REGURGITANDO Y RELAMIENDO EL 2025: 08_PULP_More_2025 con un MAS D’EN COMPTE 2007 de Celler Cal Pla (Priorat)
La
primera vez que llegó a mis oídos una melodía de la banda de
Sheffield con 24 años recién cumplidos. Fue con “Babies”,
allá por el Verano de 1994 en un pub ya extinto en la parte alta del
barri de Gràcia; o lo que ahora es la Sala Continental:
Un
acogedor club que apenas duró dos años coronado por una coqueta
barra central y de ambiente tranquilo y muy british. Mucho antes de
que Gràcia fuera conquistada por el Asti de Nitsa, demasiado lejos
de la Sala Alfa y sin ese fervoroso ambiente alternativo modernete en
el que se convirtió años después con el boom del BritPop ido ya de
madre.
Contextualizando
aquel 1994 y para hacernos una idea. El Croked Rain de Pavement o el
Mellow Gold de Beck desembarcaban en una escena Britpopera comandada
por Oasis y Blur con objetivos infinitamente más masivos. Y con
Suede de resaca con su segundo álbum, Shed Seven , Echobelly,
Charlatans, Ride o el Lenny Valentino de Auteurs a otra cosa más
oscura y underground.
La
banda de Sheffield sin embargo, eran unos absolutos desconocidos pese
a llevar más de diez años dándose de cabeza con la industria y
totalmente desubicados estilísticamente.
Y
lo gracioso de la cosa, es que con el sonido americano tocando a la
puerta del Reino Unido y con el mismo perfectamente mercantilizado
para que dos de sus bandas hicieran bailar a to quisqui.
Llegaron unos losers del norte, sin apenas guitarras y un
sonido de sintes neutros donde predominaba la voz de un escuchimizado
frotman que parecía sacado de una peli de free cinema de los 60.
Y
lo más importante y vital:
Sin
parecerse un carajo a nada antes oído. Aunaban la elegancia del pop
de los 80, la sofisticación del tecnopop más AOR, y sin embargo la
naturalidad de unos chavales de la periferia.
Resumiendo,
un glamour marginal de saldo que evidentemente se meaba en la cara de
todos los niños guais a los que sus padres financiaban para
comprarse ropa en Londres.
Sin
apenas tiempo para asimilar esa anomalía y abrazándolos con
vehemencia como la única salvación para pobres de espíritu y
bichos raros achacados de timidez crónica. En cuestión de un año
los teníamos ante nuestros morros subidos sobre el escenario de
Zeleste (Razzmatazz) con Different Class bajo el brazo con apenas un
mes de vida y… Ahora sí:
Ver
a Jarvis Coker sobre el escenario por aquel entonces, era lo más
cercano a contemplar una mezcla de Ian Curtis, Raphael y Bambino
sobrado de glamour y sexo químicamente puro. De la misma manera que
en 2002 su fulgurante ascenso fue sacrificado en la segunda edición
del Primavera Sound con el consabido despido de Island Records y su
incomprendido This is Hardcore del 98.
Pasaron
los años, Jarvis Coker hizo de paliativo con Relaxed Muscle y un puñado
de discos en solitario; nada sería lo mismo. Y… ¡tachán!
Nueve
años después, cuando ya nadie recordaba ni por asomo lo que era ver
sobre un escenario a una banda como Pulp. Con esa idea de hacer
bandera de lo mísero y reluciente del orgullo de la clase
trabajadora. Esa arrogancia de quien normaliza la fama, el éxito y
el fracaso como un proceso para no sucumbir en esto a lo que llamamos
“el tránsito de la vida con sus desaires, pero con dignidad”.
Convirtió su vuelta a la actividad en el mejor altavoz para el
movimiento de acampados que poblaron las plazas aquel 2011, a la par
de uno de los directos más maravillosos y emocionantes que un
servidor pudiera ver casi veinte años después.
Esta
resumida historia de aproximadamente 30 años, donde nuestra fogosa
juventud plagada de desengaños, apósitos y la consiguiente
culminación de la tan mitificada madurez, nos acaba enfrentando a
More; el disco que viene a ponernos en su sitio, pese a
que nuestro dicharachero envase juvenil sea incapaz disimular nuestro
declive físico.
Porque…
Está muy bien conservar con vehemencia nuestras ganas de tardeo de
miradas vidriosas, la actualización del sofware a base de conocernos
al dedillo cada banda nueva en medio de amagos de pogo, o lo mucho
que hemos aprendido a cuidarnos con dietas, gym, potingues para el
pelo y la cara, y el mínimo criterio para gestionar emocionalmente
lo bueno de lo malo.
Pero…
¿Realmente nuestras ganas de revivir aquellos años justifica el
considerar a More un simple, regreso digno? ¡Parfavar!
Con
el mérito que tiene retomar una carrera 25 años después como si
nada hubiera pasado, y con la reciente pérdida del bajista más
discreto y guapo del indie británico por el camino.
Pulp,
o lo que es lo mismo, Jarvis Coker tirando de una Candida Doyle con
las manos destrozadas por la artrosis, recuperando a Mark Webber
alejado de la música y el fan más literal de la banda, o a Nick
Banks, su baterista, rescatándolo de su taller de alfarería
familiar. Nos regala ese tipo de regresos perfectos para mirarnos
hacia dentro sin reproches ni compasión, sino con la sabiduría que
te otorga la edad para coger distancia y abrir espacios.
MORE
no es un disco de himnos no, pero es un magnífico test para poner a
prueba nuestra sensibilidad musical adquirida en estos años; que
tampoco digo aunque se me antoja complicado, que consiga que la
chavalada haga con él un curso avanzado.
Pero
aunque todavía no hayas caído en la cuenta de lo a medida que están
hechos para nosotros, discos como “If a Ruled the World” de Tony
Bennet, los de The Walker Brothers, o el Northern Soul más
estilizado; sin por ello tener que renunciar a un revolcón en mitad
de la pista. En More, las canciones parecen estar hechas a la medida
de lo que toda la vida ha deseado Jarvis:
Hacer
un disco de meticulosos arreglos, orquestaciones con el tacto de
antaño, y un pulso donde la sección rítmica no deja de recordarte
que todo eso también se puede bailar.
Evidentemente
aquí ya no se habla tanto de amores fallidos aunque se aborde en
“Tina”, o de el padecer de no saber relacionarte
con la gente. Aunque acierta de pleno en la yuxtaposición del
desaliento de las pérdidas y la madurez, con un mensaje de júbilo
totalmente vigente en el tiempo global con el que nos toca lidiar,
seas de la edad y condición que seas.
Puedo
entender que para la mayoría, en la que yo me incluyo, crea que
“Spike Island” es un señuelo para la encerrona de
rebosante nostalgia en la que se acaba convirtiendo More. “Tina”
tampoco ayuda a que hagamos limpieza de esa crisis amorosa por la que
todo cincuentón ha pasado. Y “Grown Up” a la que
otorgo esa condición de descarte rebautizado, acicalado y pa’lante
no corrija esa sensación.
Pero
vale la pena superar esos escollos para llegar a “Slow Jam”
y reconocer a Jarvis como un perfecto narrador de nuestro tiempo
junto a Dan Bejar de Destroyer.
A
partir de ahí More aparece tal como es: Un ejercicio nostálgico
curativo que se apoya en instrumentaciones destinadas a engancharte
tal y como les das oportunidades; y en esta época del año más aún.
Detente
un instante en “Farmers Market” y verás; para mí
uno de las grandes paradas del disco.
La
misteriosa “My Sex” ahonda en lo figurativo a ritmo
de soul teatral y es un perfecto paso previo para desarrollarlo más
en “Got to Have Love”; un canto a la liberación.
Pero reitero por enésima vez lo agusto que me encuentro retozando en
“Background Noise” ya sea por simetría emocional o
por despecho inconformista; y ya no digamos porque me es de henchir
el pecho hasta hacer apnea.
Hacia
el final del disco por mucho que creamos de un principio que estas
baladas son como un bosque de maleza sin salida que desesperan.
Sinceramente, para mi son como uno de esos paisajes que ilustran la
portada, difíciles de abarcar.
Los
arreglos de orquesta de “The Hymn of the North” son
como esos vinos viejos que necesitan espacio, y ese tiempo robado que
intentas retener en un puño. O un “Partial Eclipse”
deudor del Falling de Julee Cruise. Para acabar con “Sunset”,
donde se resume la idea de que por mucho que la vida te maltrate, te
vapulee y deje mal herido tu corazón, merece la pena sonreír de
medio lado y seguir adelante.
Porque…
familia. Pese a que cuanto más avances y más recuerdos dejes atrás
(felices, tristes, dolorosos, divertidos o absurdos) más cabrona es
la nostalgia, pese a que recurrimos a ella como un placer masoquista.
Para
acompañar y finalizar este momentáneo ataque de lujuriosa ñoñez.
No nos íbamos a despedir sin un líquido elixir para acompañar a
semejante maridaje de sentimientos encontrados.
Y
no va a ser otro que este mítico MAS D’EN COMPTE del 2007
que mi inestimable amigo Carlos González tubo a bien
compartir la primavera del 2025 en un encuentro de pastores
descarriados en Lleida.
Un
vino blanco de añada irrepetible de la que -no se esfuercen- no van
a encontrar botellas; de eso ya se encargan los tesoreros del amor.
Pero que todavía se pueden encontrar de la 2012 a un precio que
merece muy mucho pagar (20 pavos).
Y
es que este vino de Granatxa50, Picapoll25 y Xarel.lo (Cartoixà)25
(ya ven que es un cupage poco prioratino), tiene el irrisorio precio
de 15 euros añada en curso 2021.
Otra
cosa es que tengáis la santa paciencia por ahorraros cinco euros y
esperar 15 años; no perdáis la oportunidad de pillar, ya sea en
bodega o en tienda.
Una
bestia parda de estoicismo al nivel de los grandes Tondonia blancos y
a buen seguro el que más placer proporciona por su incalculable
valor y accesible precio.
Un
vino con un recorrido según se abre la botella, como para servir
tres copas y dejar media botella atemperarse una hora y pico más.
Porque cuanto más tiempo le das, más complejo y agradecido se
muestra.
Aquí
no hay reducciones que valgan sino profundidad y longitud eterna en
boca. Lo puedes maridar con lo que te salga del pijo pero sería para
ostiarte si no lo haces sin alimento alguno mientras te devoras la
discografía de Chet Baker; tranqui, te da tiempo, no lo vas a querer
acabar nunca.
En
nariz lo que ves: Orejones, frutos secos muy sutiles, piña
caramelizada, mineralidad que balancea, y un fondo ahumado muy sutil.
En
boca es envolvente rematando con una acidez inmortal. Y en ese
tránsito de plenitud y sellado largo con la acidez para que no te
canses:
Tostados
acompañados de mineralidad con un retronasal de escándalo, lo que
hace que nariz y boca sean un conjunto que dan placer en bucle.
*Efectos
secundarios: Es probable que entre sorbo y sorbo se te escape un
gemido y que mires a tu acompañante (sea del genero que sea o no
binario) con esa mirada vidriosa de puro éxtasis.
Pero
no os preocupéis, si de allí sale un romance, te parten la cara, o
desemboca en una orgía, habrá valido la pena.
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