica canción ya transmite vibraciones exfoliantes. En directo es una gozada ver a Malkmus hilvanar esas aparentes melodías inconexas como puro exorcismo. Eso, y observar como la banda tras unos cuantos discos, parece escupir lo que la endiablada mente de Stephen maquina con una sonrisa de oreja a oreja. Parece fácil, pero creo que es parte de la magia que atesoraban Pavement como banda y sus adoradas imperfecciones. Y este nuevo disco. Sabe plasmar a la perfección en toda su extensión y como conjunto de canciones, una química parecida.

Stephen Malkmus al igual que J Mascis, es un puto genio haciendo lo que otros convertirían en mediocridad.

Es fácil y no han inventado nada que no se hiciera en mil ocasiones (solos y distorsiones). Pero sin el enfoque melódico y tierno de ambos, sería la historia que se vuelve a repetir. Y todos sabemos que no ¿verdad?



Solo así, da sentido la química de “Difficultes/Let Them Eat Wowels”: Dos canciones en forma de una, que podría ser esa chaqueta reversible de colores vivos que bien hace de anorak, de chaleco y de elegante impermeable.

Una psicodelia sacando punta al Vocoder, como Toloño a algo tan tradicional como el Xangurro. Donde el de Santa Mónica se siente tan cómodo como un gorrino en un lodazal. La miniatura de “Future Suite” es el contrapunto en su diminutez y el vacile de sus guitarras no hace más que certificar la síntesis como fórmula magistral.

Su camino hasta llegar aquí, no nos equivoquemos, no ha sido fallido. Sino incompleto sin la esencia que todo artista que emprende carrera en solitario se empeña en aparcar. Y la prueba está en “Middle America”. Una pieza soberbia que no sabría decirte ahora mismo si la prefiero en acústico, en directo o tal y como se ha publicado en el disco. Es mágica de cualquiera de las maneras y conjunta con maestría su época en Pavement: Canciones que por aquella época ya se adentraron en paisajes más tiernos y acústicos.

Todo lo que ha sucedido en los siete discos con The Jicks plagado de joyas y con una sustancia todavía por escudriñar. E incluso su participación en Silver Jews dan sentido al sonido de este disco.



SPARKLE HARD es un entretenido paseo de toboganes, desniveles, caídas al vacío y momentáneos remansos cargaditos de alucinógenos. Un disco como decía mi compi de Mad Robot M. Grau: “un disco que no está de moda”. Pues no sigue las directrices del punteado coloreable/recortable típico de los precocinados de ahora.

Su gracia es más la aventura de lo imprevisible o de las conexiones invisibles en sus armonías; si mamaste Pavement, pues ayuda. Aunque a algunos se les haya olvidado ya, que era salirse (o por lo menos dejarse arrastrar) por algo distinto al típico estribillo/estrofa/estribillo/solo de guitarra/teclado, y vuelta a empezar. Fíjate que canciones como “Rattler”, a mi me encomiendan al rock progresivo de los 70 (Jethro Tull, Frank Zappa y otras lindeces con menos relación)

¿que hacen falta drogas para zambullirse y no ahogarse? Quizás.

Pero que se lo pregunten quienes como yo, al ver tocar la perturbadora “Bike Lane” han visualizado la puta canción del verano sin apelación alguna.

No esos “que si mi cintura necesita tu ayuda, el sácala a bailar, o si así se vive mejor” que podrían arder en el infierno hasta el fin de sus días. Sino ese fuzz de bajo/guitarra abejorro que taladra los sentidos como lo hicieran los Sonic en el “Youth Against the Fascism”; tan adecuado ahora. El swim sorpresa de ese piano que rompe por completo la armonía. O esa joya de letra engarzada en mímesis/parábola, entre el asesinato a manos de la policía de Freddie Gray y los controvertidos carriles bici en las ciudades.

Textos que afianzan al Californiano dentro de esa paranoia que es inspirarse en la realidad más, o menos metafórica. Y que son otro atractivo más; aunque a mi de siempre me ha parecido un letrista más profundo de lo que se le suponía por su música casi siempre felizmente destartalada.

Los dilemas existenciales de “Kite”, envasados en casi siete minutos de genialidad, que deambula medio mimetizado entre el krautrock, la psicodelia, el funk incluso, y muchos muchos ramalazos que encuentran su origen en un pasado bastante más lejano que el de su banda embrionaria.



Se erige como un guitarrista ya sabio, y un hacedor de atmósferas en donde retozar, digno de análisis profundo. Estas canciones sin duda lo necesitan y lo agradecen.

Brethen” refuerza la idea de que no es posible mucho sin poco. Y si la asimilación de este disco como una obra de infinitas escuchas y detalles aparentemente difusos parece una empresa perezosa. Lo extraño es que con canciones como esta, que son todo un prodigio de arreglos casi transparentes de apenas dos minutos. Se puede entender a la perfección entre ese binomio de excesos, sencillez y practicidad a la hora de cocinar canciones.

Teniendo como clarividente prueba de ese viaje laaargo laaargo de Stephen hasta llegar a esta exposición maestra. La maravillosa cauntry ballad slide de “Refute”; totalmente entroncado a mi favoritísima “Range Life”. Y con Kim Gordon(Sonic Youth) a las dobles voces en pleno idilio/guinda musical ¿se lo imaginan?. Pues es una de las canciones y lírica más preciosas de este 2018.



Háganse un favor y escúchenlo sin prisas