viernes, 6 de noviembre de 2026

REGURGITANDO Y RELAMIENDO EL 2025: 07_JOSEPH GIANT_ A Night in the Sun (autoeditado) con CHATÓ PAQUITA 2018


   

Tengo que admitir que tras la idea absurda de escribir sobre algunos de mis discos predilectos del pasado 2025, ahora que el 2026 llega a su recta final. Hay una especie de compromiso adquirido por mera disfuncionalidad en el 2009; año del nacimiento de este minúsculo e intrascendente cubículo. Que no es otro que dar a conocer bandas/proyectos a los que apenas nadie mienta y que a mí, particularmente, me proporcionan el mismo o mayor placer que los que están en boca de todos.


Escarbando con los años en eso que los cincuentones llamamos: nuestro esencia interior, antes de que lo haga el psicólogo de nuestro hijo. No es que hayamos encontrado respuesta. Pero si que es verdad que de alguna manera nos hemos reconciliado y aceptado a nosotros mismos intentando que nuestras filias sean más o menos rentables, o mínimamente productivas.
Así que ya no me preocupa que la gente piense que esta querencia por lo minúsculo, raro ¿raro?, intrascendente o poco conocido, sea por tocar las narices o hacerme el exclusivo; créanme, esto no ayuda a darnos visibilidad ni falta que hace; más ahora que tanto puntúa hacer de mosca cojonera.


Así que dicho lo dicho, supongo que sospecharán que como mínimo y después de descubrir a FINAL SPINS el mismo año que dimos es pistoletazo a Café Copa y Puro, no íbamos a perder la oportunidad de hablar de su frontman Joe Syverson aka. Joseph Giant y su magnífico último y autoeditado álbum “A Night in the Sun”.




Un año antes de que asomáramos la cabecita en aquel universo blogero tan creativo, rico y comunitario, del que quedamos los 4 gatos mal contados. La inicialmente universitaria KCMU de Washington (Cuna del Hardcore), ahora postulada como una de las iniciativas sin ánimo de lucro más vitales en esto de promocionar artistas en lo ancho y largo del mundo como: KEXP. Eclosionaba y se establecía en Seattle en 2001 con una sede, y en 2010 con estudios donde grabar los directos de las bandas.

Fue allí donde Joe Syverson un verano del 2009, junto a Chris Early (Band of Horses), Colin English (The Pica Beats), Toby Gordon (Blessed Light) y Zach Tillman (hermano de Father John Misty), presentarían en directo lo que sería su autoeditado disco de debut FINAL SPINS (inencontrable a día de hoy por cielo mar y tierra salvo en Spotyestafa).



Han pasado ya diecisiete años y no ha habido un solo momento en el que de forma intermitente haya intentado indagar sobre el destino de los miembros de aquel fabuloso disco. Hasta que a la postre, di por fin en 2024 con JOSEPH GIANT; alias de Joe Syverson por su enorme altura y no menos talentosa facilidad para crear maravillosas melodías. Que tras ese periplo iniciático en la escena punk de Seattle, huyendo del pasado ultrareligioso de su familia y posteriormente en Pearly Gate Music (banda del hermano pequeño de Father John MIsty). Decidió establecerse años más tarde con su pareja y tres hijos, en la casita de Mappe Valley donde creció.


Alejado del tumulto industrial de la gran urbe, lleva desde el 2011 componiendo desde casa sin más ayuda que su guitarra, dotes para la batería y bajo, y con el sello inimitable de su enorme y reverberada voz.
En un primer instante aludiendo a su padre, que en los años 50/60 fue cantante folk contratado por Columbia Records. Sus canciones proyectan ese ineludible legado familiar desde una perspectiva indierock más alegre y despreocupada que lo que cualquier temeroso de la tradición pueda pensar cuando escucha la palabra Country. Y cuatro años más tarde, regalándonos una eléctrica colección de himnos -”Break It Together”- Rememorando enormemente a sus inicios con Final Spins y sin dejar ya, que el poso Alt-Country sea algo que interfiera en esa mezcla de indierock, pop y Country paisajístico para conducir.


BREAK IT TOGETHER merece parada y fonda antes de meternos en vereda con su último y acústico álbum del 2025.

Y es que es uno de esos discos sin fecha ni placa identificativa que nos puedan condicionar; no pasan los años por él y eso que ya ha superado la década.
Desde la rockera “Avenue Who”, que sin rubor alguno se asocia al rock de carretera y club. Sin de dejar tirar de su manual infalible de alt-country en “Blink of an Eye”. O reviviendo a Final Spins con la tremendísima la “Ceremony Cementery” de ensoñador slide.


Ahora, si hay algo que me derrita de este disco. Es su versión más popera en “I Was the Nite-time”, “Let It Burn”, “Undersold” o en “No News”; ya no por el gusto que el que escribe pueda tener por este género. Sino por las posibilidades de Joe Syverson como compositor, y la poca resonancia que ha tenido o que ha decidido tener.

Al final, el disco es un torbellino de IndieRockAltCountry de altísima valía sin una sola canción que baje del notable alto. Y con una banda de acompañamiento: John Faryar a la guitarra, Jonas Haskins al bajo y con Mike Bayer a la batería, percusión y voces, que funciona esta vez desde Seattle, como el cuco de un maestro relojero.



¿Se pueden hacer entonces una idea de la buena nueva que es tener entre las manos diez nuevas canciones de este caballero? Vaya por delante que no tengo ningún reparo en admitir que lo que me mueve para seguir “perdiendo el tiempo” en esta bitácora. Es dejar constancia de la existencia de esos diminutos milagros que dan sentido a nuestro ser y estar como meras circunstancias de una milésima parte del universo. Por muy rimbombante o fútil que pueda parecer; lo acepto.


Si antes de llegar al álbum protagonista de esta quimera, han decido darse un paseo por los discos comentado, ejem!. Verán que sea cual sea el formato a la hora de dar vida a las canciones de Joseph Giant: En acústico, electrificado con banda, o apañado para que parezca una banda pero realmente grabado con minsos medios en su casa… Los resultados son prácticamente iguales, porque el don particular de su reververado timbre es en realidad su verdadero superpoder.
Su timidez para enfrentarse al público sin una banda todo protectora, como ha reconocido en alguna entrevista, nuestra mayor penitencia.
Porque, en serio. El mundo sería infinitamente más maravilloso si todo artista pudiera ganarse la vida enseñando las canciones en directo por el ancho y basto mundo. Sin parecer esto un sueño romántico imposible.


Pongamos que “With You”; su séptimo corte. Es la melodía original de subir la persiana por la mañana para que entre el sol y el gato se asome a pasar revista; todo sigue en orden.


Hacer una cafetera mientras echas de menos a una persona, sonando “Whole World”, y seguir con “Not Ok”.


Desenchufar el televisor, no sea que los asaltadores de sueños de las tertulias matutinas te secuestren los sueños, subiendo el volumen de “Revering” y canturreando.


Te has vestido con TUS mejores galas y saludando a tu vecino Emilio de 80 años. Te lo has llevado de la mano mientras le tarareas “Where are We Going?”. Y te ha contestado entre bostezos de lobo aullador que lo lleves a “The Valley”.


Dice que se acuerda infinito pese a su incipiente demencia, de su querida y difunta Araceli que lo dejó solo hace 10 años, cantándome “Oh Well”.


Y yo no puedo evitar abrir esclusas para que un torrente de lágrimas se me precipiten desde dentro mientras imagino “The Line”.


He empezado a odiar los otoños, y particularmente los Noviembres que tantos malos ratos me hicieron pasar con Mamá, mi espejo, y mis periódicas recaídas autodestructivas. Por eso “Smoke & Flames”.


Pero sobretodo y toda la mierda, siempre nos quedará “Eldorado” para zurcir los jirones que nos va dejando el tránsito de la vida. Y brindar con las lágrimas mejor que enjugárselas.



Para brindar con este disco y este justo momento, no se me ocurre mejor idea que hacerlo con esa última botella de CHATÓ PAQUITA 2018 que abrí con mi cuñado un 25 de Noviembre del 2025.

Aquel día, la idea era compartir un MONK2018 de Pedro Parra. Pero la condenada botella hizo un mortal con triple pirueta desde el mármol de la cocina. Y se suicidó dentro de la mochila nevera con la que paseo a mis vinos cual transportín; mal dolor le diera.


Lo que pudiera, pudiese o fuese una desgracia en toda regla. Fue una improvisada oportunidad de abrir esa botella de Eloi Cedó por la que tenía un cariño especial. Tratándose de la última añada que Eloi vinificó en honor a su madre Paqui antes de que nos dejara.

Y que ese mismo día iba a ser compartida con hermana, cuñado y familia, a escasos metros de casa de Mamá. Ese mismo mes, día abajo día arriba, que mi santa Señora Francisca -que es como la conocían en el barrio- nos dejara con 93 primaveras y en 2021.



Callet, Manto Negro y Monastrell, tres variedades rotundamente mediterráneas vinificadas con el raspón y una leve crianza de 3 meses. Eleva este vino Mallorquín a cotas que bien podrían ubicarse en alguna zona mítica de Francia, en un momento de anteriores añadas en la que en España era algo impensable vinificar algo así.

Eloi que procede de la Terra Alta , no es ni mucho menos profeta en su tierra pero sí el mejor espejo donde se miran la mayoría de jóvenes elaboradores nacionales. Que buscan frescor, complejidad, precisión y fluidez, dando protagonismo a la identidad de pueblo de las viñas. En un país cálido donde históricamente hemos valorado más las altas graduaciones, extenuantes extracciones y largísimas crianzas.
En Cható Paquita tenemos un acento marcadamente floral (violetas, flor de tomillo, geranios) en nariz. Y la jugosa fruta negra en boca; en este caso más madura por sus siete años en botella.
Sin rastro de evolución y una excelente acidez que acompaña muy bien a un paso ligeramente terroso con ligeros toques ahumados y especiados, que lo sitúan claramente en un paisaje de monte mediterráneo. Y con un ya inconfundible estilo franco, despeinado pero consciente, marca de la casa Eloi, igual que el de los buscadísimos: Novetat Total, Fato, Listán Mecánico, Lo Vilero, Davall los Garrovers, Los Manos, Una Cosa o Rec.

Si los ven, pillen!!

https://josephgiant.bandcamp.com/music