REGURGITANDO Y RELAMIENDO EL 2025: 07_JOSEPH GIANT_ A Night in the Sun (autoeditado) con CHATÓ PAQUITA 2018
Tengo
que admitir que tras la idea absurda de escribir sobre algunos de mis
discos predilectos del pasado 2025, ahora que el 2026 llega a su
recta final. Hay una especie de compromiso adquirido por mera
disfuncionalidad en el 2009; año del nacimiento de este minúsculo e
intrascendente cubículo. Que no es otro que dar a conocer
bandas/proyectos a los que apenas nadie mienta y que a mí,
particularmente, me proporcionan el mismo o mayor placer que los que
están en boca de todos.
Escarbando
con los años en eso que los cincuentones llamamos: nuestro esencia
interior, antes de que lo haga el psicólogo de nuestro hijo. No es
que hayamos encontrado respuesta. Pero si que es verdad que de alguna
manera nos hemos reconciliado y aceptado a nosotros mismos intentando
que nuestras filias sean más o menos rentables, o mínimamente
productivas.
Así
que ya no me preocupa que la gente piense que esta querencia por lo
minúsculo, raro ¿raro?, intrascendente o poco conocido, sea por
tocar las narices o hacerme el exclusivo; créanme, esto no ayuda a
darnos visibilidad ni falta que hace; más ahora que tanto puntúa
hacer de mosca cojonera.
Así
que dicho lo dicho, supongo que sospecharán que como mínimo y
después de descubrir a FINAL SPINS el mismo año que dimos es
pistoletazo a Café Copa y Puro, no íbamos a perder la oportunidad
de hablar de su frontman Joe Syverson aka. Joseph Giant y
su magnífico último y autoeditado álbum “A Night in the
Sun”.
Un
año antes de que asomáramos la cabecita en aquel universo blogero
tan creativo, rico y comunitario, del que quedamos los 4 gatos mal
contados. La inicialmente universitaria KCMU de Washington (Cuna del
Hardcore), ahora postulada como una de las iniciativas sin ánimo de
lucro más vitales en esto de promocionar artistas en lo ancho y
largo del mundo como: KEXP. Eclosionaba y se establecía en Seattle
en 2001 con una sede, y en 2010 con estudios donde grabar los
directos de las bandas.
Fue
allí donde Joe Syverson un verano del 2009, junto a Chris Early
(Band of Horses), Colin English (The Pica Beats), Toby Gordon
(Blessed Light) y Zach Tillman (hermano de Father John Misty),
presentarían en directo lo que sería su autoeditado disco de debut
FINAL SPINS (inencontrable a día de hoy por cielo mar y
tierra salvo en Spotyestafa).
Han
pasado ya diecisiete años y no ha habido un solo momento en el que
de forma intermitente haya intentado indagar sobre el destino de los
miembros de aquel fabuloso disco. Hasta que a la postre, di por fin
en 2024 con JOSEPH GIANT; alias de Joe Syverson por su enorme altura
y no menos talentosa facilidad para crear maravillosas melodías. Que
tras ese periplo iniciático en la escena punk de Seattle, huyendo
del pasado ultrareligioso de su familia y posteriormente en Pearly
Gate Music (banda del hermano pequeño de Father John MIsty). Decidió
establecerse años más tarde con su pareja y tres hijos, en la
casita de Mappe Valley donde creció.
Alejado
del tumulto industrial de la gran urbe, lleva desde el 2011
componiendo desde casa sin más ayuda que su guitarra, dotes para la
batería y bajo, y con el sello inimitable de su enorme y reverberada
voz.
En
un primer instante aludiendo a su padre, que en los años 50/60 fue
cantante folk contratado por Columbia Records. Sus canciones
proyectan ese ineludible legado familiar desde una perspectiva
indierock más alegre y despreocupada que lo que cualquier temeroso
de la tradición pueda pensar cuando escucha la palabra Country. Y
cuatro años más tarde, regalándonos una eléctrica colección de
himnos -”Break It Together”- Rememorando
enormemente a sus inicios con Final Spins y sin dejar ya, que el
poso Alt-Country sea algo que interfiera en esa mezcla de indierock,
pop y Country paisajístico para conducir.
BREAK
IT TOGETHER merece parada y fonda antes de meternos en vereda con su
último y acústico álbum del 2025.
Y
es que es uno de esos discos sin fecha ni placa identificativa que
nos puedan condicionar; no pasan los años por él y eso que ya ha
superado la década.
Desde
la rockera “Avenue Who”, que sin rubor alguno se
asocia al rock de carretera y club. Sin de dejar tirar de su manual
infalible de alt-country en “Blink of an Eye”. O
reviviendo a Final Spins con la tremendísima la “Ceremony
Cementery” de ensoñador slide.
Ahora,
si hay algo que me derrita de este disco. Es su versión más popera
en “I Was the Nite-time”, “Let It Burn”,
“Undersold” o en “No News”; ya
no por el gusto que el que escribe pueda tener por este género. Sino
por las posibilidades de Joe Syverson como compositor, y la poca
resonancia que ha tenido o que ha decidido tener.
Al
final, el disco es un torbellino de IndieRockAltCountry de altísima
valía sin una sola canción que baje del notable alto. Y con una
banda de acompañamiento: John Faryar a la guitarra, Jonas Haskins al
bajo y con Mike Bayer a la batería, percusión y voces, que funciona
esta vez desde Seattle, como el cuco de un maestro relojero.
¿Se
pueden hacer entonces una idea de la buena nueva que es tener entre
las manos diez nuevas canciones de este caballero? Vaya por delante
que no tengo ningún reparo en admitir que lo que me mueve para
seguir “perdiendo el tiempo” en esta bitácora. Es dejar
constancia de la existencia de esos diminutos milagros que dan
sentido a nuestro ser y estar como meras circunstancias de una
milésima parte del universo. Por muy rimbombante o fútil que pueda
parecer; lo acepto.
Si
antes de llegar al álbum protagonista de esta quimera, han decido
darse un paseo por los discos comentado, ejem!. Verán que sea
cual sea el formato a la hora de dar vida a las canciones de Joseph
Giant: En acústico, electrificado con banda, o apañado para que
parezca una banda pero realmente grabado con minsos medios en
su casa… Los resultados son prácticamente iguales, porque el don
particular de su reververado timbre es en realidad su verdadero
superpoder.
Su
timidez para enfrentarse al público sin una banda todo protectora,
como ha reconocido en alguna entrevista, nuestra mayor penitencia.
Porque,
en serio. El mundo sería infinitamente más maravilloso si todo
artista pudiera ganarse la vida enseñando las canciones en directo
por el ancho y basto mundo. Sin parecer esto un sueño romántico
imposible.
Pongamos
que “With You”; su séptimo corte. Es la melodía
original de subir la persiana por la mañana para que entre el sol y
el gato se asome a pasar revista; todo sigue en orden.
Hacer
una cafetera mientras echas de menos a una persona, sonando “Whole
World”,
y seguir con “Not Ok”.
Desenchufar
el televisor, no sea que los asaltadores de sueños de las tertulias
matutinas te secuestren los sueños, subiendo el volumen de
“Revering” y canturreando.
Te
has vestido con TUS mejores galas y saludando a tu vecino Emilio de
80 años. Te lo has llevado de la mano mientras le tarareas “Where
are We Going?”. Y te ha contestado entre bostezos de lobo
aullador que lo lleves a “The Valley”.
Dice
que se acuerda infinito pese a su incipiente demencia, de su querida
y difunta Araceli que lo dejó solo hace 10 años, cantándome “Oh
Well”.
Y
yo no puedo evitar abrir esclusas para que un torrente de lágrimas
se me precipiten desde dentro mientras imagino “The Line”.
He
empezado a odiar los otoños, y particularmente los Noviembres que
tantos malos ratos me hicieron pasar con Mamá, mi espejo, y mis
periódicas recaídas autodestructivas. Por eso “Smoke &
Flames”.
Pero
sobretodo y toda la mierda, siempre nos quedará “Eldorado”
para zurcir los jirones que nos va dejando el tránsito de la vida. Y
brindar con las lágrimas mejor que enjugárselas.
Para
brindar con este disco y este justo momento, no se me ocurre mejor
idea que hacerlo con esa última botella de CHATÓ PAQUITA 2018 que
abrí con mi cuñado un 25 de Noviembre del 2025.
Aquel
día, la idea era compartir un MONK2018 de Pedro Parra. Pero la
condenada botella hizo un mortal con triple pirueta desde el mármol
de la cocina. Y se suicidó dentro de la mochila nevera con la que
paseo a mis vinos cual transportín; mal dolor le diera.
Lo
que pudiera, pudiese o fuese una desgracia en toda regla. Fue una
improvisada oportunidad de abrir esa botella de Eloi Cedó por
la que tenía un cariño especial. Tratándose de la última añada
que Eloi vinificó en honor a su madre Paqui antes de que nos dejara.
Y
que ese mismo día iba a ser compartida con hermana, cuñado y
familia, a escasos metros de casa de Mamá. Ese mismo mes, día abajo
día arriba, que mi santa Señora Francisca -que es como la
conocían en el barrio- nos dejara con 93 primaveras y en 2021.
Callet,
Manto Negro y Monastrell, tres variedades rotundamente mediterráneas
vinificadas con el raspón y una leve crianza de 3 meses. Eleva este
vino Mallorquín a cotas que bien podrían ubicarse en alguna zona
mítica de Francia, en un momento de anteriores añadas en la que en
España era algo impensable vinificar algo así.
Eloi
que procede de la Terra Alta , no es ni mucho menos profeta en su
tierra pero sí el mejor espejo donde se miran la mayoría de jóvenes
elaboradores nacionales. Que buscan frescor, complejidad, precisión
y fluidez, dando protagonismo a la identidad de pueblo de las viñas.
En un país cálido donde históricamente hemos valorado más las
altas graduaciones, extenuantes extracciones y largísimas crianzas.
En
Cható Paquita tenemos un acento marcadamente floral (violetas, flor
de tomillo, geranios) en nariz. Y la jugosa fruta negra en boca; en
este caso más madura por sus siete años en botella.
Sin
rastro de evolución y una excelente acidez que acompaña muy bien a
un paso ligeramente terroso con ligeros toques ahumados y especiados,
que lo sitúan claramente en un paisaje de monte mediterráneo. Y con
un ya inconfundible estilo franco, despeinado pero consciente, marca
de la casa Eloi, igual que el de los buscadísimos: Novetat Total,
Fato, Listán Mecánico, Lo Vilero, Davall los Garrovers, Los Manos,
Una Cosa o Rec.
No hay comentarios:
Publicar un comentario