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viernes, 30 de octubre de 2026

REGURGITANDO Y RELAMIENDO EL 2025: 08_PULP_More_2025 con un MAS D’EN COMPTE 2007 de Celler Cal Pla (Priorat)

   

La primera vez que llegó a mis oídos una melodía de la banda de Sheffield con 24 años recién cumplidos. Fue con “Babies”, allá por el Verano de 1994 en un pub ya extinto en la parte alta del barri de Gràcia; o lo que ahora es la Sala Continental:

Un acogedor club que apenas duró dos años coronado por una coqueta barra central y de ambiente tranquilo y muy british. Mucho antes de que Gràcia fuera conquistada por el Asti de Nitsa, demasiado lejos de la Sala Alfa y sin ese fervoroso ambiente alternativo modernete en el que se convirtió años después con el boom del BritPop ido ya de madre.


Contextualizando aquel 1994 y para hacernos una idea. El Croked Rain de Pavement o el Mellow Gold de Beck desembarcaban en una escena Britpopera comandada por Oasis y Blur con objetivos infinitamente más masivos. Y con Suede de resaca con su segundo álbum, Shed Seven , Echobelly, Charlatans, Ride o el Lenny Valentino de Auteurs a otra cosa más oscura y underground.

La banda de Sheffield sin embargo, eran unos absolutos desconocidos pese a llevar más de diez años dándose de cabeza con la industria y totalmente desubicados estilísticamente.
Y lo gracioso de la cosa, es que con el sonido americano tocando a la puerta del Reino Unido y con el mismo perfectamente mercantilizado para que dos de sus bandas hicieran bailar a to quisqui. Llegaron unos losers del norte, sin apenas guitarras y un sonido de sintes neutros donde predominaba la voz de un escuchimizado frotman que parecía sacado de una peli de free cinema de los 60.
Y lo más importante y vital:
Sin parecerse un carajo a nada antes oído. Aunaban la elegancia del pop de los 80, la sofisticación del tecnopop más AOR, y sin embargo la naturalidad de unos chavales de la periferia.
Resumiendo, un glamour marginal de saldo que evidentemente se meaba en la cara de todos los niños guais a los que sus padres financiaban para comprarse ropa en Londres.

 

Sin apenas tiempo para asimilar esa anomalía y abrazándolos con vehemencia como la única salvación para pobres de espíritu y bichos raros achacados de timidez crónica. En cuestión de un año los teníamos ante nuestros morros subidos sobre el escenario de Zeleste (Razzmatazz) con Different Class bajo el brazo con apenas un mes de vida y… Ahora sí:

Ver a Jarvis Coker sobre el escenario por aquel entonces, era lo más cercano a contemplar una mezcla de Ian Curtis, Raphael y Bambino sobrado de glamour y sexo químicamente puro. De la misma manera que en 2002 su fulgurante ascenso fue sacrificado en la segunda edición del Primavera Sound con el consabido despido de Island Records y su incomprendido This is Hardcore del 98.


Pasaron los años, Jarvis Coker hizo de paliativo con Relaxed Muscle y un puñado de discos en solitario; nada sería lo mismo. Y… ¡tachán!
Nueve años después, cuando ya nadie recordaba ni por asomo lo que era ver sobre un escenario a una banda como Pulp. Con esa idea de hacer bandera de lo mísero y reluciente del orgullo de la clase trabajadora. Esa arrogancia de quien normaliza la fama, el éxito y el fracaso como un proceso para no sucumbir en esto a lo que llamamos “el tránsito de la vida con sus desaires, pero con dignidad”. Convirtió su vuelta a la actividad en el mejor altavoz para el movimiento de acampados que poblaron las plazas aquel 2011, a la par de uno de los directos más maravillosos y emocionantes que un servidor pudiera ver casi veinte años después.



Esta resumida historia de aproximadamente 30 años, donde nuestra fogosa juventud plagada de desengaños, apósitos y la consiguiente culminación de la tan mitificada madurez, nos acaba enfrentando a More; el disco que viene a ponernos en su sitio, pese a que nuestro dicharachero envase juvenil sea incapaz disimular nuestro declive físico.
Porque… Está muy bien conservar con vehemencia nuestras ganas de tardeo de miradas vidriosas, la actualización del sofware a base de conocernos al dedillo cada banda nueva en medio de amagos de pogo, o lo mucho que hemos aprendido a cuidarnos con dietas, gym, potingues para el pelo y la cara, y el mínimo criterio para gestionar emocionalmente lo bueno de lo malo.
Pero… ¿Realmente nuestras ganas de revivir aquellos años justifica el considerar a More un simple, regreso digno? ¡Parfavar!




Con el mérito que tiene retomar una carrera 25 años después como si nada hubiera pasado, y con la reciente pérdida del bajista más discreto y guapo del indie británico por el camino.
Pulp, o lo que es lo mismo, Jarvis Coker tirando de una Candida Doyle con las manos destrozadas por la artrosis, recuperando a Mark Webber alejado de la música y el fan más literal de la banda, o a Nick Banks, su baterista, rescatándolo de su taller de alfarería familiar. Nos regala ese tipo de regresos perfectos para mirarnos hacia dentro sin reproches ni compasión, sino con la sabiduría que te otorga la edad para coger distancia y abrir espacios.



MORE no es un disco de himnos no, pero es un magnífico test para poner a prueba nuestra sensibilidad musical adquirida en estos años; que tampoco digo aunque se me antoja complicado, que consiga que la chavalada haga con él un curso avanzado.
Pero aunque todavía no hayas caído en la cuenta de lo a medida que están hechos para nosotros, discos como “If a Ruled the World” de Tony Bennet, los de The Walker Brothers, o el Northern Soul más estilizado; sin por ello tener que renunciar a un revolcón en mitad de la pista. En More, las canciones parecen estar hechas a la medida de lo que toda la vida ha deseado Jarvis:
Hacer un disco de meticulosos arreglos, orquestaciones con el tacto de antaño, y un pulso donde la sección rítmica no deja de recordarte que todo eso también se puede bailar.

Evidentemente aquí ya no se habla tanto de amores fallidos aunque se aborde en “Tina”, o de el padecer de no saber relacionarte con la gente. Aunque acierta de pleno en la yuxtaposición del desaliento de las pérdidas y la madurez, con un mensaje de júbilo totalmente vigente en el tiempo global con el que nos toca lidiar, seas de la edad y condición que seas.




Puedo entender que para la mayoría, en la que yo me incluyo, crea que “Spike Island” es un señuelo para la encerrona de rebosante nostalgia en la que se acaba convirtiendo More. “Tina” tampoco ayuda a que hagamos limpieza de esa crisis amorosa por la que todo cincuentón ha pasado. Y “Grown Up” a la que otorgo esa condición de descarte rebautizado, acicalado y pa’lante no corrija esa sensación.

Pero vale la pena superar esos escollos para llegar a “Slow Jam” y reconocer a Jarvis como un perfecto narrador de nuestro tiempo junto a Dan Bejar de Destroyer.



A partir de ahí More aparece tal como es: Un ejercicio nostálgico curativo que se apoya en instrumentaciones destinadas a engancharte tal y como les das oportunidades; y en esta época del año más aún.

Detente un instante en “Farmers Market” y verás; para mí uno de las grandes paradas del disco.
La misteriosa “My Sex” ahonda en lo figurativo a ritmo de soul teatral y es un perfecto paso previo para desarrollarlo más en “Got to Have Love”; un canto a la liberación. Pero reitero por enésima vez lo agusto que me encuentro retozando en “Background Noise” ya sea por simetría emocional o por despecho inconformista; y ya no digamos porque me es de henchir el pecho hasta hacer apnea.


Hacia el final del disco por mucho que creamos de un principio que estas baladas son como un bosque de maleza sin salida que desesperan. Sinceramente, para mi son como uno de esos paisajes que ilustran la portada, difíciles de abarcar.
Los arreglos de orquesta de “The Hymn of the North” son como esos vinos viejos que necesitan espacio, y ese tiempo robado que intentas retener en un puño. O un “Partial Eclipse” deudor del Falling de Julee Cruise. Para acabar con “Sunset”, donde se resume la idea de que por mucho que la vida te maltrate, te vapulee y deje mal herido tu corazón, merece la pena sonreír de medio lado y seguir adelante.
Porque… familia. Pese a que cuanto más avances y más recuerdos dejes atrás (felices, tristes, dolorosos, divertidos o absurdos) más cabrona es la nostalgia, pese a que recurrimos a ella como un placer masoquista.


Para acompañar y finalizar este momentáneo ataque de lujuriosa ñoñez. No nos íbamos a despedir sin un líquido elixir para acompañar a semejante maridaje de sentimientos encontrados.






Y no va a ser otro que este mítico MAS D’EN COMPTE del 2007 que mi inestimable amigo Carlos González tubo a bien compartir la primavera del 2025 en un encuentro de pastores descarriados en Lleida.
Un vino blanco de añada irrepetible de la que -no se esfuercen- no van a encontrar botellas; de eso ya se encargan los tesoreros del amor. Pero que todavía se pueden encontrar de la 2012 a un precio que merece muy mucho pagar (20 pavos).
Y es que este vino de Granatxa50, Picapoll25 y Xarel.lo (Cartoixà)25 (ya ven que es un cupage poco prioratino), tiene el irrisorio precio de 15 euros añada en curso 2021.
Otra cosa es que tengáis la santa paciencia por ahorraros cinco euros y esperar 15 años; no perdáis la oportunidad de pillar, ya sea en bodega o en tienda.


Una bestia parda de estoicismo al nivel de los grandes Tondonia blancos y a buen seguro el que más placer proporciona por su incalculable valor y accesible precio.
Un vino con un recorrido según se abre la botella, como para servir tres copas y dejar media botella atemperarse una hora y pico más. Porque cuanto más tiempo le das, más complejo y agradecido se muestra.
Aquí no hay reducciones que valgan sino profundidad y longitud eterna en boca. Lo puedes maridar con lo que te salga del pijo pero sería para ostiarte si no lo haces sin alimento alguno mientras te devoras la discografía de Chet Baker; tranqui, te da tiempo, no lo vas a querer acabar nunca.
En nariz lo que ves: Orejones, frutos secos muy sutiles, piña caramelizada, mineralidad que balancea, y un fondo ahumado muy sutil.
En boca es envolvente rematando con una acidez inmortal. Y en ese tránsito de plenitud y sellado largo con la acidez para que no te canses:
Tostados acompañados de mineralidad con un retronasal de escándalo, lo que hace que nariz y boca sean un conjunto que dan placer en bucle.
Para aturdirse de placer, vamos.


*Efectos secundarios: Es probable que entre sorbo y sorbo se te escape un gemido y que mires a tu acompañante (sea del genero que sea o no binario) con esa mirada vidriosa de puro éxtasis.

Pero no os preocupéis, si de allí sale un romance, te parten la cara, o desemboca en una orgía, habrá valido la pena.
Garantizado.